Chapter 5: La mentira que intentó borrar la voz de una madre
La mañana siguiente comenzó con una tormenta.
Pero dentro de la casa de Marcus había una tormenta mucho más fuerte.
Nia estaba sentada en la mesa de la cocina.
El mismo lugar donde años atrás su mamá preparaba café de olla cada domingo.
Ahora había documentos legales sobre la madera.
Papeles que podían decidir su futuro.
—No entiendo —dijo Nia—. ¿Cómo pueden decir que la firma de mi mamá es falsa?
El abogado acomodó sus lentes.
—Porque esa es su estrategia.
—¿Mentir?
—Crear dudas.
Marcus apretó la mandíbula.
—Roberto sabe que si el testamento es válido, no puede tocar la propiedad.
Nia miró los documentos.
—Entonces quiere hacer parecer que mi mamá nunca quiso dejarme la casa.
El abogado asintió.
—Exactamente.
Rebecca estaba sentada en silencio.
Ya no tenía la actitud desafiante del día anterior.
Ahora parecía cansada.
Pero Nia no sentía compasión.
No todavía.
—¿Cuándo empezó todo esto? —preguntó Nia.
Marcus respondió:
—Después de que tu mamá murió.
Nia lo miró.
—¿Roberto siempre quiso la casa?
Marcus negó.
—No.
Se quedó mirando la ventana.
—Al principio parecía preocupado por nosotros.
Nia recordó.
Roberto llegando con comida.
Roberto preguntando cómo estaba.
Roberto diciendo que eran una familia.
—Entonces cambió.
Marcus suspiró.
—Cuando supo que tu mamá había dejado la propiedad protegida para ti.
Nia cerró los ojos.
Su mamá había previsto que alguien podría intentar aprovecharse.
Pero nunca imaginó que sería alguien cercano.
El abogado sacó otro documento.
—Encontramos algo interesante.
Lo dejó sobre la mesa.
—Una copia de una conversación entre Roberto y Rebecca.
Marcus levantó la mirada.
—¿Una conversación?
—Un mensaje.
Nia sintió un nudo en el estómago.
El abogado leyó:
—“Cuando la niña cumpla la mayoría de edad, será más difícil. Tenemos que hacerlo antes.””
El silencio fue insoportable.
Nia miró a Rebecca.
—¿Me llamaban “la niña”?
Rebecca bajó la mirada.
—Nia…
—No.
La voz de Nia fue firme.
—Quiero saber.
Rebecca comenzó a llorar.
—Yo estaba desesperada.
—Todos dicen eso cuando hacen algo malo.
Rebecca se quedó callada.
—¿Por qué?
La pregunta salió más triste que enojada.
—¿Por qué me odiabas tanto?
Rebecca levantó la mirada.
Y por primera vez no tuvo una respuesta preparada.
—No te odiaba.
—Entonces ¿qué era?
Rebecca respiró.
—Celos.
La confesión quedó flotando en la cocina.
Nia no esperaba escuchar eso.
—¿Celos?
Rebecca asintió.
—Tu mamá era perfecta para todos.
Nia sintió un vacío.
—No.
—Sí.
Rebecca limpió sus lágrimas.
—Todos hablaban de ella. Todos la admiraban. Incluso después de morir, seguía siendo la persona que todos querían recordar.
Marcus negó con tristeza.
—Eso no era culpa de Nia.
—Lo sé.
Rebecca miró sus manos.
—Pero yo sentía que nunca podría ocupar su lugar.
Nia se quedó en silencio.
Porque por primera vez entendía algo.
Rebecca no había actuado por falta de inteligencia.
Había actuado por inseguridad.
Pero eso no borraba el daño.
—Pudiste haber sido parte de nuestra familia —dijo Nia.
Rebecca levantó la mirada.
—Lo sé.
—Pero elegiste lastimarme.
Rebecca comenzó a llorar.
Y aunque Nia sintió tristeza, no olvidó lo que había hecho.
Entonces tocaron la puerta.
Era un oficial con una notificación.
Marcus la recibió.
Después de leerla, su rostro cambió.
—¿Qué pasa? —preguntó Nia.
Marcus entregó el papel al abogado.
El abogado lo leyó.
—Roberto presentó una demanda.
Nia sintió que todo volvía a empezar.
—¿Por la casa?
El abogado asintió.
—Quiere congelar cualquier decisión hasta que se investigue el testamento.
Marcus cerró los ojos.
—Eso puede tardar meses.
Nia miró la sala.
Su hogar.
Su historia.
Todo estaba en peligro otra vez.
Pero entonces recordó la frase de su mamá.
“Tú fuiste mi razón para luchar.””
Y algo dentro de ella cambió.
Ya no era la niña que lloraba viendo sus recuerdos vendidos en una mesa.
Era una joven dispuesta a defenderlos.
—No voy a dejar que ganen.
Marcus la miró.
—Hija…
—No.
Nia levantó la cabeza.
—Ellos creen que porque soy joven pueden quitarme todo.
El abogado sonrió ligeramente.
—Entonces necesitamos encontrar la prueba que ellos no quieren que aparezca.
Nia miró la caja de madera.
La carta rota.
Los documentos.
Todo.
—Mi mamá dejó algo más.
Marcus frunció el ceño.
—¿Qué?
Nia recordó algo.
Una conversación de años atrás.
Una frase que su mamá le había dicho cuando era pequeña.
“Hay algo importante escondido donde guardo mis recuerdos.””
Nia se puso de pie.
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—Tenemos que revisar la caja otra vez.
Porque quizá la carta no era el único secreto que alguien intentó destruir.
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