Calm

Chapter 6: La primera mentira

La frase de Rebecca permaneció en mi pantalla durante varios segundos.

*Yo no fui la primera esposa.*

Leí el mensaje otra vez.

Y otra.

—Clara —dijo Olivia—, ¿qué pasó?

Le entregué el teléfono.

Su rostro cambió.

—No puede ser.

—Eso pensé.

Escribí:

*"¿Quién fue la primera?""*

Rebecca no respondió inmediatamente.

Pasaron cinco minutos.

Diez.

Quince.

Entonces llegó una llamada.

Contesté.

—¿Rebecca?

—Sí.

Su voz era diferente a como la imaginaba.

Más cansada.

Más seria.

—No tengo mucho tiempo.

—Necesito saber quién fue la primera esposa de Julian.

—No fue una esposa.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Fue su prometida.

—¿Y qué diferencia hay?

—Toda.

Rebecca respiró profundamente.

—Ella murió antes de que Julian se casara conmigo.

Sentí un escalofrío.

—¿Cómo murió?

—No lo sé.

—¿No lo sabe?

—Eso es lo que Julian quiso que creyera.

Me levanté de la cama.

—Rebecca, necesito que me cuentes todo.

—Tu mamá ya sabía parte de esto.

—¿Qué parte?

—Que Julian cambia de identidad dependiendo de lo que necesita.

Miré a Olivia.

—¿Qué significa eso?

—No literalmente.

Rebecca hizo una pausa.

—Cuando se acercó a mí, decía que era un empresario sin familia cercana. Después descubrí que tenía deudas enormes.

—¿Y luego?

—Me convenció de casarme con él.

—¿Para obtener tus bienes?

—Sí.

—¿Qué pasó?

—Descubrí que no era el único hombre que estaba haciendo esto.

Se me erizó la piel.

—¿Qué quieres decir?

—Su padre dirigía todo.

Silencio.

—Julian era solamente el que daba la cara.

Mi mente volvió a las fotografías.

Julian.

Su padre.

Sienna.

Los contratos.

Todo parecía formar una red.

—Entonces Sienna…

—Está involucrada.

—¿Desde cuándo?

Rebecca soltó una respiración amarga.

—Desde antes que tú.

Al día siguiente, viajamos de regreso a Nueva York.

Durante el vuelo, Rebecca me envió archivos.

Fotografías.

Contratos.

Correos.

Y una lista de nombres.

Había cinco mujeres.

Todas habían tenido algún tipo de relación financiera con Julian o con empresas vinculadas a su familia.

Dos habían perdido propiedades.

Una había terminado en una batalla legal.

Rebecca había logrado escapar.

Yo era la última.

Pero también era la que tenía más que perder.

Y, aparentemente, la única que podía detenerlos.

Cuando aterrizamos, Thomas nos esperaba.

No dijo hola.

Solo abrió la puerta del automóvil.

—Suban.

Olivia frunció el ceño.

—Eso sonó ominoso.

Thomas miró hacia el estacionamiento.

—Porque lo es.

Subimos.

—¿Qué pasó? —pregunté.

Thomas arrancó.

—Julian regresó esta mañana.

—¿Ya?

—Sí.

—¿Dónde está?

—En su oficina.

—¿Solo?

Thomas me miró por el espejo.

—No.

—¿Sienna?

—Sienna.

Cerré los ojos.

—¿Y el padre de Julian?

Thomas no respondió.

Eso me preocupó.

—¿Qué?

—También está allí.

A las diez de la mañana entré a la oficina de Julian.

No iba a esconderme.

No iba a llorar.

No iba a darle el gusto de verme derrotada.

Llevaba un traje negro sencillo.

El anillo seguía en mi dedo.

Quería que lo viera.

Quería que creyera que todavía tenía alguna oportunidad.

La recepcionista me reconoció.

—Señora Harper…

—¿Está mi esposo?

—Sí.

—Dile que llegué.

—Él pidió que…

—Dile que llegué.

La mujer tragó saliva.

—Sí, señora.

Un minuto después, las puertas del ascensor se abrieron.

Julian apareció.

Su rostro estaba tenso.

—Clara.

—Julian.

Se acercó.

—Tenemos que hablar.

—Eso dijiste.

—A solas.

Miré detrás de él.

Sienna estaba parada junto a su escritorio.

—Ella se queda.

Sienna sonrió.

—Yo también quiero escuchar.

Julian le lanzó una mirada.

—Sienna, sal.

—No.

Ella cruzó los brazos.

—No voy a seguir fingiendo que esto no me afecta.

Julian apretó los dientes.

—Después hablamos.

—No —respondió ella—. Ahora.

Lo miré.

—Qué bonito.

—Clara…

—No te preocupes. No vine a discutir.

Saqué una carpeta.

—Vine a mostrarte algo.

La dejé sobre su escritorio.

Julian la abrió.

Vio el certificado.

Su rostro cambió.

—¿De dónde sacaste esto?

—¿Importa?

—Esto es falso.

—¿Seguro?

Sacó su teléfono.

—Voy a llamar a mi abogado.

—Hazlo.

Marcó.

No contestaron.

Marcó otra vez.

Nada.

Entonces levantó la mirada.

—¿Qué quieres?

—La verdad.

—Ya te la dije.

—No.

Saqué una fotografía.

La puse junto al certificado.

—Esta es Rebecca.

Julian palideció.

—No sabes lo que estás haciendo.

—Eso me dijiste ayer.

—Ella está mintiendo.

—Entonces será fácil demostrarlo.

—Clara.

Su voz cambió.

—Podemos arreglar esto.

Me reí.

—¿Arreglar qué?

—Nuestro matrimonio.

—No existe.

—Claro que existe.

—Estás casado con otra mujer.

Julian bajó la voz.

—Eso se puede solucionar.

Sienna se quedó inmóvil.

—¿Qué acabas de decir?

Julian giró hacia ella.

—No te metas.

—Me dijiste que Rebecca estaba divorciada.

Julian no respondió.

Sienna abrió los ojos.

—Me mentiste.

—Sienna…

—¡Me dijiste que ya no estabas casado!

—Yo iba a arreglarlo.

Ella retrocedió.

—¿Ibas?

—Sí.

—¿Cuándo?

—Después de la transferencia.

La expresión de Sienna se volvió de horror.

—Entonces yo también era parte del plan.

Julian permaneció callado.

Ella me miró.

Por primera vez no vi arrogancia en sus ojos.

Vi miedo.

—Clara…

—No necesito que me pidas perdón.

—Pero…

—Tú sabías que estaba casado.

Sienna bajó la mirada.

—No sabía todo.

—Sabías suficiente.

Ella empezó a llorar.

Julian golpeó el escritorio.

—¡Ya basta!

En ese momento se abrió la puerta.

El padre de Julian entró.

Era un hombre elegante, de cabello gris y mirada fría.

—¿Qué está pasando?

Julian se quedó inmóvil.

—Papá…

Su padre vio los documentos.

Luego me miró.

—Clara.

—Señor Harper.

—Creo que esta conversación debe ser privada.

—Estoy de acuerdo.

Saqué mi teléfono.

—Por eso la grabé.

Julian palideció.

—¿Qué hiciste?

—Grabé todo desde que entré.

Su padre dio un paso adelante.

—Eso no va a servir.

Sonreí.

—Tal vez no.

Puse otro teléfono sobre la mesa.

—Pero esto sí.

Presioné reproducir.

La voz de Julian llenó la oficina.

*"Si logra casarse con ella, la propiedad será nuestra.""*

Silencio.

La grabación continuó.

La voz del padre de Julian apareció después.

*"No importa si ella te ama. Lo importante es que confíe en ti el tiempo suficiente.""*

Sienna se cubrió la boca.

Julian miró a su padre.

—¿De dónde sacaste eso?

—De mi madre.

Su padre palideció.

—Tu madre está muerta.

—Sí.

Le sostuve la mirada.

—Pero dejó todo preparado.

Julian retrocedió.

Entonces mi teléfono vibró.

Era Thomas.

Contesté.

—¿Sí?

—Clara, sal de esa oficina.

—¿Por qué?

—Acabo de recibir una copia del registro de la empresa.

—¿Y?

—Julian no es el propietario real de Harper Pacific Holdings.

Miré a Julian.

—¿Quién lo es?

Thomas guardó silencio un segundo.

—Su padre.

Sentí un escalofrío.

—Eso no puede ser.

—Hay algo más.

—¿Qué?

—La empresa recibió un depósito enorme ayer.

—¿De quién?

Thomas bajó la voz.

—De una cuenta a nombre de Sienna Brooks.

Miré a Sienna.

Ella estaba llorando.

—Sienna —dije lentamente—, ¿cuánto dinero transferiste?

Ella no respondió.

Julian la miró con furia.

—¿Qué hiciste?

—Yo no sabía…

—¡¿Qué hiciste?!

Sienna retrocedió.

—Tu padre me dijo que era necesario.

Todos miramos al señor Harper.

Por primera vez, su expresión perdió el control.

—Sienna, cállate.

Pero ella ya estaba llorando.

—Me dijo que si no transfería el dinero, me culparían por todo.

Julian se quedó inmóvil.

—¿Por todo qué?

Sienna lo miró.

—Por la desaparición de Rebecca.

El silencio fue absoluto.

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

—¿Qué acabas de decir? —pregunté.

Sienna se llevó las manos al rostro.

—Yo no la lastimé.

—¿Dónde está Rebecca? —preguntó Julian.

Sienna comenzó a llorar.

—No lo sé.

Su padre dio un paso hacia ella.

—Ya estuvo.

Pero antes de que pudiera decir otra palabra, las puertas de la oficina se abrieron.

Dos personas entraron.

Una llevaba una identificación oficial.

La otra era una mujer.

Una mujer que yo reconocí inmediatamente.

Rebecca.

Se quedó frente a Julian.

Él parecía haber visto un fantasma.

Rebecca levantó la cabeza.

—Hola, Julian.

Él no pudo hablar.

Rebecca dio un paso hacia él.

—Pensaste que nunca volvería.

Julian miró a su padre.

Después a Sienna.

Después a mí.

Y entendió demasiado tarde que su mentira más grande acababa de regresar para enfrentarlo.

Rebecca sacó un sobre.

—Y traje algo que tu padre creyó destruir hace siete años.

Lo dejó sobre la mesa.

—El contrato original.

Julian miró el sobre.

Rebecca sonrió sin alegría.

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—El que demuestra quién ordenó todo.

Y cuando ella señaló al padre de Julian, el hombre que siempre había controlado cada movimiento de su hijo dio un paso atrás por primera vez en su vida.

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