Calm

Chapter 5: El hombre escondido detrás de la puerta

El primer disparo no llegó a escucharse porque nadie disparó un arma.

Fue una lámpara de emergencia la que cayó al suelo cuando alguien chocó contra una mesa en la oscuridad.

Pero el ruido bastó para que Clare gritara y buscara a Ellie por puro instinto, aunque su hija seguía en la biblioteca, protegida por dos guardias.

Dominic reaccionó de inmediato.

—¡Vincent!

—¡Aquí!

Una luz roja de emergencia se encendió en el corredor. Apenas iluminaba los rostros, pero permitió distinguir una silueta junto a la puerta secundaria del archivo.

Vincent se lanzó hacia ella.

El desconocido intentó escapar.

Hubo un golpe seco, pasos apresurados y una maldición ahogada. Cuando las luces principales volvieron a encenderse, Vincent tenía a un hombre contra la pared.

Era Leonard Price, el técnico que aparecía en el registro de accesos al área de rehabilitación.

Dominic lo reconoció por las fotografías de personal que había visto durante la tarde.

—Suéltame —gruñó Leonard—. No tienes autoridad para detenerme.

Vincent le sujetó las muñecas.

—Entraste a un área restringida durante un cierre de seguridad.

—Me mandaron a revisar el sistema eléctrico.

Dominic se acercó.

—¿Quién te mandó?

Leonard miró hacia la mesa.

—El señor Voss.

—Arthur está bajo vigilancia. ¿Cómo recibiste la orden?

—Por teléfono.

—¿Desde qué número?

Leonard apretó los labios.

Vincent lo registró y encontró un teléfono, una tarjeta de acceso y una memoria portátil.

Dominic tomó la memoria.

—¿Qué contiene?

—No es mía.

—No te pregunté de quién es. Te pregunté qué contiene.

Leonard intentó apartar la mirada.

—Archivos técnicos.

Dominic le entregó la memoria a Vincent.

—Revísala.

Después volvió a mirar al técnico.

—¿Qué estabas haciendo en este archivo?

—Ya se lo dije. Me mandaron a revisar el sistema eléctrico.

—Las luces se apagaron justo cuando apareció un documento sobre la eliminación de la identidad de un niño.

Leonard no respondió.

—¿Conoces a Mateo Rowan?

El hombre levantó la cabeza demasiado rápido.

Dominic comprendió que había encontrado algo.

—Así que sí lo conoces.

—No sé de qué está hablando.

—¿Quién te pagó para manipular mi férula?

Leonard palideció.

Clare se quedó inmóvil.

—¿Él hizo eso? —preguntó.

Dominic no apartó los ojos del técnico.

—Todavía no lo sabemos.

—¡Yo no toqué su férula! —protestó Leonard.

—Entonces explícame por qué acabas de reaccionar como si supieras exactamente de qué te estoy hablando.

Leonard comenzó a respirar con dificultad.

—Yo solo recibí instrucciones.

—¿De quién?

—No puedo decirlo.

—Sí puedes.

Dominic hizo una señal a Vincent.

El jefe de seguridad sacó al técnico del archivo y lo condujo a una sala de entrevistas. No lo golpearon ni lo amenazaron. Le retiraron el teléfono, documentaron los objetos que llevaba consigo y llamaron a un abogado independiente para supervisar el interrogatorio.

Dominic sabía que un hombre asustado podía mentir.

Pero también sabía que un hombre convencido de que su secreto lo protegería podía cometer errores.

Mientras Vincent se encargaba de Leonard, Dominic regresó a la biblioteca.

Ellie dormía acurrucada en un sillón, con su tablero de madera apoyado sobre el abdomen. Una guardia permanecía junto a la puerta y otra vigilaba el pasillo.

Clare se sentó a su lado.

—No puedo creer que alguien haya hecho todo esto por un bebé —susurró.

Dominic observó a la niña.

—A veces la gente comete las peores cosas cuando cree que tiene algo que perder.

—¿Y qué cree que puede perder Arthur?

Dominic tardó en responder.

—El control.

Clare lo miró.

—¿Solo eso?

—Para algunos hombres, el control es más importante que el dinero. El dinero puede recuperarse. El poder les permite decidir qué verdades existen y cuáles deben permanecer enterradas.

—Mi hermano no es una verdad que pueda enterrarse.

—Lo sé.

Clare acarició la mejilla de Ellie.

—Mi mamá decía que las personas malas siempre dejan algo atrás. Una palabra, una firma, una puerta abierta. Algo que demuestra que estuvieron allí.

Dominic pensó en la pulsera hospitalaria, en la fotografía y en la firma falsificada.

—Tu mamá tenía razón.

—Entonces vamos a encontrarlo.

No era una pregunta.

Dominic asintió.

—Vamos a encontrarlo.

Poco después, Vincent entró en la biblioteca con la memoria portátil y un informe preliminar.

—El dispositivo contiene varios archivos cifrados. Uno de ellos incluye una lista de pagos realizados a través de una empresa de mantenimiento.

—¿A quién se pagó? —preguntó Dominic.

—A tres personas. Leonard Price, un empleado administrativo de la fundación y alguien identificado únicamente como M. K.

—¿Puedes averiguar quién es M. K.?

—Estoy trabajando en eso. Pero encontramos otra cosa.

Vincent colocó una hoja sobre la mesa.

Era un registro de ajustes de la férula de Dominic.

Cada modificación aparecía fechada y firmada por un técnico autorizado.

La última correspondía a la mañana del accidente.

El nombre del responsable era Leonard Price.

Clare se llevó una mano a la boca.

Dominic examinó la firma.

—¿Por qué un técnico de mantenimiento tenía acceso a mi equipo médico?

—No debería haberlo tenido —respondió Vincent—. El registro indica que se presentó como auxiliar de rehabilitación. Utilizó una credencial temporal emitida desde la oficina administrativa.

—¿Quién la autorizó?

Vincent señaló el nombre al pie de la página.

Arthur Voss.

Dominic cerró los ojos durante un instante.

Ya no se trataba de una pieza mal colocada por negligencia. Alguien había autorizado el acceso de un técnico que no pertenecía al equipo médico y había permitido que manipulase un dispositivo que afectaba directamente su capacidad para caminar.

El motivo parecía evidente: debilitarlo antes de la votación.

Pero aquello no explicaba por qué la misma red había ocultado a Mateo.

—¿Leonard habló? —preguntó.

—Dijo que recibió dinero para realizar una modificación. No admitió haberla hecho personalmente, pero reconoció que entregó una herramienta especial a otra persona.

—¿A quién?

—A una mujer.

Dominic frunció el ceño.

—¿La identificó?

—Todavía no. Dice que nunca vio su rostro completo.

Clare se puso de pie.

—¿Podría ser la mujer que se acercó a Ellie?

Vincent intercambió una mirada con Dominic.

—Es posible.

La respuesta hizo que Clare se acercara a su hija y la abrazara con más fuerza.

Dominic se volvió hacia Vincent.

—Quiero las grabaciones de la calle, de la escuela y de todas las entradas a esta propiedad. También quiero una lista de las personas que tuvieron acceso a la información personal de Clare.

—Lo haré.

—Y revisa si hay alguna conexión entre los pagos a Leonard y las cuentas de la fundación.

Vincent asintió y salió.

Dominic se quedó junto a la ventana.

La lluvia había disminuido. En el lago, las luces de las embarcaciones parecían pequeños puntos suspendidos sobre el agua.

Su teléfono vibró.

Era un mensaje de Rebecca Shaw.

*«Encontré un registro adicional. Mateo fue ingresado en una instalación de cuidados pediátricos con un nombre diferente. Necesito hablar con usted en persona».*

Dominic respondió inmediatamente.

«Ven a la mansión. Trae copias de todo».

La respuesta llegó segundos después.

*«No puedo ir. Me están siguiendo».*

Dominic se volvió hacia Clare.

—Rebecca encontró un nuevo registro.

—¿Dice dónde está mi hermano?

—Dice que lo ingresaron con otro nombre.

Clare cerró los ojos.

—Lo borraron.

—Intentaron borrarlo.

Dominic llamó a Vincent.

—Necesito que localices a Rebecca Shaw. Dice que la están siguiendo.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

—Voy a revisar la última conexión de su teléfono.

La llamada terminó.

Dominic regresó junto a Clare.

—Vamos a encontrarla.

—¿Y si también la hacen desaparecer?

—No voy a dejar que ocurra.

Clare lo observó durante unos segundos.

—Usted siempre habla como si pudiera controlar lo que sucede.

Dominic recibió el comentario sin defenderse.

—Es una mala costumbre.

—Una costumbre peligrosa.

—Lo sé.

Ella bajó la mirada.

—Mi mamá también confiaba en la gente equivocada. Creía que, si hacía todo correctamente, nadie tendría motivos para lastimarla.

Dominic miró la fotografía de Mateo.

—A veces hacer todo correctamente no es suficiente. Pero eso no significa que la culpa sea de quien confió.

Clare permaneció callada.

Aquellas palabras no borraban los años de angustia ni devolvían a su hermano. Sin embargo, por primera vez desde que había recibido el mensaje, sintió que no estaba sola frente a una pared imposible de atravesar.

Unos minutos después, Vincent regresó.

—Localizamos el teléfono de Rebecca. Está estacionado frente a un edificio de oficinas en River North.

—¿Y ella?

—No responde.

Dominic tomó su bastón.

—Prepara el automóvil.

Clare se levantó inmediatamente.

—Voy con ustedes.

—No.

—No voy a quedarme esperando mientras otra persona que sabe la verdad desaparece.

Dominic la miró.

—El lugar podría ser peligroso.

—Mi hermano lleva once semanas desaparecido. Mi mamá pasó años buscándolo. Alguien amenazó a mi hija. ¿Qué cree que me queda por perder?

Dominic no tuvo una respuesta.

Finalmente, asintió.

—Vendrás conmigo. Vincent se encargará de tu seguridad y no te separarás de él.

Clare despertó a Ellie lo suficiente para dejarla con una cuidadora de confianza y una guardia. Le explicó que saldría por poco tiempo y que regresaría antes de que terminara la noche.

La niña la abrazó.

—Trae al tío.

Clare sintió que se le rompía el corazón.

—Voy a intentarlo, mi amor.

El trayecto hasta River North tomó menos de veinte minutos.

El edificio era una construcción de ladrillo de seis pisos, con oficinas pequeñas y una entrada lateral que daba a un estacionamiento. El automóvil de Rebecca estaba allí, con las luces apagadas y la puerta del conductor cerrada.

Vincent revisó el exterior antes de permitir que Dominic bajara.

Dentro del automóvil encontraron la bolsa de Rebecca, su credencial de la fundación y una carpeta con varios documentos.

No había señales de ella.

En la carpeta aparecía una lista de transferencias, todas realizadas a través de una empresa que no figuraba en los registros oficiales de la fundación.

Al final de la lista había una dirección.

Una clínica pediátrica privada a las afueras de la ciudad.

Dominic fotografió el documento.

—Tenemos un lugar.

Clare miró la dirección.

—¿Está ahí?

—No lo sabemos todavía.

Vincent revisó el teléfono de Rebecca, que había quedado dentro del automóvil.

La pantalla se encendió.

Un mensaje acababa de llegar.

«No vengan a la clínica. Es una trampa».

Dominic leyó la frase dos veces.

—¿Quién lo envió?

Vincent examinó los datos disponibles.

—El mensaje proviene del teléfono de Rebecca.

Clare comenzó a temblar.

—Entonces está viva.

—O alguien tiene su teléfono —respondió Dominic.

En ese instante, un guardia que vigilaba la entrada del estacionamiento apareció corriendo.

—¡Señor Vale! Hay alguien en el segundo piso.

Dominic se volvió.

Una silueta acababa de aparecer detrás de una ventana.

Durante un segundo, la figura levantó una mano contra el cristal.

Después desapareció.

Vincent llamó a los guardias del edificio y ordenó revisar las salidas.

Dominic permaneció junto al automóvil.

Clare miraba hacia la ventana, con lágrimas contenidas.

—¿Y si es Rebecca?

—Vamos a averiguarlo.

Subieron por la escalera lateral.

El segundo piso estaba vacío, salvo por una oficina con la puerta entreabierta.

Dentro encontraron una silla volcada, una taza de café todavía tibia y varios documentos esparcidos sobre el suelo.

En la pared había una fotografía de Mateo.

Alguien había escrito una frase con marcador negro:

*«El niño no es quien ustedes creen».*

Clare se quedó inmóvil.

Dominic recogió la fotografía.

En el reverso había un número de expediente y una fecha de nacimiento que no coincidía con la registrada en la pulsera hospitalaria.

—¿Qué significa esto? —preguntó Clare.

Dominic examinó la imagen.

El niño tenía los mismos ojos oscuros que su madre, según la fotografía antigua que Clare había guardado durante años.

Pero el expediente indicaba que Mateo había nacido dos días antes de la fecha que ella recordaba.

—Puede ser un error administrativo —dijo Dominic.

Clare negó lentamente con la cabeza.

—Mi mamá jamás olvidaría el día en que nació su hijo.

Dominic volvió a mirar la fotografía.

La amenaza podía ser una mentira destinada a confundirlos. También podía ser la primera señal de que la historia que les habían contado estaba incompleta.

Vincent regresó al cuarto.

—No encontramos a Rebecca. Pero alguien dejó esto junto a la salida de emergencia.

Le entregó un sobre blanco.

Dentro había una nota escrita a mano.

«Si quieren encontrar a Mateo, dejen de buscar al niño».

Debajo aparecía una segunda frase.

*«Busquen al hombre que salió del hospital la noche del accidente de Dominic Vale».*

Dominic sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

Clare lo miró.

—¿Qué hombre?

Él volvió a examinar la nota.

—No lo sé.

Pero mientras guardaba el sobre, comprendió que el próximo paso de la investigación ya no consistía únicamente en encontrar a un niño desaparecido.

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Consistía en descubrir quién había salido del hospital aquella noche usando su identidad.

Y si ese hombre seguía vivo, sabía exactamente por qué Dominic Vale había sido convertido en el principal sospechoso.

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