Chapter 11: El archivo escondido que podía cambiar el destino de Nia
La desaparición de Elena hizo que todos entendieran algo.
Ya no estaban buscando solamente respuestas.
Ahora estaban intentando llegar a la verdad antes de que alguien más pudiera esconderla.
Marcus manejó hasta la fonda acompañado de Nia.
Durante el camino ninguno habló.
La ciudad pasaba por la ventana, pero Nia apenas veía los edificios.
Su mente estaba llena de preguntas.
¿Por qué todos habían callado?
¿Por qué su mamá había tenido que preparar planes secretos?
¿Por qué la gente que decía amarla había esperado tanto para decir la verdad?
Cuando llegaron, la fonda estaba cerrada.
Eso era extraño.
Elena nunca cerraba temprano.
Marcus golpeó la puerta.
—¡Elena!
No hubo respuesta.
Nia sintió miedo.
—Papá…
Marcus intentó abrir.
La puerta no estaba cerrada con llave.
Dentro todo parecía normal.
Los platos estaban acomodados.
La cafetera seguía en la barra.
Pero Elena no estaba.
Entonces Nia vio algo.
Una caja pequeña sobre la mesa.
Tenía su nombre.
“Nia.””
La abrió.
Dentro había una memoria USB y una nota.
La letra era de Elena.
“Tu mamá sabía que algún día necesitarías esto. Confía en los hechos, no en las palabras.””
Marcus conectó la memoria a su computadora portátil.
Había varios archivos.
Contratos.
Fotos.
Audios.
Y uno llamado:
“Para Nia.””
Nia dejó de respirar.
Abrieron el archivo.
Apareció la voz de Carmen.
Su mamá.
La voz que no escuchaba desde hacía años.
—Mi niña…
Nia se llevó una mano a la boca.
Las lágrimas comenzaron a salir.
—Si estás escuchando esto, significa que algo salió mal.
La voz de Carmen sonaba cansada, pero tranquila.
—No quiero que crezcas pensando que las personas son buenas o malas solamente. A veces las personas buenas toman decisiones equivocadas por miedo.
Nia miró a Marcus.
Él también lloraba.
—Pero hay algo que debes saber.
La grabación continuó.
—La persona que más me preocupó no fue Roberto.
Nia frunció el ceño.
Todos se quedaron atentos.
—Fue alguien que tenía acceso a nuestra familia.
El audio se detuvo unos segundos.
Después Carmen dijo:
—Alguien que sabía cómo hacer daño sin levantar sospechas.
Nia sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Pero la grabación no lo decía.
Porque Carmen había dejado la respuesta para otro archivo.
Abrieron el siguiente.
Era un documento.
Una lista de fechas.
Movimientos de dinero.
Nombres.
Y una empresa.
Marcus reconoció el nombre.
—Es la compañía de Roberto.
El abogado, que había llegado después de recibir la ubicación, revisó los documentos.
—Esto es importante.
Nia señaló la pantalla.
—¿Qué significa?
—Que Roberto no estaba intentando quedarse con una casa.
Pasó otra página.
—Estaba intentando ocultar pérdidas financieras.
Marcus entendió.
—Usó propiedades familiares para cubrir deudas.
El abogado asintió.
—Exacto.
Nia sintió rabia.
Todo tenía sentido.
La casa.
Los documentos falsos.
La presión sobre Rebecca.
La venta de sus cosas.
Todo era parte del mismo plan.
Pero todavía faltaba una pieza.
El último archivo.
Lo abrieron.
Era una carta.
De Carmen.
“Si alguien encuentra esto, significa que mi miedo se hizo realidad.””
Nia comenzó a leer.
“Hay una persona que me ayudó a proteger la propiedad. Alguien que arriesgó mucho para ayudarme.””
Abajo había un nombre.
Nia abrió los ojos.
—No puede ser.
Marcus miró la pantalla.
Y también quedó sorprendido.
El nombre era…
Hailey.
Nadie habló.
—¿Hailey ayudó a mi mamá? —preguntó Nia.
El abogado revisó la fecha.
—Parece que sí.
Marcus negó lentamente.
—Pero Hailey siempre dijo que no sabía nada.
Nia recordó cada conversación.
Cada comentario cruel.
Cada momento en que Hailey parecía estar de acuerdo con Rebecca.
Pero ahora había otra posibilidad.
Tal vez Hailey también había sido engañada.
Entonces escucharon un ruido afuera.
Una puerta cerrándose.
Marcus salió rápidamente.
Alguien estaba alejándose.
Corrieron hacia la calle.
Era Hailey.
Nia se quedó paralizada.
—¿Tú?
Hailey tenía lágrimas en los ojos.
—Yo no quería que encontraran eso así.
Marcus la miró.
—¿Qué sabes?
Hailey bajó la cabeza.
—Mucho más de lo que ustedes creen.
Nia dio un paso adelante.
—¿Por qué nunca dijiste nada?
Hailey lloró.
—Porque tenía miedo.
La misma palabra.
Otra vez.
Pero esta vez sonaba diferente.
—Mamá me dijo que si hablaba, perderíamos todo.
Nia se quedó callada.
Hailey continuó:
—Pero mi tía Carmen me pidió que protegiera la verdad.
Marcus frunció el ceño.
—¿Tu tía?
Hailey asintió.
—Antes de morir, ella me dio una copia de algo.
Nia sintió un escalofrío.
—¿Qué cosa?
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Hailey sacó un sobre de su bolsa.
—La página que falta de la libreta.