Chapter 5: El hombre de la fotografía
Ethan pasó toda la madrugada sin dormir.
No porque tuviera miedo de Corinne.
Tenía miedo de lo que podía descubrir.
A las seis de la mañana, Maisie seguía dormida.
La observó desde la puerta.
Su hija tenía el conejo bajo el brazo y una mano cerrada sobre la sábana.
Ethan se prometió algo.
No importaba cuánto dinero hubiera.
No importaba quién estuviera involucrado.
No iba a permitir que nadie volviera a hacerle sentir miedo.
El oficial había conseguido identificar parcialmente al hombre de la fotografía.
Su nombre era Gabriel Navarro.
Había trabajado años atrás como investigador privado.
Y, según los registros disponibles, había tenido contacto profesional con Eleanor.
Pero había una parte que no encajaba.
Gabriel había desaparecido de la ciudad poco después de la muerte de Eleanor.
Ethan llamó al número que aparecía en un viejo expediente.
No contestaron.
Intentó nuevamente.
Nada.
A las ocho de la mañana llegó un mensaje.
“Si quieres respuestas, ve al café de la avenida. 10:30. Solo.””
Ethan supo inmediatamente quién lo había enviado.
Corinne.
El oficial le había pedido que no fuera.
Ethan aceptó.
Pero no pensaba obedecer la parte de “solo”.
Antes de salir, dejó instrucciones claras.
Una vecina de confianza cuidaría a Maisie.
Los oficiales estarían cerca.
Y Ethan llevaría consigo una copia de todos los documentos.
A las diez y media llegó al café.
Corinne estaba sentada en una mesa al fondo.
Vestía de negro.
No parecía la mujer que había llorado frente a él dos noches antes.
Parecía alguien que había tomado una decisión.
—Siéntate.
Ethan permaneció de pie.
—Habla.
Corinne lo miró.
—Encontraste la carta.
—Sí.
—Y el video.
—Sí.
Ella soltó aire.
—Entonces ya no tiene sentido seguir mintiendo.
Ethan sintió una mezcla de rabia y alivio.
—Empieza por Eleanor.
Corinne bajó la mirada.
—Yo no la maté.
Ethan apretó la mandíbula.
—Eso no responde nada.
—Pero sé quién estuvo involucrado.
—¿Gabriel?
Corinne levantó los ojos.
El silencio fue suficiente.
—¿Quién es?
—Un hombre que Eleanor contrató.
—¿Para investigarte?
—No.
Corinne negó.
—Para investigarte a ti.
Ethan se quedó inmóvil.
—¿A mí?
—Eleanor pensaba que alguien estaba moviendo dinero sin tu conocimiento.
—¿Qué dinero?
—El fideicomiso de Maisie.
Ethan recordó la carta.
—¿Por qué nunca me dijo nada?
—Porque tenía miedo.
—¿De quién?
Corinne respiró profundamente.
—De tu padre.
Ethan frunció el ceño.
—Mi papá murió hace seis años.
—Lo sé.
—Entonces ¿qué tiene que ver?
Corinne lo miró directamente.
—Antes de morir, tu padre dejó varias inversiones que nunca aparecieron en los registros familiares.
Ethan sintió un vacío.
—Eso es imposible.
—No.
—Mi papá no tenía secretos financieros.
—Eso creías.
Corinne sacó un sobre.
Lo deslizó sobre la mesa.
Ethan no lo tocó.
—¿Qué es?
—Una copia de un contrato.
—¿De qué?
—De una sociedad.
Ethan finalmente tomó el sobre.
Dentro había un documento.
Leyó el nombre de la empresa.
Era una compañía que no reconocía.
Pero aparecía la firma de su padre.
Y junto a ella...
la firma de otra persona.
La misma persona que había autorizado las transferencias recientes.
Ethan levantó la mirada.
—¿El abogado?
Corinne asintió.
—El mismo.
—¿Y tú cómo sabes todo esto?
Corinne tardó demasiado en contestar.
—Porque Eleanor me buscó.
Ethan se quedó helado.
—¿Qué?
—Antes de morir.
—Eso no puede ser.
—Ella sabía que tú no ibas a creerle.
—¿Y te pidió ayuda?
Corinne asintió.
—Me pidió que vigilara a Maisie.
Ethan sintió que la rabia le subía.
—¡Tú eras quien debía protegerla!
—Lo intenté.
—¡La aterrorizaste!
Corinne cerró los ojos.
—Sí.
Ethan se quedó en silencio.
Ella no lo negó.
—¿Por qué?
Corinne abrió el bolso.
Sacó otra fotografía.
Era de Maisie.
La niña estaba jugando en el jardín.
Pero detrás había un automóvil negro.
El mismo.
—Me estaban vigilando —dijo Corinne.
Ethan miró la fotografía.
—¿Quién?
—No lo sé.
—Entonces ¿por qué te comportaste así con Maisie?
Corinne apretó los labios.
—Porque necesitaba que pareciera que nuestra relación era mala.
Ethan se quedó mirándola.
—¿Qué?
—Si alguien estaba observando la casa, necesitaba que creyera que Maisie estaba aislada y vulnerable.
—¿Y por eso la amenazaste?
Corinne bajó la cabeza.
—Cometí un error.
—No fue un error.
—Lo sé.
—Le dijiste que su mamá se fue por su culpa.
—Quería que tuviera miedo de hablar con los demás.
Ethan se levantó de golpe.
—¡Eso no es protegerla!
Varias personas voltearon.
Corinne no reaccionó.
—Tienes razón.
Ethan se quedó mirándola.
—Entonces dime la verdad completa.
Corinne sacó su teléfono.
—Eleanor descubrió que alguien estaba intentando modificar el fideicomiso de Maisie.
—¿Quién?
—El abogado.
—¿Y mi padre?
—Tu padre creó la estructura original.
Ethan recordó la carta.
—¿Por qué pusieron a Corinne como tutora?
Corinne tragó saliva.
—Porque Eleanor lo pidió.
Ethan sintió que todo se volvía confuso.
—¿Eleanor te eligió?
—Sí.
—Entonces ¿por qué la carta dice que no quería que Maisie quedara bajo tu cuidado?
Corinne cerró los ojos.
—Porque después cambió de opinión.
—¿Por qué?
—Porque descubrió lo que yo había hecho.
Ethan se quedó inmóvil.
—¿Qué hiciste?
Corinne lo miró.
—Robé documentos.
—¿Cuáles?
—Los que demostraban quién estaba detrás del fraude.
—¿Y luego?
—Me arrepentí.
—¿Cuándo?
—Demasiado tarde.
Ethan sintió que algo no cuadraba.
—No te creo.
Corinne sonrió con tristeza.
—Deberías.
—¿Por qué?
—Porque el hombre de la fotografía está vivo.
Ethan la miró.
—¿Gabriel?
—Sí.
—¿Dónde está?
Corinne sacó una dirección.
—Ahí.
Ethan tomó el papel.
—¿Por qué me la das?
—Porque yo ya no puedo protegerte.
Ethan frunció el ceño.
—¿De qué?
Corinne lo miró directamente.
—Del hombre que contrataste hace seis meses para revisar tus inversiones.
Ethan sintió que el cuerpo se le enfriaba.
—Yo no contraté a nadie.
Corinne negó.
—Exactamente.
En ese momento, el teléfono de Ethan vibró.
Era un mensaje del oficial.
“Tenemos información sobre el abogado. No vaya a la dirección todavía.””
Ethan levantó la mirada.
Corinne estaba mirando su teléfono.
—¿Quién te escribió?
—La policía.
Corinne palideció.
—Entonces ya es demasiado tarde.
—¿Por qué?
Ella se levantó.
—Porque si ellos encontraron al abogado, él también sabe que tú encontraste la carta.
—¿Y qué va a hacer?
Corinne lo miró.
—Lo mismo que intentó hacer con Eleanor.
Ethan sintió que la sangre se le helaba.
—¿Qué le hizo?
Corinne caminó hacia la salida.
Antes de irse, se volvió.
—No fue una enfermedad lo que terminó con Eleanor.
Ethan se quedó petrificado.
—¿Qué estás diciendo?
Corinne abrió la puerta.
—Pregúntale a Gabriel qué había dentro de la última taza de café que Eleanor tomó.
Y se fue.
Ethan salió detrás de ella.
Pero Corinne ya había desaparecido entre la gente.
Entonces recibió otro mensaje.
Esta vez del número desconocido.
“Corinne te dijo una parte de la verdad. Pero te mintió sobre quién ordenó todo.””
Ethan miró la pantalla.
Llegó otro.
“Tu padre no fue el responsable.””
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Y un tercero.
“Fue Eleanor quien pidió que te mantuviéramos con vida.””