Chapter 13: Mi padre abrió la puerta que llevaba años manteniendo cerrada
La fotografía seguía sobre la mesa cuando mi padre entró en la habitación y comprendió, por mi expresión, que finalmente había visto aquello que había jurado esconderme.
—Clara…
Levanté la fotografía.
—¿Tú estuviste con mamá esa noche?
Mi padre no respondió.
Ese silencio fue peor que cualquier confesión.
—Papá, mírame.
Lo hizo.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Sí.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
—¿Por qué me mentiste?
—Porque tu madre me lo pidió.
—¡Todos dicen lo mismo!
Golpeé la mesa con la fotografía.
—¡Mi mamá me pidió que no supiera! ¡Margaret me pidió que no supiera! ¡Tú me pediste que no preguntara! ¿Quién más sabía lo que estaba pasando?
Mi padre bajó la cabeza.
—Nadie que pudiera ayudarte.
—Eso no es una respuesta.
Thomas permanecía detrás de mí.
—Daniel, ya no puede ocultarlo.
Mi padre lo miró.
—Lo sé.
Respiró profundamente.
—Yo vi a tu madre aquella noche.
—¿Dónde?
—En la oficina.
—¿Con quién?
Mi padre tardó unos segundos.
—Con el señor Harper.
El nombre me produjo un escalofrío.
—¿Y qué discutían?
—Tu madre tenía documentos.
—¿Qué documentos?
—Pruebas contra él.
—¿Y luego?
—Me pidió que sacara a Julian de la oficina.
Fruncí el ceño.
—¿Julian estaba ahí?
—Sí.
El mundo pareció detenerse.
—¿A esa hora?
—Sí.
—¿Y qué hacía?
Mi padre cerró los ojos.
—Escuchaba.
—¿Escuchaba qué?
—A sus padres.
—¿Sus padres?
—A Margaret y al señor Harper.
Sentí que no podía respirar.
—¿Margaret estaba ahí?
—No al principio.
—Entonces, ¿cuándo llegó?
—Después de que tu madre me llamó.
Mi padre caminó hasta la ventana.
—Clara, tu madre descubrió que Margaret estaba viva mucho antes de que tú supieras que existía esa posibilidad.
—¿Cómo?
—Margaret la contactó.
Me giré hacia ella.
—¿Es cierto?
Margaret asintió.
—Sí.
—¿Y tú sabías que Julian estaba ahí?
—No.
—¿Qué ocurrió cuando llegaste?
Margaret tragó saliva.
—Encontré a tu madre discutiendo con mi esposo.
—¿Y Julian?
—Estaba afuera.
Thomas preguntó:
—¿Qué pasó después?
Margaret miró a mi padre.
—Daniel llegó primero.
Mi padre asintió.
—Tu madre me entregó un sobre.
—¿Qué había dentro?
—Una copia del fideicomiso y una lista de transferencias.
—¿Y qué hiciste con eso?
—Lo escondí.
—¿Dónde?
—En un lugar que nadie relacionaría contigo.
—¿Dónde?
Mi padre señaló una fotografía familiar que estaba sobre el mueble.
—En la caja de música de tu madre.
Me acerqué.
Abrí el compartimiento inferior.
Vacío.
—Ya no está.
Mi padre palideció.
—¿Qué?
—La caja estaba en mi casa hasta hace una semana.
Thomas sacó su teléfono.
—Entonces alguien la tomó.
Me quedé inmóvil.
—¿Quién sabía dónde estaba?
Mi padre respondió:
—Tu madre.
—¿Y tú?
—Sí.
—¿Julian?
Mi padre dudó.
—No lo sé.
Entonces Margaret habló.
—Yo sí sé quién la tiene.
Todos la miramos.
—¿Quién?
Margaret tomó aire.
—El abogado.
Thomas negó.
—Pero el abogado huyó.
—No huyó.
—¿Qué quieres decir?
Margaret miró hacia la puerta.
—Lo mataron.
El silencio fue inmediato.
—¿Qué?
—El hombre que trabajaba para mi esposo nunca habría abandonado el país sin llevarse sus archivos.
Thomas palideció.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque me llamó anoche.
—¿Qué dijo?
—Que había encontrado el documento original.
El mismo documento que Sienna había mencionado.
—Entonces fue él quien envió el mensaje.
Margaret asintió.
—Y después desapareció.
Mi padre apretó los puños.
—Tenemos que encontrar esa caja.
Pasamos las siguientes horas revisando cada lugar donde mi madre había guardado documentos.
Nada.
Hasta que Olivia encontró una fotografía antigua.
—Clara.
Me acerqué.
Era una fotografía de mi madre frente a una pequeña casa.
—¿Dónde es eso?
Mi padre la reconoció.
—La cabaña.
—¿Qué cabaña?
—La que compramos antes de que nacieras.
—Nunca me hablaste de ella.
—Porque tu madre dejó de ir.
—¿Por qué?
Mi padre tomó la fotografía.
—Porque ahí ocurrió algo.
—¿Qué?
Me miró.
—Fue donde tu madre escondió a Margaret.
Todos nos quedamos callados.
Margaret se acercó.
—Yo viví ahí tres meses.
—¿Mientras todos creían que estabas muerta?
—Sí.
—Entonces quizá todavía haya algo.
Tomamos el primer vuelo disponible.
La cabaña estaba lejos de la ciudad, rodeada de árboles y caminos estrechos.
Cuando llegamos, la puerta estaba abierta.
Mi corazón se aceleró.
—Alguien estuvo aquí.
Thomas levantó una mano.
—Quédense detrás de mí.
Entramos.
El polvo cubría los muebles.
Pero sobre la mesa había una taza.
Todavía húmeda.
—No estamos solos —dijo Thomas.
Escuchamos un ruido en el segundo piso.
Mi padre quiso subir.
—Yo voy.
—No —dije.
Pero ya había subido.
Unos segundos después escuchamos:
—¡Clara!
Corrí.
Mi padre estaba frente a una habitación.
En el suelo había una caja.
La reconocí.
La caja de música.
—La encontramos.
Me arrodillé.
Pero antes de abrirla, escuchamos un automóvil alejándose.
Thomas corrió hacia la ventana.
—¡Alguien escapó!
Abrí la caja.
Dentro estaba el sobre.
Y una nota.
La letra era de mi madre.
*"Clara, si encontraste esto, ya no puedo protegerte. Ahora debes elegir en quién confiar.""*
Debajo había un segundo nombre.
No era Julian.
No era Margaret.
No era mi padre.
Era el nombre de la persona que menos esperaba encontrar.
*Olivia.*
Levanté la mirada lentamente.
Olivia estaba en la puerta.
Pálida.
—Clara…
No pude hablar.
Thomas se interpuso entre nosotras.
—¿Qué significa esto?
Olivia comenzó a llorar.
—Yo puedo explicarlo.
Mi padre se acercó.
—¿Desde cuándo sabes?
Olivia cerró los ojos.
—Desde antes de la boda.
Sentí un vacío en el pecho.
—¿Sabías quién era Julian?
—Sí.
—¿Y nunca me dijiste?
—Tu madre me lo pidió.
La miré con incredulidad.
—¿También ella?
Olivia negó rápidamente.
—No para protegerlo.
—Entonces, ¿para qué?
Olivia sacó un pequeño sobre de su bolso.
—Para protegerte de la persona que realmente estaba detrás de todo.
—¿Quién?
Olivia me miró.
—El padre de Julian no estaba usando a Julian.
Tragó saliva.
—Lo estaban usando a él.
Y entonces me entregó el sobre.
Dentro había una fotografía.
Mi madre aparecía junto a otra persona.
Una persona que conocía perfectamente.
Una persona que había estado a mi lado durante todo el proceso.
Mi padre.
Pero detrás de ellos aparecía una tercera figura.
El hombre que había oficiado mi boda.
El supuesto sacerdote.
Y en la fotografía, mi madre estaba entregándole un sobre.
La fecha era de seis años antes.
Mucho antes de que Julian apareciera en mi vida.
Thomas tomó la fotografía.
—Entonces esto empezó mucho antes.
Olivia asintió.
—Sí.
—¿Quién era ese hombre realmente?
Olivia susurró:
—El socio secreto de tu madre.
Y antes de que pudiera preguntarle algo más, las luces de la cabaña se apagaron.
Se escuchó el sonido de una puerta cerrándose.
Después, alguien habló desde la oscuridad.
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—Ya es suficiente.
Era Julian.