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Chapter 4: La carta que Eleanor escondió antes de morir

La primera frase de la carta hizo que Ethan dejara de respirar.

“Si estás leyendo esto, significa que Corinne finalmente consiguió entrar a nuestra familia.””

Ethan volvió a leerla.

Después levantó la mirada hacia Maisie.

La niña estaba sentada junto al sofá, abrazando su conejo y observándolo con esos ojos enormes que parecían entender mucho más de lo que una niña de cuatro años debería entender.

—Papá...

Ethan dobló la hoja.

—Estoy aquí, mi amor.

—¿Mamá sabía de Corinne?

Ethan sintió un escalofrío.

—No lo sé.

Pero ya no podía seguir mintiéndole a su propia cabeza.

Eleanor había escrito aquella carta antes de morir.

Eso significaba que había sospechado de Corinne mucho antes de que Ethan siquiera conociera su nombre.

Uno de los oficiales se acercó.

—¿Qué dice?

Ethan le entregó la hoja.

El hombre la leyó con atención.

—¿Hay más?

—No.

—¿Está seguro?

Ethan miró el sobre.

Dentro no había nada más.

Solo una pequeña llave pegada con cinta en la parte posterior.

Ethan la desprendió.

—¿Qué abre esto?

El oficial negó con la cabeza.

—Eso tenemos que averiguarlo.

Ethan volvió a mirar la carta.

Había una segunda frase escrita debajo.

“Antes de confiar en cualquiera, recuerda algo: yo nunca quise que Maisie quedara bajo el cuidado de Corinne.””

Ethan cerró los ojos.

La culpa lo golpeó de lleno.

Durante tres años había pensado que su esposa había llegado a su vida para ayudarlo a reconstruir su familia.

Ahora descubría que Eleanor había intentado advertirle.

Y él no había escuchado.

—Papá...

Ethan se agachó frente a Maisie.

—¿Qué pasó?

—¿Mamá estaba enojada contigo?

—No, corazón.

—Entonces ¿por qué escribió eso?

Ethan no supo qué contestar.

—Porque quería protegerte.

Maisie abrazó más fuerte al conejo.

—¿De Corinne?

Ethan asintió lentamente.

—Tal vez.

La niña se quedó callada.

Después dijo:

—Yo sabía que ella no quería a mamá.

Ethan sintió que se le helaban las manos.

—¿Por qué dices eso?

—Porque una vez la escuché decir que tu mamá había dejado todo hecho un desastre.

—¿Cuándo?

—Cuando yo estaba escondida.

—¿Dónde?

—En el clóset.

Ethan recordó que Maisie tenía apenas un año cuando Eleanor murió.

No podía haber entendido una conversación en ese entonces.

Pero había algo más.

—¿Eso fue después de que mamá murió?

Maisie negó.

—Antes.

Ethan miró al oficial.

La historia acababa de complicarse todavía más.

—¿Recuerdas qué más dijo?

Maisie cerró los ojos.

—Dijo que pronto todo iba a ser de ella.

Ethan sintió que el estómago se le revolvía.

—¿De quién?

—De Corinne.

El oficial anotó todo.

Ethan se puso de pie.

—Necesito encontrar qué abre esta llave.

El policía señaló la puerta del estudio.

—Podemos revisar la casa.

—No.

Ethan negó.

—Primero quiero saber qué dejó Eleanor.

No quería que nadie tocara nada sin entenderlo.

Regresó al estudio.

La llave era pequeña.

Antigua.

No parecía pertenecer a ninguna puerta de la casa.

Ethan revisó los cajones.

Nada.

El escritorio.

Nada.

La caja de documentos.

Nada.

Hasta que vio una pequeña ranura debajo del escritorio.

La madera tenía un mecanismo oculto.

Ethan metió la llave.

Giró.

Se escuchó un clic.

Una sección del escritorio se abrió.

Dentro había una memoria USB.

Y una fotografía.

Ethan tomó primero la fotografía.

Eleanor estaba de pie frente a una cafetería.

Tenía el cabello recogido y una expresión seria.

A su lado había un hombre.

El mismo hombre de la cámara.

Ethan sintió que el mundo se inclinaba.

—¿Quién demonios eres?

Volteó la fotografía.

En la parte posterior había una fecha.

Tres semanas antes de la muerte de Eleanor.

Y una frase.

“Él sabe lo que hizo.””

Ethan miró al oficial.

—Es el hombre que vimos en la cámara.

—Parece que sí.

—¿Lo conoce?

—No.

Ethan conectó la memoria USB a la computadora.

Había tres archivos.

Uno se llamaba “Ethan”.

Otro “Maisie”.

Y el tercero simplemente decía “URGENTE”.

Abrió el primero.

Era un documento.

No era una carta.

Era un informe financiero.

Había movimientos de cuentas, pólizas, transferencias y nombres.

Ethan comenzó a leer.

Su rostro perdió el color.

Corinne había estado recibiendo dinero de una cuenta que él no conocía.

Pero lo peor estaba al final.

Una transferencia había sido realizada pocos días antes de la muerte de Eleanor.

El beneficiario era el hombre de la fotografía.

Ethan se llevó una mano a la frente.

—No puede ser.

El oficial se acercó.

—¿Qué encontró?

Ethan señaló la pantalla.

—Este hombre recibió dinero de Corinne antes de que Eleanor muriera.

—¿Cuánto?

Ethan miró la cifra.

—Ciento cincuenta mil pesos.

El oficial silbó entre dientes.

—Eso ya es bastante serio.

Ethan abrió el segundo archivo.

Era sobre Maisie.

Había información médica.

Datos de su nacimiento.

Copias de documentos.

Y una página que hizo que Ethan sintiera náuseas.

Era una evaluación de custodia.

Pero él jamás había solicitado ninguna.

En el documento aparecía una recomendación.

“En caso de fallecimiento del padre, se recomienda mantener a la menor bajo supervisión de Corinne.””

Ethan golpeó suavemente el escritorio.

—Ella estaba preparando esto desde antes.

El oficial asintió.

—Parece que sí.

Ethan abrió el tercer archivo.

El video comenzó automáticamente.

Eleanor apareció en pantalla.

Estaba sentada en una habitación que Ethan reconoció.

Su antiguo dormitorio.

La mujer que amaba miraba directamente a la cámara.

Y parecía tener miedo.

—Ethan, si estás viendo esto, significa que no pude decirte todo mientras estaba viva.

Ethan se quedó paralizado.

La voz de Eleanor continuó.

—No sé cuánto tiempo me queda. Y no sé en quién puedo confiar.

Ethan sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Pero hay algo que tienes que saber sobre Corinne.

Eleanor hizo una pausa.

—Ella no llegó a nuestra vida por accidente.

La grabación terminó.

Ethan se quedó mirando la pantalla negra.

—No...

El oficial preguntó:

—¿Hay más archivos?

—No.

Ethan revisó la memoria.

Nada.

Entonces escuchó un sonido afuera.

Un automóvil.

Todos se quedaron quietos.

Ethan se acercó a la ventana.

Un sedán negro pasó lentamente frente a la casa.

No se detuvo.

Pero Ethan reconoció las placas.

Era el mismo vehículo de la cámara.

—¡Es él!

Los oficiales salieron rápidamente.

El automóvil aceleró.

Ethan corrió hasta la puerta.

—¡Cuidado!

Pero antes de que pudieran seguirlo, el vehículo desapareció al doblar la esquina.

El oficial regresó.

—Vamos a registrar las placas.

Ethan respiró agitado.

—¿Y si regresa?

—No estará solo.

Ethan miró a Maisie.

La niña estaba pálida.

—Papá...

—¿Qué?

—Ese señor no es malo.

Ethan se arrodilló.

—¿Por qué dices eso?

—Porque mamá confiaba en él.

Ethan sintió que el corazón se le detenía.

—¿Estás segura?

Maisie asintió.

—Mamá le dijo que cuidara de mí.

Ethan miró nuevamente la fotografía.

El hombre.

Eleanor.

La frase escrita detrás.

“Él sabe lo que hizo.””

Quizá había entendido todo al revés.

Tal vez aquel hombre no era el enemigo.

Tal vez había sido testigo.

Y Corinne estaba tratando de impedir que él hablara.

Ethan tomó el teléfono.

—Voy a encontrarlo.

El oficial lo miró.

—No haga nada por su cuenta.

Ethan asintió.

Pero en ese momento su celular vibró.

Un mensaje.

Esta vez no era del número desconocido.

Era de Corinne.

“Ethan, tenemos que hablar. Sé que encontraste la carta de Eleanor.””

Ethan se quedó inmóvil.

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Otro mensaje llegó inmediatamente.

“Y si quieres saber quién mató realmente a tu esposa, ven solo.””

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