Chapter 7: La verdad que el padre de Dominic enterró durante treinta años
Dominic Vale descubrió que su padre había ocultado algo sobre su nacimiento justo cuando una fotografía amenazaba con demostrar que el niño desaparecido y la familia Vale estaban unidos por un secreto mucho más oscuro que una simple traición.
La pulsera hospitalaria seguía abierta en la pantalla del teléfono de Vincent.
El nombre era inequívoco: Dominic Vale.
Sin embargo, la fecha impresa coincidía con la del nacimiento de Mateo Rowan.
—Esto no tiene sentido —murmuró Clare—. Usted es mucho mayor que mi hermano.
Dominic no contestó.
Miraba la fotografía enviada junto con la amenaza. La pulsera parecía auténtica. El formato del hospital también correspondía al que utilizaban varias instituciones médicas de Chicago décadas atrás.
Pero el documento tenía una fecha reciente.
Alguien había querido que lo vieran.
—Vincent, localiza el origen del mensaje.
—Ya lo intenté. La conexión pasó por varios servidores, pero hay una pista. La fotografía fue tomada dentro de un edificio que pertenece a la fundación.
Dominic levantó la cabeza.
—¿Cuál?
—Todavía no lo sé. Estoy comparando las paredes y los sistemas de iluminación con los registros de nuestras instalaciones.
Clare apretó entre los dedos la carta de su madre.
—¿Y si su padre tuvo otro hijo?
Dominic la miró.
—Mi padre murió convencido de que yo era su único hijo.
—Eso no significa que fuera cierto.
La frase lo golpeó con más fuerza de la que habría querido admitir.
Dominic había construido su identidad sobre una historia familiar aparentemente sencilla. Su padre, Richard Vale, había fundado las primeras empresas. Su madre había muerto cuando él era joven. Y él había heredado el apellido, las propiedades y las responsabilidades que venían con ellos.
Nunca había encontrado una razón para cuestionar su nacimiento.
Pero aquella pulsera sugería que alguien había utilizado su nombre para registrar a un bebé en la misma fecha en que Mateo había desaparecido.
—Hay una forma de comprobarlo —dijo finalmente.
Clare lo miró.
—¿Cuál?
—Los archivos originales del hospital donde nací.
Vincent negó con la cabeza.
—Si Arthur tuvo acceso a los documentos de la fundación durante tantos años, pudo haber alterado también esos registros.
—Entonces buscaremos los libros físicos.
Dominic guardó la carta en el bolsillo interior de su saco.
—Quiero que alguien revise el archivo histórico del hospital. No un empleado de la fundación. Un investigador independiente.
Vincent asintió y salió para hacer las llamadas.
Clare permaneció junto a la mesa.
—¿Y si descubre algo que no quiere saber?
Dominic la miró con una expresión cansada.
—He pasado años creyendo que conocer la verdad era suficiente para controlar las consecuencias. Ahora solo quiero saber qué ocurrió.
Antes de que Clare pudiera responder, un guardia apareció en la puerta.
—Señor Vale, llegó un paquete dirigido a usted. No tiene remitente.
Dominic no permitió que lo llevaran directamente a su despacho. Ordenó que lo revisaran siguiendo el protocolo de seguridad y que documentaran cada paso.
El paquete contenía un sobre grueso, una llave pequeña y una fotografía antigua.
En la imagen aparecían dos mujeres frente a una habitación de hospital.
Una era Elena Rowan, la madre de Clare.
La otra era una mujer de cabello claro que Dominic reconoció inmediatamente.
Su madre.
La fotografía parecía tomada décadas atrás, mucho antes de que Dominic comenzara a dirigir las empresas familiares.
En el reverso, una frase escrita a mano decía:
*«Las dos prometieron proteger a los niños. Solo una sabía lo que realmente estaban protegiendo».*
Clare observó la imagen durante varios segundos.
—Mi mamá nunca me habló de ella.
Dominic sintió un nudo en el estómago.
—Mi madre murió cuando yo tenía dieciséis años. Nunca mencionó a Elena Rowan.
—Tal vez no podían hacerlo.
Dominic tomó la llave.
Tenía una pequeña etiqueta de metal con un número grabado: 317.
Vincent regresó poco después.
—La llave corresponde a una caja de seguridad en el archivo histórico del hospital donde usted nació.
Dominic miró a Clare.
—Parece que alguien quiere que encontremos algo.
—O que encontremos exactamente lo que esa persona quiere que creamos.
Él asintió.
—Por eso no vamos a confiar en una sola prueba.
Una hora después, Dominic, Clare y Vincent llegaron al hospital histórico, una construcción de ladrillo rojo que había sido ampliada y remodelada varias veces. La institución seguía funcionando, aunque su archivo antiguo se encontraba en un edificio administrativo separado.
El director, un hombre llamado doctor Michael Grant, los recibió en una sala privada.
—Señor Vale, su solicitud es bastante inusual —dijo—. Los registros de nacimiento están protegidos por normas estrictas.
Dominic colocó sobre la mesa una copia de la pulsera hospitalaria.
—Necesito verificar la autenticidad de este documento y revisar los registros asociados a mi nacimiento.
Grant examinó la pulsera.
Su expresión cambió.
—Este formato se utilizaba aquí hace décadas.
—¿Y la numeración?
El director acercó el documento a la luz.
—La secuencia parece correcta. Pero hay algo extraño.
—¿Qué?
—El número de expediente pertenece a una serie que se utilizaba para nacimientos múltiples o registros vinculados. No significa necesariamente que los bebés fueran gemelos. También se empleaba cuando había expedientes médicos relacionados.
Clare sintió que las piernas le fallaban.
—¿Puede decirnos si hubo dos bebés registrados ese día?
Grant se levantó.
—Necesitaré consultar los libros originales.
Los condujo hasta una sala protegida donde se almacenaban cajas de documentos antiguos. Después de revisar varios índices, encontró un libro encuadernado en tela oscura.
Lo abrió sobre una mesa.
Dominic observó cómo el director recorría las páginas hasta detenerse en una entrada.
El hombre dejó de pasar hojas.
—Aquí hay dos registros.
Clare se acercó.
El primero correspondía a Dominic Vale.
El segundo había sido añadido en una columna lateral, con tinta de otro color.
El nombre original estaba parcialmente tachado.
Solo se distinguían dos palabras.
Mateo Rowan.
—¿Qué significa esto? —preguntó Dominic.
Grant estudió la anotación.
—Ambos expedientes están vinculados al mismo registro de ingreso materno.
—¿La misma madre? —preguntó Clare.
El director negó lentamente con la cabeza.
—No necesariamente. El código puede referirse a una unidad médica compartida. Pero el segundo expediente fue modificado posteriormente.
Dominic señaló una firma.
—¿Quién autorizó el cambio?
Grant examinó el nombre.
—Richard Vale.
El padre de Dominic.
Debajo aparecía una segunda firma.
Arthur Voss.
Clare retrocedió.
—Ellos estaban juntos desde el principio.
Dominic sintió que el aire se volvía pesado.
—¿Qué decía el registro original?
Grant pasó a la página siguiente.
Allí había una anotación mecanografiada, parcialmente cubierta por una etiqueta adhesiva.
El director no la retiró. En cambio, solicitó autorización para consultar el documento relacionado en el archivo de admisiones.
Mientras esperaban, Clare observó la fotografía de las dos mujeres.
—¿Cree que nuestras mamás sabían lo que hicieron?
Dominic miró a su madre en la imagen.
—No lo sé. Pero quiero creer que, si participaron en algo, fue para proteger a los niños.
—Yo también quiero creerlo.
El director regresó con una carpeta delgada.
—Encontré el expediente complementario. Sin embargo, falta la página donde debería aparecer la identidad del segundo recién nacido.
Dominic apretó la mandíbula.
—¿Quién retiró la página?
—El registro indica que fue extraída por orden administrativa hace muchos años. La autorización está archivada.
Grant abrió una hoja adicional.
La orden llevaba el sello de la dirección del hospital y una firma que Clare reconoció inmediatamente.
No era la de Arthur.
Era la de Elena Rowan.
Clare se quedó sin palabras.
—Mi mamá pidió que retiraran esa página.
Dominic leyó el documento completo.
La solicitud indicaba que la información debía permanecer reservada hasta que se resolviera una disputa de custodia.
No explicaba cuál era la disputa ni quién había presentado la reclamación.
—¿Existe alguna copia de la página original? —preguntó.
Grant negó con la cabeza.
—En este archivo, no.
Vincent, que había permanecido junto a la puerta, recibió una llamada.
Escuchó durante unos segundos y después se acercó a Dominic.
—Jefe, encontramos algo sobre Patricia Wynn.
—¿Qué?
—Su automóvil fue visto cerca de una instalación de la fundación hace dos horas. Un guardia asegura que entró por la puerta de servicio y no volvió a salir.
Clare se puso de pie.
—¿Está allí?
—Es posible.
Dominic cerró el expediente.
—¿Qué instalación?
Vincent le mostró una dirección.
Dominic reconoció el lugar inmediatamente.
Era el centro médico privado que había recibido a Mateo después de su traslado.
Pero el informe de la fundación afirmaba que el edificio llevaba seis semanas cerrado.
—Prepara el automóvil —ordenó.
El director del hospital intervino.
—Señor Vale, no puede llevarse estos documentos.
Dominic le entregó una copia de la solicitud.
—No me los llevaré. Quiero que conserve los originales y registre cualquier intento de acceso. Si alguien solicita modificar estos expedientes, comuníquese directamente conmigo y con las autoridades competentes.
Grant asintió.
Cuando salieron, Clare llevaba la fotografía de su madre y la madre de Dominic entre las manos.
—Si Mateo y usted están relacionados, ¿por qué nadie se lo dijo?
Dominic miró por la ventana del automóvil.
—Tal vez porque la verdad habría cambiado todo.
—¿Qué podría cambiar más que la desaparición de un niño?
Él no respondió.
El centro médico se encontraba en una zona tranquila, detrás de una verja metálica. Las ventanas estaban oscuras y un letrero anunciaba que las instalaciones permanecerían cerradas por remodelación.
Sin embargo, había un automóvil estacionado junto a la entrada lateral.
Vincent ordenó a los guardias que rodearan el edificio y verificaran las salidas.
Dominic y Clare entraron por la puerta principal, acompañados por personal de seguridad.
El vestíbulo estaba vacío.
En el mostrador de recepción encontraron un libro de visitas abierto.
La última entrada tenía apenas dos horas de antigüedad.
Patricia Wynn.
Junto a su nombre aparecía una firma y un número de habitación.
317.
Dominic sacó la llave del paquete.
Clare lo miró.
—Es el mismo número.
Él asintió.
Siguieron el pasillo hasta una puerta metálica.
La llave encajó.
Dentro había una habitación pequeña, con una cama, una silla y un archivador. Sobre la cama descansaba una manta infantil doblada con cuidado.
Clare la reconoció inmediatamente.
Era la misma manta blanca que aparecía en la fotografía del bebé.
Se acercó lentamente y la tocó.
—Mi mamá la compró antes de que naciera Mateo.
Dominic abrió el archivador.
Encontró varias carpetas, fotografías y una caja con cintas de audio.
En la primera carpeta aparecía un nombre escrito a mano.
*«Custodia de emergencia: expediente original».*
Debajo había una segunda línea.
*«No abrir hasta que Dominic conozca la verdad sobre su nacimiento».*
Dominic levantó la cabeza.
Alguien había preparado aquel lugar para él.
Pero antes de que pudiera abrir la carpeta, escucharon un golpe en el corredor.
Vincent salió de inmediato.
Un guardia apareció al final del pasillo.
—¡Señor Hale! ¡Encontramos a una mujer en la escalera de servicio!
Dominic salió de la habitación.
—¿Es Patricia?
El guardia negó con la cabeza.
—No. Es la doctora Rebecca Shaw.
La directora de la fundación estaba viva.
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Y cuando vio a Clare, pronunció una frase que dejó a todos inmóviles.
—No busquen a Mateo como si fuera el único niño desaparecido. El verdadero secreto es que uno de los hermanos Vale fue registrado con el nombre de otra familia.