Chapter 7: La mujer que siempre me dijo que mi padre murió por accidente
Leo dejó de respirar.
Su madre estaba de pie detrás de Carter.
No llevaba abrigo.
Tenía el cabello desordenado y una expresión que él jamás había visto en su rostro.
No parecía sorprendida.
Parecía derrotada.
—Mamá...
Ella dio un paso adelante.
—Leo, escucha.
—¿Qué haces aquí?
Carter cerró la puerta.
—Creo que esa pregunta debería responderla ella.
Leo miró a su madre.
—¿Sabías que estaba aquí?
Ella bajó los ojos.
—Sí.
—¿Sabías lo que estaba buscando?
Silencio.
—¡Mamá!
—Sí.
La palabra cayó como una piedra.
Leo sintió que todo lo que había creído durante años comenzaba a romperse.
Su madre levantó las manos.
—Pero no es lo que piensas.
—Entonces dime qué es.
Carter soltó una risa baja.
—Déjala hablar.
Leo lo ignoró.
—Tú me dijiste que mi papá murió en un accidente.
—Porque eso decía el informe.
—¡Pero sabías que estaba investigando a Carter!
—Sí.
—¿Y nunca me dijiste?
Su madre cerró los ojos.
—Eras un niño.
—Ya no soy un niño.
—Lo sé.
Elena se acercó a Leo.
—¿Podemos salir de aquí?
Reynolds dio un paso hacia adelante.
—Nadie va a salir hasta que terminemos esta conversación.
Leo la miró.
—¿Usted también sabía?
—Sé muchas cosas que tú todavía no entiendes.
—Entonces explíquelas.
Reynolds cruzó los brazos.
—Tu padre no era un héroe.
Leo apretó los dientes.
—No hable de él.
—Solo digo la verdad.
—Usted falsificó documentos.
La directora palideció.
—No sabes de qué estás hablando.
Elena levantó la memoria USB.
—Tenemos pruebas.
Carter sonrió.
—¿Pruebas?
Señaló la memoria.
—Eso no significa nada si nadie puede demostrar que los archivos son auténticos.
Leo dio un paso hacia él.
—Entonces ¿por qué está tan nervioso?
La sonrisa de Carter desapareció.
Por un instante, nadie dijo nada.
La madre de Leo intervino.
—Ya basta.
Todos la miraron.
Ella se acercó a su hijo.
—Tienes que darme esa memoria.
—No.
—Leo...
—No.
—No sabes lo que estás haciendo.
—Entonces dime.
Su madre comenzó a llorar.
—Tu papá descubrió el programa.
Leo no dijo nada.
—Descubrió que estaban manipulando competencias. Descubrió los pagos. Descubrió que algunos entrenadores estaban obligando a estudiantes a perder para beneficiar a personas que apostaban dinero.
Elena apretó los puños.
—¿Y Noah?
La madre de Leo la miró.
—Sí.
Elena cerró los ojos.
—Lo sabía.
—Tu hermano fue uno de los primeros.
—¿Por qué nadie hizo nada?
La mujer respiró profundamente.
—Porque las personas que estaban detrás tenían demasiado poder.
Carter dio un paso adelante.
—No conviertas esto en una tragedia familiar.
Leo lo miró.
—Usted estaba ahí.
—Sí.
—¿Mi papá sabía que usted estaba involucrado?
Carter guardó silencio.
—Respóndeme.
—Sí.
Leo sintió que la rabia le subía por el pecho.
—Entonces usted sabe qué pasó aquella noche.
Carter no respondió.
Leo miró a su madre.
—Mamá.
Ella negó con la cabeza.
—No me hagas decirlo.
—Necesito saberlo.
—No.
—¡Necesito saberlo!
Su voz retumbó en el edificio.
Su madre se cubrió la boca.
Finalmente habló.
—Tu papá recibió una llamada.
Leo esperó.
—Le dijeron que tenían documentos que demostraban quién estaba detrás del programa. Él salió de casa.
—¿A dónde?
—A encontrarse con alguien.
—¿Con quién?
Ella miró a Carter.
Carter no se movió.
Leo comprendió.
—¿Con él?
Su madre asintió.
—Tu papá nunca regresó.
Leo sintió que el aire se volvía pesado.
—¿Y tú?
—Me llamaron esa misma noche.
—¿Quién?
—Una voz que no reconocí.
—¿Qué dijo?
Ella comenzó a llorar.
—Que si hablaba, tú serías el siguiente.
Leo se quedó inmóvil.
Elena lo tomó del brazo.
—Leo...
Él no reaccionó.
Durante años había pensado que su madre evitaba hablar de su padre porque el dolor era demasiado grande.
Ahora entendía que había otra razón.
Miedo.
Un miedo que había vivido dentro de aquella casa durante casi una década.
Leo miró la memoria USB.
—¿Qué hay aquí?
Carter respondió:
—Nada que necesites ver.
—Entonces no debería importarte.
Carter dio un paso.
—Dámela.
Leo cerró el puño.
—No.
Carter se lanzó hacia él.
Leo retrocedió.
Pero antes de que pudiera hacer nada, Elena arrojó una silla contra una mesa.
El ruido distrajo a todos.
—¡Corre!
Leo agarró a su madre de la mano.
Los cuatro salieron por la puerta lateral.
Carter gritó detrás de ellos.
—¡No pueden escapar!
Corrieron.
Elena conocía el lugar mejor.
Los condujo por un callejón estrecho.
—¡Por aquí!
Llegaron a una calle principal.
Un automóvil pasó.
Leo volteó.
Carter estaba saliendo del edificio.
—¡Sigan!
No pararon hasta llegar a una gasolinera.
Entraron.
Elena se apoyó contra una pared.
—¿Todos bien?
La madre de Leo asintió.
Leo la miró.
—Ahora me vas a contar todo.
Ella respiró profundamente.
—No aquí.
—¿Por qué?
—Porque no estamos seguros.
Elena levantó el teléfono.
—Tengo un lugar.
La madre de Leo la miró.
—¿Dónde?
—En casa de mi tía.
Leo negó.
—No.
—¿Por qué?
—Si Carter sabe dónde entreno, puede saber dónde vivo.
Su madre bajó la mirada.
—Ya sabe dónde vivimos.
Leo se quedó helado.
—¿Qué?
—La semana pasada encontré un sobre en nuestra puerta.
—¿Qué decía?
Ella metió la mano en su bolso.
Sacó un papel.
Leo lo abrió.
Solo había una frase.
*Todavía puedes proteger a tu hijo.*
Leo miró a su madre.
—¿Y nunca me lo enseñaste?
—Quería mantenerte a salvo.
—¡Mentirme no me mantuvo a salvo!
Su madre recibió el grito sin responder.
Elena intervino.
—Tenemos que salir de aquí.
Leo asintió.
Subieron a un taxi.
Durante el trayecto, nadie habló.
Cuando llegaron a casa de la tía de Elena, se encerraron en una habitación.
Leo conectó la memoria USB a una computadora.
Aparecieron carpetas.
Una tenía el nombre de su padre.
*THOMAS MILLER — ARCHIVO FINAL.*
Leo abrió el primer video.
Su padre apareció en pantalla.
Estaba sentado en aquella misma habitación.
Parecía cansado.
Pero estaba vivo.
Leo dejó de respirar.
—Hola, Leo.
La voz de su padre llenó la habitación.
Leo se acercó a la pantalla.
—Si estás viendo esto, significa que algo salió mal.
Su padre miró directamente a la cámara.
—Probablemente tu madre te contó que morí en un accidente.
Leo cerró los ojos.
—No fue un accidente.
Su madre comenzó a llorar detrás de él.
El video continuó.
—No sé cuánto tiempo tengo. Pero si estás viendo esto, necesitas saber una cosa.
Thomas tomó una carpeta.
—No confíes en quien te diga que todo terminó.
La pantalla cambió.
Aparecieron nombres.
Carter.
Reynolds.
Hale.
Y uno más.
Leo se quedó inmóvil.
Era un nombre que conocía demasiado bien.
*Takamura.*
El video terminó.
Nadie habló.
Leo miró a Elena.
Después a su madre.
—¿Mi Sensei estaba involucrado?
Su madre negó inmediatamente.
—No.
—Su nombre está ahí.
—Porque tu padre sospechaba de él.
Leo se levantó.
—¿Sospechaba?
—Sí.
Elena miró la pantalla.
—Entonces necesitamos saber por qué.
Leo tomó su teléfono.
Marcó el número de Takamura.
Una vez.
Dos.
Tres.
Nada.
Entonces recibió un mensaje.
No de Takamura.
De Carter.
*Ahora entiendes por qué tu padre perdió.*
Leo sintió un frío profundo.
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Llegó otro mensaje.
*Y mañana vas a perder tú.*
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