Chapter 9: La mujer que sabía dónde estaba mi padre
Ethan había pasado seis años abrazando a una mentira.
Su padre podía estar vivo.
La idea era tan absurda que su mente se resistía a aceptarla.
Pero la fotografía.
La carta de Eleanor.
La fecha.
Todo apuntaba en la misma dirección.
—No abras la puerta —dijo Gabriel.
Ethan miró el monitor.
Martha estaba parada junto a Corinne.
El abogado permanecía unos pasos detrás.
—Es mi tía.
—Y está con ellos.
—Quizá la obligaron.
Gabriel negó.
—Quizá.
—No sabes.
—Tampoco tú.
Ethan observó a Martha.
Ella levantó la caja.
Después miró directamente hacia una de las cámaras.
Sabía que la estaban observando.
Entonces hizo un gesto.
Se llevó un dedo a los labios.
Silencio.
Ethan sintió un escalofrío.
—Ella quiere entrar.
—No.
Gabriel se acercó al monitor.
—Quiere que la dejemos entrar.
Ethan caminó hacia la puerta.
—Voy a hablar con ella.
—Ethan.
—Es la única persona que puede decirme qué pasó con mi padre.
Gabriel lo sujetó del brazo.
—Y también puede ser la razón por la que estamos aquí.
Ethan se soltó.
—Ya estoy cansado de tener miedo.
Abrió la puerta.
Martha estaba frente a él.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Hola, sobrino.
Ethan sintió una rabia profunda.
—¿Mi papá está vivo?
Martha cerró los ojos.
Corinne dio un paso hacia adelante.
—Ethan...
—Tú cállate.
Corinne se detuvo.
El abogado miró a Martha.
—Esto no era parte del acuerdo.
Ethan volteó.
—¿Qué acuerdo?
Martha se puso pálida.
El abogado retrocedió.
Gabriel apareció detrás de Ethan.
—Ahora sí habla.
Martha miró a todos.
—No puedo.
Ethan tomó la caja.
—¿Qué hay aquí?
Martha no respondió.
Ethan la abrió.
Dentro había documentos, fotografías y una pequeña grabadora.
Tomó la primera fotografía.
Era su padre.
Pero no estaba muerto.
La imagen había sido tomada en una finca.
Había una fecha reciente.
Tres meses antes.
Ethan sintió que se le doblaban las rodillas.
—Está vivo.
Martha comenzó a llorar.
—Sí.
Ethan la miró.
—¿Dónde está?
—No puedo decirte.
—¡Es mi padre!
—¡Precisamente!
Martha se llevó las manos al rostro.
—Si te digo dónde está, nos van a matar.
Gabriel reaccionó.
—¿Quiénes?
Martha lo miró.
—Los mismos que mataron a Eleanor.
El silencio fue absoluto.
Corinne dio un paso atrás.
—Martha...
—Ya no puedo seguir mintiendo.
Corinne cerró los ojos.
—No hagas esto.
Ethan volteó hacia ella.
—¿Tú sabías?
Corinne no respondió.
—¡¿Tú sabías que mi padre estaba vivo?!
—Sí.
Ethan sintió una furia tan intensa que tuvo que apoyarse en la mesa.
—Desde cuándo.
Corinne tragó saliva.
—Desde antes de conocerte.
—¿Cuánto tiempo?
—Tres años.
Ethan soltó una risa amarga.
—Tres años.
—Ethan...
—Durante tres años dormiste a mi lado sabiendo que mi padre estaba vivo.
—Intentaba protegerte.
—¡Todos dicen eso!
Ethan señaló la carta.
—¡Eleanor decía que quería protegerme! ¡Tú dices que querías protegerme! ¡Gabriel dice que quería protegerme!
Se llevó una mano al pecho.
—¿Y quién demonios me preguntó qué quería yo?
Corinne comenzó a llorar.
—Nadie.
Ethan se quedó callado.
La respuesta lo desarmó por un segundo.
Martha habló.
—Tu padre cometió un error.
Ethan la miró.
—¿Qué error?
—Confió en la persona equivocada.
—¿En quién?
Martha señaló al abogado.
El hombre retrocedió.
—No.
Gabriel se interpuso.
—No te muevas.
El abogado levantó las manos.
—Esto es una locura.
Martha negó.
—Tú sabes lo que hiciste.
—No tienes pruebas.
Martha señaló la caja.
—Tengo suficiente.
Sacó la grabadora.
La encendió.
Una voz masculina llenó la habitación.
Ethan la reconoció.
Era su padre.
—Si algún día mi hijo escucha esto, significa que el plan fracasó.
Ethan sintió un nudo en la garganta.
La grabación continuó.
—Eleanor descubrió la verdad antes que nadie.
Martha lloraba en silencio.
—Yo tuve que desaparecer porque alguien estaba utilizando mis negocios para lavar dinero.
Ethan abrió los ojos.
—¿Qué?
La voz siguió.
—Pero el dinero no era mío.
Pausa.
—Era de la familia.
Ethan miró a Gabriel.
—¿Qué familia?
La grabación continuó.
—Cuando descubrí quién estaba detrás de todo, ya era demasiado tarde.
Una segunda voz apareció.
El abogado.
—Tienes que irte.
La voz del padre respondió:
—No voy a abandonar a mi hijo.
—Si te quedas, lo matarán.
—Entonces protégelo.
La grabación terminó.
Ethan quedó inmóvil.
—¿Quién era la persona que quería matarme?
Martha negó con la cabeza.
—Tu padre nunca dijo el nombre.
—¿Y Eleanor?
—Ella sí lo descubrió.
Ethan miró a Corinne.
—Tú sabes quién es.
Corinne comenzó a llorar.
—Sí.
—Dímelo.
Ella cerró los ojos.
—No puedo.
—¡Dímelo!
—Porque si lo hago, Maisie corre peligro.
Ethan se quedó quieto.
Gabriel intervino.
—Tiene razón.
—¿Quién es?
Nadie respondió.
Entonces Maisie apareció en el pasillo.
—Papá.
Ethan volteó.
—¿Qué haces despierta?
La niña sostenía el conejo.
Caminó hacia él.
—Tengo algo para ti.
Sacó un pequeño papel de dentro del conejo.
Ethan lo tomó.
Era un dibujo.
Había tres personas.
Una niña.
Un hombre.
Y una mujer.
Arriba estaba escrito con letras infantiles:
“Mamá, papá y la señora que vino antes.””
Ethan frunció el ceño.
—¿Quién es la señora?
Maisie señaló el dibujo.
—Ella.
Era Corinne.
Ethan miró a su esposa.
—¿Cuándo la viste antes de conocerme?
Corinne no pudo responder.
Maisie agregó:
—Mamá dijo que no era mala.
Ethan sintió que el pecho se le cerraba.
—¿Qué más dijo mamá?
Maisie pensó.
—Que Corinne tenía que cuidar al papá.
Ethan miró a Corinne.
—¿Cuidarme de quién?
Corinne comenzó a llorar.
—De tu propia familia.
Ethan se quedó helado.
Martha bajó la mirada.
Gabriel no dijo nada.
Y entonces el abogado tomó una decisión desesperada.
Corrió hacia la puerta.
Gabriel lo interceptó.
El hombre cayó al suelo.
—¡No saben con quién se están metiendo!
Ethan se acercó.
—Entonces dime.
El abogado lo miró.
—Tu padre no desapareció para protegerte.
Ethan frunció el ceño.
—¿Entonces?
El hombre sonrió.
—Desapareció porque descubrió que Eleanor no era la única que sabía la verdad.
Ethan sintió un escalofrío.
—¿Quién más?
El abogado miró directamente a Maisie.
—Ella.
Todos quedaron en silencio.
—¿Mi hija?
El abogado soltó una risa nerviosa.
—No entiendes.
—¡Explícate!
—Eleanor dejó una prueba en manos de Maisie.
Ethan miró a su hija.
La niña abrazaba el conejo.
—¿Qué prueba?
El abogado negó.
—La única que puede destruirnos.
Corinne se acercó lentamente a Maisie.
Ethan se interpuso.
—No.
Corinne levantó las manos.
—No quiero hacerle daño.
—Entonces habla.
Corinne respiró profundamente.
—Eleanor sabía que yo iba a convertirme en tu esposa.
Ethan sintió que el corazón se le detenía.
—¿Cómo?
—Porque ella me pidió que lo hiciera.
Martha cerró los ojos.
Gabriel bajó la mirada.
Ethan sintió que todo lo que creía conocer volvía a desmoronarse.
—¿Eleanor te pidió que te casaras conmigo?
Corinne asintió.
—Sí.
—¿Por qué?
Corinne miró a Maisie.
—Porque sabía que el hombre que estaba detrás de todo iba a intentar entrar a tu familia.
Ethan sintió un escalofrío.
—¿Y tú debías detenerlo?
—Sí.
—Entonces ¿por qué me hiciste creer que odiabas a Maisie?
Las lágrimas rodaron por las mejillas de Corinne.
—Porque necesitaba que ellos creyeran que yo era el problema.
Ethan apretó la mandíbula.
—Y casi destruiste a mi hija.
—Lo sé.
—La hiciste tener miedo de mí.
—Lo sé.
—Le dijiste que su mamá la abandonó.
Corinne bajó la cabeza.
—Lo sé.
Ethan se quedó mirándola.
No sabía si odiarla o sentir lástima por ella.
Pero antes de poder decidir, Maisie habló.
—Papá.
—¿Sí?
—Mamá me dijo que cuando yo fuera grande te entregara esto.
La niña metió la mano dentro del conejo.
Sacó una pequeña llave.
Ethan la reconoció.
Era idéntica a la que Eleanor había escondido detrás de la primera carta.
Gabriel se acercó.
—¿Dónde estaba eso?
Maisie señaló la oreja del conejo.
—Aquí.
Ethan tomó la llave.
—¿Qué abre?
Corinne palideció.
—No.
Ethan la miró.
—¿Qué?
—Esa llave no abre un cajón.
—¿Entonces?
Corinne retrocedió.
—Abre una caja de seguridad.
—¿Dónde?
Corinne miró a Martha.
Martha empezó a llorar.
—En el banco donde tu padre guardó sus documentos antes de desaparecer.
Ethan sintió que la respuesta se acercaba.
—¿Y qué hay dentro?
Corinne lo miró directamente.
—La prueba de quién mató a Eleanor.
Ethan apretó la llave.
—¿Y quién es?
Corinne abrió la boca.
Pero antes de responder, el teléfono de Gabriel sonó.
Contestó.
Escuchó durante unos segundos.
Después su expresión cambió.
—¿Qué pasó? —preguntó Ethan.
Gabriel bajó lentamente el teléfono.
—El banco acaba de avisar que alguien intentó abrir la caja de seguridad.
Ethan sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Gabriel lo miró.
—Usaron tu identificación.
—Eso es imposible.
—No.
Gabriel negó.
—Alguien tiene una copia de tus documentos.
Ethan miró a Corinne.
Después a Martha.
Después al abogado.
Pero ninguno de ellos habló.
Entonces llegó un mensaje al teléfono de Ethan.
Una fotografía.
Era la entrada del banco.
Y frente a ella estaba un hombre de espaldas.
Un hombre que Ethan reconoció inmediatamente.
Su padre.
May you like
Debajo de la fotografía había una sola frase:
“Ven a verme, hijo. Antes de que ellos descubran que sigo vivo.””
Related Stories