Calm

Chapter 5: La caja desaparecida y la mentira que destruyó la confianza de Dominic

A las doce y ocho de la madrugada, Clare Rowan comprendió que podía perder en una sola noche todo aquello que había intentado proteger durante seis años.

Su departamento estaba vacío.

La caja de su madre había desaparecido.

Y el hombre que había amenazado a Dominic seguía dentro de la mansión, probablemente observándolos desde algún pasillo.

—Quiero ir a mi casa —dijo Clare.

Dominic negó con la cabeza.

—Primero vamos a encontrar al hombre de la fotografía.

—¡Mi madre guardó esas cosas durante años! —Clare apretó los puños—. No eran documentos cualquiera. Eran lo único que me dejó.

—Lo sé.

—No, señor Vale. Usted no lo sabe.

Su voz temblaba, pero no retrocedió.

—Usted puede perder una empresa y comprar otra. Puede perder una casa y mudarse a otra mansión. Yo no puedo reemplazar a mi mamá.

Dominic aceptó el golpe sin defenderse.

—Tienes razón.

Clare pareció sorprendida.

Probablemente estaba acostumbrada a que las personas poderosas respondieran a sus reclamos con amenazas, excusas o dinero.

Dominic hizo una seña a Vincent.

—Prepara un vehículo. Vamos al departamento.

—Señor, antes necesito confirmar que el mensaje no sea una trampa.

—Entonces confirma mientras nos movemos.

Vincent vaciló.

—Si el hombre sigue dentro de la mansión, salir ahora podría dejarla vulnerable.

Dominic miró a Ellie, que acababa de despertar y escuchaba la conversación desde la cama.

La niña se frotó los ojos.

—¿Vamos a buscar la bolita?

Clare se arrodilló junto a ella.

—Vamos a buscar las cosas de la abuelita, mi amor.

Ellie abrazó su tablero.

—Yo también voy.

—No, mija. Tú te quedas aquí.

La pequeña frunció el ceño.

—Pero yo sé dónde está la parte que se abre.

Dominic se agachó frente a ella.

—Necesitamos que te quedes con una persona de confianza mientras tu mamá y yo resolvemos esto.

—¿Tú eres de confianza?

La pregunta lo tomó desprevenido.

Clare bajó la mirada.

Dominic sintió que la niña no estaba preguntando por cortesía. Quería saber si podía creerle a un hombre que había prometido protegerla sin poder garantizar que nadie la amenazara.

—Estoy intentando serlo —respondió.

Ellie lo estudió durante varios segundos.

Después extendió su tablero de madera.

—Entonces cuídalo.

Dominic lo recibió con ambas manos.

—Lo haré.

La niña se volvió hacia su madre.

—Y no tardes mucho.

Clare la abrazó antes de salir.

Vincent organizó la protección en menos de cinco minutos. Dos agentes se quedaron en la habitación de invitados y otros dos vigilaron el acceso al ala de servicio.

Dominic salió con Clare por una puerta lateral, acompañado por Vincent y un conductor.

La lluvia había disminuido, pero el cielo seguía cubierto de nubes oscuras.

Durante el trayecto, Clare permaneció mirando por la ventana.

—¿Qué decía la carta de su papá? —preguntó finalmente.

Dominic no apartó los ojos del camino.

—Que mi padre conocía a tu madre.

—¿Y qué más?

—Que Arthur estaba involucrado en algo que él no había autorizado.

Clare apretó las manos.

—Mi mamá decía que había personas que podían hacer daño sin levantar la voz.

Dominic volvió la cabeza.

—¿Te habló de Arthur?

—No por su nombre. Pero una vez, cuando yo tenía diecisiete años, la escuché llorar en la cocina. Estaba hablando por teléfono con alguien y le dijo que no podía seguir guardando ese secreto.

—¿Qué secreto?

—No lo sé. Cuando me vio, colgó y me pidió que olvidara lo que había escuchado.

Clare respiró hondo.

—Después empezó a trabajar desde casa. Nunca volvió a una oficina.

Dominic recordó la carta de Richard.

Elena había conservado copias de transacciones que Arthur intentó ocultar. Si había dejado documentos, era posible que contuvieran pruebas de delitos cometidos décadas atrás.

Pero ¿por qué habían permanecido ocultos durante tanto tiempo?

¿Y por qué Arthur seguía preocupado por ellos después de tantos años?

El vehículo se detuvo frente a un edificio modesto de tres pisos.

Clare bajó primero.

Subieron por una escalera estrecha hasta el segundo piso. El departamento era pequeño, con paredes color crema, una cocina abierta y fotografías familiares enmarcadas sobre un estante.

Dominic notó una imagen de Ellie cuando era bebé, sentada en las piernas de un hombre joven.

—¿Es su padre? —preguntó.

Clare miró la fotografía.

—Sí. Se llamaba Mateo.

—¿Qué pasó con él?

—Se fue cuando Ellie tenía un año. Al principio llamaba, después dejó de hacerlo. Un día regresó para recoger sus cosas y nunca volvió.

—¿Te amenazó?

—No. Simplemente decidió que no quería una familia.

Dominic no hizo más preguntas.

Había demasiadas formas de abandonar a alguien. Algunas eran violentas. Otras se ejecutaban cerrando una puerta y dejando que el silencio hiciera el resto.

Clare abrió el pequeño cuarto donde guardaba las cosas de su madre.

El espacio olía a papel viejo y lavanda.

En una repisa había libros, una caja de fotografías y un pequeño altar con una imagen de la Virgen de Guadalupe.

La caja metálica había estado debajo de la cama, escondida detrás de una maleta.

Ahora solo quedaba una marca rectangular en el polvo.

Clare se llevó las manos a la boca.

—Se la llevaron.

Vincent examinó la ventana.

—No parece que hayan forzado la cerradura.

—La puerta estaba cerrada cuando me fui —dijo Clare—. Nadie tiene llave, excepto yo.

Dominic miró el marco.

No había señales de que alguien hubiera intentado entrar por la fuerza.

—¿Quién más conocía la existencia de la caja?

—Nadie.

Clare se quedó inmóvil.

Después miró a Dominic.

—Excepto Arthur.

—¿Cómo pudo saberlo?

—Porque él fue quien me la entregó.

Dominic frunció el ceño.

—¿Qué?

Clare caminó hasta el armario y abrió un cajón.

Sacó una pequeña libreta de tapas azules.

—Después de que mi mamá murió, recibí una llamada de un hombre que dijo trabajar para el abogado de la familia Vale. Me entregó esta libreta y me dijo que mi mamá había dejado instrucciones para que yo conservara la caja.

—¿Y quién era ese hombre?

—Arthur Voss.

Dominic sintió que una nueva pieza encajaba en el rompecabezas.

Arthur había sabido de la caja desde el principio.

Quizá nunca había dejado de vigilar a Clare.

—¿Qué contiene la libreta? —preguntó.

Ella se la entregó.

En las primeras páginas había números de cuentas, fechas y nombres de empresas. Algunas anotaciones estaban escritas en español; otras, en inglés. Al final, una frase aparecía subrayada tres veces.

*La transferencia no fue autorizada por Richard. El beneficiario real es A. V.*

Dominic miró a Vincent.

—Averigua qué significan estos números.

Vincent fotografió las páginas y envió las imágenes a un analista financiero de confianza.

Mientras esperaban, Clare se acercó a una fotografía de su madre.

—No entiendo por qué no me dijo nada.

Dominic la observó.

—Quizá intentaba protegerte.

—¿De qué?

—De algo que ella no pudo resolver.

Clare negó con la cabeza.

—Siempre me decía que debía aprender a defenderme sola. Me enseñó a coser, a llevar las cuentas y a no aceptar dinero de alguien que me pidiera guardar un secreto. Pero nunca me explicó por qué.

Se sentó en la cama.

—Ahora siento que toda mi vida fue una mentira.

Dominic se quedó a su lado, sin tocarla.

—No toda tu vida.

—¿Cómo puede saberlo?

—Porque Ellie es real. Lo que has hecho por ella es real. Y ninguna mentira de Arthur puede cambiar eso.

Clare levantó la mirada.

Durante un instante, pareció a punto de decir algo más.

Pero el teléfono de Vincent sonó.

El analista había encontrado una coincidencia.

Los números correspondían a una cuenta de una empresa de transporte que había cerrado hacía más de veinte años. La empresa había recibido varias transferencias de una filial de los Vale.

El último movimiento se había realizado dos días antes del accidente de Richard.

El beneficiario era una sociedad registrada a nombre de un intermediario financiero.

Vincent abrió el documento adjunto.

—Señor, hay algo raro.

Dominic se acercó.

—¿Qué?

—La sociedad beneficiaria cambió de propietario seis meses después del accidente. El nuevo propietario era una empresa controlada por Arthur Voss.

Clare se puso de pie.

—Entonces mi mamá tenía razón.

Dominic asintió lentamente.

Pero el análisis no había terminado.

El teléfono de Vincent vibró de nuevo.

Esta vez el mensaje procedía de la mansión.

*Encontramos al hombre de los zapatos negros.*

Dominic llamó inmediatamente.

—¿Quién es?

La respuesta de su jefe de seguridad fue breve.

—Se llama Peter Lawson. Trabaja en mantenimiento desde hace ocho años.

—¿Lo detuvieron?

—Sí. Pero antes de que pudiéramos interrogarlo, pidió hablar con usted.

Dominic sintió que la situación comenzaba a moverse demasiado rápido.

—¿Qué dijo?

Vincent guardó silencio un instante.

—Dijo que no manipuló su rodillera. Asegura que solo recibió instrucciones para retirar una pieza de su habitación.

—¿De quién?

—De Arthur Voss.

Dominic miró a Clare.

Ella parecía a punto de desmayarse.

—¿Y la caja de su madre? —preguntó Dominic.

Vincent tardó en responder.

—Peter dice que nunca la vio.

Clare cerró los ojos.

Dominic sabía que podía estar mintiendo.

Pero había algo más importante.

—Pregúntale quién le entregó las instrucciones.

—Ya lo hice.

—¿Y?

La respuesta llegó con un ruido de fondo.

—Dice que las recibió de una mujer.

Dominic sintió que la sangre se le helaba.

—¿Qué mujer?

Vincent pronunció el nombre despacio.

—Angela Pierce. La técnica de rehabilitación que inspeccionó su rodillera la mañana del sabotaje.

El doctor Mercer había mencionado a Angela como una de las últimas personas que revisaron el equipo.

Y ahora Peter Lawson afirmaba que ella había participado en el plan.

Dominic apretó los dientes.

—Quiero que nadie la interrogue sin mí presente.

—Entendido.

Antes de terminar la llamada, Vincent añadió algo más.

—Señor, Peter también afirma que la caja metálica no fue robada del departamento de Clare.

Dominic miró a la mujer.

—¿Entonces dónde está?

La respuesta fue tan inesperada que ninguno de los dos supo qué decir.

—Dice que la caja ya estaba en la mansión cuando él recibió la orden de manipular la rodillera.

Clare sintió que las piernas le fallaban.

Dominic la sostuvo del brazo para evitar que cayera.

La caja de Elena Salgado no había desaparecido después de que comenzara la investigación.

Había sido trasladada antes.

Y alguien había utilizado el departamento de Clare para fabricar una escena que los obligara a buscar en el lugar equivocado.

—Regresamos a la mansión —ordenó Dominic.

Clare tomó la fotografía de su madre y la guardó en el bolso.

Pero antes de salir, encontró un papel doblado debajo de la libreta azul.

Era una nota escrita con la letra de Elena.

Solo contenía una frase.

*Si Arthur vuelve a acercarse a ti, busca al hombre que Richard llamó su segundo hijo.*

Dominic leyó la nota dos veces.

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Su padre nunca había mencionado a otro hijo.

Y si existía alguien a quien Richard consideraba parte de su familia, esa persona podía tener la clave de todo.

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