Chapter 14: La verdad que nadie esperaba escuchar
Richard no estaba en su oficina.
Tampoco estaba en la sala de juntas.
Su computadora seguía encendida.
El café sobre su escritorio todavía estaba caliente.
—Se fue hace poco —dijo Daniel.
Arthur miró la carpeta.
—¿Qué hacemos?
—No tocamos nada más.
Daniel llamó a las autoridades.
Mientras esperábamos, encontré un sobre debajo del teclado.
Tenía mi nombre.
Lo abrí.
Dentro había una copia de un documento.
Era un contrato de compraventa de Maple Ridge.
Pero esta vez no aparecía mi firma.
Aparecía la de mi papá.
Mi sangre se heló.
—Papá.
Arthur tomó el documento.
—Yo nunca firmé esto.
Daniel lo revisó.
—La firma también es falsa.
—Entonces están falsificando documentos de todos.
—Sí.
Arthur respiró profundamente.
—¿Por qué?
Daniel señaló la cifra.
—Porque alguien quiere crear la impresión de que la propiedad cambió de manos legalmente.
Rebecca miró el contrato.
—¿Y después?
Daniel respondió:
—Venderla a un tercero.
—¿Por qué?
—Para hacer desaparecer el vínculo con Maya.
Arthur apretó la mandíbula.
—Y quedarse con los setecientos cincuenta mil.
—Y probablemente usar el dinero para cubrir otras operaciones.
La policía llegó poco después.
Entregamos los documentos.
El investigador revisó la grabación de la cámara.
—Esto cambia mucho las cosas.
Arthur preguntó:
—¿Puede arrestar a Richard?
—No todavía.
—¿Por qué?
—Necesitamos localizarlo y verificar la evidencia.
Mi papá apretó los puños.
—¿Y Samuel?
—También será investigado.
El investigador miró a Denise.
—¿Usted sabe dónde puede estar?
Denise negó.
—No.
Entonces su teléfono sonó.
Todos volteamos.
Denise miró la pantalla.
Su rostro se volvió blanco.
—Es Samuel.
El investigador extendió la mano.
—Conteste.
Denise obedeció.
—¿Bueno?
La voz de Samuel sonó tranquila.
—¿Encontraron la grabación?
Denise cerró los ojos.
—Sí.
—Entonces ya sabes que Richard está acabado.
El investigador hizo una señal para que mantuviera la llamada.
—¿Qué quieres? —preguntó Denise.
—Quiero que Maya vaya sola a la oficina del centro.
Arthur negó con la cabeza.
Samuel continuó:
—Si no viene, publico todos los documentos.
Denise preguntó:
—¿Qué documentos?
—Los que demuestran que Arthur sabía de las transferencias.
Mi papá abrió los ojos.
—Está mintiendo —susurró.
Samuel siguió:
—Y también tengo pruebas de que Denise participó desde el principio.
Denise comenzó a llorar.
—No lastimes a Maya.
—Yo no quiero lastimarla.
Samuel soltó una risa.
—Quiero que firme.
El investigador escribió algo en una libreta.
Samuel añadió:
—Y dile a Arthur que no llame a nadie.
La llamada terminó.
El investigador miró a todos.
—No iremos solos.
Daniel preguntó:
—¿Dónde quiere que vaya?
—A la oficina del centro.
Arthur negó.
—Maya no irá.
Yo lo miré.
—Sí voy.
—No.
—Papá, lleva años controlando nuestras decisiones.
—Precisamente por eso.
—No quiero seguir huyendo.
Daniel intervino.
—Podemos usar esto como una oportunidad para detenerlo.
El investigador asintió.
—Pero Maya no estará sola.
Prepararon todo.
Yo entré al edificio acompañada discretamente.
Samuel estaba en el último piso.
La puerta estaba abierta.
Entré.
Él estaba junto a la ventana.
Era más joven de lo que había imaginado.
Elegante.
Tranquilo.
Y completamente seguro de sí mismo.
—Maya.
—Samuel.
Sonrió.
—Te pareces mucho a tu madre.
—No la menciones.
Su sonrisa desapareció.
—Tienes carácter.
—Tengo preguntas.
—Hazlas.
—¿Por qué mataron a mi mamá?
Samuel se quedó quieto.
—Yo no la maté.
—Pero ordenaste que manipularan su auto.
—Eso fue Richard.
—Tú lo sabías.
—Sí.
—Y Denise también.
Samuel asintió.
—Denise cometió muchos errores.
—¿Y tú?
—Yo hice negocios.
Sentí rabia.
—Usaste mi nombre.
—Porque eras la heredera.
—Intentaste robarme.
—No.
Sonrió.
—Intenté recuperar lo que consideraba mío.
—Nunca fue tuyo.
—Tu mamá se quedó con dinero que pertenecía a varias personas.
—Eso es mentira.
Samuel se acercó.
—Tu madre no era una santa.
Saqué el teléfono.
La conversación estaba siendo grabada.
—Repítelo.
Él frunció el ceño.
—¿Qué?
—Di que mi mamá robó dinero.
Samuel dio un paso atrás.
—No seas ingenua.
—Tú mismo lo dijiste.
Su expresión cambió.
—¿Dónde está Arthur?
—A salvo.
—¿La policía?
No respondí.
Samuel miró hacia la puerta.
Entonces escuchamos sirenas.
Su rostro se transformó.
—¿Qué hiciste?
—Nada.
Sonreí por primera vez.
—Solo vine a escucharte.
Samuel intentó salir.
Dos agentes aparecieron.
—Samuel Reed, queda detenido para ser interrogado.
Él miró hacia mí.
—Esto no termina aquí.
—Sí termina.
—No tienes idea de lo que hay en esos documentos.
—Tal vez no.
Hice una pausa.
—Pero ahora la policía sí.
Se lo llevaron.
Yo bajé.
Mi papá me abrazó tan fuerte que casi no podía respirar.
—Nunca vuelvas a hacer algo así.
—Tenía que hacerlo.
—Me asustaste.
—Lo siento.
Arthur me miró.
—Estoy orgulloso de ti.
Por primera vez, esas palabras no me dolieron.
Me dieron paz.
Pero cuando regresamos a casa, Daniel nos esperaba con una noticia.
—Encontraron a Richard.
Arthur se quedó inmóvil.
—¿Dónde?
—En el aeropuerto.
—¿Iba a escapar?
Daniel negó.
—No.
—Entonces, ¿qué hacía?
Daniel dejó una carpeta sobre la mesa.
—Intentaba entregar algo.
Abrió la carpeta.
Dentro había documentos originales.
Y una fotografía.
Era mi mamá.
Pero esta vez estaba con Richard.
Y detrás de ellos había otra persona.
Mi papá se quedó mirando.
—No puede ser.
—¿Quién es? —pregunté.
Arthur no respondió.
Daniel sí.
—El socio que fundó la empresa con tu papá.
—¿Mi papá tenía un socio?
Arthur asintió lentamente.
—Sí.
—¿Qué pasó con él?
Arthur tragó saliva.
—Murió antes de que tú nacieras.
Daniel colocó otra fotografía.
El hombre aparecía junto a mi mamá.
Pero había una fecha escrita detrás.
La misma fecha del día en que se creó el fideicomiso.
Arthur tomó la fotografía.
—Este hombre no murió cuando yo pensé.
Yo lo miré.
—¿Qué quieres decir?
Mi papá levantó los ojos.
—Lo vi morir.
Silencio.
—¿Entonces quién era el hombre enterrado bajo su nombre?
Nadie respondió.
Daniel sacó el último documento.
—Esa es la pregunta que tenemos que resolver.
Y debajo del documento aparecía un nombre que ninguno de nosotros había mencionado antes.
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*Thomas Carter.*
Mi abuelo.