Calm

Chapter 12: El enemigo detrás de Evelyn

La llegada del desconocido cambió el ambiente de la casa en segundos.

Grant cerró todas las puertas.

Mallory tomó a Poppy entre sus brazos.

Clara llamó al abogado.

Marina se quedó junto a la ventana.

Evelyn permanecía sentada.

Por primera vez, no parecía tener el control.

—¿Quién es? —preguntó Grant.

Marina respondió:

—Se llama Victor Hale.

Grant frunció el ceño.

—¿Quién es?

—Un antiguo socio de tu padre.

—¿Y qué quiere?

Marina miró a Evelyn.

—Lo mismo que ella.

Evelyn levantó la cabeza.

—No sabes nada.

Marina soltó una risa amarga.

—Sé más de lo que quisieras.

Mallory apretó a Poppy.

—¿Qué quiere de mi hija?

Marina la miró.

—El fideicomiso.

—¿Por qué?

—Porque Victor ayudó a Evelyn a ocultar la existencia de Clara.

Grant se quedó inmóvil.

—¿Él sabía que Clara estaba viva?

—Sí.

Clara cerró los ojos.

—Él fue quien me encontró aquella noche.

Grant la miró.

—¿Qué?

Clara respiró profundamente.

—Cuando escapé, él me encontró.

—¿Y qué hizo?

—Me llevó con Marina.

—¿Por qué?

—Porque tu papá se lo pidió.

Grant frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué ahora está contra nosotros?

Clara miró a Evelyn.

—Porque tu padre murió.

Mallory entendió.

—Y ya no tiene nada que perder.

Marina asintió.

—Exactamente.

El abogado se puso de pie.

—Necesitamos sacar a la niña de aquí.

Grant asintió.

—Vamos.

Pero antes de llegar a la puerta, un automóvil frenó afuera.

Todos se quedaron inmóviles.

Mallory miró por la ventana.

Un hombre bajó.

Alto.

Canoso.

Traje oscuro.

Caminó hacia la casa como si conociera perfectamente el lugar.

Evelyn cerró los ojos.

—Victor.

Grant se colocó frente a Mallory.

—No va a entrar.

El abogado negó.

—Déjalo entrar.

Grant lo miró.

—¿Está loco?

—Necesitamos que hable.

—Puede ser peligroso.

—No aquí.

El abogado señaló el despacho.

—Hay cámaras.

Grant entendió.

Victor tocó la puerta.

Evelyn se levantó.

—No abras.

Grant la miró.

—Ahora sí quieres que no lo deje entrar.

Ella bajó la cabeza.

—No sabes de lo que es capaz.

—Entonces cuéntame.

Evelyn guardó silencio.

Victor tocó otra vez.

Grant abrió.

—¿Qué quiere?

Victor sonrió.

—Hablar con Evelyn.

—Ya no decide nada aquí.

Victor miró por encima del hombro de Grant.

—Entonces supongo que tendré que hablar contigo.

Entró.

Mallory sintió un escalofrío.

Victor la miró.

Después miró a Poppy.

—Así que esta es la niña.

Grant se puso delante.

—No te acerques.

Victor sonrió.

—Tranquilo.

—No voy a repetirlo.

Victor levantó las manos.

—No vine por ella.

Mallory sabía que mentía.

—Entonces ¿por qué estás aquí?

Victor miró a Evelyn.

—Porque ella no terminó el trabajo.

Evelyn apretó los labios.

—Cállate.

—No.

Victor se sentó.

—Ya estoy cansado de protegerte.

Grant se quedó de pie.

—¿Qué trabajo?

Victor lo miró.

—Tu madre me pidió que encontrara a Clara.

Clara dio un paso adelante.

—Ya me encontró.

Victor la miró.

—Sí.

—Entonces ¿por qué fingiste que estaba muerta?

—Porque eso era lo que Evelyn necesitaba.

Grant apretó los puños.

—¿Para qué?

Victor respiró profundamente.

—Para que el fideicomiso pasara a control de ella.

El abogado negó.

—Eso no era posible.

—No directamente.

Victor sonrió.

—Pero sí mediante una cadena de empresas.

Grant lo miró.

—¿Qué empresas?

Victor sacó una carpeta.

—Empresas que tu padre creó para proteger el dinero.

Mallory sintió un escalofrío.

—¿Y Evelyn?

—Las fue tomando una por una.

Grant miró a su madre.

—¿Cuánto dinero robaste?

Evelyn negó.

—No robé nada.

Victor soltó una risa.

—Claro que no.

Abrió la carpeta.

Había transferencias.

Contratos.

Firmas.

Pagos.

Millones de pesos.

Grant pasó las páginas.

—Esto...

El abogado tomó una hoja.

—Hay documentos suficientes para iniciar una investigación.

Evelyn se levantó.

—¡No!

Grant la miró.

—¿Por qué no?

—Porque no entiendes.

—Entonces explícame.

Evelyn comenzó a llorar.

—Tu padre iba a dejarme sin nada.

—¿Y eso justificaba todo?

—Yo había construido esta familia.

Clara respondió:

—No.

Evelyn la miró.

—Tú no sabes lo que sacrificamos.

—¿Sacrificamos?

Clara dio un paso adelante.

—Me hiciste desaparecer.

—Te protegí.

—Me quitaste mi nombre.

—Porque era necesario.

—Me dijiste que mi papá había muerto.

Evelyn empezó a temblar.

—Tu padre...

—¡Mi padre estaba vivo!

Clara lloraba.

—Y tú me hiciste creer que me había abandonado.

Grant se acercó.

—¿Por qué?

Clara miró a Evelyn.

—Porque ella quería que odiara a mi papá.

Mallory sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Para que nunca reclamara mi parte.

Clara asintió.

—Exactamente.

Victor se levantó.

—Y ahora hay un problema.

Grant lo miró.

—¿Cuál?

—Poppy.

Mallory abrazó a su hija.

—No la metas en esto.

—Ella es la llave.

—¿De qué?

Victor miró al abogado.

—Del control de las acciones.

El abogado negó.

—No.

Victor señaló los documentos.

—Léalo.

El abogado revisó una cláusula.

Su expresión cambió.

—No puede ser.

Grant se acercó.

—¿Qué dice?

—Si la beneficiaria principal es menor de edad, la administración temporal pasa a un tutor designado.

Mallory sintió un escalofrío.

—¿Quién es el tutor?

El abogado bajó la mirada.

—Evelyn.

Todo quedó en silencio.

Grant miró a su madre.

—Tú hiciste esto.

Evelyn lloró.

—Solo quería asegurarme de que el dinero no cayera en manos equivocadas.

Mallory respondió:

—¿Y qué manos eran las correctas?

Evelyn no dijo nada.

Victor sonrió.

—Las suyas, por supuesto.

Grant miró al abogado.

—¿Cómo impedimos que tenga control sobre Poppy?

—Tenemos que demostrar que no es apta para administrar el fideicomiso.

Mallory sintió un rayo de esperanza.

—Tenemos las fotografías.

—Tenemos las falsificaciones —dijo Daniel.

—Tenemos las declaraciones —añadió Lauren.

Clara levantó la mano.

—Y yo puedo declarar.

Victor negó.

—No será suficiente.

Todos lo miraron.

—¿Por qué?

Victor sacó un documento.

—Porque Evelyn no es la única persona que tiene derecho sobre ese fideicomiso.

Grant frunció el ceño.

—¿Quién más?

Victor colocó el papel sobre la mesa.

—El segundo beneficiario.

Mallory miró el documento.

Había un nombre.

*Alexander Calder.*

Grant palideció.

—Mi hermano no existe.

Victor levantó la mirada.

—Eso crees.

Mallory sintió un escalofrío.

—¿Otro hijo?

Evelyn cerró los ojos.

Grant la miró.

—Mamá.

Ella no respondió.

—¿Tengo otro hermano?

Silencio.

—¡Mamá!

Evelyn finalmente habló.

—Sí.

Grant retrocedió.

—¿Dónde está?

Evelyn miró a Victor.

Victor sonrió.

—Eso es lo que queremos encontrar.

Clara frunció el ceño.

—No.

—¿Qué?

—Alexander murió.

Todos se giraron hacia ella.

Grant preguntó:

—¿Cómo lo sabes?

Clara miró a Evelyn.

—Porque yo estaba ahí.

Evelyn se puso de pie.

—¡Clara!

—Ya no voy a protegerte.

Clara respiró profundamente.

—Alexander no murió.

Grant quedó paralizado.

—Entonces ¿dónde está?

Clara respondió:

—En México.

Mallory apretó a Poppy contra su pecho.

—¿Dónde?

Clara miró hacia la puerta.

—Muy cerca.

En ese momento, alguien tocó.

Tres golpes.

Lentos.

Todos se quedaron inmóviles.

Grant miró a Victor.

Victor no parecía sorprendido.

—¿Quién es? —preguntó Grant.

Una voz masculina respondió desde afuera.

—Soy Alexander.

Evelyn cerró los ojos.

Grant se quedó sin respiración.

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La puerta comenzó a abrirse.

Y por primera vez, Mallory comprendió que la guerra que había empezado con una simple galleta estaba a punto de revelar el secreto más grande de la familia Calder.

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