Chapter 2: La mujer del vestido negro
La mujer entró al salón como si hubiera esperado años para cruzar aquella puerta.
No llevaba flores.
No llevaba regalo.
Ni siquiera parecía interesada en la boda.
Sus ojos estaban puestos únicamente en Mauricio.
Mi hermana seguía sosteniendo la fotografía entre los dedos.
—¿Quién es ella? —preguntó.
Mauricio no respondió.
—Te estoy preguntando quién es.
Él tragó saliva.
—Nadie.
La mujer soltó una risa amarga.
—Claro.
Todos voltearon hacia ella.
Su voz no era fuerte.
Pero atravesó el salón.
—Después de diez años, sigo siendo “nadie”.
Valeria palideció.
—Mauricio...
La mujer avanzó.
—Felicidades por la boda.
Mauricio caminó hacia ella.
—Tienes que irte.
—¿Ahora sí te preocupa que haga una escena?
—Por favor.
—No.
Ella negó con la cabeza.
—Esta vez no me voy.
Yo observaba todo sin entender.
Lily estaba pegada a mi costado.
—¿Tú la conoces? —le pregunté en voz baja.
Mi hija asintió.
—La vi en la foto.
La mujer se detuvo frente a Valeria.
—Mi nombre es Renata.
Valeria miró a Mauricio.
—¿Renata?
Él cerró los ojos.
—Valeria, escucha...
—No.
Mi hermana levantó una mano.
—Primero quiero saber quién es ella.
Renata respondió por él.
—Soy la mujer con la que Mauricio estuvo casado.
Un murmullo recorrió el salón.
—¿Casado? —dijo alguien.
—¿Antes de Valeria?
Renata miró a Mauricio.
—No exactamente.
Valeria dejó caer la fotografía.
—¿Qué significa “no exactamente”?
Renata respiró hondo.
—Significa que cuando Mauricio empezó a salir contigo, todavía estaba casado conmigo.
La cara de mi hermana se descompuso.
—Eso es mentira.
Mauricio reaccionó rápidamente.
—¡Sí! ¡Es mentira!
Renata sacó un sobre de su bolso.
—Entonces supongo que esto también es mentira.
Sacó varias hojas.
Papeles oficiales.
Una copia de un acta.
Una demanda.
Fotografías.
Mensajes impresos.
Todo cayó sobre una mesa cercana.
Mauricio se puso frente a ella.
—No hagas esto aquí.
—¿Dónde querías que lo hiciera?
Renata sonrió con tristeza.
—¿En privado? Como hiciste todo lo demás.
Valeria estaba llorando.
—¿Tú estabas casado cuando me conociste?
Mauricio la miró.
—Las cosas eran complicadas.
—No te pregunté eso.
—Valeria...
—¡Te pregunté si estabas casado!
Él guardó silencio.
Ese silencio fue suficiente.
Mi hermana retrocedió.
—Dios mío.
Yo abracé a Lily.
La niña temblaba.
—Mamá, yo sabía que algo estaba mal.
—¿Cómo lo supiste?
—La tía Valeria estaba triste antes de la boda.
La miré.
—¿Cuándo?
—La noche que fuimos a su casa.
Recordé aquella noche.
Valeria había estado extrañamente callada.
Yo pensé que eran nervios.
Mi hija había visto más de lo que yo imaginaba.
Renata se acercó a la mesa.
—Hay algo que todos necesitan saber.
Mauricio la miró.
—No.
—Sí.
—Renata, por favor.
—No vuelvas a decirme por favor.
Ella sacó otra fotografía.
Era la misma mujer del primer retrato.
Pero esta vez estaba con un bebé.
—Este es mi hijo.
Valeria levantó la vista.
—¿El niño de la fotografía?
—Sí.
—¿Y qué tiene que ver con Mauricio?
Renata miró a todos.
—Es su hijo.
Algunas personas comenzaron a murmurar.
Mauricio bajó la cabeza.
Valeria se llevó ambas manos al rostro.
—¿Por qué nunca me dijiste?
—Porque no quería perderte.
—¿No querías perderme?
Mi hermana soltó una risa rota.
—¡Me mentiste durante meses!
—Pensé que podía arreglarlo.
—¿Arreglar qué?
—Mi pasado.
Renata intervino.
—No quería arreglar nada.
Mauricio la miró con rabia.
—Cállate.
Renata no retrocedió.
—Quería empezar de nuevo con otra mujer.
Valeria cerró los ojos.
—¿Y tu hijo?
Renata bajó la voz.
—Mauricio dejó de verlo cuando tenía cinco años.
Lily me apretó la mano.
—Mamá...
—¿Qué pasa?
Ella miró hacia Renata.
—No es el mismo niño.
Yo fruncí el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Lily señaló la fotografía.
—Ese niño no es el que vi en el teléfono.
Sentí un escalofrío.
Renata escuchó.
—¿Qué dijiste?
Lily volvió a esconderse detrás de mí.
—Había otro niño.
Renata se quedó inmóvil.
—¿Otro?
Lily asintió.
—Sí.
Mauricio se puso blanco.
—Lily, no sabes lo que viste.
Mi hija lo miró.
—Sí sé.
—Eres una niña.
—Pero sé leer.
El salón quedó en silencio otra vez.
Lily tomó mi mano.
—En el teléfono decía: “Nuestro hijo”.
Renata miró a Mauricio.
—¿Nuestro hijo?
Él no dijo nada.
—Mauricio —dijo Renata lentamente—, ¿de qué niño está hablando?
—No sé.
—¡No me mientas!
Valeria comenzó a llorar más fuerte.
—¿Cuántos hijos tienes?
—No es lo que parece.
—¿Cuántos?
Mauricio abrió la boca.
Pero antes de que pudiera responder, alguien habló desde el fondo.
—Tiene dos.
Todos volteamos.
Era una mujer mayor.
Yo la reconocí.
La madre de Mauricio.
Doña Estela.
Había permanecido sentada durante toda la discusión.
Ahora estaba de pie.
Su rostro estaba serio.
—Mamá —dijo Mauricio.
—Ya estuvo.
La mujer caminó lentamente hacia nosotros.
—Ya mentiste demasiado.
Mauricio palideció.
—No sabes lo que estás haciendo.
—Sé exactamente lo que estoy haciendo.
Doña Estela miró a Valeria.
—Perdóname.
Valeria apenas podía hablar.
—¿Qué sabe usted?
La anciana miró a su hijo.
—Que el niño de la fotografía no es el único secreto que mi hijo ha escondido.
Mauricio cerró los puños.
—Mamá, cállate.
—No.
Ella negó con la cabeza.
—Hoy no.
Entonces sacó un teléfono viejo de su bolso.
—Porque hay algo que yo guardé durante años.
Mauricio dio un paso hacia ella.
—No.
—Sí.
Doña Estela desbloqueó el teléfono.
Buscó un video.
—Esto te lo mandó tu propio padre antes de morir.
Mauricio se quedó paralizado.
—No puedes...
—Puedo.
Ella levantó el teléfono.
La pantalla mostró el rostro de un hombre mayor.
La grabación comenzó.
Y después de unos segundos, se escuchó su voz:
—Si algún día alguien te pregunta por qué Mauricio dejó a Claudia, dile la verdad.
Sentí que el cuerpo entero se me congelaba.
Claudia.
Mi nombre.
Miré a mi hija.
Después miré a Mauricio.
Él no podía ni siquiera levantar los ojos.
El video continuó.
—La verdad es que Mauricio no abandonó a una mujer.
La voz del hombre hizo una pausa.
—Abandonó a su propia hija.
Sentí que dejaba de respirar.
Valeria me miró.
Renata también.
Lily levantó lentamente la cabeza.
—Mamá...
Yo no podía hablar.
Mauricio cerró los ojos.
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Y entonces comprendí que aquella boda no había descubierto un secreto.
Había abierto una puerta hacia algo mucho peor.
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