Chapter 2: El secreto que estaba escondido en la computadora
Marcus conocía a su hija.
Sabía cuándo Jasmine estaba triste.
Sabía cuándo estaba nerviosa.
Y sabía cuándo estaba diciendo la verdad.
Por eso no necesitó muchas explicaciones.
Solo necesitó ver sus ojos.
—¿Quién borró ese correo?
Jasmine miró hacia el suelo.
—No quería acusar a nadie sin pruebas.
Olivia soltó una risa nerviosa.
—Qué conveniente.
Marcus la miró.
—Nadie te preguntó.
Olivia se quedó callada.
Esa frase le dolió más de lo que esperaba.
Porque durante años había sentido que esa casa era suya.
Y ahora estaba descubriendo que Marcus todavía veía a Jasmine como su prioridad.
Jasmine abrió su laptop.
—Revisé el historial.
Monica dio un paso adelante.
—Jasmine, ya basta.
Pero ella no se detuvo.
—No, Monica. Ya basta de esconder las cosas.
Encendió la computadora.
Sus dedos temblaban mientras buscaba los archivos.
—El correo no desapareció solo.
Marcus se acercó.
—¿Qué encontraste?
Jasmine respiró profundo.
—Alguien entró a mi cuenta.
Olivia cruzó los brazos.
—¿Y ahora qué? ¿Vas a decir que fui yo?
Jasmine levantó la mirada.
—No tengo que decirlo.
Presionó una tecla.
En la pantalla apareció el registro de actividad.
Marcus observó la información.
La fecha.
La hora.
El dispositivo conectado.
Su rostro comenzó a cambiar.
—Ese día...
Jasmine lo miró.
—¿Qué?
Marcus señaló la pantalla.
—Ese día tú estabas aquí.
Olivia perdió la sonrisa.
—No significa nada.
Pero Marcus ya estaba pensando.
Recordó que esa noche había llegado tarde del trabajo.
Recordó que Olivia había estado usando la computadora de Jasmine.
Recordó que Monica había dicho que no pasaba nada.
Jasmine cerró la laptop.
—No fue solo el correo.
Marcus frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Jasmine caminó hacia la maleta.
Se arrodilló y comenzó a sacar algunas cosas.
Una libreta rota.
Una chamarra manchada.
Un portarretrato quebrado.
Un collar que perteneció a su mamá.
Marcus quedó sorprendido.
—¿Qué es todo esto?
Jasmine tenía la voz quebrada.
—Cosas que pensé que se habían dañado por accidente.
Monica apartó la mirada.
Jasmine sacó una caja pequeña.
—Pero no fue accidente.
Abrió la caja.
Dentro había objetos que había guardado durante meses.
—Durante un año encontré mis cosas destruidas.
Marcus miró a Monica.
—¿Tú sabías?
Ella no respondió.
Y eso fue suficiente.
—Monica.
La voz de Marcus sonó decepcionada.
—¿Sabías?
—No pensé que fuera importante.
Jasmine soltó una risa triste.
—Claro.
Miró a su madrastra.
—Mi ropa rota no era importante.
—Mi computadora dañada no era importante.
—Mi habitación cambiada de lugar no era importante.
Cada palabra pesaba más que la anterior.
Marcus cerró los ojos un momento.
Porque estaba entendiendo algo terrible.
Había estado trabajando tanto para mantener a su familia que no había visto lo que ocurría dentro de su propia casa.
—¿Por qué no me dijiste?
Jasmine bajó la mirada.
—Porque cada vez que intentaba hablar, ellas decían que yo exageraba.
Olivia dio un paso adelante.
—Porque siempre quieres hacerte la víctima.
Marcus la miró.
—¿La víctima?
Olivia levantó la voz.
—¡Sí! ¡Porque ella siempre consigue todo!
La habitación quedó en silencio.
Olivia respiraba rápido.
Ya no parecía tranquila.
Ya no parecía tener el control.
—Jasmine tiene mejores calificaciones.
—Jasmine tiene más oportunidades.
—Jasmine siempre es la niña perfecta.
Marcus la observó.
—¿Por eso hiciste esto?
Olivia apretó los labios.
—No entiendes.
—Entonces explícame.
Ella miró a Monica.
Pero su mamá no dijo nada.
Y por primera vez, Olivia se sintió sola.
Jasmine sacó una memoria USB de su mochila.
—Hay otra cosa.
Marcus la miró.
—¿Qué es eso?
—Después de que desapareció mi correo, empecé a guardar pruebas.
Monica palideció.
—¿Pruebas de qué?
Jasmine conectó la memoria.
—De todo.
Aparecieron varios archivos.
Grabaciones.
Fotos.
Capturas de pantalla.
Conversaciones.
Marcus no podía creerlo.
—Jasmine...
—No quería llegar a esto, papá.
Su voz se quebró.
—Pero sentía que nadie me creía.
Monica dio un paso hacia atrás.
—Estás invadiendo la privacidad de tu familia.
Jasmine la miró.
—Mi familia me estaba quitando mi vida.
Entonces Marcus vio un archivo.
El nombre lo hizo detenerse.
"Documentos de la casa".
Lo abrió.
Y su expresión cambió completamente.
—¿Qué es esto?
Nadie respondió.
Marcus siguió leyendo.
Era un documento de transferencia de propiedad.
Su casa.
La casa donde vivían.
El nombre de Olivia aparecía como beneficiaria.
Y abajo estaba una firma.
Su firma.
Marcus quedó inmóvil.
—Yo nunca firmé esto.
Monica dejó de respirar por un segundo.
Olivia miró al suelo.
—Papá...
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Marcus levantó la vista.
—¿Qué hicieron?
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