Calm

Chapter 11: La habitación donde Eleanor descubrió la verdad

Ethan no volvió a respirar con normalidad después de ver la fotografía.

—Está vivo —dijo.

Gabriel miró la imagen.

—Sí.

—Lo tienen.

—Sí.

—Entonces vamos por él.

Gabriel negó.

—No sabemos dónde.

—Él dijo que mi hija estaba en peligro.

—Eso ya lo sabemos.

—¡Y tú sigues hablando como si tuviéramos tiempo!

Gabriel frenó el automóvil.

—¡Porque si actuamos sin pensar, vamos a terminar muertos los dos!

Ethan se quedó callado.

Gabriel respiró profundamente.

—Tu padre no quería que lo encontraras todavía.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque conozco la forma en que trabaja.

—¿Trabajaste con él?

Gabriel bajó la mirada.

—Sí.

Ethan sintió otro golpe.

—¿Cuándo?

—Antes de Eleanor.

—¿Qué eras para mi padre?

—Su investigador.

—¿Y qué investigabas?

Gabriel tardó unos segundos.

—A la persona que estaba robando dinero de sus empresas.

Ethan miró la fotografía.

—El abogado.

—Entre otros.

—¿Quién más?

Gabriel sacó un mapa.

—Hay tres nombres que siempre aparecieron alrededor de las cuentas.

Señaló el primero.

El abogado.

El segundo.

Una mujer llamada Patricia Salgado.

Ethan no la conocía.

—¿Quién es?

—Administraba parte de las inversiones.

—¿Y el tercero?

Gabriel señaló un nombre.

Ethan sintió que el estómago se le cerraba.

Era su tía Martha.

—No.

—Sí.

—Ella me ayudó después de la muerte de mi padre.

—Precisamente.

Ethan recordó todos aquellos años.

Martha había estado presente en cada cumpleaños de Maisie.

Había llevado regalos.

Había preparado pozole.

Había llorado con él durante el funeral.

Y ahora su nombre aparecía en una lista de personas investigadas.

—No puede ser.

Gabriel guardó el mapa.

—Hay una manera de saberlo.

—¿Cuál?

—Volver a la casa de Eleanor.

Ethan negó.

—Corinne dijo que allí empezó todo.

—Y por eso debemos ir.

Llegaron a la antigua casa al anochecer.

Estaba abandonada.

La pintura de la fachada estaba desgastada.

Las ventanas tenían polvo.

Ethan entró.

El olor a humedad le trajo recuerdos.

Eleanor había preparado ahí su primera cena con él.

Había reído en aquella cocina.

Había bailado descalza mientras preparaba café.

Ethan cerró los ojos.

—No puedo creer que ella supiera todo esto.

Gabriel señaló las escaleras.

—Arriba.

Subieron.

El antiguo dormitorio de Eleanor estaba vacío.

Solo quedaba un armario.

Gabriel abrió la puerta.

—Busca cualquier cosa que parezca fuera de lugar.

Ethan revisó.

Nada.

Hasta que encontró una caja detrás de un cajón.

La abrió.

Dentro había una grabadora vieja.

Ethan presionó reproducir.

La voz de Eleanor apareció.

—Si llegaste hasta aquí, entonces ya sabes que mi muerte no fue natural.

Ethan sintió lágrimas en los ojos.

—Pero hay algo que nunca pude decirle a Ethan.

La grabación hizo una pausa.

—No estaba siendo perseguida por el dinero.

Ethan frunció el ceño.

—Estaba siendo perseguida por una persona.

Gabriel se acercó.

—¿Quién?

Eleanor continuó.

—Alguien que llevaba años fingiendo ser parte de nuestra familia.

Ethan sintió un escalofrío.

—Mi tía.

Gabriel no respondió.

La grabación siguió.

—No es Martha.

Ethan quedó inmóvil.

Gabriel lo miró.

Eleanor continuó.

—Martha cometió errores, pero no fue ella.

Ethan respiró aliviado.

—Entonces ¿quién?

La grabación se detuvo.

Gabriel golpeó el aparato.

—Está dañada.

—¡Otra vez no!

—Hay que repararla.

Ethan abrió la caja.

Encontró una segunda cinta.

La colocó.

Esta vez se escuchaban dos voces.

Eleanor y un hombre.

—No puedo hacerlo —decía Eleanor.

—Si no lo haces, Ethan morirá.

—No voy a entregar a mi esposo.

—Entonces perderás a tu hija.

Ethan sintió que se le revolvía el estómago.

La voz masculina era desconocida.

Eleanor lloraba.

—Dame tiempo.

—No tienes tiempo.

—¿Quién te mandó?

Silencio.

Después el hombre respondió:

—La persona que siempre estuvo más cerca de ustedes.

La grabación terminó.

Ethan miró a Gabriel.

—¿Quién?

—No lo sé.

—¡Tú sabes más de lo que dices!

Gabriel bajó la mirada.

—Hay algo que no te conté.

—¿Qué?

—La noche que Eleanor murió, yo vi salir a alguien de su habitación.

Ethan se quedó helado.

—¿A quién?

Gabriel cerró los ojos.

—Corinne.

Ethan retrocedió.

—Entonces ella sí estuvo allí.

—Sí.

—¿Y tú me dijiste que ella no la mató?

—Porque no lo hizo.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque la persona que entró después fue otra.

Ethan sintió un escalofrío.

—¿Quién?

Gabriel señaló una fotografía sobre la pared.

Era una fotografía familiar.

Ethan se acercó.

Había una imagen antigua de una fiesta.

Su padre.

Martha.

Eleanor.

Y una mujer que Ethan no reconocía.

Pero sí reconoció algo.

El mismo collar.

El mismo que aparecía en una fotografía tomada la noche en que Eleanor murió.

—¿Quién es?

Gabriel tragó saliva.

—Patricia Salgado.

Ethan se quedó mirando.

—La mujer de las inversiones.

—Sí.

—¿Dónde está?

—Desapareció después de la muerte de Eleanor.

Ethan sacó el teléfono.

Buscó su nombre.

No había registros recientes.

Pero entonces recordó algo.

La empresa que había recibido las transferencias.

Tenía una dirección.

La dirección estaba en Querétaro.

—Vamos.

Gabriel negó.

—Espera.

—¿Qué?

—Mira la fotografía.

Ethan la acercó.

En el fondo, detrás de Patricia, había una mujer.

Corinne.

Más joven.

Y junto a ella...

Martha.

Ethan sintió un vacío.

—Las tres se conocían.

Gabriel asintió.

—Desde antes de que tú conocieras a Corinne.

Entonces el teléfono de Ethan vibró.

Era un mensaje de Corinne.

“Estoy con Maisie.””

Ethan respondió:

“¿Dónde?””

La respuesta llegó.

“En la casa de Eleanor.””

Ethan levantó la cabeza.

—Eso es imposible.

—¿Por qué?

—Estamos aquí.

Gabriel miró la pantalla.

—Entonces no es Corinne.

Otro mensaje apareció.

“Si quieres volver a ver a tu hija, trae la llave.””

Ethan sintió que las manos le temblaban.

—Nos están engañando.

Gabriel asintió.

—Sí.

Entonces escucharon un ruido detrás de ellos.

Una puerta cerrándose.

Ethan volteó.

Una mujer estaba parada en el pasillo.

Patricia Salgado.

Ethan reconoció el collar.

Ella levantó las manos.

—No quiero hacerte daño.

Gabriel dio un paso hacia adelante.

—¿Dónde está Maisie?

Patricia miró a Ethan.

—Con Corinne.

—¿Dónde?

—En un lugar seguro.

—¿Y mi padre?

Patricia cerró los ojos.

—También.

Ethan sintió una mezcla de alivio y furia.

—Entonces dime la verdad.

Patricia lo miró.

—Tu padre no desapareció para esconderse.

—¿Entonces?

—Lo escondieron.

—¿Quién?

Patricia tragó saliva.

—La persona que ahora está intentando quedarse con todo lo que Eleanor protegió.

Ethan se acercó.

—¿Quién?

Patricia abrió la boca.

Pero antes de hablar, un disparo sonó afuera.

La ventana se rompió.

Patricia cayó al suelo.

Ethan se agachó.

Gabriel lo cubrió.

—¡Al piso!

Cuando el ruido terminó, Ethan se acercó a Patricia.

No había sangre.

Pero estaba inconsciente.

Gabriel revisó su pulso.

—Está viva.

Ethan vio algo caer de su bolsillo.

Una fotografía.

La recogió.

Era de Maisie.

Al reverso había una frase escrita:

“Ella es la única que puede identificarlo.””

Ethan miró a Gabriel.

—¿Identificar a quién?

Gabriel palideció.

—Al hombre que estaba con Eleanor la noche que murió.

—¿Quién?

Gabriel señaló la fotografía.

—El hombre que tomó esta foto.

Ethan volteó.

En el reflejo de una ventana aparecía una silueta.

Un hombre.

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Y Ethan reconoció su rostro.

Era el suyo.

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