Calm

Chapter 4: La persona que estaba detrás de la traición

El nombre que salió de la boca del abogado hizo que Nia sintiera que el aire desaparecía de la habitación.

—La persona que intentó comprar la propiedad… es Roberto Collins.

Nia abrió los ojos.

—¿Roberto?

Marcus se quedó completamente inmóvil.

Porque Roberto no era un desconocido.

Era su primo.

El hombre que había asistido al funeral de su esposa.

El hombre que había abrazado a Nia cuando era una niña y le había dicho que siempre estaría ahí para ella.

El hombre que había llevado comida a la casa durante las primeras semanas después de la muerte de su mamá.

—Eso no puede ser —dijo Marcus en voz baja.

El abogado dejó la carpeta sobre la mesa.

—Ojalá pudiera decirte que hay un error. Pero encontramos registros de conversaciones, documentos preparados y un intento de transferencia.

Nia sintió un golpe en el pecho.

Otra persona más.

Otra mentira más.

—¿Desde cuándo? —preguntó Marcus.

El abogado revisó los papeles.

—Desde hace meses.

Nia miró a Rebecca.

Su madrastra bajó la mirada.

Y ese pequeño movimiento confirmó algo.

Ella sabía.

—Tú lo sabías —dijo Nia.

Rebecca no respondió.

—Tú sabías que Roberto estaba intentando comprar la casa.

—No era así…

—¿Entonces cómo era?

La voz de Nia se quebró.

—¿Cómo era, Rebecca?

La mujer respiró profundamente.

—Roberto dijo que era la mejor opción.

Marcus dio un paso hacia ella.

—¿La mejor opción para quién?

Rebecca apretó los labios.

—Para todos.

Nia soltó una pequeña risa triste.

—No.

Miró las paredes de la sala.

—Era la mejor opción para ustedes.

Nadie habló.

Porque era verdad.

La casa no era solo madera y cemento.

Era donde su mamá había cantado mientras cocinaba.

Era donde había aprendido a andar en bicicleta en la entrada.

Era donde Marcus había llorado después del funeral, escondiéndose para que Nia no lo viera.

Era su hogar.

Y alguien había intentado convertirlo en dinero.

—¿Cuánto te ofreció? —preguntó Marcus.

Rebecca levantó la mirada.

—No importa.

—Te pregunté cuánto.

Ella guardó silencio.

El abogado respondió.

—Ciento cincuenta mil pesos como adelanto.

Nia sintió náuseas.

Ciento cincuenta mil pesos.

Eso era todo lo que valían sus recuerdos para ellos.

Rebecca intentó justificarse.

—La casa necesita reparaciones. La hipoteca…

Marcus la interrumpió.

—La casa está pagada.

Silencio.

Nia miró a su papá.

—¿Qué?

Marcus cerró los ojos.

—Tu mamá la terminó de pagar antes de morir.

Rebecca se quedó seria.

—Eso no es cierto.

—Sí lo es.

Marcus señaló los documentos.

—Ella dejó todo arreglado.

Nia sintió lágrimas en los ojos.

Su mamá había pensado en todo.

Incluso cuando sabía que no estaría ahí para protegerla.

Entonces el abogado habló.

—Hay algo más.

Todos voltearon.

—Encontramos una cuenta bancaria vinculada al proceso de venta.

Marcus frunció el ceño.

—¿Una cuenta de quién?

El abogado miró a Rebecca.

—De ella.

El silencio fue inmediato.

Nia miró a su madrastra.

—¿Recibiste dinero?

Rebecca negó rápidamente.

—No.

El abogado sacó una hoja.

—Hay un depósito realizado hace tres semanas.

Marcus tomó el documento.

Leyó.

Su expresión cambió.

—Rebecca.

Ella no respondió.

—¿Recibiste dinero de Roberto?

—Era un préstamo.

—¿Un préstamo para qué?

Ella se quedó callada.

Y entonces Hailey habló desde la escalera.

—Fue por mí.

Todos voltearon.

Hailey tenía lágrimas en los ojos.

—Mamá necesitaba dinero para pagar mis clases.

Rebecca la miró.

—Hailey…

Pero la joven continuó.

—Ella dijo que cuando vendieran la casa, todo estaría bien.

Nia sintió una mezcla de enojo y tristeza.

Porque Hailey también había sido utilizada.

—¿Tú sabías que querían quitarme mi casa?

Hailey bajó la mirada.

—Yo pensé que era de mamá.

Nia negó lentamente.

—Claro que pensaste eso.

Porque nadie te dijo la verdad.

La verdad que todos intentaron esconder.

Marcus se acercó a Hailey.

—Tu mamá tomó una decisión que nos lastimó a todos.

Rebecca levantó la voz.

—¡No me hagas la única culpable!

Todos la miraron.

—Roberto fue quien tuvo la idea. Él dijo que la propiedad podía ser de Hailey si encontraba la forma correcta.

El abogado anotó algo.

—Eso es importante.

Rebecca se quedó callada.

Marcus la observó con decepción.

—¿Y tú aceptaste?

Ella no respondió.

Porque sí.

Había aceptado.

Nia subió a su habitación.

Ya no podía escuchar más.

Se sentó en la cama.

Miró una fotografía de su mamá.

—¿Por qué todos intentaron olvidarte? —susurró.

Pero en el fondo sabía la respuesta.

No querían olvidar a su mamá.

Querían borrar lo que ella había dejado.

La prueba de que Nia tenía un lugar.

Un derecho.

Una historia.

Después de unos minutos, escuchó que alguien tocaba la puerta.

Era Marcus.

—¿Puedo pasar?

Nia asintió.

Su papá entró con algo en la mano.

Era una pequeña caja blanca.

—Encontré esto en mi oficina.

Nia la tomó.

—¿Qué es?

Marcus sonrió con tristeza.

—Tu mamá me pidió que te lo diera algún día.

Nia abrió la caja.

Dentro había una pulsera sencilla.

Y una nota.

La letra de su mamá.

Sus manos comenzaron a temblar.

Abrió el papel.

Solo había una frase.

“Si alguien intenta decirte que no perteneces a este lugar, recuerda que tú fuiste mi razón para luchar.””

Nia cerró los ojos.

Pero antes de poder llorar, el celular del abogado volvió a sonar.

Contestó.

Escuchó unos segundos.

Después miró a Marcus.

Su rostro cambió.

—Tenemos un problema.

Marcus se puso de pie.

—¿Qué pasó?

El abogado tragó saliva.

—Roberto no está intentando comprar la casa solamente.

Hizo una pausa.

—Está intentando demostrar que la firma de tu esposa en el testamento fue falsa.

Nia sintió un escalofrío.

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Porque si lograban eso…

Podían destruirlo todo.

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