Calm

Chapter 3: El regreso del pasado

La frase de su padre quedó grabada en la mente de Diego.

"Tu mamá podría seguir viva.""

Durante horas caminó por la casa sin poder descansar.

Miraba las cartas.

La fotografía.

La vieja medalla.

Todo parecía decirle que su vida había sido construida sobre una mentira.

Javier lo encontró sentado en la cocina con una taza de café fría entre las manos.

—No has dormido nada.

Diego negó con la cabeza.

—¿Tú qué harías si descubrieras que toda tu vida fue una mentira?

Javier se quedó callado.

—Buscaría la verdad.

Diego levantó la mirada.

—Aunque duela.

—Aunque duela.

Esa mañana fueron a encontrarse con su padre.

Vivía en una pequeña casa en las afueras de Guadalajara.

Cuando Diego tocó la puerta, un hombre mayor apareció.

Su cabello estaba completamente blanco.

Pero sus ojos eran los mismos.

Los ojos que Diego recordaba de su infancia.

—Hijo…

Diego no respondió.

—Pasa.

Entraron.

La casa era sencilla.

En una esquina había un altar pequeño con una imagen de la Virgen de Guadalupe y una fotografía de Elena.

Diego la vio.

—¿Por qué tiene esa foto?

Su padre bajó la mirada.

—Porque nunca dejé de esperarla.

—¿Esperarla? ¿Después de decirle a todos que se había ido?

El hombre cerró los ojos.

—Cometí errores.

—No fueron errores. Fueron decisiones.

El silencio fue doloroso.

Finalmente, su padre habló.

—Tu mamá descubrió que Ramón Salgado estaba usando los negocios para perjudicar a muchas familias.

—Ya sé eso.

—No sabes todo.

El hombre caminó hacia un viejo mueble y sacó una libreta.

—El día que Elena desapareció, ella vino conmigo.

Diego sintió un golpe en el pecho.

—¿Ella vino con usted?

—Sí.

—Entonces usted sabía.

Su padre comenzó a llorar.

—Yo sabía que estaba en peligro.

—¿Y qué hizo?

No hubo respuesta.

Eso fue lo peor.

Diego entendió.

Su padre había elegido callar.

—Usted la abandonó.

—No quería hacerlo.

—Pero lo hizo.

El hombre tomó aire.

—Intenté protegerte.

—No me protegió. Me quitó a mi mamá.

Las palabras quedaron suspendidas.

Después de unos segundos, su padre entregó la libreta.

—Aquí está todo.

Diego la abrió.

Había nombres.

Fechas.

Direcciones.

Y una última página.

Un lugar.

Una pequeña comunidad cerca de Puebla.

—¿Qué es esto?

Su padre lo miró.

—El lugar donde vi a Elena por última vez.

Diego sintió miedo.

Pero también esperanza.

Antes de irse, su padre lo detuvo.

—Hay algo más.

Diego volteó.

—Ramón Salgado no actuó solo.

—¿Quién estaba con él?

El hombre tragó saliva.

—Alguien de nuestra propia familia.

Diego recordó la fotografía.

Su padre.

Elena.

Ramón.

Pero faltaba alguien.

—¿Quién?

Su padre miró hacia la puerta.

—Patricia.

Diego quedó inmóvil.

No podía creerlo.

La mujer que parecía estar ayudándolo.

La mujer que decía sentirse culpable.

¿También era parte de la mentira?

Cuando regresó a la casa subastada, encontró a Patricia esperándolo.

Ella parecía saber que algo había cambiado.

—Ya hablaste con tu padre.

Diego la miró con desconfianza.

—¿Por qué nunca me dijiste toda la verdad?

Patricia se quedó quieta.

—¿Qué te dijo?

—Que tú sabes más de lo que aparentas.

Los ojos de Patricia se llenaron de lágrimas.

—No quería que lo descubrieras así.

—Entonces dime cómo fue.

Ella tomó una respiración profunda.

—Porque la verdad es peor de lo que imaginas.

Diego no apartó la mirada.

—Habla.

Patricia sacó una llave antigua de su bolsillo.

—Tu mamá no desapareció por culpa de mi padre solamente.

—¿Entonces quién?

Patricia extendió la llave.

—La persona que la escondió durante todos estos años todavía vive.

Diego tomó la llave lentamente.

—¿Dónde lleva?

Patricia miró hacia la vieja casa.

—A una habitación que nadie ha abierto desde hace treinta años.

Y en ese momento, desde el interior de la casa, se escuchó un golpe.

Como si alguien hubiera estado escuchando toda la conversación.

Diego y Patricia entraron rápidamente.

La puerta del sótano estaba abierta.

Una puerta que antes no existía.

Y sobre el suelo había una fotografía reciente.

No era vieja.

No estaba dañada.

Era una imagen tomada hacía apenas unos días.

En ella aparecía una mujer mayor mirando hacia la cámara.

Diego dejó de respirar.

Porque aunque habían pasado más de treinta años…

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él reconoció esa mirada.

Era la mirada de su mamá.

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