Chapter 8: La casa donde comenzó todo
La casa estaba exactamente como Elena la recordaba.
O al menos eso parecía.
La pintura exterior estaba vieja.
Las ventanas tenían polvo.
El pequeño árbol de limón del patio había crecido demasiado.
Elena se quedó frente a la puerta.
Durante un instante volvió a tener diez años.
Escuchó en su memoria la voz de su madre.
"Primero desayuna, mija.""
"Elena, no dejes los juguetes tirados.""
"Ven a ayudarme con las tortillas.""
Abrió los ojos.
Todo aquello había desaparecido.
Pero la casa seguía ahí.
—¿Estás bien? —preguntó Damian.
Elena no lo miró.
—No.
Javier se acercó.
—La caja debe estar dentro.
—¿Cómo sabes?
—Porque tu madre nunca confiaba en los bancos.
—Eso sí lo recuerdo.
Elena sacó la llave.
Entraron.
El olor a madera vieja y humedad llenó el pasillo.
Había muebles cubiertos con sábanas.
Una lámpara torcida.
Y sobre la pared, un marco vacío.
Elena se detuvo.
—Aquí estaba la fotografía de mis padres.
Javier miró el lugar.
—Sí.
—¿Quién la quitó?
—No lo sé.
Damian caminó hacia la cocina.
—Hay huellas.
Elena se acercó.
Había polvo en el suelo.
Varias marcas recientes.
Alguien había entrado.
Y no había sido hace mucho.
Javier abrió un cajón.
Vacío.
Otro.
Vacío.
—Ya estuvieron aquí.
Elena sintió una mezcla de miedo y rabia.
—Entonces llegamos tarde.
—No necesariamente.
Javier caminó hacia la vieja alacena.
—Tu madre tenía una costumbre.
—¿Cuál?
—Escondía las cosas importantes donde nadie buscaba.
Abrió una pequeña puerta.
Dentro había frascos viejos.
Canela.
Arroz.
Frijoles.
Elena sonrió por primera vez.
—Siempre decía que nadie revisaría la comida.
Javier retiró un frasco.
Debajo había una pequeña abertura.
—Aquí.
Elena se acercó.
Pero el compartimento estaba vacío.
Solo había un papel.
Ella lo tomó.
Era una nota.
"Si llegaron hasta aquí, ya saben demasiado.""
Damian miró a Javier.
—Esto no estaba.
Javier negó.
—No.
Elena leyó la segunda línea.
"Busquen donde tu madre rezaba.""
Elena supo inmediatamente.
El altar.
Caminaron hacia la sala.
El pequeño altar de la Virgen de Guadalupe seguía en una esquina.
Elena tocó el marco.
—Mi mamá encendía una vela aquí todos los domingos.
Javier retiró la imagen con cuidado.
Detrás había un pequeño compartimento.
Dentro encontraron una caja de metal.
Elena sacó la llave.
La introdujo.
Giró.
La cerradura hizo clic.
Pero cuando abrió la caja, estaba vacía.
Damian cerró los ojos.
—No puede ser.
Javier tomó el interior.
—Está recién vacía.
Elena encontró algo en el fondo.
Una pequeña cinta de grabación.
Y una fotografía.
En la fotografía aparecía su padre.
Estaba vivo.
Elena sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—Esta foto fue tomada después de su supuesta muerte.
Javier la miró.
—Sí.
Damian se acercó.
—¿Quién tomó la foto?
En la parte posterior había una fecha.
Seis meses después del accidente.
Y una dirección.
Elena levantó la cabeza.
—Mi papá estuvo aquí después de morir.
Javier negó.
—No.
—¿Entonces dónde?
—No sé.
Elena miró la cinta.
—Necesitamos escuchar esto.
—Aquí no hay reproductor.
Damian sacó su teléfono.
—Puedo conseguir uno.
—¿Cómo?
—Tengo contactos.
Elena lo miró.
—¿Todavía?
Damian soltó una sonrisa amarga.
—Algunos.
Salió al patio.
Javier se quedó junto a Elena.
—Hay algo que nunca te dije.
Elena ni siquiera lo miró.
—Ya me cansé de esa frase.
—Tu padre me pidió que cuidara de ti.
—¿Cuándo?
—Antes de desaparecer.
—¿Y por qué nunca lo hiciste?
Javier bajó la mirada.
—Porque tenía miedo.
Elena se volvió.
—¿De qué?
—De fracasar.
—Fracasaste.
—Sí.
Javier no intentó defenderse.
—Pero no dejé de vigilarte.
Elena se quedó callada.
—Cuando abriste Voss Global, yo estaba detrás de varias de las inversiones.
—¿Tú?
—Sí.
—¿Y Damian?
—Yo lo recomendé.
Elena lo miró con incredulidad.
—¿Tú pusiste a Damian en mi empresa?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque necesitábamos a alguien que pudiera entrar donde nosotros no.
—¿Entrar dónde?
—En el círculo que controlaba el dinero.
Elena sintió un escalofrío.
—Entonces Damian no era solamente un socio.
—No.
—Era un infiltrado.
Javier negó.
—Al principio.
Elena entendió.
—¿Y después?
—Después se enamoró del poder.
La puerta trasera se abrió.
Damian regresó con un hombre que llevaba una pequeña grabadora.
—La conseguí.
Elena colocó la cinta.
El aparato hizo un ruido.
Después apareció una voz.
La voz de su padre.
"Si alguien escucha esto, significa que el plan fracasó.""
Elena se llevó una mano al pecho.
"Elena, si eres tú, quiero que sepas que nunca quise abandonarte.""
La voz se quebró.
"Pero hay alguien que quiere utilizarte para recuperar algo que nunca le perteneció.""
Elena miró a Javier.
La grabación continuó.
"El dinero no es el objetivo.""
Una pausa.
"El objetivo es el control.""
Después se escuchó un ruido.
Una puerta.
La voz de otra persona.
Una mujer.
"Ya es suficiente.""
Elena quedó inmóvil.
Conocía esa voz.
—Mi mamá.
La grabación continuó.
—Tenemos que irnos.
El padre respondió:
—No puedo.
—Si te quedas, te van a encontrar.
—Ya me encontraron.
Silencio.
Después una frase.
—Claudia nos traicionó.
Elena miró a Javier.
—No.
Pero la grabación seguía.
—No fue Claudia.
La voz de su padre era firme.
—Ella está intentando protegernos.
La madre respondió:
—Entonces ¿quién?
La respuesta fue apenas un susurro.
—Javier.
Elena levantó la cabeza.
Javier se quedó blanco.
Damian lo miró.
La grabación continuó.
—Mi hermano sabe dónde está el expediente.
La madre respondió:
—Él no nos traicionaría.
—Ya lo hizo.
Elena detuvo la grabación.
La habitación quedó en silencio.
Javier no se movió.
Elena lo miró.
—Explícame.
—No es lo que parece.
—Siempre dices eso.
—Elena…
—¡Tú dijiste que Claudia era la traidora!
—Porque pensé que…
—¿Pensaste qué?
Javier cerró los ojos.
—Pensé que tu padre estaba equivocado.
—¿Y después?
—Después descubrí que tenía razón.
Elena dio un paso atrás.
—¿Qué hiciste?
Javier tragó saliva.
—Le entregué el expediente.
—¿A quién?
—Al hombre que dirigía las operaciones.
Damian intervino.
—¿El socio de su padre?
Javier asintió.
Elena sintió una profunda decepción.
—¿Por qué?
—Porque me amenazó.
—¿Con qué?
Javier la miró.
—Con matarte.
Elena quedó inmóvil.
—¿A mí?
—Sí.
—¿Y por eso entregaste a mi padre?
—Pensé que podía salvarte.
—Pero él murió.
—Lo sé.
Javier comenzó a llorar.
—Y desde ese día he intentado arreglarlo.
Elena miró la cinta.
—¿Qué pasó con mi padre después?
Javier levantó la cabeza.
—Sobrevivió.
Elena dejó de respirar.
—¿Qué?
—Sobrevivió al accidente.
Damian se acercó.
—Entonces ¿dónde está?
Javier miró la fotografía.
—No lo sé.
—¡Javier!
—Lo último que supe es que salió del país.
Elena sintió que las lágrimas le recorrían el rostro.
—¿Está vivo?
Javier negó lentamente.
—No lo sé.
En ese momento, escucharon un automóvil detenerse afuera.
Damian miró por la ventana.
—Tenemos compañía.
Elena guardó la fotografía.
—¿Quién?
Damian observó el vehículo.
—No sé.
Una puerta se abrió.
Una mujer bajó.
Elena la reconoció.
Claudia.
Pero no venía sola.
Un hombre salió detrás de ella.
Elena vio su rostro.
Y sintió que el corazón se le detenía.
Era el hombre de la fotografía.
El supuesto socio muerto.
El hombre que todos habían buscado durante años.
Claudia abrió la puerta de la casa.
—Elena.
Ella no respondió.
El hombre entró.
Miró a Javier.
—Hermano.
Javier retrocedió.
Elena se quedó paralizada.
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El hombre sonrió.
—Creo que ya es hora de que conozcas al verdadero responsable de todo.