Chapter 9: La verdadera traición estaba en el informe que Dominic había firmado sin leer
Dominic miró a Victor Harlan con una furia tan contenida que el abogado dejó de sonreír.
—¿Dónde están mi hermana y mi sobrino?
Victor levantó las manos.
—Te acabo de decir que están a salvo.
—Gabriel acaba de llevárselos.
—Gabriel está intentando resolver un problema que tú has empeorado.
Dominic avanzó hasta quedar frente a él.
—Si has puesto una mano sobre ellos, te juro que...
—Basta —interrumpió Victor—. No eres el único hombre que tiene recursos, Dominic. Tu apellido no te hace invulnerable.
Dominic no apartó la mirada.
—Mi hermana y mi sobrino no tienen nada que ver con esto.
—Por supuesto que sí. Son los beneficiarios del fideicomiso. Y mientras sigan protegidos por ti, representan un obstáculo para los planes de Brooke.
Brooke soltó un sollozo.
—Victor, dijiste que no les harías daño.
El abogado se volvió hacia ella.
—Y no lo haré si todos cooperan.
—¡Me dijiste que solo querías los documentos!
Victor la miró con desprecio.
—Y tú me dijiste que Dominic firmaría las autorizaciones sin hacer preguntas. Parece que ambos cometimos errores.
Dominic aprovechó el instante para enviar un mensaje desde su teléfono.
Solo escribió una palabra.
*Ahora.*
Era la señal para que sus hombres entraran en la propiedad.
Victor no lo vio.
Estaba demasiado ocupado observando a Brooke, quien parecía comprender por primera vez que nunca había sido su socia. Había sido una herramienta.
—Dame la memoria —ordenó Victor.
Dominic negó con la cabeza.
—Primero quiero pruebas de que Natalie y Noah están bien.
Victor sacó su teléfono y mostró una fotografía reciente de ambos sentados en una habitación desconocida. Noah estaba abrazado a su madre.
—Aquí los tienes.
Dominic examinó la imagen.
Natalie tenía los ojos rojos, pero parecía ilesa. Noah estaba pálido y asustado.
—Quiero hablar con ellos.
—Cuando me entregues los documentos.
—No.
Victor suspiró.
—Siempre has sido demasiado orgulloso.
—Y tú siempre has confundido el miedo con la obediencia.
Durante un segundo, ninguno se movió.
Después Victor hizo una señal a sus hombres.
Uno de ellos avanzó hacia Dominic.
Pero antes de que pudiera acercarse, se escuchó un estruendo en la planta baja.
Una voz gritó:
—¡Policía! ¡Nadie se mueva!
Victor perdió el color.
Dominic retrocedió hacia la ventana mientras sus hombres entraban en la habitación.
Brooke se dejó caer en una silla.
El abogado intentó alcanzar su teléfono, pero uno de los agentes le sujetó el brazo.
—Victor Harlan, queda detenido mientras se investigan los delitos relacionados con fraude, falsificación documental, amenazas y posibles actos criminales vinculados con la muerte de Michael Mercer.
—¡Esto es absurdo! —protestó Victor—. No tienen pruebas suficientes.
Dominic levantó la carpeta.
—Tenemos los documentos originales, los registros bancarios y las comunicaciones que intentaste ocultar.
Victor lo miró con odio.
—No sabes lo que acabas de hacer.
Dominic se acercó.
—Por primera vez en seis meses, creo que sí.
Los agentes lo sacaron de la habitación.
Los dos hombres que lo acompañaban fueron detenidos en el pasillo. Uno de ellos intentó destruir su teléfono, pero los policías se lo quitaron antes de que pudiera hacerlo.
Dominic se volvió hacia Brooke.
Ella seguía sentada, con las manos temblorosas.
—¿También vas a entregarme? —preguntó.
Dominic no respondió inmediatamente.
—Vas a tener que responder por lo que hiciste.
Brooke bajó la cabeza.
—Lo sé.
—No. No creo que lo sepas. Mi hermana pasó seis meses intentando comprender por qué su esposo había muerto.
Mi sobrino ha tenido pesadillas porque tú le hiciste creer que iba a perder su hogar. Emma tuvo que soportar tus amenazas porque se negó a ayudarte a robar.
Brooke comenzó a llorar.
—Nunca quise que llegara tan lejos.
—Pero seguiste adelante.
Ella se cubrió el rostro.
Dominic sintió una tristeza profunda, aunque ya no quedaba amor en ella.
—¿Dónde está Gabriel?
Brooke levantó la mirada.
—No lo sé.
—¿Por qué estaba con Natalie?
—Victor lo obligó a ayudarlo. Tenía documentos que podían destruirlo.
Dominic apretó la mandíbula.
—¿Qué documentos?
Brooke tragó saliva.
—El informe original del accidente. Gabriel había firmado una declaración confirmando que recibió instrucciones de modificar los registros.
Dominic comprendió entonces que Gabriel no había secuestrado a Natalie por iniciativa propia.
Victor lo había utilizado como una pieza más, amenazándolo con revelar su participación en la manipulación del informe.
Eso no borraba su responsabilidad.
Pero podía explicar por qué había terminado colaborando con el hombre que había puesto en peligro a la familia que juró proteger.
—¿Dónde está el informe original? —preguntó Dominic.
Brooke negó con la cabeza.
—Victor lo tiene. O lo tenía.
Dominic se volvió hacia los agentes.
—Necesito que aseguren todos los documentos de esta casa. Hay una memoria electrónica que contiene pruebas financieras y una grabación que puede estar relacionada con la muerte de Michael.
Uno de los investigadores tomó nota.
—¿Sabe dónde está esa grabación?
Dominic miró a Brooke.
Ella se limpió las lágrimas.
—En mi apartamento. Dentro de una caja fuerte.
—¿Qué contiene exactamente? —preguntó el investigador.
Brooke respiró hondo.
—Una conversación entre Victor y Gabriel, grabada dos días después de la muerte de Michael.
Dominic sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Por qué no lo dijiste antes?
—Porque pensé que podría utilizarla para protegerme.
El investigador anotó la dirección y pidió una orden para recuperar el dispositivo.
Dominic observó a Brooke mientras dos agentes le pedían que los acompañara para declarar.
Ella se levantó lentamente.
Antes de salir, se volvió hacia él.
—Dominic, necesito que entiendas algo.
Él permaneció inmóvil.
—No sabía que Victor iba a matar a Michael. Te lo juro.
Dominic la miró durante varios segundos.
—Eso es algo que tendrás que demostrar ante las autoridades.
Brooke asintió.
Después se marchó.
Dominic se quedó en la habitación de Catherine, rodeado de documentos que podían destruir una conspiración, pero que todavía no le devolvían la tranquilidad.
Habían encontrado a Victor.
Habían recuperado parte del patrimonio.
Pero Natalie y Noah seguían en manos de Gabriel.
Y Dominic no estaba dispuesto a celebrar nada hasta tenerlos de vuelta.
A las nueve y veinte de la noche, recibió una llamada de un número desconocido.
—¿Dominic? —preguntó una voz agotada.
Era Gabriel.
Dominic cerró los ojos.
—¿Dónde están?
—Natalie y Noah están conmigo. No les he hecho daño.
—Dime dónde.
Gabriel le dio una dirección: un antiguo almacén junto a una carretera secundaria, a varios kilómetros de Newport.
—Voy para allá —dijo Dominic—. No intentes escapar.
—No voy a hacerlo.
Dominic guardó silencio.
—¿Por qué, Gabriel?
Al otro lado de la línea se escuchó una respiración temblorosa.
—Porque fui un cobarde.
—Eso ya lo sé. Quiero saber por qué entregaste a mi hermana.
—Victor me dijo que, si no lo ayudaba, enviaría a las autoridades los documentos que demostraban que yo había alterado el informe. Me aseguró que mi familia estaría protegida si obedecía.
Dominic apretó el volante.
—¿Y le creíste?
—Sí.
—¿Incluso después de lo que le ocurrió a Michael?
Gabriel tardó en responder.
—No sabía lo que realmente había pasado aquella noche. Cuando descubrí las inconsistencias, intenté corregirlas. Pero Victor ya tenía todo preparado.
—¿Qué ocurrió en el almacén?
—Me ordenó llevar a Natalie y Noah allí. Dijo que solo quería asegurarse de que no interfirieran mientras recuperaba los documentos.
Dominic respiró hondo.
—¿Y tú aceptaste?
—Sí.
—¿Sabes lo que eso significa?
—Sí.
Gabriel comenzó a llorar.
—No espero que me perdones. Solo quería que supieras que no les he hecho daño. Natalie me convenció de que todavía podía hacer algo correcto.
Dominic miró la carretera oscura.
—Mantén las manos visibles cuando llegue.
—Lo haré.
La llamada terminó.
Dominic condujo hasta el almacén acompañado por dos agentes. No llevó a sus hombres armados porque quería evitar que un rescate se convirtiera en un enfrentamiento.
Cuando llegó, encontró la puerta abierta.
Gabriel estaba sentado en una silla, con las manos sobre las rodillas.
Natalie permanecía junto a Noah, abrazándolo contra su pecho.
Al ver a Dominic, el niño corrió hacia él.
—¡Tío!
Dominic se arrodilló y lo abrazó con fuerza.
—Estoy aquí, campeón.
Noah comenzó a llorar.
—Pensé que no ibas a encontrarnos.
Dominic cerró los ojos y apoyó la frente contra la de su sobrino.
—Siempre voy a buscarte.
Natalie se acercó y abrazó a ambos.
Durante unos segundos, Dominic olvidó los documentos, el dinero y las amenazas. Solo sintió el alivio de tener a su familia entre los brazos.
Después se levantó y miró a Gabriel.
—Levántate.
Gabriel obedeció.
—No tengo excusas —dijo—. Lo que hice estuvo mal.
Dominic lo observó.
—¿Por qué no llamaste a la policía cuando descubriste la verdad?
—Porque pensé que podía arreglarlo sin destruir mi vida. Después tuve miedo de que Victor me culpara por todo.
—Y decidiste poner en peligro a mi hermana.
Gabriel bajó la cabeza.
—Sí.
Dominic sintió una tristeza profunda.
Había confiado en aquel hombre durante nueve años. Le había entregado las llaves de su casa, la seguridad de su hermana y la vida de su sobrino.
Ahora tendría que responder por sus actos.
—Vas a declarar todo lo que sabes —dijo Dominic—. Cada llamada, cada documento, cada orden que recibiste.
—Lo haré.
—Y no volverás a acercarte a mi familia sin su consentimiento.
Gabriel asintió.
Los agentes se aproximaron para acompañarlo.
Antes de marcharse, se volvió hacia Dominic.
—Hay algo más que no te he contado.
Dominic lo miró con cansancio.
—Habla.
Gabriel tragó saliva.
—La noche del accidente, Michael me llamó. Dijo que tenía una grabación donde se escuchaba a Victor hablando con otra persona. Me pidió que guardara una copia.
—¿La guardaste?
—Sí. Pero Victor me la quitó dos días después.
Dominic sintió un escalofrío.
—¿Quién estaba en la grabación?
Gabriel levantó la mirada.
—No escuché la conversación completa. Pero reconocí una voz.
—¿De quién?
Gabriel cerró los ojos.
—De tu padre.
Dominic dejó de respirar por un instante.
Su padre, Robert Mercer, llevaba ocho años muerto.
Había fallecido después de una larga enfermedad, dejando a Catherine a cargo del patrimonio familiar y a Dominic responsable de mantener unidos los negocios.
—Eso es imposible —susurró Dominic.
—Eso pensé yo. Pero Michael me dijo que la grabación incluía una conversación antigua que Victor estaba utilizando para presionar a alguien.
Dominic miró a Natalie.
Su hermana parecía tan sorprendida como él.
—¿Qué decía mi padre? —preguntó Dominic.
Gabriel negó con la cabeza.
—No lo sé. Solo escuché una frase antes de que Victor se llevara la grabación.
—¿Cuál?
Gabriel respiró hondo.
—«Si algún día mi hijo descubre lo que hicimos, no podrá perdonarnos».
Dominic sintió que el mundo se inclinaba bajo sus pies.
Su padre llevaba muerto ocho años.
Su madre había dejado advertencias.
Michael había investigado el fideicomiso.
Y Victor había utilizado una grabación antigua para mantener a varias personas bajo su control.
De pronto, Dominic comprendió que el fraude no había comenzado seis meses atrás.
Tal vez llevaba años oculto en la historia de su familia.
Y si aquella grabación existía, podía revelar un secreto que Catherine había intentado proteger hasta su último día.
A las diez y cuarto, Dominic regresó a la mansión con Natalie y Noah.
Emma los esperaba en la entrada.
Cuando vio al niño, se llevó una mano al pecho y comenzó a llorar de alivio.
—Gracias a Dios que están bien.
Noah la abrazó.
—Ya regresé, Emma.
Ella le acarició el cabello.
—Y aquí te vas a quedar, mijo.
Natalie se volvió hacia Dominic.
—¿Qué va a pasar ahora?
Él miró hacia el despacho de Catherine.
—Vamos a descubrir toda la verdad.
En ese momento, un agente llamó para informar que habían recuperado la grabación del apartamento de Brooke.
El archivo estaba dañado, pero una parte se podía reproducir.
Dominic entró en el despacho y conectó el dispositivo a la computadora.
Natalie se sentó a su lado.
Emma permaneció cerca de la puerta, en silencio.
La grabación comenzó con un ruido de estática.
Después apareció la voz de Victor.
—Michael ya sabe demasiado.
Una segunda voz respondió.
Dominic sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
Era Gabriel.
—No podemos permitir que esto siga adelante. Si Dominic descubre los documentos originales, todo se vendrá abajo.
Victor soltó una risa seca.
—Entonces asegúrate de que no los encuentre.
Se escuchó un golpe sobre una mesa.
Después, una tercera voz habló con claridad.
Una voz que Dominic no había escuchado desde hacía ocho años, pero que habría reconocido entre mil.
La voz de su padre.
—El fideicomiso nunca debió quedar en manos de Catherine. Si Natalie y su hijo conservan la propiedad, el secreto seguirá enterrado para siempre.
Dominic se quedó inmóvil.
Natalie se llevó una mano a la boca.
La grabación continuó.
—¿Y qué hacemos con Michael? —preguntó Victor.
Hubo varios segundos de silencio.
Después la voz de Robert Mercer pronunció una frase que hizo que Dominic sintiera que toda su vida acababa de romperse.
—Si Michael ya encontró el libro de cuentas, no podemos dejar que llegue a mi hijo.
La grabación terminó con un chasquido.
Nadie habló.
Dominic miró la pantalla vacía.
Su padre llevaba ocho años muerto.
Pero su voz acababa de aparecer en una conversación relacionada con el fraude, las amenazas y la muerte de Michael.
No sabía si la grabación era auténtica, si había sido manipulada o si aquella conversación se había producido mucho antes de lo que parecía.
Necesitaba comprobar cada detalle.
Sin embargo, había algo que ya no podía ignorar.
Catherine no solo había intentado proteger a Natalie y Noah.
Tal vez también había intentado proteger a Dominic de la verdad sobre su propio padre.
Y en el fondo de la caja metálica, debajo del contrato original, había quedado una última carta que todavía no habían abierto.
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En el exterior, con la letra temblorosa de Catherine, aparecía una advertencia:
*«Dominic, si alguna vez escuchas la voz de tu padre en una grabación, no creas la primera versión de la historia. Busca el libro de cuentas y recuerda quién tenía las llaves de nuestra casa la noche en que murió Robert».*