Calm

Chapter 1: La maleta en medio de la sala

Jasmine nunca imaginó que al abrir la puerta de su casa encontraría toda su vida metida en una sola maleta.

Ese día había salido de la escuela con una sonrisa que no podía esconder.

Después de meses de esfuerzo, de quedarse hasta tarde estudiando, de tomar café mientras todos dormían y de repetir sus presentaciones frente al espejo, finalmente estaba cerca de cumplir su sueño.

La beca universitaria de ciento cincuenta mil dólares.

Era su oportunidad de cambiar su futuro.

Era la prueba de que todo lo que había sacrificado había valido la pena.

Pero cuando entró a la sala, sintió que algo no estaba bien.

El silencio era extraño.

No estaba la música que normalmente escuchaba Olivia.

No estaba la televisión encendida.

No estaba Monica preparando la cena como si nada hubiera pasado.

Solo había una maleta vieja en medio de la sala.

Y encima estaban sus vestidos, sus libros, sus fotografías y hasta la pequeña caja donde guardaba recuerdos de su mamá.

Jasmine dejó caer su mochila al suelo.

—¿Qué está pasando?

Nadie respondió.

Entonces vio a Olivia sentada en el sillón.

Su hermanastra tenía una sonrisa tranquila, demasiado tranquila.

En su mano sostenía una llave.

La llave de su habitación.

Jasmine sintió un nudo en el estómago.

—¿Por qué mis cosas están empacadas?

Olivia levantó la mirada lentamente.

—Porque te vas.

Jasmine pensó que había escuchado mal.

—¿Qué dijiste?

Olivia se acomodó el cabello y miró la maleta como si fuera un regalo.

—Que ya no vas a vivir aquí.

El corazón de Jasmine comenzó a latir con fuerza.

—No puedes decidir eso.

Olivia soltó una pequeña risa.

—Claro que puedo. Mi mamá ya habló contigo.

—¿Dónde está Monica?

Como si hubiera estado esperando su entrada, la madrastra apareció desde la cocina.

Monica llevaba una expresión seria, pero Jasmine notó algo diferente en sus ojos.

No era tristeza.

Era seguridad.

Como si ya hubiera ganado.

—Jasmine, tenemos que hablar.

—¿Hablar de qué? ¿De por qué mis cosas están en una maleta?

Monica suspiró.

—Te quedarás en otro lugar por un tiempo.

Jasmine se quedó inmóvil.

—¿En otro lugar?

—Será lo mejor para todos.

—¿Para todos?

Jasmine miró alrededor.

La casa donde había vivido desde que su papá se casó con Monica.

La casa donde había pintado las paredes de su cuarto.

La casa donde había llorado la muerte de su mamá.

—¿Me están corriendo?

Monica no respondió.

Y ese silencio dolió más que cualquier palabra.

Jasmine subió corriendo las escaleras.

Necesitaba ver su habitación.

Necesitaba comprobar que aquello era una pesadilla.

Pero cuando llegó al segundo piso, tomó la manija de la puerta y sintió que estaba cerrada.

Su cuarto.

Su lugar seguro.

Estaba bloqueado.

—¡Ábranme!

Escuchó pasos detrás de ella.

Era Olivia.

—No sirve de nada.

Jasmine volteó.

—Dame la llave.

Olivia la levantó entre sus dedos.

—Ya no es tuya.

—Olivia, no estoy jugando.

—Yo tampoco.

Jasmine intentó tomar la llave.

Pero Olivia dio un paso hacia atrás.

—Esta habitación ahora es mía.

Jasmine abrió los ojos.

—¿Qué?

Olivia sonrió.

—Me cansé de tener el cuarto pequeño.

—¿Y por eso me sacan de mi casa?

—No exageres.

Esa frase hizo que Jasmine sintiera algo romperse dentro.

Porque para Olivia era un simple cambio.

Para ella era perder su hogar.

—Tú hiciste esto.

Olivia arqueó una ceja.

—¿Y qué si lo hice?

Jasmine se acercó.

—Devuélveme la llave.

Olivia empujó su hombro.

No fue un golpe fuerte.

Pero fue suficiente.

Jasmine perdió el equilibrio y dio un paso atrás.

—¿Qué te pasa?

Olivia inmediatamente cambió su expresión.

Como si hubiera estado esperando ese momento.

—¡Mamá!

Monica apareció corriendo.

—¿Qué pasó?

Olivia comenzó a llorar.

—Jasmine me empujó.

Jasmine quedó congelada.

—Eso es mentira.

Monica ni siquiera preguntó.

Ni siquiera dudó.

—¡No vuelvas a tocar a mi hija!

—¿A tu hija?

Jasmine sintió lágrimas en sus ojos.

—Yo también soy hija de alguien.

En ese instante, la puerta principal se abrió.

Todos quedaron en silencio.

Marcus había llegado temprano.

El papá de Jasmine estaba parado en la entrada con su maletín en la mano.

Miró la escena.

Miró a Olivia llorando.

Miró a Monica molesta.

Y después vio la maleta en la sala.

Su rostro cambió.

—¿Qué está pasando?

Monica habló primero.

—Jasmine atacó a Olivia.

Marcus miró a su hija.

Jasmine tenía los ojos llenos de lágrimas.

Pero no parecía una persona culpable.

Parecía una persona destruida.

Marcus volvió a mirar la maleta.

Y preguntó algo que nadie esperaba.

—Entonces dime algo, Monica.

Su voz era baja.

Pero firme.

—¿Por qué está empacada la maleta de mi hija?

La casa quedó completamente callada.

Monica abrió la boca.

No salió ninguna palabra.

Olivia bajó la mirada.

Marcus caminó hasta la maleta.

Sacó una de las blusas de Jasmine.

Después miró las fotografías encima.

—¿Quién decidió esto?

Nadie respondió.

Jasmine tomó aire.

—Ellas.

Marcus volteó hacia ella.

—¿Ellas?

Jasmine asintió.

—Me están sacando de la casa.

La expresión de Marcus cambió.

Ya no era confusión.

Era dolor.

—¿Están haciendo qué?

Monica cruzó los brazos.

—Marcus, no dramatices.

Pero él la miró como nunca antes.

—Mi hija llega de la escuela y encuentra sus cosas en una maleta. ¿Y tú quieres que no dramatice?

Jasmine apretó los labios.

Había guardado demasiadas cosas durante demasiado tiempo.

Pero ese día ya no podía quedarse callada.

—Papá, hay algo más.

Marcus se acercó.

—Dime.

Jasmine sacó su laptop de la mochila.

Sus manos temblaban.

—Llegué a la final de la beca universitaria.

Marcus sonrió por un segundo.

—¿De verdad?

—Sí.

Pero la sonrisa desapareció cuando vio la expresión de su hija.

—¿Qué pasó?

—La entrevista final estaba programada para esta semana.

Jasmine tragó saliva.

—El correo desapareció.

Marcus frunció el ceño.

—¿Desapareció?

—Alguien lo borró de mi computadora.

La habitación quedó congelada.

Olivia dejó de llorar.

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Marcus lentamente volteó hacia ella.

Y por primera vez, Jasmine vio miedo en el rostro de su hermanastra.

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