Chapter 10: El hermano que nadie debía conocer
Elena sintió que el teléfono pesaba una tonelada en su mano.
—Repítelo.
Javier no apartó la mirada.
—Alejandro es tu hermano.
La respiración de Elena se volvió irregular.
—Yo no tengo un hermano.
—Sí lo tienes.
—Mi mamá nunca tuvo otro hijo.
Claudia bajó la mirada.
—Sí lo tuvo.
Elena miró a Claudia.
—¿Tú también lo sabías?
Claudia cerró los ojos.
—Desde el principio.
Elena sintió que algo dentro de ella se quebraba.
—Entonces todos lo sabían menos yo.
Nadie respondió.
Aquello fue peor que cualquier explicación.
El director financiero seguía en la llamada.
—Señora Voss, ¿quiere que detengamos el trámite?
Elena recuperó la compostura.
—No.
Javier levantó la cabeza.
—Elena…
—Déjalo avanzar.
—¿Qué?
—Quiero saber qué reclama.
El director dudó.
—¿Está segura?
—Completamente.
—Entendido.
La llamada terminó.
Elena dejó el teléfono sobre la mesa.
—Ahora quiero la verdad.
Javier se sentó lentamente.
—Alejandro nació antes que tú.
—¿Cuánto antes?
—Tres años.
Elena sintió un vacío en el estómago.
—Entonces tenía veintiocho años cuando murió mi mamá.
—Sí.
—¿Dónde está?
Javier negó.
—No lo sabemos.
—Pero acaba de presentar documentos.
—Alguien los presentó en su nombre.
—¿Quién?
Arturo respondió:
—Alguien que quiere que creas que él está vivo.
Elena lo miró.
—¿Tú sabes algo?
—Sé que Alejandro desapareció hace dieciséis años.
—¿Por qué?
—Porque descubrió quién era realmente su padre.
Elena apretó los labios.
—Mi papá.
—Sí.
—¿Y por qué lo ocultaron?
Javier respondió con dificultad.
—Porque tu padre tuvo un hijo antes de casarse con tu madre.
Elena sintió que le faltaba el aire.
—¿Con quién?
Claudia miró a Javier.
Javier bajó la mirada.
—Con una mujer llamada Teresa.
Elena no conocía ese nombre.
—¿Y ella?
—Murió cuando Alejandro era pequeño.
—¿Mi madre lo crió?
—No.
—Entonces ¿quién?
—Tu abuela.
Elena quedó inmóvil.
De repente recordó algo.
Cuando era niña, su abuela siempre hablaba de "un niño de la familia" que vivía lejos.
Elena había pensado que se refería a un primo.
Nunca había preguntado.
Nunca había imaginado.
—¿Por qué mi mamá me ocultó que tenía un hermano?
Claudia respondió:
—Porque Alejandro no era el único secreto.
Elena la miró.
—¿Qué significa eso?
Claudia tomó una fotografía antigua.
La colocó sobre la mesa.
Aparecían cuatro personas.
Su padre.
Su madre.
Javier.
Y una mujer joven.
—Teresa —dijo Claudia.
Elena observó la fotografía.
—¿Qué relación tenía con mi mamá?
—Eran amigas.
—¿Y con mi papá?
Claudia tardó en responder.
—Más que amigas.
Elena comprendió.
—¿Mi madre sabía?
—Sí.
—¿Y perdonó a mi padre?
—Sí.
Elena miró la fotografía durante largo rato.
—Entonces Alejandro nació de una relación anterior.
—Sí.
—¿Y aun así mi mamá lo protegió?
—Más de lo que imaginas.
Javier tomó la palabra.
—Cuando tu padre murió oficialmente, tu madre hizo que Alejandro desapareciera de todos los registros públicos.
—¿Por qué?
—Porque sabía que si alguien descubría que existía un heredero masculino, intentarían usarlo para quitarte el control.
Elena negó lentamente.
—Pero si Alejandro es mi hermano, también tiene derechos.
—Depende de los documentos.
Arturo intervino.
—Y ahí está el problema.
Elena lo miró.
—¿Qué problema?
—Tu padre modificó el testamento antes de desaparecer.
—Ya lo vimos.
—No.
Arturo sacó otro documento.
—Ese no es el último.
Elena lo tomó.
La primera página tenía una fecha.
Era dos años posterior al documento que ella había encontrado.
—Esto no puede ser.
—Fue firmado en secreto.
Elena comenzó a leer.
Su padre dejaba el control de las empresas a sus dos hijos.
A ella y a Alejandro.
Pero había una condición.
—"Ninguno de los dos podrá vender, transferir o dividir el patrimonio sin el consentimiento del otro.""
Elena levantó la mirada.
—¿Por qué haría esto?
Arturo respondió:
—Porque sabía que algún día ustedes tendrían que trabajar juntos.
—¿Y si no?
—Entonces el patrimonio quedaría congelado.
Elena sintió un escalofrío.
—Eso explica los documentos.
Javier asintió.
—Alguien está intentando activar la cláusula.
—¿Y si Alejandro realmente está vivo?
Nadie contestó.
Damian, que había permanecido callado, habló por fin.
—Entonces tenemos que encontrarlo.
Elena lo miró.
—¿Por qué?
—Porque si alguien usa su nombre, puede recuperar parte de tu empresa.
—¿Te preocupa mi empresa?
Damian negó.
—Me preocupa lo que ya hicimos.
Elena sostuvo su mirada.
—¿Qué hiciste?
Damian bajó la cabeza.
—Yo conocí a Alejandro.
Elena quedó inmóvil.
—¿Cuándo?
—Hace seis años.
—¿Dónde?
—En Monterrey.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque no sabía quién era.
—¿Cómo lo conociste?
Damian respiró profundamente.
—Él me ofreció información sobre Voss Global.
—¿Qué clase de información?
—Operaciones internas.
Elena cerró los ojos.
—¿Y se la compraste?
—Sí.
—¿Cuánto?
—Dos millones de pesos.
Elena abrió los ojos.
—¿Tienes pruebas?
Damian asintió.
—En mi correo personal.
Elena extendió la mano.
—Dámelas.
Damian sacó el teléfono.
—No tengo acceso.
—Entonces recuperaremos el acceso.
Javier intervino.
—No.
Todos lo miraron.
—¿Por qué?
—Porque si Alejandro está detrás de esto, quiere que hagamos exactamente eso.
Elena frunció el ceño.
—¿Qué propones?
—Que dejemos que crea que no sabemos nada.
Arturo sonrió.
—Por fin dices algo inteligente.
Javier lo miró.
—No necesito tu aprobación.
Elena levantó la mano.
—Basta.
Tomó una decisión.
—Quiero que públicamente parezca que estoy perdiendo el control de Voss Global.
Damian la miró.
—¿Qué?
—Quiero que el consejo crea que voy a negociar.
—Eso es peligroso.
—Lo sé.
—¿Y qué buscas?
Elena miró la fotografía de Alejandro.
—Quiero que él salga de las sombras.
Dos horas después, la noticia comenzó a circular.
"Voss Global enfrenta disputa interna por control accionario.""
"Posible heredero reclama participación.""
"Elena Voss podría perder parte de su imperio.""
Los medios comenzaron a llamar.
Los inversionistas preguntaban.
El consejo se reunió de emergencia.
Y Elena permaneció en silencio.
No negó nada.
No confirmó nada.
Simplemente dejó que el rumor creciera.
Hasta que recibió un mensaje.
"Buena jugada.""
Elena leyó la pantalla.
Otro mensaje llegó.
"Pero sigues sin saber dónde está tu hermano.""
Elena escribió:
"¿Quién eres?""
La respuesta llegó inmediatamente.
"El hombre que te conoce mejor que nadie.""
Elena sintió un escalofrío.
—No puede ser.
Damian se acercó.
—¿Qué pasa?
Elena le mostró el teléfono.
Damian leyó.
—¿Alejandro?
—No lo sé.
Entonces llegó otro mensaje.
Una fotografía.
Elena apareció en ella.
Era una imagen tomada esa misma tarde.
Ella estaba entrando a Voss Global.
Al fondo aparecía Damian.
El mensaje decía:
"Deja de buscarme.""
Y después:
"Yo ya te encontré.""
Elena levantó la mirada hacia las ventanas del edificio.
Al otro lado de la calle, un automóvil negro arrancó.
—Síguelo —ordenó.
Damian salió corriendo.
Javier intentó detenerlo.
—¡No!
Pero ya era tarde.
Elena miró la fotografía otra vez.
Había algo extraño en el fondo.
Una persona aparecía reflejada en un cristal.
Un hombre.
Y en su muñeca llevaba el mismo reloj antiguo que aparecía en la fotografía de su padre.
Elena amplió la imagen.
Entonces reconoció el rostro.
Era Alejandro.
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Su hermano.
Y estaba sonriendo.