Chapter 6: La mujer que conocía el verdadero nombre de Mateo
A las cuatro de la mañana, Dominic recibió una llamada que cambió por completo el rumbo de la investigación.
No era Rebecca Shaw.
Tampoco era Vincent.
Era un número privado, sin identificación, que sonó mientras Dominic revisaba los documentos recuperados del automóvil.
Contestó sin hablar.
Durante tres segundos solo escuchó respiración.
Después, una mujer susurró:
—Señor Vale, si todavía quiere encontrar al niño, tiene que dejar de confiar en los registros de su fundación.
Dominic se puso de pie.
—¿Quién habla?
—Alguien que cometió el error de creer que podía guardar silencio para siempre.
—Dígame su nombre.
—No por teléfono.
—Entonces dígame dónde está.
La mujer guardó silencio.
—¿Conoce a Mateo Rowan?
—Sí.
Dominic apretó el teléfono.
—¿Está vivo?
—La última vez que lo vi, sí.
Clare, que estaba sentada al otro extremo de la mesa, levantó la cabeza al escuchar el nombre de su hermano.
Dominic hizo una señal para que guardara silencio.
—¿Dónde lo vio?
—En una instalación médica al norte de la ciudad. Pero ya no está allí.
—¿Quién se lo llevó?
—Un hombre que llevaba documentos firmados por usted.
Dominic sintió una punzada de rabia.
—Esos documentos son falsos.
—Lo sé.
—¿Cómo lo sabe?
—Porque yo preparé el expediente original.
Clare se llevó una mano a la boca.
Dominic se acercó a la ventana.
—Necesito que se reúna conmigo.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque Arthur Voss sabe que estoy viva.
La llamada se cortó.
Dominic permaneció inmóvil durante varios segundos.
Después llamó a Vincent.
—Quiero que rastrees esa llamada. También necesito una lista de todas las empleadas que trabajaron en la fundación durante el traslado de Mateo.
—¿Tenemos un nombre?
—No. Pero tenemos a alguien que preparó el expediente original y afirma saber quién se llevó al niño.
—Voy a investigar.
Dominic colgó.
Clare se acercó lentamente.
—¿Era alguien que sabe dónde está Mateo?
—Sí.
—¿Quién era?
—No lo dijo.
Clare se apoyó en el borde de la mesa.
—¿Y si no vuelve a llamar?
Dominic observó la fotografía del niño.
—Entonces encontraremos otra forma de llegar a ella.
—¿Cómo puede estar tan seguro?
Él no respondió inmediatamente.
No estaba seguro.
Solo sabía que, después de once semanas de mentiras, había llegado el momento de dejar de esperar que la verdad apareciera por voluntad propia.
A las seis de la mañana, Vincent regresó con una carpeta y un nombre.
—Encontramos a la persona que podría haber preparado el expediente —dijo—. Se llama Patricia Wynn. Trabajó como coordinadora de admisiones en la fundación durante nueve años.
—¿Dónde está ahora?
—Renunció hace seis semanas. Desde entonces no aparece en ningún registro laboral.
Dominic abrió la carpeta.
Había una fotografía de una mujer de cabello castaño, lentes delgados y expresión seria.
Clare la observó durante unos segundos.
—La conozco.
Dominic levantó la cabeza.
—¿De dónde?
—La vi una vez en el hospital, la noche en que desapareció mi hermano. Estaba hablando con un hombre cerca de la entrada de servicio.
—¿Reconociste al hombre?
Clare cerró los ojos, intentando recordar.
—Era alto. Llevaba un abrigo oscuro. No le vi bien la cara.
—¿Y Patricia?
—Ella me vio. Cuando le pregunté por Mateo, me dijo que no debía estar allí.
Dominic se inclinó hacia adelante.
—¿Por qué no lo mencionaste antes?
Clare lo miró con dolor.
—Porque no sabía su nombre. Pensé que era una empleada del hospital. Y porque, cuando regresé a casa, alguien había entrado en mi departamento.
Dominic guardó silencio.
Había demasiadas piezas conectadas entre sí.
Patricia había preparado el expediente. Arthur había autorizado el traslado. Leonard había manipulado la férula. Rebecca había encontrado un registro adicional y luego desaparecido.
Y alguien había utilizado la firma de Dominic para hacer que todo pareciera legal.
—Quiero encontrar a Patricia antes que Arthur —dijo.
Vincent asintió.
—Hay una dirección asociada con su último contrato de arrendamiento. Un apartamento en Evanston.
—Vamos.
Clare se levantó.
—Yo también voy.
Dominic la miró.
—No has dormido en toda la noche.
—Tampoco usted.
—Yo estoy acostumbrado.
—Y yo estoy acostumbrada a que me digan que espere mientras otras personas deciden qué pasa con mi familia.
Dominic no insistió.
A las siete, los tres salieron de la mansión con dos vehículos de seguridad. Ellie se quedó bajo la protección de una cuidadora que había trabajado durante años para la familia Vale.
Antes de irse, Clare se arrodilló junto a su hija.
—Voy a buscar a tu tío, mi amor.
Ellie le acomodó el cuello del abrigo.
—Y no dejes que el señor malo te encuentre.
Clare sonrió con tristeza.
—No lo haré.
La niña miró a Dominic.
—Tú tampoco dejes que te lastimen la pierna.
Él inclinó la cabeza.
—Lo prometo.
Ellie levantó un dedito.
—Las promesas se cumplen.
Dominic sintió que aquella frase pesaba más que cualquier contrato firmado en sus oficinas.
—Esta sí —respondió.
El apartamento de Patricia se encontraba en un edificio pequeño, rodeado de árboles y estacionamientos estrechos. La puerta estaba cerrada, pero había luz bajo el marco.
Vincent llamó dos veces.
Nadie respondió.
Después de identificarse y confirmar que existían razones suficientes para solicitar asistencia, contactó a la administración del edificio. Una vecina salió al pasillo y dijo que no había visto a Patricia desde hacía varios días.
Dominic observó una pequeña caja junto a la puerta.
Dentro había sobres sin abrir y un recibo de una farmacia.
Uno de los sobres llevaba escrito su apellido.
Vale.
Vincent lo recogió con guantes y revisó el exterior.
—No tiene remitente.
Dominic abrió el sobre con cuidado.
Dentro encontró una sola hoja.
«Si está leyendo esto, significa que Arthur no logró cerrar todas las puertas. Busque el libro azul que pertenecía a su padre. La verdad sobre Mateo está en las páginas que fueron arrancadas».
Dominic leyó la nota otra vez.
El libro azul.
Recordó la carpeta encontrada en el archivo subterráneo y los documentos antiguos que su padre guardaba en el despacho principal. Pero aquello no era una carpeta.
Era un libro de contabilidad que había visto muchas veces durante su infancia.
Su padre lo llevaba a las reuniones importantes y jamás permitía que nadie lo tocara.
Tras su muerte, el libro había desaparecido.
—Tenemos que regresar a la mansión —dijo Dominic.
Clare lo miró.
—¿Cree que el libro puede decirnos dónde está mi hermano?
—Creo que mi padre sabía más de lo que nos han contado.
—¿Y si Arthur también lo sabe?
Dominic guardó la nota.
—Entonces tenemos que encontrarlo antes que él.
De regreso en la propiedad, Vincent ordenó revisar el despacho privado de Dominic. Las puertas estaban cerradas y los sistemas de seguridad no mostraban señales de acceso forzado.
Pero sobre el escritorio había una taza de café recién preparada.
Dominic no había estado allí desde la noche anterior.
—¿Quién entró? —preguntó.
Vincent revisó el registro.
—Nadie utilizó una tarjeta de acceso.
—Entonces alguien conoce el código.
Dominic se acercó a la biblioteca empotrada que ocupaba una pared completa. Había libros de arquitectura, historia empresarial y derecho. Detrás de ellos, su padre había instalado una caja fuerte oculta que Dominic no utilizaba desde hacía años.
La abrió con una combinación antigua.
Dentro encontró carpetas, un reloj de bolsillo y una caja de madera.
El libro azul no estaba.
Clare observó la caja.
—¿Qué hay ahí?
Dominic la abrió.
Había varias fotografías familiares, cartas y un sobre sellado con una etiqueta escrita a mano:
*«Para Dominic. Solo si Mateo vuelve a ser buscado».*
Dominic sintió que el pecho se le apretaba.
Rompió el sello.
Dentro encontró una carta de su padre, fechada muchos años atrás.
La primera línea decía:
«Hijo, si alguna vez alguien pregunta por el niño Rowan, no permitas que Arthur responda por ti».
Dominic leyó el resto en silencio.
Su padre explicaba que había descubierto irregularidades en la administración de la fundación. Algunas transferencias se utilizaban para pagar servicios que no aparecían en los informes públicos. Había encontrado expedientes de menores cuyos nombres habían sido cambiados después de ingresar en centros médicos privados.
Mateo Rowan era uno de ellos.
Pero el documento no afirmaba que Arthur hubiera secuestrado al bebé.
Decía que el niño había sido colocado bajo una custodia temporal para protegerlo de una persona que buscaba utilizarlo como instrumento de chantaje.
Dominic levantó la mirada.
—¿Qué significa esto?
Clare tomó la carta con manos temblorosas.
—¿Mi hermano necesitaba protección?
—Eso parece.
—¿De quién?
Dominic continuó leyendo.
La siguiente página estaba incompleta. Alguien había arrancado el borde inferior, llevándose el nombre de la persona que representaba el peligro.
Solo quedaba una frase:
«Si el niño vuelve a aparecer, no confíes en quien afirme que lo hace por amor».
Clare retrocedió.
—¿Mi mamá sabía esto?
—No lo sé.
—¿Y si ella también estaba intentando protegerlo?
Dominic miró las fotografías dentro de la caja.
Había una imagen de su padre junto a Elena Rowan, mucho más joven, sosteniendo un sobre. En el reverso aparecía una fecha y una anotación:
«Elena acepta mantener la verdad oculta hasta que el niño esté a salvo».
Clare comenzó a llorar.
—Mi mamá no lo abandonó.
Dominic negó con la cabeza.
—No parece que lo hiciera.
Durante años, Clare había imaginado que su madre había perdido a Mateo por culpa de personas que querían dinero o poder. Ahora existía la posibilidad de que Elena hubiera participado voluntariamente en un plan para protegerlo, sin saber que aquel plan terminaría convirtiéndose en una pesadilla.
—¿Por qué no me lo contó? —susurró.
Dominic dejó que sostuviera la fotografía.
—Tal vez creyó que, si no sabías nada, no podrían obligarte a revelar lo que ignorabas.
Clare apretó la imagen contra su pecho.
—Entonces murió protegiéndolo.
—Es posible.
Un ruido en el pasillo los hizo volverse.
Vincent apareció en la puerta con un teléfono en la mano.
—Jefe, Patricia acaba de llamar.
Dominic se acercó.
—¿Dónde está?
—No quiso decirlo. Pero aceptó reunirse con nosotros.
—¿Cuándo?
—En una hora.
—¿Dónde?
Vincent miró la pantalla.
—En una iglesia abandonada cerca de Evanston.
Clare frunció el ceño.
—¿Por qué allí?
—Dice que es el único lugar donde Arthur no puede escucharla.
Dominic tomó su abrigo.
—Prepara el automóvil.
Pero antes de que salieran, el teléfono de Vincent recibió una segunda notificación.
Era una fotografía enviada desde un número desconocido.
En ella aparecía Patricia Wynn, sentada en una silla, con las manos apoyadas sobre las rodillas.
Detrás de ella había una pared blanca.
A su lado, un hombre sostenía una hoja con una frase escrita en letras grandes.
*«El libro azul no es la única cosa que tu padre escondió».*
Dominic acercó la imagen.
En la esquina inferior se veía una pulsera hospitalaria.
La misma que habían encontrado en el archivo.
Solo que esta vez llevaba otro nombre.
*Dominic Vale.*
Clare dejó de respirar por un instante.
—¿Por qué tiene su nombre?
Dominic no respondió.
En ese momento, el teléfono volvió a vibrar.
Un mensaje breve apareció debajo de la fotografía.
«Si quieres conocer la verdad sobre Mateo, pregunta quién nació primero».
Dominic sintió que el pasado acababa de abrirse bajo sus pies.
Porque la fecha de nacimiento de Mateo no coincidía con los registros.
Porque su padre había escondido documentos sobre el niño.
Y porque, por primera vez, alguien estaba insinuando que el bebé desaparecido no era el único que había sido registrado con una identidad falsa.
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*La pregunta ya no era dónde estaba Mateo Rowan.*
Era quién había nacido primero, quién había sido cambiado de nombre y qué vínculo podía existir entre el niño desaparecido y la familia Vale.