Chapter 8: La confesión de Brooke y la grabación que podía destruir a los Mercer
—No te muevas —ordenó Dominic cuando Brooke intentó pasar junto a él.
Ella se detuvo, pero sus ojos no mostraban arrepentimiento.
Mostraban miedo.
No miedo de Dominic.
Miedo del hombre que acababa de entrar en la casa.
—No sabes con quién te estás metiendo —susurró Brooke.
—Esa frase ya me la has dicho demasiadas veces.
—Victor no es como Richard. No puedes intimidarlo ni comprarlo. Si cree que lo has descubierto, hará lo que sea necesario para protegerse.
Dominic la miró fijamente.
—¿Incluso matar?
Brooke no contestó.
Desde la planta baja llegó el sonido de unos pasos firmes.
Después, la voz de Victor Harlan.
—¡Dominic! Sé que estás aquí. No hagamos esto más complicado de lo necesario.
Dominic sacó su teléfono y envió un mensaje a los hombres que vigilaban desde la propiedad vecina.
«Victor Harlan está dentro de la casa. No intervengan hasta que reciban mi señal. La policía debe tener los documentos antes de las nueve».
Después guardó el teléfono.
Brooke había visto el movimiento.
—¿Llamaste a la policía?
—Todavía no.
Ella soltó una risa nerviosa.
—Siempre has creído que puedes resolverlo todo con dinero, abogados y hombres que obedecen tus órdenes.
—Y tú siempre has creído que una sonrisa puede justificar cualquier cosa.
Brooke apretó los labios.
—Yo te amaba.
Dominic sintió que aquellas palabras le provocaban más tristeza que rabia.
Recordó las primeras semanas de su relación. Brooke había sido amable con Natalie, había llevado regalos para Noah y había escuchado durante horas las historias de Catherine.
Incluso había llorado con él cuando visitaron la tumba de su madre.
Ahora se preguntaba cuánto de aquello había sido auténtico.
—Si alguna vez me amaste —dijo Dominic—, tuviste muchas oportunidades para decirme la verdad.
—¿La verdad? ¿Qué verdad querías escuchar? ¿Que estaba cansada de ver cómo tu hermana y su hijo ocupaban cada rincón de nuestra vida? ¿Que quería tener una familia contigo sin que Natalie dependiera de ti para siempre?
—Eso no explica las transferencias.
Brooke bajó la mirada.
—No.
—Tampoco explica las amenazas.
—No.
—Ni la falsificación de documentos.
Ella cerró los ojos.
—No.
Dominic se acercó.
—Entonces deja de hablarme de amor como si fuera una excusa.
Abajo, Victor volvió a llamar.
—¡Brooke! ¡Baja ahora mismo!
Ella se estremeció.
Dominic lo notó.
—¿Te está amenazando?
—No entiendes...
—Entonces explícame.
Brooke miró la puerta y después a Dominic.
Por primera vez, parecía debatirse entre dos miedos: el de enfrentarse a Victor y el de perder la última oportunidad de salvarse.
—Michael encontró una cuenta secreta —confesó finalmente—. Una cuenta que Victor utilizaba para mover dinero entre empresas. Al principio, me dijo que era una operación legal. Me prometió que podría recuperar una parte del patrimonio que Catherine había dejado inmovilizado.
—¿Y le creíste?
—Sí.
—¿Por qué?
Brooke levantó la cabeza.
—Porque quería tener algo propio. Algo que no dependiera de tus decisiones, de tu familia ni de lo que tu madre hubiera considerado correcto.
Dominic sintió una profunda decepción.
—Podrías haberme pedido ayuda.
—¿Y qué habría pasado? ¿Me habrías permitido controlar el patrimonio de los Mercer? ¿Habrías aceptado que una parte de la fortuna pasara a mis manos?
—Si hubieras sido honesta, habríamos podido hablar.
Brooke soltó una carcajada amarga.
—Tú nunca has entendido lo que significa depender de otra persona. Siempre has tenido el poder de decidir quién entra y quién sale de tu vida.
—¿Y por eso decidiste amenazar a un niño?
Ella palideció.
—Nunca quise hacerle daño a Noah.
—Le dijiste que iba a perder la casa de su abuela. Lo hiciste llorar. Entraste en su habitación o enviaste a alguien para dejarle una amenaza.
—Yo no escribí esa nota.
Dominic se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Brooke negó con la cabeza.
—Yo quería que Natalie se marchara, sí. Quería controlar la propiedad. Pero no fui yo quien entró en la habitación del niño.
Dominic recordó la figura que aparecía detrás de la ventana de la casa oriental.
Richard había estado allí esa mañana.
O alguien que llevaba su abrigo.
—¿Quién lo hizo?
Brooke se mordió el labio.
—Victor. Quería que dejaras de investigar. Dijo que, si te convencía de abandonar la búsqueda, todos podríamos salir de esto sin consecuencias.
Dominic sintió que una pieza importante acababa de cambiar de lugar.
Brooke seguía siendo culpable de fraude, amenazas y manipulación, pero quizá no era la responsable de todos los actos que habían puesto en peligro a su familia.
Eso no la convertía en inocente.
Solo significaba que la conspiración era más grande de lo que había imaginado.
—¿Qué pasó la noche del accidente? —preguntó.
Brooke se quedó en silencio.
—Dímelo.
—Michael me llamó aquella noche. Quería reunirse conmigo para hablar del fideicomiso. Me dijo que había encontrado el contrato original y que tenía pruebas de las transferencias.
—¿Dónde se encontraron?
—En un estacionamiento cerca de la carretera costera.
Dominic sintió un escalofrío.
—¿Fuiste tú quien lo citó allí?
Brooke tardó en responder.
—Sí.
Él apretó los puños.
—¿Sabías que podía estar en peligro?
—No pensé que Victor fuera a hacerle algo. Creí que solo quería asustarlo.
Dominic se acercó hasta quedar frente a ella.
—¿Qué significa eso?
Brooke comenzó a llorar.
—Victor me dijo que tenía que recuperar los documentos. Me aseguró que Michael estaba arruinando todo y que, si entregaba las pruebas, todos terminaríamos investigados. Yo le di la ubicación del encuentro.
—¿Y después?
—Me fui antes de que llegara Michael. Victor dijo que hablaría con él y que conseguiría los papeles.
—¿Lo viste después del accidente?
Brooke negó con la cabeza.
—No.
—¿Hablaste con él?
—Al día siguiente. Me dijo que Michael había muerto y que nadie debía mencionar el encuentro.
Dominic sintió que el suelo parecía desaparecer bajo sus pies.
—¿Y tú guardaste silencio?
Brooke se cubrió el rostro.
—Tenía miedo.
—Mi hermana perdió a su esposo. Mi sobrino perdió a su padre. Y tú te preparaste para casarte conmigo mientras sabías que habías ayudado a poner a Michael en peligro.
—No sabía que iba a morir.
Dominic la miró con una tristeza que ya no podía ocultar.
—Pero sabías que algo estaba mal.
Brooke no respondió.
Desde la planta baja se escuchó un golpe.
Victor había abierto una puerta.
—¡Brooke! ¡Se acabó el tiempo!
Ella retrocedió.
—No puedo dejar que me encuentre aquí contigo.
Dominic le bloqueó el paso.
—No vas a salir hasta que terminemos de hablar.
Brooke lo miró desesperadamente.
—¡Si me entregas a la policía, Victor va a destruir a todos! Tiene documentos, grabaciones y personas que trabajan para él. No entiendes cuánto poder tiene.
—Entonces dame las pruebas.
Ella sacudió la cabeza.
—No las tengo.
—¿Dónde están?
Brooke miró hacia el escritorio de Catherine.
—Michael dejó una grabación. Una conversación entre Victor y otra persona. La guardé porque pensé que podría servirme si alguna vez necesitaba protegerme.
Dominic sintió que el pulso se le aceleraba.
—¿Dónde?
—En la caja fuerte de mi apartamento.
—¿Qué contiene?
Brooke respiró con dificultad.
—La voz de Victor hablando sobre el accidente. Y otra voz que no debería estar ahí.
—¿De quién?
Brooke abrió la boca.
Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió de golpe.
Victor Harlan apareció en el umbral.
Era un hombre alto, de cabello plateado y traje impecable. Tenía el aspecto de alguien acostumbrado a entrar en habitaciones donde los demás se levantaban para recibirlo.
Su mirada pasó de Brooke a Dominic.
Después se detuvo en el bolsillo del abrigo de este último.
—Veo que encontraste la caja —dijo.
Dominic se colocó delante de Brooke.
—¿Qué le hiciste a Michael?
Victor sonrió con una tranquilidad insoportable.
—Michael fue un hombre que no supo reconocer cuándo debía detenerse.
Dominic dio un paso hacia él.
—No vuelvas a hablar de mi cuñado como si hubiera sido un obstáculo.
Victor se acomodó los puños de la camisa.
—No he venido a discutir sentimientos. He venido a recuperar documentos que no te pertenecen.
—Los documentos de mi madre me pertenecen a mí y a mi familia.
—No según los acuerdos que firmaron.
Dominic levantó la carpeta.
—Estos documentos son los originales. Las firmas fueron falsificadas.
Victor perdió la sonrisa durante un instante.
—No tienes forma de demostrarlo.
—Todavía.
El abogado miró a Brooke.
—¿Le contaste lo de la grabación?
Ella bajó la cabeza.
Victor suspiró.
—Siempre fuiste demasiado emocional, Brooke. Te dije que no debías confiar en él.
Dominic observó la reacción de su prometida.
—¿Qué significa eso?
Brooke comenzó a temblar.
Victor sonrió otra vez.
—Significa que tu futura esposa y yo hemos tenido una relación profesional muy provechosa.
—¿Qué hiciste con ella?
—Le ofrecí una oportunidad. Ella la aceptó.
Dominic sintió una rabia fría.
—¿Y el accidente?
Victor guardó silencio durante unos segundos.
Después habló con absoluta calma.
—No todos los accidentes pueden evitarse.
Dominic avanzó.
—¿Lo provocaste?
Victor retrocedió un paso.
—No vas a conseguir nada con amenazas.
—No te estoy amenazando. Te estoy preguntando qué le hiciste a Michael.
Victor miró hacia el pasillo.
Dominic comprendió demasiado tarde que el abogado no había venido solo.
Dos hombres aparecieron detrás de él.
Uno llevaba una carpeta negra. El otro sostenía un teléfono con la pantalla encendida.
—No quiero que esto termine mal —dijo Victor—. Entrégame los documentos y todos podremos marcharnos.
Dominic mantuvo la carpeta contra su pecho.
—No.
Victor inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces quizá debamos hablar con tu hermana.
La expresión de Dominic cambió.
—¿Qué sabes de Natalie?
Victor sonrió.
—Sé que salió de la mansión hace cuarenta minutos. Sé que llevó a Noah a comprar algunas cosas y sé que, en este momento, ambos están en un automóvil estacionado frente a una cafetería.
Dominic sacó el teléfono.
No había mensajes de Natalie.
Tampoco llamadas perdidas.
Llamó inmediatamente a su hermana.
El teléfono sonó una vez.
Dos veces.
Después alguien contestó.
Pero no era Natalie.
Era la voz de un hombre.
—Señor Mercer —dijo—. Si quiere volver a ver a su hermana y a su sobrino, tendrá que dejar de hacer preguntas.
Dominic sintió que el corazón se le detenía.
Victor observó su rostro y sonrió.
—Ahora sí estamos hablando de algo importante.
Dominic apretó el teléfono.
—Si les haces daño, no habrá lugar en el mundo donde puedas esconderte.
—No quiero hacerles daño. Solo quiero que entregues la carpeta y la memoria electrónica.
Dominic miró a Brooke.
Ella estaba llorando en silencio.
—¿Dónde están? —preguntó él.
—En un lugar seguro. Por ahora.
—Quiero hablar con mi hermana.
Se escuchó un movimiento al otro lado de la llamada.
Después, la voz temblorosa de Natalie.
—Dominic...
—¿Estás bien?
—Sí. Noah está conmigo.
Dominic cerró los ojos brevemente.
—Escúchame, necesito que hagas exactamente lo que te diga.
Pero Natalie lo interrumpió.
—Dominic, hay algo que tienes que saber. El hombre que nos trajo aquí no es uno de los guardias de Victor.
Dominic sintió un escalofrío.
—¿Quién es?
Natalie respiró con dificultad.
—Es Gabriel.
La llamada se cortó.
Dominic levantó la mirada hacia Victor.
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El abogado no parecía sorprendido.
Y, en ese instante, Dominic comprendió que la traición de Gabriel podía ser mucho más profunda de lo que había imaginado.