Calm

Chapter 8: El frasco sin nombre

Gabriel había dejado de hablar como un hombre que conocía secretos.

Ahora hablaba como alguien que acababa de recordar una pesadilla.

—¿Qué contiene?

—No lo sé.

—Entonces ¿por qué estás tan asustado?

Gabriel miró nuevamente la fotografía.

—Porque recuerdo ese frasco.

Ethan sintió un nudo en el estómago.

—¿Dónde lo viste?

—En el hospital.

—¿El día que murió Eleanor?

Gabriel asintió.

—Yo estaba afuera de su habitación.

Ethan sintió que la rabia regresaba.

—¿Tú estabas ahí?

—Sí.

—¿Y nunca me dijiste?

—Porque Eleanor me pidió que no lo hiciera.

—¡Mi esposa estaba muriendo!

—Y sabía que no podía confiar en nadie.

Ethan golpeó el volante.

—¿Por qué todos sabían cosas menos yo?

Gabriel lo miró.

—Porque Eleanor quería mantenerte con vida.

Ethan cerró los ojos.

Aquella frase volvía una y otra vez.

—Explícame.

Gabriel respiró profundamente.

—La noche antes de morir, Eleanor me llamó.

—¿Qué dijo?

—Me dijo que había descubierto que alguien tenía acceso a tus cuentas.

—¿Quién?

—El abogado.

—¿Cómo?

—A través de una autorización que tú nunca firmaste.

Ethan sintió que el corazón le daba un vuelco.

—Entonces alguien falsificó mi firma.

—Sí.

—¿Y para qué?

Gabriel miró a Maisie dormida.

—Para transferir el dinero del fideicomiso.

—Eso ya lo sé.

—No.

Gabriel negó.

—No entiendes.

—Entonces explícame.

—El dinero no era el verdadero objetivo.

Ethan lo miró.

—¿Qué era?

—Control.

—¿Control de qué?

Gabriel guardó silencio unos segundos.

—De una propiedad que tu padre dejó fuera de todos los registros.

Ethan recordó lo que Gabriel había dicho.

—La propiedad de Guadalajara.

—Sí.

—¿Qué tiene?

—Documentos.

—¿Qué documentos?

Gabriel miró hacia la calle.

—Pruebas de una sociedad secreta.

Ethan soltó una risa incrédula.

—Eso suena ridículo.

—Ojalá lo fuera.

Gabriel sacó un sobre.

—Eleanor me entregó esto.

Ethan lo abrió.

Dentro había una fotografía antigua.

Aparecían tres hombres.

Uno era el padre de Ethan.

Otro era el abogado.

Y el tercero...

Ethan no lo conocía.

En la parte de atrás estaba escrito:

“Los tres acordaron repartirlo todo cuando Ethan desapareciera.””

Ethan levantó la mirada.

—¿Desapareciera?

—Sí.

—No dice que muriera.

—Porque el plan original no era matarte.

—¿Entonces?

Gabriel lo miró.

—Querían hacerte parecer culpable de un fraude.

Ethan sintió que el pecho se le apretaba.

—¿Para meterme a prisión?

—Sí.

—¿Y después?

—Con el tiempo, tu familia perdería todo.

Ethan miró a Maisie.

—Incluida ella.

—Especialmente ella.

El teléfono volvió a vibrar.

Era Corinne.

“Ven a la casa de Eleanor. Te contaré quién es el tercer hombre.””

Ethan miró a Gabriel.

—Vamos.

—No.

—Gabriel.

—Si vamos, hacemos exactamente lo que ella quiere.

—Entonces dime tú quién es.

Gabriel bajó la mirada.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque es alguien que todavía no sé si está de nuestro lado.

Ethan sintió una frustración enorme.

—¡Ya estuvo con los secretos!

Maisie despertó en el asiento trasero.

—Papá...

Ethan se calmó inmediatamente.

—Perdón, mi amor.

La niña se frotó los ojos.

—¿Vamos a casa?

Ethan miró a Gabriel.

—Sí.

Pero no regresarían a la casa de Ethan.

Gabriel los llevó a una pequeña fonda donde casi nadie los conocía.

Pidieron desayunar.

Maisie comió huevos con frijoles y tortillas.

Ethan apenas tocó su café.

Gabriel observaba constantemente la calle.

—¿Qué buscas?

—El automóvil negro.

—No está.

—Eso no significa que no nos estén siguiendo.

Ethan miró a su hija.

—Tenemos que llevarla a un lugar seguro.

—Conozco uno.

Después del desayuno fueron a una pequeña casa que Gabriel tenía en las afueras.

No era lujosa.

Pero tenía cámaras, una puerta reforzada y un patio cerrado.

Maisie se quedó jugando con el conejo.

Ethan y Gabriel revisaron nuevamente la tarjeta.

Gabriel logró recuperar parte del archivo.

La voz de Eleanor apareció entre interferencias.

—Si alguien intenta hacerte creer que yo estaba enferma por una causa natural, no lo creas.

Ethan se quedó inmóvil.

—¿Qué?

La grabación continuó.

—Samuel sabe la verdad.

Ethan miró a Gabriel.

—El doctor.

—Sí.

—Entonces él puede decirme qué pasó.

La voz de Eleanor siguió:

—Pero no confíes en Samuel completamente.

Gabriel pausó el video.

Ethan lo miró.

—¿Qué significa eso?

—No lo sé.

—Ella lo sabía todo.

—Probablemente.

Reanudaron el archivo.

—La persona que me hizo daño no actuó sola. Alguien dentro del hospital ayudó a alterar mi expediente.

Ethan sintió que el estómago se le revolvía.

—¿Alteraron su expediente médico?

Gabriel asintió.

—Eso explica muchas cosas.

La grabación terminó.

Pero había un último archivo oculto.

Una fotografía.

Ethan la abrió.

Era una imagen de un documento médico.

El diagnóstico final de Eleanor.

Ethan lo leyó.

Después frunció el ceño.

—Esto no coincide.

—¿Con qué?

—Con el certificado de defunción.

Gabriel se acercó.

Ethan señaló una línea.

—Aquí dice que murió por una complicación respiratoria.

—Sí.

—Pero este documento menciona una intoxicación.

Gabriel se quedó sin palabras.

Ethan sintió que le faltaba el aire.

—La mataron.

Gabriel no respondió.

—¿Quién?

—No lo sé.

Entonces Maisie gritó desde el patio.

—¡Papá!

Ethan salió corriendo.

La niña estaba junto a una caja de madera.

—La encontré.

—¿Qué encontraste?

Maisie señaló la caja.

—Estaba debajo de mi cama.

Ethan frunció el ceño.

—Aquí no hay camas.

Gabriel llegó detrás.

Se quedó mirando la caja.

—Esa no es mía.

Ethan abrió la tapa.

Dentro había ropa vieja de bebé.

Un pequeño vestido.

Una fotografía.

Y un sobre.

En el sobre estaba escrito:

“Para Ethan. Solo abrir cuando Corinne vuelva a buscar a Maisie.””

Ethan sintió un escalofrío.

—¿Cómo llegó esto aquí?

Gabriel sacó la fotografía.

Era de Eleanor sosteniendo a Maisie.

Pero al fondo aparecía Corinne.

Más joven.

Ethan se quedó mirando.

—Ella ya conocía a Eleanor.

Gabriel asintió.

—Te lo dije.

—No.

Ethan negó lentamente.

—Esto es diferente.

En la fotografía, Eleanor no estaba sonriendo.

Miraba directamente a Corinne.

Y Corinne miraba a Maisie.

Como si estuviera esperando algo.

Ethan abrió el sobre.

La letra de Eleanor llenaba una sola hoja.

“Ethan:

Cuando leas esto, ya habrás descubierto que Corinne no apareció en nuestras vidas por casualidad.

Pero todavía no sabes por qué.

No la expulses de tu vida sin escucharla.

No porque confíes en ella.

Sino porque ella tiene una pieza que necesitamos.

La pieza que falta está con el hombre que crees que murió hace seis años.””

Ethan levantó la mirada.

—¿Mi papá?

Gabriel negó.

—No puede ser.

Ethan sintió que las manos le temblaban.

—Mi papá está muerto.

Gabriel tomó la carta.

Leyó la última línea.

Su rostro se puso blanco.

—Eleanor sabía algo que nosotros no.

—¿Qué?

Gabriel señaló la fecha.

—Esta carta fue escrita seis meses después del funeral de tu padre.

Ethan se quedó completamente inmóvil.

—Entonces...

Gabriel levantó los ojos.

—O tu padre no murió cuando te dijeron.

O alguien utilizó su muerte para esconderlo.

Antes de que Ethan pudiera responder, se escuchó un automóvil detenerse frente a la casa.

Gabriel miró las cámaras.

—Es Corinne.

Ethan tomó el sobre.

—Voy a hablar con ella.

—No solo vino ella.

En la pantalla apareció un segundo automóvil.

Ethan se acercó.

Del segundo vehículo bajó un hombre.

Era el abogado.

Pero después bajó una tercera persona.

Una mujer mayor.

Ethan la reconoció inmediatamente.

Era su tía Martha.

La hermana de su padre.

La mujer que había llorado junto a él durante el funeral.

La mujer que durante seis años había jurado que su hermano había muerto.

Ethan sintió que el mundo se partía en dos.

—Ella sabía.

Gabriel apagó el monitor.

—Ahora sí tenemos un problema.

Porque Martha no venía a hablar.

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Venía cargando una caja.

Y en la caja estaba el objeto que podía demostrar que el padre de Ethan había fingido su propia muerte.

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