Calm

Chapter 11: El hombre que regresó de entre los recuerdos

La noticia cambió completamente el rumbo de la investigación.

Alejandro estaba vivo.

O al menos lo había estado veinte años atrás.

Para Diego era imposible entenderlo.

Toda su vida había escuchado una sola versión.

Alejandro había muerto.

Pero ahora esa historia también estaba rota.

—Explícame.

Diego miró a Arturo.

—Todo.

Arturo permaneció de pie frente a la ventana.

Parecía luchar contra sus propios recuerdos.

—Después de que Elena desapareció, todos pensamos que Ramón había ganado.

—¿Y Alejandro?

—Alejandro desapareció.

—¿Por qué?

Arturo suspiró.

—Porque descubrió que Ramón estaba dispuesto a destruir a cualquiera que intentara enfrentarlo.

Elena se acercó.

—¿Dónde lo viste?

Arturo bajó la mirada.

—En una clínica pequeña cerca de Querétaro.

Diego frunció el ceño.

—¿Estaba enfermo?

—No.

Pausa.

—Estaba escondido.

Elena quedó inmóvil.

—¿Por qué nunca me dijiste?

Arturo la miró con culpa.

—Porque pensé que buscarlo solo te pondría en peligro.

Diego negó.

—Otra vez lo mismo.

Todos lo miraron.

—Todos creen que protegerme significa ocultarme la verdad.

Nadie pudo contradecirlo.

Esa misma tarde, Diego decidió ir a buscar a Alejandro.

No porque quisiera respuestas.

Porque necesitaba cerrar heridas.

Necesitaba mirar a los ojos al hombre que había sido parte de su historia.

Viajaron hacia Querétaro.

El camino fue largo.

Nadie habló demasiado.

Cada uno estaba atrapado en sus pensamientos.

Cuando llegaron a la pequeña clínica, preguntaron por un hombre llamado Alejandro.

La recepcionista dudó.

—¿Quién pregunta?

Diego respondió:

—Su hijo.

La mujer lo miró sorprendida.

Después de unos segundos, señaló un pasillo.

—Habitación 12.

Diego sintió que sus piernas pesaban.

Caminó lentamente.

Cada paso era como acercarse a una vida que nunca tuvo.

Abrió la puerta.

Un hombre mayor estaba sentado junto a la ventana.

Tenía un libro en las manos.

Al escuchar la puerta, volteó.

Y se quedó completamente inmóvil.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Diego…

Esa palabra fue suficiente.

Diego no sabía cómo reaccionar.

Ese hombre lo conocía.

—¿Sabías que iba a venir?

Alejandro negó.

—No.

Su voz era tranquila.

—Pero siempre supe que algún día llegarías.

Diego entró.

—¿Por qué todos me ocultaron que estabas vivo?

Alejandro bajó la mirada.

—Porque yo también tuve miedo.

Diego sintió rabia.

Otra vez.

—¿Miedo?

Alejandro asintió.

—Miedo de que Ramón te encontrara.

—Ramón murió.

—Lo sé.

Hizo una pausa.

—Pero dejó personas que todavía siguen su trabajo.

Diego se quedó callado.

—Quiero saber quién soy.

Alejandro sonrió con tristeza.

—Esa es la pregunta más difícil.

Sacó una caja pequeña.

Dentro había cartas.

—Tu mamá escribió muchas cosas sobre ti.

Diego tocó las cartas.

—¿Por qué las tienes tú?

Alejandro miró hacia la ventana.

—Porque Elena me pidió que las guardara.

Diego sintió un nudo.

—Entonces ustedes dos…

Alejandro asintió.

—Nos amábamos.

No había dolor en su voz.

Solo tristeza.

—Pero nuestra historia terminó antes de empezar.

Diego abrió una de las cartas.

Era de Elena.

"Si algún día Diego conoce a Alejandro, quiero que sepa que ambos hombres lo amaron.""

Diego dejó escapar el aire lentamente.

Toda su vida había buscado un culpable.

Pero había encontrado personas rotas.

Personas que habían cometido errores.

Personas que habían intentado sobrevivir.

Alejandro habló:

—Hay algo más que debes saber.

Diego levantó la mirada.

—¿Qué?

Alejandro sacó un documento.

—Ramón no murió por casualidad.

Diego frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Antes de morir, estaba buscando algo.

—¿Qué?

Alejandro miró la puerta.

Como si temiera que alguien escuchara.

—Una prueba que podía destruir a una persona con mucho poder.

Diego tomó el documento.

Era un nombre.

Un nombre que no esperaba.

Arturo Valdés.

Diego sintió un escalofrío.

—¿Arturo?

Alejandro asintió.

—Él sabe más de lo que te ha contado.

En ese momento, el teléfono de Diego vibró.

Era un mensaje.

De Arturo.

"Necesito hablar contigo. No confíes en Alejandro.""

Diego miró la pantalla.

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Luego al hombre frente a él.

La verdad parecía cambiar cada vez que pensaba haberla encontrado.

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