Chapter 12: La página perdida que mostró quién comenzó la guerra
Nadie esperaba que la última pieza del rompecabezas estuviera en manos de Hailey.
La misma persona que Nia había considerado una enemiga.
La misma persona que había sostenido el collar de su mamá con una etiqueta de precio.
Pero ahora estaba frente a ella con un sobre viejo entre las manos.
Y parecía más asustada que culpable.
—¿Por qué lo tenías? —preguntó Nia.
Hailey miró el suelo.
—Porque mi mamá me obligó a esconderlo.
Marcus se quedó serio.
—¿Rebecca sabía que Carmen te dio algo?
Hailey negó.
—No.
Abrió el sobre.
Dentro estaba la página arrancada de la libreta.
La página que faltaba.
Nia la tomó.
Reconoció la letra de inmediato.
Era de su mamá.
Arriba decía:
“Lo que descubrí.””
Nia comenzó a leer.
“Roberto no actuó solo.””
El corazón de Nia empezó a latir más rápido.
Siguió leyendo.
“Alguien dentro de mi familia le está dando información.””
Marcus miró la hoja.
—¿Quién?
Pero la respuesta estaba más abajo.
“Todavía no tengo todas las pruebas.””
Nia frunció el ceño.
—No dice el nombre.
Hailey señaló la parte inferior.
—Mira.
Había una frase escrita después.
“Pero sé quién tiene miedo de que la verdad salga.””
Nia levantó la mirada.
—¿Quién?
Hailey respiró profundamente.
—Yo lo sé.
Todos la miraron.
Hailey apretó las manos.
—Fue mi mamá.
Rebecca.
El silencio fue devastador.
Marcus cerró los ojos.
Nia no dijo nada.
Aunque ya lo sospechaba, escucharlo era diferente.
—Ella no empezó esto —continuó Hailey rápidamente—. Roberto la convenció.
Nia la miró.
—¿Y tú sabías?
Hailey lloró.
—No todo.
Hizo una pausa.
—Solo sabía que mamá estaba haciendo algo malo.
Nia sintió enojo.
—¿Y aun así me ayudaste a vender mis cosas?
Hailey bajó la cabeza.
—Sí.
La honestidad dolía.
—Lo siento.
Nia no respondió.
Porque una disculpa no podía borrar una herida tan grande.
Pero tampoco podía ignorar que Hailey finalmente estaba diciendo la verdad.
Marcus miró la página.
—Hay algo más.
Señaló una nota escrita al margen.
Era una dirección.
Una oficina antigua.
—¿Qué es eso?
Hailey respondió:
—El lugar donde Roberto guardaba sus documentos.
El abogado tomó una fotografía.
—Si todavía existe ese archivo, puede contener la prueba definitiva.
Esa misma tarde fueron al lugar.
Era una oficina pequeña.
Abandonada.
Como si alguien hubiera salido con prisa.
Buscaron entre carpetas viejas.
Cajones.
Cajas.
Hasta que Marcus encontró un archivador oculto.
Dentro había contratos.
Copias.
Y una grabación.
La escucharon.
Era Roberto.
—Si Carmen descubre esto, tendremos problemas.
Otra voz respondió.
Una voz femenina.
Todos se miraron.
Porque la reconocieron.
Era Rebecca.
Nia cerró los ojos.
La grabación continuó.
—Solo necesito que firme los papeles.
La voz de Roberto.
—Después de eso, la casa será nuestra.
La grabación terminó.
Nadie habló.
Rebecca había escuchado todo.
Y no pudo negarlo.
Pero entonces ocurrió algo inesperado.
Hailey tomó el teléfono.
Llamó a su mamá.
Rebecca contestó.
—¿Dónde estás?
Hailey respondió:
—Con Nia.
Silencio.
—Encontramos la grabación.
Otro silencio.
Después Rebecca dijo algo que nadie esperaba.
—Entonces ya no tiene sentido esconderlo.
Nia sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
La voz de Rebecca tembló.
—Que hay algo que nunca les dije.
Marcus tomó el teléfono.
—Habla.
Rebecca tardó unos segundos.
—Carmen no solo dejó la casa para Nia.
Todos quedaron atentos.
—También dejó una condición.
Nia frunció el ceño.
—¿Qué condición?
Rebecca respondió:
—La casa solo sería de Nia si descubría la verdad antes de cumplir cierta edad.
El abogado quedó sorprendido.
—Eso no está en los documentos.
Rebecca respiró.
—Porque alguien cambió la última página.
Nia sintió un escalofrío.
Otra página perdida.
Otra mentira.
Entonces Rebecca dijo la frase que cambió todo:
—Y la persona que quitó esa página…
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Pausa.
—Fue Marcus.