Chapter 4: La persona que debía protegerla fue quien abrió la puerta a la traición
Jasmine sintió que el aire desaparecía de sus pulmones cuando escuchó esas palabras.
—¿Mi tía?
Marcus no respondió de inmediato.
Solo apretó el volante mientras manejaba de regreso a casa.
La calle estaba tranquila.
Demasiado tranquila para la tormenta que acababa de caer sobre su familia.
—Papá, dime que entendí mal.
Marcus tragó saliva.
—Ojalá pudiera decirte eso, hija.
Jasmine miró por la ventana.
Durante años había pensado que su tía Elena era una de las pocas personas que realmente la entendían.
La mujer que le llevaba pan dulce cuando estaba triste.
La que la abrazó después de perder a su mamá.
La que le decía que nunca dejara que nadie apagara sus sueños.
Y ahora su nombre estaba relacionado con la peor traición que había vivido.
—No entiendo.
Marcus estacionó frente a la casa.
Antes de bajar, tomó la mano de Jasmine.
—No quiero que pienses que todos están contra ti.
Ella lo miró con los ojos cansados.
—Pero parece que todos lo estaban.
Marcus sintió un golpe en el pecho.
Porque sabía que su hija tenía razones para sentirse así.
Entraron a la casa.
Ya no se sentía como un hogar.
Se sentía como un lugar lleno de secretos.
Monica estaba sentada en la sala.
Olivia estaba a su lado.
Pero esta vez ninguna de las dos parecía tener el control.
Marcus dejó unos documentos sobre la mesa.
—Tenemos que hablar.
Monica levantó la mirada.
—¿Ya hablaste con el abogado?
—Sí.
Su voz fue fría.
—Y ahora quiero respuestas.
Olivia miró a su mamá.
Ese pequeño movimiento no pasó desapercibido para Jasmine.
Había miedo.
No arrepentimiento.
Miedo de ser descubiertas.
Marcus sacó su teléfono.
—La persona que preparó los documentos falsos dejó un registro.
Monica se quedó inmóvil.
—¿Qué registro?
—Una transferencia de pago.
Jasmine sintió que su corazón aceleraba.
—¿Pago?
Marcus asintió.
—Alguien recibió dinero por ayudar a modificar documentos.
Olivia dejó de mirar al suelo.
—¿Y qué tiene que ver eso con mi tía?
Marcus observó a las dos.
—El pago salió de una cuenta vinculada a Elena.
La habitación quedó en silencio.
Monica cerró los ojos por un segundo.
Como si hubiera esperado ese momento.
Jasmine dio un paso atrás.
—No.
Todos voltearon a verla.
—No puede ser.
Marcus se acercó.
—Jasmine...
—No.
Ella negó con la cabeza.
—Mi tía Elena no haría eso.
Monica soltó una pequeña sonrisa.
Una sonrisa que Jasmine no esperaba.
—A veces las personas que más defiendes son las primeras en decepcionarte.
Jasmine la miró con rabia.
—No uses esto para sentirte mejor.
Por primera vez, Monica no respondió.
Porque sabía que Jasmine tenía razón.
Esa misma tarde, Marcus llamó a Elena.
Puso el teléfono en altavoz.
Todos escucharon el tono sonar.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Finalmente contestó.
—¿Marcus?
La voz de Elena sonaba tranquila.
Demasiado tranquila.
—Elena, tenemos que hablar.
—Claro. ¿Pasó algo?
Marcus miró a Jasmine.
Su hija tenía los brazos cruzados, intentando mantenerse fuerte.
—Sí.
Pausa.
—Pasó que encontré documentos falsos relacionados con mi casa.
El silencio al otro lado fue inmediato.
Y ese silencio dijo más que cualquier respuesta.
Jasmine cerró los ojos.
—Tía...
Elena suspiró.
—Jasmine está ahí, ¿verdad?
Marcus respondió:
—Sí.
—Entonces supongo que ya saben todo.
Jasmine sintió que se le helaban las manos.
—¿Todo qué?
Elena tardó unos segundos.
—Que ayudé a Monica.
La confesión cayó como una piedra.
Jasmine se llevó una mano al pecho.
—¿Por qué?
La voz de Elena cambió.
Ya no sonaba segura.
Sonaba cansada.
—Porque pensé que estaba haciendo lo correcto.
Jasmine soltó una risa incrédula.
—¿Lo correcto era quitarme mi casa?
—No sabía que llegarían tan lejos.
Marcus apretó la mandíbula.
—Pero aceptaste ayudarlas.
—Sí.
Elena respiró profundo.
—Y fue un error.
Jasmine sintió lágrimas en sus ojos.
—Tú me dijiste que eras como una segunda mamá para mí.
Silencio.
—Me dijiste que nunca me dejarías sola.
Elena no contestó.
Y esa falta de respuesta dolió más.
—Tía Elena, ¿por qué?
Finalmente ella habló.
—Porque Monica me convenció de que tú ibas a abandonar a tu papá cuando consiguieras la beca.
Jasmine quedó confundida.
—¿Qué?
—Me dijo que cuando fueras a la universidad ya no necesitarías esta casa. Que Marcus terminaría solo.
Jasmine negó.
—Eso es mentira.
—Ahora lo sé.
Elena comenzó a llorar.
—Pero en ese momento pensé que estaba ayudando a una madre preocupada.
Marcus cerró los ojos.
—No ayudaste a una madre preocupada.
Su voz era firme.
—Ayudaste a alguien que intentaba destruir a mi hija.
Nadie habló.
Después de la llamada, Jasmine subió a su habitación.
O mejor dicho, al cuarto que todavía sentía como suyo.
Abrió un cajón.
Encontró fotografías.
Cartas.
Recuerdos.
Y entonces vio algo extraño.
Una hoja doblada debajo de sus libros.
No era de ella.
La abrió.
Era una copia de otro documento.
Pero esta vez no era sobre la casa.
Era sobre su beca.
Sus manos comenzaron a temblar.
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Porque en la parte inferior había una firma.
La firma de Olivia.
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