Chapter 4: La mujer que mi madre había estado esperando
El nombre escrito por mi madre pertenecía a una mujer que llevaba años escondiéndose de Julian, y cuando escuché su voz por teléfono entendí que mi matrimonio había sido una mentira desde mucho antes de la boda.
—¿Clara Bennett?
—Sí.
—Soy Elena Morales.
Me quedé en silencio.
—¿Usted conoció a mi mamá?
La mujer respiró profundamente.
—Sí. Y también conocí a Julian.
Sentí que el corazón me golpeaba contra las costillas.
—Necesito verla.
—No por teléfono.
—Estoy en Nueva York.
—Entonces toma el primer vuelo que puedas a Maui.
Miré el reloj.
—¿Por qué Maui?
—Porque Julian no vino solamente por negocios.
Mi cuerpo se tensó.
—¿Qué está planeando?
Elena tardó unos segundos en responder.
—Lo mismo que intentó hacer hace dos años.
—¿Qué hizo?
—Intentó quedarse con una propiedad que no le pertenecía.
Cerré los ojos.
—La casa de mi familia.
—Sí.
Mi mano apretó el teléfono.
—¿Cómo sabe eso?
—Porque yo trabajaba para la persona que iba a comprarla.
Sentí un escalofrío.
—¿Y qué pasó?
—Tu mamá descubrió todo.
La voz de Elena se quebró ligeramente.
—Y fue ella quien impidió la venta.
Miré hacia la ventana.
De pronto entendí por qué mi madre había investigado a Julian.
No había sido paranoia.
Había estado intentando protegerme.
—Elena, necesito que me cuente todo.
—Lo haré.
—¿Por qué no lo hizo antes?
Hubo un largo silencio.
—Porque tu mamá me pidió que esperara.
—¿Hasta cuándo?
—Hasta que tú misma descubrieras quién era Julian.
Me dolió escuchar esas palabras.
—Ya lo descubrí.
—No, Clara.
La mujer habló con una firmeza que me hizo estremecer.
—Todavía no has descubierto lo peor.
Dos horas después, Thomas estaba sentado frente a mí en mi sala.
Le mostré el mensaje de Elena.
—Voy a Maui.
—Lo imaginé.
—Necesito saber qué pasó antes de la boda.
Thomas negó lentamente.
—Yo también.
—Entonces vamos.
—No puedo acompañarte.
—¿Por qué?
—Tengo que detener varias transferencias aquí en Nueva York. Si Julian intenta mover dinero mientras estás fuera, quiero estar preparado.
—¿Y si me está esperando?
Thomas me miró.
—Probablemente.
—Eso no me tranquiliza.
—No pretendía hacerlo.
Me entregó un sobre.
—Aquí tienes tu boleto.
Lo miré.
—¿Ya lo compraste?
—Tu padre me pidió que no te dejara viajar sola.
—¿Quién va conmigo?
Thomas sonrió.
—Olivia.
Mi mejor amiga llegó veinte minutos después.
En cuanto entró, me abrazó.
—Mija, ¿qué demonios pasó?
—Te lo cuento en el avión.
—¿Tu esposo llevó a su secretaria a la luna de miel y tú ahora vas a perseguirlos hasta Hawái?
—No voy a perseguir a nadie.
Olivia levantó una ceja.
—Entonces, ¿qué vas a hacer?
Tomé el sobre con las cartas de mi madre.
—Voy a encontrar la verdad.
Mientras mi avión despegaba, Julian estaba sentado en la terraza de su hotel.
El océano brillaba frente a él.
Sienna estaba tomando café.
—¿Todavía no contesta?
Julian revisó su teléfono.
—No.
—¿Y si no firma?
—Firmará.
—Ya no estoy tan segura.
Él levantó la mirada.
—No me hagas repetirlo.
Sienna bajó la taza.
—Julian, tu cuenta está bloqueada. La transferencia está detenida y el abogado no contesta.
—Está resolviendo el problema.
—¿Qué problema?
Julian no respondió.
Sienna se inclinó hacia él.
—¿Clara hizo esto?
—Sí.
—Entonces ya sabe.
Julian apretó la mandíbula.
—Sabe una parte.
—¿Cuál?
—Que la quiero fuera de mi vida.
Sienna soltó una risa nerviosa.
—¿Y qué vas a hacer?
Julian la miró fijamente.
—Convencerla.
—¿Y si no quiere?
Él se levantó.
—Entonces tendrá que entender que no puede destruir mi futuro.
Sienna lo observó alejarse.
—Nuestro futuro —murmuró.
Julian se detuvo.
Giró lentamente.
—Sí.
Pero cuando volvió a caminar, su expresión revelaba algo diferente.
No estaba pensando en Sienna.
Estaba pensando en mí.
Aterrizamos en Maui poco después del mediodía.
El aire era cálido y húmedo.
Olivia respiró profundamente.
—Bueno. Al menos el clima está bonito.
Yo apenas la escuchaba.
Tenía una dirección escrita en una hoja.
Una pequeña casa cerca de una zona tranquila de la isla.
Elena Morales abrió la puerta.
Era una mujer de unos cincuenta años, con el cabello oscuro salpicado de canas y una expresión cansada.
En cuanto me vio, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Te pareces tanto a tu mamá.
Sentí un nudo en la garganta.
—Eso me dicen.
Elena me abrazó.
No nos conocíamos.
Pero lloramos como si hubiéramos esperado años para encontrarnos.
Cuando entramos, vi fotografías de mi madre sobre una repisa.
Ella aparecía riendo.
Más joven.
Más feliz.
—Ella venía aquí cuando necesitaba escapar de todo —dijo Elena.
Toqué una fotografía.
—¿Cuánto tiempo la conoció?
—Casi diez años.
Olivia se sentó.
—Señora Morales, necesitamos saber qué hizo Julian.
Elena asintió.
—Antes de conocer a Clara, Julian ya había intentado acercarse a tu familia.
Me senté frente a ella.
—¿Por qué?
—Por la propiedad de Maui.
—¿Solo por esa casa?
Elena negó.
—La casa no era lo importante.
Abrió un cajón.
Sacó unos documentos.
—Debajo de esa propiedad hay derechos comerciales que valen mucho más de lo que cualquiera imagina.
Miré los papeles.
—¿Qué derechos?
—Acceso a una zona costera donde existe un proyecto de desarrollo que tu familia rechazó hace años.
Olivia abrió los ojos.
—¿Y Julian quería ese proyecto?
—No exactamente.
Elena colocó una fotografía sobre la mesa.
Aparecía un grupo de empresarios.
—Quería vender los derechos a una compañía inmobiliaria.
Miré la imagen.
Julian estaba ahí.
Más joven.
A su lado estaba Sienna.
Pero eso no era lo que me sorprendió.
Reconocí al hombre detrás de ellos.
Era el padre de Julian.
—Entonces los dos estaban involucrados.
—Toda la familia.
Elena bajó la voz.
—Tu mamá descubrió que estaban intentando utilizar una empresa fantasma para adquirir la propiedad.
—¿Y ella los detuvo?
—Sí.
—¿Cómo?
Elena me miró.
—Presentó pruebas ante el consejo familiar y consiguió que la propiedad quedara protegida legalmente.
—¿Por cuánto tiempo?
Elena no respondió inmediatamente.
—Hasta que tú cumplieras treinta años.
Sentí un vacío en el pecho.
—¿Qué?
—Tu mamá modificó la estructura del fideicomiso.
Olivia se puso de pie.
—¿Qué significa eso?
Elena me miró directamente.
—Significa que Julian necesitaba casarse contigo antes de que cumplieras treinta.
Me quedé helada.
Mi cumpleaños número treinta era en cuatro meses.
De pronto todo tuvo sentido.
Su insistencia.
La boda apresurada.
Sus preguntas sobre mis propiedades.
Su obsesión con que firmara ciertos documentos.
No se había casado conmigo porque estuviera listo para pasar el resto de su vida a mi lado.
Se había casado conmigo porque tenía una fecha límite.
—Mi mamá lo sabía.
—Sí.
—¿Y yo no?
—Ella intentó decírtelo.
Mis lágrimas cayeron sobre la mesa.
—¿Por qué no pudo?
Elena bajó la mirada.
—Porque Julian descubrió que ella estaba investigando.
Olivia se quedó inmóvil.
—¿Qué pasó después?
Elena respiró profundamente.
—Tu mamá recibió amenazas legales. Después empezó a recibir llamadas anónimas. Y poco después murió.
Sentí que todo a mi alrededor se volvía silencioso.
—¿Está diciendo que Julian tuvo algo que ver con la muerte de mi mamá?
—No.
Elena negó con firmeza.
—No puedo afirmar eso.
Tomó mi mano.
—Pero sí puedo decirte que ella tenía miedo de él.
Mi teléfono vibró.
Un mensaje de Julian.
*"Sé que estás en Maui.""*
Le mostré la pantalla a Olivia.
Elena palideció.
—¿Cómo sabe?
No tuve tiempo de responder.
Llegó otro mensaje.
*"Te dije que no sabías con quién te estabas metiendo.""*
Y después uno más.
*"Regresa a Nueva York antes de que descubras cosas que no podrás deshacer.""*
Olivia miró a Elena.
—¿Qué hacemos?
Elena se levantó.
Caminó hasta una puerta al fondo de la casa.
La abrió.
Dentro había cajas.
Docenas.
—Tu mamá dejó todo esto para ti.
Me quedé paralizada.
—¿Todo?
—Todo lo que logró reunir sobre Julian.
Elena tomó una caja.
La colocó frente a mí.
—Pero hay una razón por la que nunca te la entregué.
—¿Cuál?
—Tu mamá me pidió que no abriera esta caja contigo a menos que Julian volviera a Maui.
Miré la caja.
—¿Por qué?
Elena me observó con lágrimas en los ojos.
—Porque dentro está la prueba de que Julian ya estaba casado cuando empezó a cortejarte.
Mi respiración se detuvo.
—¿Qué?
Elena señaló la caja.
—Ábrela.
Lo hice.
Y encima de todos los documentos había una fotografía.
Julian aparecía frente a una iglesia.
Vestía un traje negro.
Tomaba de la mano a una mujer que no era Sienna.
Ni yo.
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Y en el reverso de la fotografía había una fecha.
*Seis meses antes de que Julian me conociera.*