Chapter 12: La hija que todos habían llamado por otro nombre
Me quedé mirando la fotografía.
Mi madre.
Yo.
Michael.
Y aquella mujer desconocida.
Durante cincuenta y un años había creído conocer mi historia.
Ahora ni siquiera estaba segura de haber nacido con el nombre Rebecca Hayes.
—Esto no puede ser —susurré.
Christopher tomó la fotografía.
—Rebecca…
—No.
Se la quité.
—No vuelvas a decir mi nombre como si todavía supieras quién soy.
Él se quedó callado.
Jacob se acercó.
—Mamá, tenemos que irnos.
—¿A dónde?
—A buscar a Daisy.
Miré a Sarah.
—¿Sabes quién es la mujer de la foto?
Sarah negó.
—No.
—¿Y Michael?
—Sí.
—Entonces él sabía quién era mi madre.
—Sí.
—¿Por qué?
Sarah tragó saliva.
—Porque tu madre protegió a Michael.
—¿De qué?
—De George.
Christopher cerró los ojos.
—Entonces todo esto comenzó antes de que yo conociera a Rebecca.
Sarah asintió.
—Mucho antes.
Jacob revisó los archivos.
—Encontré algo.
Nos acercamos.
En la computadora había un registro digital antiguo.
“Paciente: Rebecca…”
Mi nombre aparecía incompleto.
Luego una fecha.
El día en que nací.
Y una anotación.
“Cambio de identidad autorizado.””
Sentí que las manos me temblaban.
—¿Quién autorizó esto?
Jacob hizo clic.
Apareció un nombre.
George Hayes.
Christopher retrocedió.
—Mi padre.
—Sí.
—Pero ¿por qué?
Jacob continuó leyendo.
—Aquí hay otra cosa.
El documento decía que una bebé había sido registrada con otro nombre.
—¿Qué nombre?
Jacob se quedó inmóvil.
—Daisy Bennett.
Mi corazón dio un vuelco.
—No.
Sarah se acercó.
—Eso significa…
—Que Daisy y yo fuimos cambiadas en el mismo lugar —terminó Jacob.
Me senté.
No podía procesarlo.
—¿Entonces Daisy podría ser mi hermana?
Nadie respondió.
Sarah miró la fotografía.
—No.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque conozco a su madre.
—¿Quién es?
Sarah cerró los ojos.
—Tu madre.
La habitación quedó en silencio.
—¿Qué?
—Tu madre era la madre biológica de Daisy.
Sentí que todo se detenía.
—Eso es imposible.
—No.
Sarah señaló la fotografía.
—La mujer que está junto a Michael no es una desconocida.
—¿Quién es?
—Tu madre.
—Entonces, ¿por qué aparece conmigo?
—Porque estaba embarazada de dos niñas.
Mi respiración se cortó.
—¿Dos?
—Sí.
Jacob miró el documento.
—Gemelas.
Me quedé completamente inmóvil.
—¿Daisy es mi hermana gemela?
Sarah asintió.
—Sí.
Sentí que las lágrimas aparecían.
Durante veintidós años había soñado con tener una hija.
Había pensado que ese deseo era imposible.
Y ahora descubrí que una niña había estado conectada conmigo desde antes de que yo naciera.
Una niña que había sido separada de mí.
Una niña que llevaba veintidós años viviendo bajo otro nombre.
—¿Por qué?
Sarah respondió:
—Porque George quería controlar la herencia de la familia.
—¿Y qué tenía que ver mi madre?
—Ella descubrió la verdad.
—¿Cuál verdad?
—Que George no era el dueño legítimo de la propiedad.
Christopher miró los documentos.
—Entonces mi padre cambió las identidades de dos bebés.
—Sí.
—¿Una para ocultar a Rebecca y otra para ocultar a Daisy?
—Sí.
—¿Y por qué Rebecca terminó siendo criada por su propia madre?
Sarah negó.
—Porque tu madre no sabía que la otra bebé estaba viva.
Me llevé una mano al pecho.
—¿Y Michael?
—Michael sí lo sabía.
—¿Por qué nunca me buscó?
Sarah bajó la mirada.
—Porque murió antes de poder hacerlo.
Jacob señaló la pantalla.
—Mamá, hay una grabación.
—¿De qué?
—Del doctor que trabajaba aquí.
Reprodujo el archivo.
Apareció un hombre mayor.
Reconocí el rostro.
Era el médico de la fotografía.
El doctor que había atendido mi nacimiento.
—Si alguien está viendo esto, significa que el plan de George falló.
La grabación continuó.
—Las dos niñas sobrevivieron.
Sentí que se me cerraba la garganta.
—Una fue registrada como Rebecca Hayes.
El hombre hizo una pausa.
—La otra como Daisy Bennett.
Christopher se cubrió el rostro.
—Dios mío.
El médico siguió:
—George ordenó que fueran separadas.
La grabación terminó.
Nadie habló.
Entonces Jacob dijo:
—Encontré la dirección de Laura.
—¿Dónde?
—En Puebla.
—Vamos.
Christopher tomó las llaves.
Pero Sarah negó.
—No.
—¿Por qué?
—Porque Richard estará allí.
—Entonces iremos preparados.
—No entiendes.
Sarah se acercó.
—Richard no quiere matar a Daisy.
—¿Qué quiere?
—Quiere que ella reclame la propiedad.
—¿Para qué?
—Para que él pueda quitársela legalmente.
Christopher frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—Sí lo tiene.
Sarah explicó:
—Si Daisy demuestra que es hija de Michael y heredera legítima, Richard podrá utilizar su vínculo familiar para presentar una reclamación sobre la propiedad.
—Pero si Daisy es hija de Michael…
—Entonces Rebecca también tiene derechos.
Me quedé helada.
—¿Yo?
—Tú eres su hermana.
—¿Y eso qué significa?
—Que la herencia fue dividida entre ustedes desde el nacimiento.
Christopher miró los papeles.
—Entonces George estuvo robando durante décadas.
—Sí.
—Y Richard quiere la propiedad.
—Sí.
Jacob cerró la computadora.
—Tenemos que encontrar a Daisy antes que él.
Salimos de la clínica.
El teléfono de Christopher comenzó a sonar.
Número desconocido.
Contestó.
—¿Bueno?
Una voz femenina lloraba.
Christopher palideció.
—¿Laura?
Me acerqué.
—¿Dónde estás?
La voz respondió:
—Rebecca…
Sentí un escalofrío.
—¿Dónde está Daisy?
—Conmigo.
Solté el aire.
—¿Está bien?
—Sí.
—¿Dónde estás?
Laura comenzó a llorar.
—No puedo decírtelo.
—Laura, por favor.
—No confíes en Richard.
—Ya lo sé.
—No.
Su voz tembló.
—No sabes quién es realmente.
Christopher se acercó al teléfono.
—Laura, ¿qué hiciste?
—Lo que debía hacer hace veinticinco años.
—¿Qué?
—Protegí a mi hermana.
Me quedé inmóvil.
—¿Tu hermana?
Laura lloró.
—Sí.
—¿Daisy?
—Sí.
—Pero dijiste que era tu sobrina.
—Mentí.
—¿Por qué?
Laura respiró profundamente.
—Porque George me obligó.
—¿Dónde estás?
—En una casa cerca de Atlixco.
Jacob comenzó a buscar en el teléfono.
Laura continuó:
—Pero hay algo que tienes que saber.
—¿Qué?
—La bebé que Christopher llevó al hospital no fue enviada por mí.
Mi corazón se aceleró.
—Entonces, ¿quién la envió?
—Richard.
—¿Por qué?
—Para engañarte.
—¿Quién es esa bebé?
Laura guardó silencio.
—Laura.
—Es una bebé que nació esta madrugada.
—¿De quién?
La voz de Laura se quebró.
—De una mujer que no sobrevivió al parto.
Sentí un escalofrío.
—¿Y por qué Richard la eligió?
Laura respondió:
—Porque necesitaba una bebé para hacerte creer que habías encontrado a Daisy.
—¿Dónde está ahora?
—No lo sé.
—¿Qué?
—Richard se la llevó.
Christopher se tensó.
—¿Por qué?
Laura lloró.
—Porque descubrió algo.
—¿Qué?
—Que esa bebé también tiene sangre de nuestra familia.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿De quién?
Laura susurró:
—De Christopher.
La llamada terminó.
Miré a mi esposo.
Él estaba completamente pálido.
—Rebecca…
—No digas nada.
—Yo no…
—No.
Me alejé.
Porque ahora había una pregunta que podía cambiarlo todo.
Si la bebé del hospital era hija de Christopher…
¿quién era la madre?
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Y, sobre todo…
¿por qué una mujer que acababa de morir había dejado a su hija en los brazos de mi esposo?