Chapter 5: La voz de una madre
La grabación comenzó con un ruido de estática.
Después apareció una voz.
La voz de la madre de Elena.
—No podemos hacerlo.
Javier respondió:
—Ya está hecho.
—No.
—El dinero ya fue transferido.
—No hablo del dinero.
Hubo unos segundos de silencio.
Elena permanecía inmóvil.
Damian observaba su rostro.
Veronica no entendía nada.
La grabación continuó.
—Él descubrió todo —dijo Javier.
—¿Qué descubrió?
—Que la empresa no era para nosotros.
La madre de Elena respiró con dificultad.
—Era para ella.
—Siempre fue para Elena.
—Entonces debemos detenerlo.
—Ya es demasiado tarde.
La grabación se detuvo.
Elena miró a Javier.
—¿Qué estaba descubriendo mi padre?
Javier no respondió inmediatamente.
—La verdad sobre Voss Global.
—Eso no significa nada.
—Tu padre descubrió que alguien estaba usando la empresa para comprar información y controlar decisiones de otras compañías.
Elena frunció el ceño.
—¿Eso es ilegal?
—Algunas operaciones sí.
Damian intervino.
—¿Y él iba a denunciarlo?
Javier lo miró.
—Sí.
Elena sintió que todo encajaba demasiado lentamente.
—¿Quién estaba detrás?
Javier respiró profundamente.
—Tu padre creía que era yo.
—¿Lo eras?
—No.
—Entonces ¿quién?
Javier se acercó a la mesa.
—La persona que realmente manejaba las operaciones era alguien en quien él confiaba.
Elena miró hacia la grabadora.
—Mi madre.
Javier negó.
—No.
—Entonces ¿quién?
—Su socio.
Damian levantó la cabeza.
—¿Qué socio?
Javier lo miró directamente.
—El hombre que después recomendó contratarte.
Damian sintió que se le helaba la sangre.
—¿Quién?
Javier sacó una fotografía.
La colocó sobre la mesa.
Damian la reconoció.
—No…
Era el antiguo director ejecutivo de Voss Global.
El hombre que había desaparecido de la empresa poco después de la muerte del padre de Elena.
El hombre que había sido considerado uno de los arquitectos del crecimiento de la compañía.
El mismo hombre que había recomendado a Damian para manejar las operaciones internacionales.
—Él murió hace años —dijo Damian.
—Eso te dijeron.
—¿Qué?
—Nunca murió.
Elena miró a Javier.
—¿Dónde está?
—No lo sé.
—No me mientas.
—No lo sé.
Elena tomó la fotografía.
En la parte posterior había una dirección.
—¿Qué es esto?
—El último lugar donde lo vimos.
Elena guardó la fotografía.
—Vamos.
Damian dio un paso.
—¿También vienes por mí?
Elena lo miró.
—Todavía no sé qué papel jugaste.
—Yo no sabía nada.
—Eso no te hace inocente.
Damian bajó la cabeza.
Por primera vez no tuvo una respuesta arrogante.
—Lo sé.
Veronica intervino.
—Damian no es responsable de todo.
Elena la miró.
—No hablé contigo.
Veronica se quedó callada.
Javier observó a Elena.
—Hay algo que necesitas saber antes de irte.
—¿Qué?
—Tu madre no murió por causas naturales.
Elena quedó paralizada.
—¿Qué dijiste?
—La ayudaron a morir.
Damian dio un paso atrás.
—Javier…
—Ya no puedo ocultarlo.
Elena apretó la fotografía.
—¿Quién?
—La misma persona que mató a tu padre.
La habitación quedó en silencio.
—¿Cómo murió mi madre? —preguntó Elena.
—La noche anterior me llamó.
—¿Y?
—Me dijo que había encontrado una prueba.
—¿Cuál?
—Un libro contable.
Elena sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Dónde está?
Javier negó lentamente.
—No lo sé.
—¡Tú sabes algo!
—Sé que tu madre lo escondió antes de morir.
—¿Dónde?
Javier miró a Elena.
—En el lugar donde te criaste.
Elena sintió un vacío.
—La casa de mi infancia.
—Sí.
Elena recordó aquella casa pequeña.
El patio.
La cocina.
El altar de la Virgen de Guadalupe que su madre limpiaba cada domingo.
El viejo mueble donde guardaban las fotografías familiares.
—La casa fue vendida hace años.
—Pero los recuerdos no.
Elena se volvió hacia Damian.
—¿Tú conoces esa casa?
Damian asintió.
—Sí.
—¿Por qué?
Damian tardó en responder.
—Porque tu madre me llevó allí.
Elena se quedó mirándolo.
—¿Cuándo?
—Unos meses antes de conocerte.
—¿Qué quería?
—Me pidió que protegiera una caja.
—¿Qué caja?
Damian tragó saliva.
—No sabía qué contenía.
—¿Dónde está?
—La destruí.
Elena lo miró fijamente.
—¿La destruiste?
—Eso creí.
Javier se rio con amargura.
—No la destruiste.
Damian se volvió.
—¿Qué?
—La vendiste.
Damian palideció.
—¿A quién?
Javier respondió:
—A un hombre que pagó una fortuna por ella.
Elena sintió que algo se rompía dentro de ella.
—¿Quién?
Javier sacó su teléfono.
Mostró una transferencia.
Elena leyó el nombre.
Y dejó de respirar.
Era el mismo nombre que aparecía en el contrato que acababa de revisar.
El hombre que había sido socio de su padre.
El hombre que supuestamente había muerto.
—Está vivo —susurró Elena.
—Sí.
Damian se pasó una mano por el rostro.
—Yo no sabía.
—Pero recibiste el dinero.
—Sí.
Elena se acercó.
—¿Cuánto?
Damian cerró los ojos.
—Diez millones de pesos.
Elena lo miró con decepción.
—Te vendiste por diez millones.
—No sabía lo que era.
—Pero sabías que era algo que mi madre quería mantener oculto.
Damian bajó la mirada.
—Sí.
Elena guardó silencio.
Entonces escucharon un sonido afuera.
Un automóvil arrancó.
Javier miró hacia la ventana.
—Nos encontraron.
Elena reaccionó inmediatamente.
—¿Quién?
—No lo sé.
Damian se acercó a la ventana.
Un vehículo negro desaparecía por la calle.
—Tenemos que irnos.
Javier negó.
—Tú sí.
—¿Qué?
—Elena y yo nos quedamos.
—¿Por qué?
—Porque si vienen por nosotros, necesitan creer que tenemos la prueba.
Elena lo miró.
—¿La tenemos?
Javier sonrió ligeramente.
—No.
Abrió la mano.
En ella había una pequeña llave metálica.
—Pero sé dónde está.
Elena miró la llave.
—¿Dónde?
Javier se acercó.
—En tu antigua casa.
La frase apenas terminó cuando las luces de los vehículos comenzaron a iluminar la habitación.
Una.
Dos.
Tres.
Después cuatro.
Javier miró a Elena.
—Ya no tenemos tiempo.
Elena cerró la mano alrededor de la llave.
—Entonces nos vamos.
—¿Y Damian?
Elena lo miró.
—Que venga.
Damian levantó la cabeza.
—¿Por qué?
—Porque vas a decirme exactamente quién te pagó esos diez millones.
El rostro de Damian se tensó.
—Elena…
—Y si descubro que estás mintiendo…
Ella abrió la puerta.
—No habrá una segunda oportunidad.
Salieron por la parte trasera.
Pero cuando llegaron al automóvil, Elena vio algo sobre el parabrisas.
Un sobre blanco.
Sin nombre.
Sin dirección.
Lo abrió.
Dentro había una fotografía de su madre.
En la imagen, su madre estaba parada frente a la casa de la infancia.
Junto a ella había un hombre.
Elena reconoció inmediatamente el rostro.
Su padre.
La fotografía había sido tomada la noche de su muerte.
Y en la parte inferior alguien había escrito:
"Tu madre no estaba sola cuando él murió.""
Elena levantó la mirada.
Javier se había quedado completamente pálido.
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
Javier señaló la fotografía.
—Esa foto no existía.
Elena sintió un escalofrío.
—¿Cómo que no?
—Porque yo tomé esa fotografía.
Damian lo miró.
—Entonces ¿quién la tiene ahora?
May you like
Javier respondió con una voz casi inaudible:
—La persona que estuvo conmigo esa noche.