Calm

Chapter 12: El hombre que se parecía a Ethan

Ethan no podía apartar la mirada de la fotografía.

—Ese soy yo.

Gabriel negó.

—No.

—Mira.

—Ya lo hice.

—Entonces explícame.

Gabriel tomó la fotografía.

La acercó a la luz.

—No eres tú.

—Se parece demasiado.

—Porque alguien quiere que parezca que eres tú.

Ethan sintió un escalofrío.

—¿Para qué?

Gabriel señaló la fecha.

—Esta fotografía fue tomada dos semanas antes de que Eleanor muriera.

—Yo estaba trabajando.

—Exactamente.

Ethan recordó aquellos días.

Había viajado por trabajo.

Había regresado agotado.

Eleanor había estado enferma.

Y Corinne había empezado a aparecer con más frecuencia.

—¿Quién es?

Gabriel respondió:

—No lo sé.

Patricia comenzó a moverse.

Ethan se arrodilló.

—Patricia.

Ella abrió los ojos.

—¿Dónde está Corinne?

—No...

—¿Dónde está mi hija?

Patricia intentó levantarse.

—No puedes confiar en ella.

—¿Por qué?

—Porque está jugando un papel.

Ethan sintió que el pecho se le cerraba.

—¿Qué papel?

Patricia miró a Gabriel.

—El de la mujer que debía mantenerlo vivo.

Gabriel no dijo nada.

—Pero fracasó —continuó Patricia.

Ethan apretó los dientes.

—¿Qué significa eso?

—Corinne debía casarse contigo.

—¿Por orden de quién?

Patricia cerró los ojos.

—De Eleanor.

—Ya lo sé.

—No sabes toda la razón.

Ethan esperó.

Patricia respiró con dificultad.

—Eleanor descubrió que el abogado quería controlar el fideicomiso de Maisie. Pero eso era solo el comienzo.

—¿Qué más?

—Tu padre había descubierto una red de empresas falsas.

—¿Y el dinero?

—Era una distracción.

Ethan frunció el ceño.

—¿Entonces qué querían?

Patricia lo miró.

—Una propiedad.

—¿La de Guadalajara?

—Sí.

—¿Qué tiene?

Patricia tardó unos segundos.

—Un archivo.

—¿De qué?

—De todos los nombres.

Ethan recordó la caja de seguridad.

—Por eso quieren la llave.

Patricia asintió.

—Y por eso tu padre sigue vivo.

Ethan sintió un escalofrío.

—¿Dónde está?

—En Guadalajara.

—¿Dónde?

Patricia señaló una dirección.

—En la propiedad.

Gabriel se acercó.

—No podemos ir.

Ethan lo miró.

—¿Por qué?

—Porque es exactamente lo que quieren.

—Mi hija está ahí.

—Entonces tenemos que ir.

Patricia agarró el brazo de Ethan.

—Escúchame.

—¿Qué?

—No vayas por la entrada principal.

—¿Por qué?

—Porque hay cámaras.

—¿Cómo sabes?

Patricia lo miró.

—Porque yo las instalé.

Ethan sintió que una pieza más encajaba.

—Tú estabas trabajando con ellos.

Patricia bajó la mirada.

—Al principio.

—¿Y después?

—Eleanor me convenció de ayudarla.

—¿Por qué?

Patricia soltó aire.

—Porque tu padre me salvó de una situación que nadie conocía.

Ethan no preguntó más.

No tenía tiempo.

Regresó con Gabriel al automóvil.

Patricia insistió en acompañarlos.

—Conozco la propiedad.

—No confío en ti.

—No tienes que confiar en mí.

Patricia sostuvo su mirada.

—Solo necesitas llegar hasta tu hija.

Ethan aceptó.

Viajaron durante horas.

Maisie no estaba con Corinne.

No estaba con Martha.

No estaba con nadie que Ethan conociera.

La incertidumbre lo estaba destruyendo.

Finalmente llegaron a Guadalajara.

La propiedad estaba detrás de una larga barda.

Parecía abandonada.

Pero Patricia señaló una cámara escondida.

—Nos están esperando.

Gabriel miró a Ethan.

—¿Qué hacemos?

—Entramos.

Patricia los llevó por una puerta lateral.

El interior estaba oscuro.

Había muebles cubiertos con sábanas.

Un olor a madera vieja.

Ethan recordó la infancia.

Su padre lo había llevado ahí alguna vez.

—Yo conozco este lugar.

Patricia asintió.

—Tu padre vivió aquí durante un tiempo.

—¿Después de fingir su muerte?

—Sí.

Llegaron a una habitación.

Había una cama.

Un escritorio.

Y una fotografía de Eleanor.

Ethan la tomó.

En el reverso había otra frase.

“Perdóname por no contarte todo.””

Ethan sintió lágrimas.

—¿Dónde está?

Patricia señaló una puerta.

—Abajo.

Bajaron por unas escaleras.

Llegaron a una habitación subterránea.

Y allí estaba él.

Su padre.

Sentado.

Más delgado.

Más viejo.

Pero vivo.

Ethan se quedó inmóvil.

Su padre levantó la mirada.

Durante unos segundos ninguno habló.

—Hijo.

Ethan corrió hacia él.

Lo abrazó.

Su padre lo sostuvo con fuerza.

—Perdóname.

Ethan comenzó a llorar.

—¿Por qué hiciste esto?

—Para protegerte.

—¡Todos me dicen eso!

Su padre cerró los ojos.

—Sé que estás enojado.

—¡Pensé que estabas muerto!

—Lo sé.

—¡Te enterré!

—Lo sé.

—¿Cómo pudiste hacerme eso?

Su padre no respondió.

Ethan se apartó.

—¿Dónde está Maisie?

La expresión de su padre cambió.

—¿Qué?

—¿Dónde está mi hija?

—No está aquí.

Ethan sintió que el corazón se le detenía.

—¿Qué?

Su padre miró a Patricia.

—¿Qué hiciste?

Patricia negó.

—No fui yo.

Gabriel sacó su teléfono.

—Tenemos que salir.

Entonces escucharon una puerta cerrarse arriba.

Pasos.

Muchos.

El padre de Ethan palideció.

—Nos encontraron.

—¿Quién?

—Todos.

Ethan miró a Gabriel.

—¿La policía?

—No.

El padre de Ethan negó.

—Son los hombres del abogado.

Ethan sintió una oleada de rabia.

—Entonces nos vamos.

Su padre lo tomó del brazo.

—No.

—¿Por qué?

—Porque si salimos ahora, nos seguirán.

—Mi hija está en algún lugar.

—Lo sé.

—Entonces ayúdame.

Su padre miró hacia una pared.

Había una pequeña caja empotrada.

La abrió.

Sacó una carpeta.

—Eleanor me pidió que esperara hasta que tú estuvieras listo.

Ethan abrió la carpeta.

Dentro había documentos.

Fotografías.

Y una copia de la partida de nacimiento de Maisie.

Pero algo estaba marcado.

Una anotación.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué es esto?

Su padre lo miró.

—La razón por la que todos están detrás de ella.

—¿Por el dinero?

—No.

Ethan leyó la anotación.

Su rostro perdió el color.

—No entiendo.

—Maisie no heredó solamente dinero.

—¿Entonces?

Su padre respiró profundamente.

—Eleanor descubrió que la verdadera propiedad de tu familia no estaba registrada a nombre de tu padre.

Ethan levantó la mirada.

—¿A nombre de quién?

Su padre respondió:

—A nombre de Maisie.

Ethan sintió que todo se detuvo.

—Ella tiene cuatro años.

—Precisamente.

—¿Cómo es posible?

—Eleanor lo arregló antes de morir.

Gabriel miró los documentos.

—Entonces el fideicomiso era una protección secundaria.

—Sí.

—¿Y la propiedad?

El padre de Ethan señaló la carpeta.

—Vale mucho más que todo el dinero del fideicomiso.

Ethan apretó los documentos.

—¿Quién sabe esto?

Su padre bajó la voz.

—El abogado.

—¿Martha?

—Sí.

—¿Corinne?

El hombre dudó.

—También.

Ethan sintió una punzada de decepción.

—¿Y Eleanor?

—Ella fue quien lo creó.

De pronto escucharon un golpe arriba.

Luego otro.

El padre de Ethan señaló una puerta oculta.

—Hay una salida.

Corrieron.

Pero antes de cruzarla, Ethan escuchó un sonido.

Un teléfono.

El suyo.

Lo sacó.

Era un video recibido desde un número desconocido.

Lo abrió.

Maisie apareció en la pantalla.

Estaba sentada en una habitación.

No parecía herida.

Pero tenía miedo.

Frente a ella había una mujer.

Corinne.

Ethan sintió alivio por un segundo.

Hasta que Corinne levantó la mirada hacia la cámara.

—Ethan, escucha.

La voz le temblaba.

—No sé cuánto tiempo tenemos.

Maisie miró a la cámara.

—Papá...

Ethan apretó el teléfono.

—Estoy aquí, mi amor.

Corinne continuó.

—La persona que está detrás de todo esto ya sabe que encontraste a tu padre.

Ethan miró al hombre que tenía frente a él.

—¿Quién?

Corinne tragó saliva.

—No es el abogado.

Ethan sintió un escalofrío.

—¿Entonces quién?

Corinne miró hacia un lado.

Parecía aterrada.

—Es alguien que tú conoces.

Ethan apretó el teléfono.

—Dime quién.

Corinne volvió a mirar a la cámara.

—Es la persona que estuvo contigo el día que Eleanor murió.

Ethan quedó inmóvil.

Miró a su padre.

Después a Gabriel.

Después a Patricia.

Ninguno habló.

El video terminó.

Pero inmediatamente llegó otro mensaje.

Una fotografía.

Ethan la abrió.

Era una imagen tomada en el hospital, tres años atrás.

Eleanor estaba en una camilla.

Ethan estaba a su lado.

Y detrás de ellos aparecía una persona.

La persona que había estado dentro de la habitación.

Ethan amplió la fotografía.

Reconoció el rostro.

Sintió que se le helaba la sangre.

Era Martha.

Su tía.

La mujer que acababa de decir que no sabía nada.

La mujer que había llorado en el funeral.

La mujer que había cuidado a Maisie durante años.

Su padre vio la fotografía.

Se quedó completamente pálido.

—No...

Ethan lo miró.

—¿Qué?

Su padre señaló la imagen.

—Ella no estuvo sola.

—¿Quién estaba con ella?

Su padre tragó saliva.

—Yo.

Ethan sintió que el mundo se partía.

—¿Tú estabas en ese hospital?

—Sí.

—Entonces viste quién entró a la habitación de Eleanor.

Su padre bajó la mirada.

—Sí.

—¿Quién?

El hombre tardó varios segundos en responder.

—La persona que ordenó su muerte.

Ethan se acercó.

—¿Quién?

Su padre lo miró a los ojos.

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—Tu propia madre.

Ethan dejó caer el teléfono.

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