Chapter 7: La caja que podía destruir a una familia entera
La amenaza llegó justo cuando Diego pensaba que por fin había encontrado todas las respuestas.
Pero la verdad era más peligrosa de lo que imaginaba.
Durante treinta años, su familia había vivido rodeada de secretos.
Y ahora alguien estaba dispuesto a proteger esos secretos a cualquier precio.
Diego miró la pantalla del teléfono de Elena una y otra vez.
"Dejen de buscar. La próxima vez no habrá advertencias.""
Cada palabra parecía una piedra sobre su pecho.
—¿Quién tiene este número? —preguntó.
Elena negó lentamente.
—No lo sé.
Arturo tomó el teléfono y revisó el mensaje.
Su expresión cambió.
—Esto no es una amenaza cualquiera.
Diego lo miró.
—¿Qué quieres decir?
Arturo señaló la pantalla.
—La persona que envió esto sabe dónde estamos. Sabe que Elena está contigo.
Javier se puso de pie.
—Entonces nos están siguiendo.
El silencio fue inmediato.
Elena abrazó sus brazos, nerviosa.
Por primera vez desde que la había encontrado, Diego vio algo que le dolió más que cualquier secreto.
Vio miedo en su mamá.
La mujer que había sobrevivido treinta años escondida todavía tenía miedo.
Y eso despertó algo dentro de él.
No era solamente enojo.
Era protección.
—Ya no vas a esconderte más.
Elena levantó la mirada.
—Diego…
—Pasaste toda tu vida huyendo para protegerme.
Hizo una pausa.
—Ahora me toca protegerte a mí.
Por primera vez, Elena sonrió entre lágrimas.
Pero Arturo interrumpió el momento.
—Tenemos que irnos.
Todos lo miraron.
—¿A dónde? —preguntó Javier.
—A buscar la caja.
Diego frunció el ceño.
—Pensé que nadie sabía dónde estaba.
Arturo tomó la carpeta de documentos.
—Ramón Salgado era un hombre obsesivo. Siempre tenía planes de respaldo.
—¿Y dónde la escondió?
Arturo sacó un mapa antiguo.
Lo extendió sobre la mesa.
Era un dibujo de la vieja propiedad de los Salgado.
Diego observó con atención.
—La casa de la subasta.
Arturo asintió.
—La caja está ahí.
Diego recordó el sótano.
La habitación escondida.
Las cartas.
Todo.
—Entonces regresamos.
Horas después, volvieron a Guadalajara.
La casa estaba oscura.
El cielo anunciaba una tormenta.
Mientras caminaban hacia la entrada, Diego sintió una sensación extraña.
Como si aquella casa hubiera estado esperando ese momento durante décadas.
Entraron al sótano.
Arturo revisó las paredes.
—Ramón no escondía cosas en lugares obvios.
Javier alumbraba con una lámpara.
—¿Y dónde escondería algo importante?
Arturo miró alrededor.
—En un lugar que nadie quisiera tocar.
Diego recordó algo.
La habitación donde encontró las cartas de Elena.
La mesa vieja.
La manta.
Se acercó a una pared.
—Aquí.
Los demás se acercaron.
Había una pequeña marca en la madera.
Arturo sacó una herramienta y comenzó a abrir una parte del panel.
Después de unos minutos, apareció un espacio vacío.
Dentro había una caja metálica.
Diego sintió un nudo en la garganta.
La sacaron lentamente.
Tenía un candado.
Pero no necesitaban una llave.
Sobre la tapa había grabadas unas iniciales.
E.R.
Elena Ramírez.
Diego miró a su mamá.
Ella comenzó a llorar.
—Esa caja era mía.
Todos quedaron sorprendidos.
—¿Tuya? —preguntó Diego.
Elena asintió.
—Antes de desaparecer, guardé ahí todo lo que podía probar la verdad.
Arturo la miró.
—Pensé que se había perdido.
Elena negó.
—Ramón me la quitó.
Diego abrió el candado.
Dentro había documentos, fotografías y una grabadora vieja.
También había una carta.
Su nombre estaba escrito en ella.
"Para Diego.""
Sus manos comenzaron a temblar.
Abrió el sobre.
"Mi hijo, si estás leyendo esto, significa que finalmente alguien encontró la verdad.""
Diego respiró profundamente.
"Quiero que sepas algo. Nunca dejé de buscar una manera de volver contigo.""
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Continuó leyendo.
"Pero hay una persona a la que debes conocer. Alguien que creyó que podía protegernos haciendo daño.""
Diego frunció el ceño.
¿Quién?
Antes de terminar la carta, escucharon un ruido.
Un golpe fuerte arriba.
Todos se quedaron quietos.
Javier apagó la lámpara.
—Otra vez no estamos solos.
Subieron rápidamente.
La puerta principal estaba abierta.
El viento movía las cortinas.
Pero no había nadie.
Entonces Diego vio algo sobre la mesa.
Una fotografía.
Era la misma imagen de Patricia.
Pero ahora tenía algo escrito detrás.
"Pregúntale qué hizo la noche que Elena desapareció.""
Diego apretó la fotografía.
Arturo cerró los ojos.
—Sabía que esto pasaría.
Diego volteó.
—¿Qué sabes?
Arturo tardó en responder.
—Que la persona que más te ha ayudado también tiene el secreto más grande.
En ese momento, el teléfono de Diego sonó.
Era Patricia.
Contestó.
—¿Dónde estás?
La voz de ella estaba desesperada.
—Diego, necesito verte.
—¿Por qué?
Silencio.
Luego Patricia respondió:
—Porque ya sé que encontraste la caja.
Diego sintió un escalofrío.
—¿Cómo lo sabes?
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La respuesta de Patricia cambió todo.
—Porque yo fui quien la escondió.
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