Chapter 7: La mujer que llevaba veinticinco años esperando
Claudia no huyó cuando vio a Elena entrar al restaurante.
Al contrario.
Levantó lentamente su taza de café y sonrió.
Como si hubiera estado esperando ese momento durante toda su vida.
Elena se detuvo a unos pasos de la mesa.
Javier permaneció detrás de ella.
Damian entró al último.
Claudia lo miró.
Su sonrisa desapareció.
—Tú no deberías estar aquí.
Damian apretó la mandíbula.
—Yo también quiero respuestas.
Claudia soltó una pequeña risa.
—No.
—¿No?
—Tú quieres salvarte.
Damian se quedó callado.
Elena tomó asiento frente a Claudia.
—Quiero saber qué pasó con mi padre.
Claudia dejó la taza sobre el plato.
—Entonces siéntate, mija.
Elena se sentó.
Javier permaneció de pie.
Claudia lo observó.
—Tú también puedes sentarte.
—Prefiero quedarme parado.
—Sigues creyendo que estar de pie te hace parecer más fuerte.
Javier no respondió.
Elena miró a ambos.
—¿Se conocen demasiado bien para mi gusto?
Claudia bajó los ojos.
—Nos conocemos desde antes de que tú nacieras.
—Eso ya lo sé.
—No sabes ni la mitad.
Elena respiró profundamente.
—Entonces empieza.
Claudia tomó aire.
—Tu padre no murió por una discusión de negocios.
—Ya lo sé.
—Tampoco murió porque quisiera denunciar a alguien.
Elena frunció el ceño.
—Entonces ¿por qué?
Claudia miró a Javier.
—Porque descubrió que tu madre estaba siendo vigilada.
Elena quedó inmóvil.
—¿Por quién?
—Por gente que buscaba controlar Voss Global.
—¿Y mi padre lo descubrió?
—Sí.
—¿Y qué hizo?
—Intentó protegerla.
Claudia hizo una pausa.
—Y ahí comenzó todo.
Elena se inclinó hacia adelante.
—¿Mi madre sabía que la vigilaban?
—Sí.
—¿Y por eso creó la fundación?
Claudia asintió.
—La fundación no era para proteger el dinero.
—¿Entonces?
—Era para protegerte a ti.
Elena sintió un nudo en la garganta.
—¿De quién?
Claudia miró alrededor antes de responder.
—De tu propio apellido.
Damian soltó una risa nerviosa.
—Eso no tiene sentido.
Claudia lo miró.
—Tú deberías ser el último en hablar de sentido.
Damian bajó la mirada.
Elena no apartaba los ojos de Claudia.
—Explícame.
—Tu padre heredó una red empresarial enorme. Pero había personas dentro de esa red que no aceptaban que una mujer controlara el patrimonio.
—¿Mi madre?
—Sí.
—¿Y querían quitárselo?
—Querían algo peor.
Claudia bajó la voz.
—Querían utilizar las empresas para ocultar operaciones que podían destruir a varias familias poderosas.
Elena tragó saliva.
—¿Mi padre encontró los documentos?
—Encontró parte de ellos.
—¿Y la otra parte?
Claudia miró a Javier.
—La tenía él.
Elena se volvió.
—¿Javier?
—Sí.
Javier cerró los ojos.
—No quería tenerlos.
—Pero los tuviste.
—Porque tu madre me los entregó.
Claudia negó.
—No todos.
Elena sintió que la paciencia se le agotaba.
—¡Ya basta! Uno dice una cosa y el otro otra. Quiero saber la verdad.
Claudia tomó un pequeño sobre de su bolso.
Lo colocó sobre la mesa.
—Aquí está.
Elena lo miró.
—¿Qué es?
—Una copia de la última carta que tu padre escribió.
Elena extendió la mano.
Pero Claudia la detuvo.
—Antes de leerla, tienes que entender algo.
—¿Qué?
—Tu padre no confiaba en Javier.
Javier levantó la cabeza.
—Eso no es verdad.
Claudia lo miró.
—Él sabía lo que habías hecho.
—¿Qué hice?
—Le ocultaste la transferencia.
Javier quedó en silencio.
Elena lo miró.
—¿Qué transferencia?
Claudia respondió:
—La primera.
—¿De cuánto?
—Cinco millones de pesos.
Elena miró a Javier.
—¿Es verdad?
Javier no respondió.
—¡Javier!
Él bajó la cabeza.
—Sí.
Elena se puso de pie.
—¿Por qué?
—Porque intentaba comprar tiempo.
—¿Para quién?
—Para tu madre.
Claudia negó.
—No.
—¡Sí!
—No estabas comprando tiempo.
Claudia se inclinó hacia Elena.
—Estabas comprando silencio.
Elena sintió que la respiración se le cortaba.
—¿Qué hiciste con el dinero?
Javier tardó unos segundos.
—Lo devolví.
Claudia sonrió.
—Después de que murió tu padre.
Elena miró a Javier con incredulidad.
—¿Es cierto?
—Sí.
—Entonces tú también mentiste.
—Sí.
La respuesta fue tan directa que Elena no supo qué decir.
Claudia empujó el sobre hacia ella.
—Lee.
Elena lo abrió.
La carta estaba escrita a mano.
La letra era inconfundible.
"Mi querida Elena:
Si algún día lees esto, significa que ya no pude explicarte por qué tuve que alejarme de ti.
No quiero que me recuerdes como un hombre que desapareció.
Quiero que recuerdes que cada decisión que tomé fue para mantenerte lejos de personas que no saben amar sin poseer.""
Elena sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
Siguió leyendo.
"Tu madre hará todo lo posible para protegerte. Confía en ella incluso cuando no entiendas sus decisiones.""
Elena levantó la mirada.
—¿Esto fue escrito antes de su muerte?
Claudia asintió.
—La noche anterior.
Elena continuó.
"Hay un hombre al que no debes permitirle acercarse demasiado a ti.""
Ella se detuvo.
El nombre no aparecía.
Solo una inicial.
D.
Elena miró a Damian.
Damian palideció.
—No.
Elena siguió leyendo.
"Si ya lo conoces, aléjate.""
Damian dio un paso atrás.
—No sabía.
Elena levantó la mirada.
—¿Tu apellido empieza con D?
—Sí.
—¿Tu padre conocía al mío?
Damian guardó silencio.
Claudia respondió por él.
—Sí.
Elena sintió que todo se acomodaba de una manera aterradora.
—¿Qué relación tenían?
Damian respiró profundamente.
—Mi padre era socio de tu padre.
—¿Y por qué nunca me lo dijiste?
—Porque pensé que no importaba.
Elena soltó una risa amarga.
—Nada de esto importa para ti hasta que te afecta.
Damian no pudo contestar.
Claudia se levantó.
—Hay una última cosa.
Sacó una llave pequeña.
—Tu padre escondió el expediente original.
Elena miró la llave.
—¿Dónde?
Claudia señaló el bolsillo de Elena.
—La llave que llevas contigo.
Elena recordó la llave que Javier le había dado.
La sacó.
Claudia sonrió.
—No abre una puerta.
Elena frunció el ceño.
—¿Entonces qué abre?
—Una caja.
Javier levantó la cabeza.
—Claudia…
—Ya no puedes detener esto.
—No sabes qué hay dentro.
—Sí sé.
Elena miró a ambos.
—¿Qué hay?
Claudia se acercó.
—El documento que demuestra quién ordenó la muerte de tu padre.
Elena apretó la llave.
—¿Quién?
Claudia la miró directamente.
—Tu madre.
Elena se quedó helada.
—No.
—Ella no quería matarlo.
—Entonces ¿por qué dio la orden?
Claudia bajó la voz.
—Porque tu padre le pidió que lo hiciera.
Nadie habló.
Elena sintió que el mundo acababa de cambiar otra vez.
—¿Mi padre pidió que mi madre lo matara?
Claudia negó.
—No exactamente.
Se inclinó hacia ella.
—Le pidió que fingiera su muerte.
Elena abrió los ojos.
—¿Qué?
Claudia tomó su bolso.
—Porque tu padre sabía que, si desaparecía, los enemigos dejarían de buscar a Elena.
Javier miró a Claudia con desesperación.
—No debiste decirlo.
Claudia respondió:
—Ya era hora.
Elena se levantó.
—Entonces mi padre…
—Está muerto —dijo Claudia suavemente.
—¿Y por qué fingieron que fue un accidente?
Claudia miró hacia la ventana.
—Porque alguien descubrió el plan.
—¿Quién?
Claudia no respondió.
Elena se acercó.
—¿Quién?
Claudia miró a Damian.
—Su padre.
Damian sintió que las piernas le fallaban.
—No.
Claudia asintió.
—Tu padre descubrió que el hombre que todos creían muerto seguía vivo.
Elena dio un paso atrás.
—¿Y qué pasó después?
Claudia miró a Javier.
Javier cerró los ojos.
—Nos vendió.
—¿A quién?
Claudia respondió:
—A la persona que ahora está intentando recuperar el control de Voss Global.
El teléfono de Elena vibró.
Un mensaje.
"Tu tío no te dijo que la caja ya fue abierta.""
Elena levantó la mirada.
Javier palideció.
—¿Qué pasa?
Elena le mostró el teléfono.
Javier se quedó completamente inmóvil.
—Eso es imposible.
—¿Por qué?
—Porque la caja nunca estuvo donde creíamos.
Elena apretó la llave.
—Entonces ¿dónde está?
Javier la miró.
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—En la casa donde creciste.
Y en ese momento Elena entendió que alguien había llegado antes que ellos.