Chapter 7: La mujer de la fonda que guardó el último secreto de su madre
Nia nunca imaginó que una simple dirección escrita en un papel anónimo podía cambiar todo lo que creía saber sobre su propia familia.
La calle Hidalgo quedaba a unas cuantas cuadras de la casa.
Era una zona antigua de la ciudad.
De esas calles donde todavía había negocios pequeños con letreros desgastados, donde los vecinos se saludaban por sus nombres y donde los recuerdos parecían quedarse pegados a las paredes.
Marcus manejaba en silencio.
Nia iba en el asiento del copiloto sosteniendo la carta de su mamá.
No la soltaba.
Como si al tenerla entre sus manos pudiera sentir que ella todavía estaba cerca.
—¿Estás segura de querer hacer esto hoy? —preguntó Marcus.
Nia miró por la ventana.
—Papá, alguien intentó borrar la existencia de mi mamá.
Hizo una pausa.
—No puedo quedarme sentada esperando.
Marcus apretó el volante.
—Tienes razón.
Después de unos segundos agregó:
—Solo me duele pensar que mientras yo creía que protegía nuestra familia, había personas planeando quitártelo todo.
Nia lo miró.
—Tú también perdiste a mamá.
Marcus bajó la mirada.
—Sí.
Su voz se quebró.
—Pero ella te perdió menos tiempo a ti que a mí. Y yo tenía una promesa.
Nia entendió.
Su papá había vivido años cargando una culpa que nunca decía en voz alta.
Cuando llegaron a la fonda, ambos se quedaron mirando el lugar.
Era pequeña.
Tenía mesas de madera afuera.
Un letrero viejo.
Y un aroma delicioso a comida recién preparada.
Dentro, una mujer mayor acomodaba platos.
Tenía el cabello completamente blanco y una mirada tranquila.
Cuando vio a Nia, se quedó inmóvil.
Como si hubiera visto un fantasma.
—No puede ser…
Nia sintió un escalofrío.
—¿Usted es Elena Morales?
La mujer dejó el plato sobre la mesa.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Tú eres la hija de Carmen.
Nia sintió que el corazón le golpeaba fuerte.
Carmen.
El nombre de su mamá.
Hacía tiempo que nadie lo decía con tanta emoción.
—¿Usted conoció a mi mamá?
Elena sonrió con tristeza.
—Ella fue mi mejor amiga.
Marcus dio un paso adelante.
—¿Por qué nunca escuché de usted?
Elena bajó la mirada.
—Porque Carmen quería proteger a Nia.
Eso sorprendió a todos.
—¿Protegerme de qué? —preguntó Nia.
Elena miró hacia la puerta.
Después cerró con llave.
—De personas que no querían verla crecer.
El silencio se volvió pesado.
Nia sintió que ya estaba cansada de secretos.
—Necesito saber la verdad.
Elena asintió.
—Tu mamá sabía que había problemas.
Marcus frunció el ceño.
—¿Qué problemas?
Elena caminó hacia una pequeña caja detrás del mostrador.
Sacó varias fotografías.
En una de ellas aparecía Carmen.
Joven.
Sonriendo.
A su lado estaba Elena.
Y al fondo…
Estaba Roberto.
Nia tomó la fotografía.
—¿Él?
Elena asintió.
—Roberto siempre fue ambicioso.
Marcus miró la imagen.
—Era mi primo.
—Sí.
Elena suspiró.
—Pero Carmen descubrió algo que él no quería que nadie supiera.
Nia sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué descubrió?
Elena abrió la caja.
Sacó una carpeta.
—Antes de morir, Carmen estaba revisando los documentos de la propiedad.
Marcus se tensó.
—¿Ella sabía que alguien quería quitársela?
—No solo eso.
Elena miró a Nia.
—Ella sabía que alguien cercano podía traicionarla.
Nia bajó la mirada.
—¿Rebecca?
Elena no respondió directamente.
Y eso fue peor.
—Tu mamá no quería acusar a nadie sin pruebas.
Sacó un documento.
—Por eso creó copias de todo.
Marcus tomó el papel.
Era un registro de conversaciones.
Notas.
Fechas.
Nombres.
Y entre ellos aparecía Roberto.
—Ella estaba investigando.
Elena asintió.
—Carmen me dijo algo antes de morir.
Nia se acercó.
—¿Qué?
La mujer respiró profundamente.
—Me dijo: “Si algún día Nia pregunta por qué tuve que dejarle la casa, dile que no fue por dinero. Fue porque quería darle un lugar donde nadie pudiera hacerla sentir que no pertenecía.””
Las lágrimas de Nia cayeron sin poder evitarlo.
Su mamá había pensado en ella hasta el final.
Entonces Elena sacó otro sobre.
—Pero hay algo más.
Nia levantó la mirada.
—¿Qué?
Elena dudó.
—No sé si estás lista.
Marcus respondió:
—Tiene derecho a saber.
Elena le entregó el sobre.
Dentro había una copia de un documento.
Nia lo leyó.
Y su rostro cambió.
No era solo la casa.
Había otra propiedad.
Un pequeño terreno que su mamá había comprado años antes.
A nombre de Nia.
—¿Mi mamá tenía otra propiedad?
Elena asintió.
—Y Roberto lo sabía.
Marcus miró los papeles.
—Entonces por eso quería la casa.
—No.
Elena negó.
—Quería todo.
Nia sintió un escalofrío.
Porque ahora entendía.
No era una simple pelea familiar.
Era un plan.
Un plan que había empezado mucho antes.
De repente, el celular de Marcus vibró.
Era un mensaje del abogado.
Lo abrió.
Su expresión cambió.
—¿Qué pasa? —preguntó Nia.
Marcus levantó la mirada.
—Roberto consiguió una orden temporal para entrar a la casa.
Nia se quedó helada.
—¿Puede hacer eso?
Elena tomó la carta de Carmen.
—Si está desesperado, intentará cualquier cosa.
Nia guardó los documentos.
Ya no tenía miedo.
Tenía una razón para luchar.
—Entonces volvamos.
Marcus la miró.
—¿Estás segura?
Nia asintió.
—Sí.
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Porque ahora ya no estaba defendiendo una casa.
Estaba defendiendo la última promesa de su mamá.
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