Chapter 14: La mujer que todos creían muerta
Ethan miró la fotografía una y otra vez.
—Eso no puede ser.
Su padre no dijo nada.
—¡Papá!
—Sí.
—¿Mi madre está viva?
—No.
—¡Entonces explícame la fotografía!
Su padre tomó el teléfono.
—No es tu madre.
Ethan frunció el ceño.
—¿Qué?
—Es su hermana.
Ethan sintió que el aire regresaba a sus pulmones.
—¿Tenía una hermana?
—Sí.
—Nunca escuché hablar de ella.
—Porque tu madre quería que nadie supiera que existía.
Teresa se acercó.
—Se llama Beatriz.
Ethan miró la fotografía.
—¿Y qué tiene que ver con Martha?
—Todo.
La puerta del taller se abrió de golpe.
Todos se sobresaltaron.
Pero era Gabriel.
—Los automóviles se fueron.
Ethan respiró.
—Tenemos que movernos.
Su padre negó.
—No.
—¿Qué?
—Nos quedamos.
—¿Estás loco?
—Martha quiere que huyamos.
—Entonces no le daremos lo que quiere.
Su padre señaló el archivo.
—Eleanor dejó instrucciones.
—¿Qué instrucciones?
—Abrirlo solamente cuando todos los involucrados estuvieran reunidos.
Ethan miró a Teresa.
—¿Quiénes faltan?
—Martha.
—Patricia.
—El abogado.
—Y Beatriz.
Ethan sintió un escalofrío.
—¿La hermana de mi madre?
Teresa asintió.
—Ella conoce el origen de todo.
Ethan miró a Maisie.
—¿Por qué ella?
Teresa respondió:
—Porque Beatriz fue quien presentó a Martha con el abogado.
—Entonces también está involucrada.
—Sí.
Corinne habló:
—Pero Eleanor la perdonó.
Ethan la miró.
—¿Cómo sabes?
—Porque Eleanor me lo dijo.
—¿Cuándo?
—La última vez que hablé con ella.
Ethan sintió una punzada.
—¿Y qué más te dijo?
Corinne tragó saliva.
—Que si algún día te decía toda la verdad, probablemente me odiarías.
—¿Por qué?
—Porque parte de la culpa fue mía.
Ethan no respondió.
Corinne continuó:
—Yo fui quien consiguió la información del banco.
—¿Para el abogado?
—No.
—¿Para quién?
—Para Eleanor.
Ethan quedó en silencio.
—Entonces ¿por qué te comportaste así con Maisie?
Corinne miró al suelo.
—Porque necesitaba que ellos creyeran que había perdido el control.
—Y mientras tanto mi hija sufrió.
—Sí.
—Eso no se arregla con una explicación.
—Lo sé.
Ethan se acercó.
—No sé si algún día podré perdonarte.
Corinne asintió.
—No te lo estoy pidiendo.
Maisie tomó la mano de Ethan.
—Papá.
Él se agachó.
—¿Qué pasó?
—Quiero decirte algo.
—Dime.
—La señora que estaba con Martha me dio esto.
Sacó una pequeña medalla.
Ethan la reconoció.
Era la medalla que su madre llevaba cuando él era niño.
—¿Quién te la dio?
—La señora de la foto.
Ethan miró a Teresa.
—Beatriz.
Teresa asintió.
—Entonces estuvo con Maisie.
—Sí.
—¿Dónde?
—En la propiedad.
Ethan sintió un escalofrío.
—¿Cuándo?
—Antes de que Corinne la sacara de allí.
Ethan tomó la medalla.
En la parte posterior había una inscripción.
Una fecha.
Y unas iniciales.
Las mismas iniciales grabadas en la llave.
—La llave no abre una caja.
Gabriel entendió.
—Abre algo dentro de la propiedad.
Su padre asintió.
—El archivo.
Regresaron a la finca esa misma noche.
El lugar parecía abandonado.
Pero esta vez Ethan sabía dónde buscar.
Entraron por la puerta lateral.
Su padre los llevó hasta una biblioteca.
Movió un libro.
Una pared se abrió.
Detrás había una habitación secreta.
Había cajas.
Carpetas.
Fotografías.
Cuentas.
Contratos.
Ethan tomó una carpeta.
Su nombre aparecía en la portada.
La abrió.
Dentro había documentos que demostraban que varias propiedades habían sido transferidas ilegalmente durante décadas.
Pero había algo más.
Un testamento.
El nombre de Maisie aparecía como heredera principal.
Y una cláusula.
“Si Ethan Hale muere antes de que Maisie cumpla dieciocho años, la administración de los bienes pasará temporalmente a una persona designada por Eleanor.””
Ethan leyó el nombre.
Corinne.
Se quedó inmóvil.
—Eleanor te nombró administradora.
Corinne cerró los ojos.
—Sí.
—¿Lo sabías?
—Sí.
—¿Y por eso te casaste conmigo?
Corinne negó.
—No.
—¿Entonces?
—Me casé contigo porque te amaba.
Ethan no supo qué responder.
Su padre tomó otro documento.
—Aquí está.
—¿Qué?
—La transferencia original.
Ethan miró.
La propiedad había sido puesta a nombre de Maisie antes de que ella naciera.
—¿Cómo?
Su padre explicó:
—Tu abuelo creó una estructura legal para protegerla.
Gabriel encontró otro papel.
—Aquí hay algo raro.
—¿Qué?
—La firma de Martha.
Ethan se acercó.
Martha había autorizado una transferencia.
Pero la fecha era posterior a la muerte de Eleanor.
—Entonces ella intentó robar la propiedad después de que Eleanor murió.
Patricia apareció en la puerta.
—No.
Todos voltearon.
Patricia tenía una expresión seria.
—Martha no intentó robarla.
Ethan se quedó inmóvil.
—¿Entonces?
Patricia levantó otro documento.
—Ella intentó impedir que alguien más la robara.
—¿Quién?
Patricia señaló el nombre.
Ethan lo leyó.
Su rostro cambió.
Era Beatriz.
—La hermana de mi madre.
—Sí.
—¿Por qué?
Patricia respondió:
—Porque Beatriz sabía que tu madre había creado el plan original.
—¿Qué plan?
—Hacerte creer que tu madre había muerto.
Ethan sintió un escalofrío.
—¿Qué?
Patricia explicó:
—Tu madre desapareció voluntariamente para escapar de la gente que quería controlar la fortuna familiar.
—Entonces ¿mi padre sabía?
—Sí.
—¿Y Eleanor?
—También.
Ethan miró a su padre.
—¿Por qué nadie me dijo?
Su padre respondió:
—Porque cuando tu madre desapareció, tú eras un niño.
—¡Ya no soy un niño!
—Lo sé.
Entonces una voz apareció desde la entrada.
—Y por eso ya no podemos seguir ocultándolo.
Martha.
Estaba ahí.
Sola.
Sin abogado.
Sin hombres.
Ethan tomó la carpeta.
—¿Dónde está Beatriz?
Martha lo miró.
—Muerta.
Silencio.
—¿Qué?
—La mataron hace dos horas.
Ethan sintió que el estómago se le cerraba.
—¿Quién?
Martha negó.
—No lo sé.
—¡Mientes!
—Ojalá.
Martha sacó un teléfono.
Mostró una fotografía.
Beatriz estaba inconsciente.
A su lado había un papel.
“Una menos.””
Ethan sintió un escalofrío.
—¿Quién hizo esto?
Martha miró a Corinne.
—Alguien que estuvo dentro de esta familia todo este tiempo.
Ethan apretó la mandíbula.
—Dime quién.
Martha lloró.
—Tu padre no es el único que fingió estar muerto.
Ethan se quedó inmóvil.
—¿Qué significa eso?
Martha señaló el documento.
—Eleanor también dejó una identidad falsa.
Ethan sintió que el corazón se le detenía.
—¿Eleanor?
—Sí.
—Pero yo vi su cuerpo.
Martha negó.
—Viste a una mujer que todos creyeron que era Eleanor.
Nadie respiró.
Gabriel dio un paso atrás.
—No puede ser.
Martha miró a Ethan.
—La verdadera Eleanor desapareció dos días antes.
Ethan sintió que las piernas le fallaban.
—Entonces...
Martha asintió.
—La mujer que murió en el hospital no era tu esposa.
Antes de que Ethan pudiera procesarlo, una voz salió de una grabadora sobre la mesa.
La voz de Eleanor.
Clara.
Firme.
Viva.
—Si están escuchando esto, significa que mi plan funcionó.
Ethan sintió que el corazón le explotaba.
—Ethan, no busques mi tumba.
Pausa.
—Porque yo no estoy muerta.
La grabación terminó.
Y detrás de ellos se escuchó una voz.
—Hola, Ethan.
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Él volteó.
Eleanor estaba parada en la puerta.