Calm

Chapter 6: Vanessa quiso culpar a Richard, pero una llamada reveló quién había organizado la reunión del juzgado

Vanessa Kensington descubrió que Richard Harrington era capaz de mentirle con la misma facilidad con la que había mentido a su esposa.

Lo descubrió a las once y veinte de la noche, cuando entró a la oficina de Richard sin tocar y lo encontró destruyendo una hoja en una trituradora.

—¿Qué estás haciendo?

Richard levantó la cabeza.

—Nada que te incumba.

Vanessa cerró la puerta detrás de ella.

—No me vuelvas a hablar así.

Él soltó una risa amarga.

—¿Ahora vas a darme lecciones de respeto?

—No. Voy a hacerte una pregunta. ¿Qué había en esa hoja?

Richard apagó la trituradora.

—Documentos de trabajo.

—¿Documentos relacionados con Khloe?

Él no contestó.

Vanessa sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.

—Richard, mírame.

Él levantó los ojos.

—¿Preparaste esos papeles sabiendo que ella no había aceptado firmarlos?

Richard se levantó lentamente.

—No tienes idea de lo que estás preguntando.

—Entonces explícame.

—No tengo que explicarte cada decisión empresarial.

Vanessa se quedó mirándolo.

Durante meses había creído que Richard era un hombre atrapado en un matrimonio sin amor, un hombre que solo necesitaba una oportunidad para construir una vida nueva con ella.

Él le había prometido que Khloe firmaría los documentos y que después podrían resolver el divorcio sin problemas.

Le había dicho que la casa no sería un obstáculo.

También le había asegurado que la familia de Vanessa recuperaría el dinero invertido en la empresa.

Ahora, por primera vez, Vanessa comenzaba a preguntarse si Richard la había elegido por amor o porque ella podía serle útil.

—Tú me dijiste que todo estaba arreglado —susurró.

—Y lo estaba.

—Entonces, ¿por qué Daniel se fue?

Richard apretó la mandíbula.

—Porque es un cobarde.

—¿Y por qué Harrison está investigando los documentos?

—¡Porque su hermana se cayó por unas escaleras y ahora cree que todo el mundo conspira contra ella!

Vanessa retrocedió un paso.

La respuesta le pareció demasiado rápida.

—Yo la empujé —dijo en voz baja—. Pero tú me dijiste que solo necesitábamos hablar con ella. Tú me dijiste que, si se negaba a cooperar, encontraríamos otra manera de resolverlo.

Richard la miró con dureza.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que nunca imaginé que terminaría en el hospital. Y tú tampoco puedes fingir que no sabías que íbamos a verla.

Richard caminó hacia la ventana.

—No vuelvas a decir eso.

—¿Por qué? ¿Porque es verdad?

Él se volvió.

—Porque no entiendes cómo funcionan estas cosas.

Vanessa sintió un escalofrío.

—¿Qué cosas?

Richard no contestó.

Su teléfono comenzó a sonar.

Miró la pantalla y se apartó para responder.

—¿Qué quieres? —dijo en voz baja.

Vanessa alcanzó a escuchar una voz masculina al otro lado.

—No vuelvas a llamarme desde este número —ordenó Richard—. Te dije que no hablaríamos de eso por teléfono.

La llamada terminó.

Vanessa lo observó.

—¿Quién era?

—Un cliente.

—¿Un cliente que no puedes nombrar?

Richard guardó el teléfono.

—Vete a casa, Vanessa.

Ella no se movió.

—No.

Él la miró con incredulidad.

—¿Cómo dices?

—No voy a irme hasta que me expliques qué está pasando. Si Harrison me acusa de algo, no voy a ser la única que cargue con las consecuencias.

Richard se acercó.

—¿Me estás amenazando?

—Estoy intentando descubrir si el hombre por el que arriesgué todo me está utilizando.

Él se quedó inmóvil.

Vanessa continuó:

—Me dijiste que Khloe era el único problema. Que ella tenía que firmar unos papeles y después podríamos empezar nuestra vida. Pero ahora resulta que hay documentos que Daniel no quiere defender, dinero que tu familia le debe a la mía y una mujer hospitalizada que no va a firmar nada.

Richard la sujetó por los hombros.

—Escúchame bien. Si quieres seguir conmigo, vas a dejar de hacer preguntas.

Vanessa apartó sus manos.

—No vuelvas a tocarme así.

Por primera vez, Richard pareció darse cuenta de que ella ya no lo miraba con admiración.

Lo miraba con miedo.

Y ese miedo le resultaba mucho más peligroso que sus celos.

A la mañana siguiente, Harrison recibió una llamada del investigador encargado del caso.

Estaba en el hospital, ayudando a Khloe a organizar los documentos que Margaret necesitaba revisar, cuando sonó el teléfono.

—Señor Cole, necesitamos informarle de una novedad.

—Lo escucho.

—El juzgado ha facilitado las grabaciones disponibles de la zona de las escaleras. Los investigadores están revisando el material junto con las declaraciones de los testigos.

Harrison se enderezó.

—¿Se ve la caída?

—La cámara principal registra parte del incidente, aunque el ángulo no muestra cada detalle. Hay otras grabaciones que podrían ayudar a establecer lo ocurrido antes de la caída.

—¿Y el testimonio del guardia?

—Es consistente con lo que hemos podido observar hasta ahora. Todavía estamos reuniendo pruebas.

Harrison agradeció la información.

—¿Hay algo más?

—Sí. Hemos recibido una declaración de una persona que asegura haber escuchado una conversación entre Vanessa y Richard antes de que Khloe llegara al juzgado.

Harrison guardó silencio.

—¿Qué conversación?

—La persona dice que escuchó a Richard insistir en que la reunión debía celebrarse ese día y que Vanessa respondió que Khloe no aceptaría firmar.

El abogado apretó el teléfono.

—¿Esa persona está dispuesta a declarar formalmente?

—Está cooperando con la investigación. Por ahora, no podemos compartir más detalles.

—Lo entiendo. Gracias por mantenerme informado.

Cuando terminó la llamada, Khloe lo miró desde la cama.

—¿Qué pasó?

Harrison se sentó a su lado.

—La investigación está avanzando. Hay otra declaración que podría ayudar a aclarar por qué se organizó la reunión.

Khloe se llevó una mano al vientre, como si todavía esperara sentir los movimientos de la bebé allí.

—¿Crees que me llevaron al juzgado para obligarme a firmar?

—Es una posibilidad que los investigadores deberán examinar.

—Richard sabía que yo no quería firmar.

—Sí. Tenemos tu correo y su respuesta.

Khloe cerró los ojos.

—Entonces no fue una discusión cualquiera.

Harrison no respondió inmediatamente.

—Todavía no sabemos qué planeaban. Pero no tienes que descubrirlo sola.

Ella respiró profundamente.

—Quiero declarar cuando los médicos digan que estoy en condiciones.

—Lo haremos con calma y siguiendo las indicaciones de tu equipo médico.

—Y quiero que quede claro que no voy a renunciar a la casa solo porque Richard me diga que lo haga.

Harrison le sonrió.

—Eso también quedará claro.

En ese momento, una enfermera entró para revisar los monitores de Khloe y preguntó si deseaba recibir una visita.

—Hay una mujer que dice ser la señora Patricia Wells. Pregunta si puede hablar con usted.

Khloe miró a Harrison.

Él no respondió por ella.

—¿Quieres verla? —preguntó.

Khloe pensó durante unos segundos.

—Sí. Pero solo si puedo terminar la conversación cuando quiera.

La enfermera asintió y fue a buscarla.

Patricia entró unos minutos después, con el rostro cansado y una carpeta de documentos apretada contra el pecho.

No llevaba joyas llamativas ni el maquillaje impecable que Harrison había visto en el juzgado.

Parecía una mujer que había pasado la noche sin dormir.

—Señora Harrington —dijo, deteniéndose junto a la puerta—. Gracias por recibirme.

Khloe la miró con cautela.

—No sé por qué quiere hablar conmigo.

Patricia bajó la mirada.

—Mi hija cometió algo terrible. No vengo a justificarla.

Harrison permaneció cerca de la puerta, sin intervenir.

Patricia dejó la carpeta sobre una silla.

—Mi esposo invirtió una cantidad importante de dinero en la empresa de Richard. Al principio, todo parecía legítimo. Había contratos, informes financieros y reuniones con asesores.

Khloe no dijo nada.

—Hace unas semanas, mi esposo recibió documentos que no entendía. Había cambios en las participaciones de una sociedad y una autorización que, según Richard, usted había aprobado.

Khloe palideció.

—Yo no aprobé nada.

—Eso es lo que mi esposo sospechó. Por eso empezó a hacer preguntas.

Patricia sacó una hoja de la carpeta, pero no se la entregó a Khloe.

—Esta es una copia de un correo que mi esposo recibió de Richard. La obtuvimos de nuestros propios registros. La entregaremos a las autoridades y a nuestros abogados para que determinen su autenticidad y su relevancia.

Harrison se acercó lo suficiente para observar el encabezado, sin quitarle el documento de las manos.

El mensaje parecía proceder de una dirección corporativa vinculada a Richard.

En él, Richard mencionaba la necesidad de completar una operación antes de que «la otra parte cambiara de opinión».

No aparecía el nombre de Khloe en esa frase.

Tampoco quedaba claro qué operación se describía.

—¿Cuándo se envió? —preguntó Harrison.

—Hace diecisiete días —respondió Patricia—. Mi esposo guardó el correo original. No queremos sacar conclusiones, pero creemos que puede ser relevante.

Harrison asintió.

—Entréguelo al investigador y a su abogado. No lo publique ni lo distribuya. Si existe información confidencial, deben tratarla correctamente.

Patricia aceptó.

Después miró a Khloe.

—Hay algo más que debo decirte. Vanessa sabía que Richard tenía problemas financieros. Yo misma la escuché preguntarle si la operación saldría adelante.

Khloe sintió que el estómago se le encogía.

—¿Y qué le respondió?

Patricia cerró los ojos.

—Le dijo que, cuando usted firmara, todo se resolvería.

La habitación quedó en silencio.

Khloe se volvió hacia Harrison.

—Yo nunca firmé.

—Lo sé —respondió él.

Patricia se limpió una lágrima.

—No espero que me perdones por lo que hizo mi hija. Solo quiero que sepas que, si tengo información que pueda ayudar a esclarecerlo, voy a entregarla.

Khloe la observó durante varios segundos.

—Su hija me empujó por unas escaleras mientras yo intentaba proteger a mi bebé.

Patricia asintió, llorando.

—Lo sé.

—No. Usted no lo sabe. Mi hija pudo morir antes de conocerme.

Yo pude morir sin volver a abrazarla. Y su hija no pensó en ninguna de esas cosas cuando me empujó.

Patricia bajó la cabeza.

—Tiene razón.

Khloe respiró con dificultad, pero continuó.

—No quiero que me pida que la perdone. No estoy lista. Ni siquiera sé si algún día podré hacerlo.

—No se lo voy a pedir.

Patricia recogió la carpeta y se marchó después de agradecerles por haberla escuchado.

Cuando la puerta se cerró, Khloe se quedó mirando sus manos.

—Harry, ¿qué pasa si todo esto fue por dinero?

Harrison se sentó junto a ella.

—Entonces las pruebas tendrán que demostrarlo.

—¿Y si Richard planeaba quitarme la casa desde el principio?

—Entonces los documentos, las fechas y los registros tendrán que hablar.

Khloe lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

—Yo habría firmado cualquier cosa por él si me hubiera dicho que lo necesitaba.

Harrison le tomó la mano.

—Y eso es precisamente lo que hace tan grave una posible traición. No porque hayas sido ingenua, sino porque confiaste en alguien que tenía la obligación de ser honesto contigo.

Khloe lloró en silencio.

Harrison permaneció a su lado hasta que pudo respirar con más tranquilidad.

Mientras tanto, Vanessa recibió una llamada de un número desconocido.

—¿Quién habla? —preguntó.

—Alguien que sabe lo que Richard hizo con los documentos.

Vanessa se quedó helada.

—¿Quién eres?

—Eso no importa. Lo que importa es que, si Harrison descubre quién preparó la autorización, Richard intentará culparte.

—¿De qué estás hablando?

—Pregúntale quién le pidió a Daniel que preparara la operación. Pregúntale quién insistió en que Khloe fuera al juzgado ese día.

Vanessa apretó el teléfono.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Porque Richard no te ha contado la historia completa.

La llamada terminó.

Vanessa se quedó mirando la pantalla.

Durante varios minutos, no se movió.

Después abrió el cajón de su escritorio y sacó una libreta donde había anotado fechas, reuniones y cantidades relacionadas con los negocios de Richard.

No había guardado aquella información porque quisiera denunciarlo.

La había guardado porque, durante meses, había temido que él terminara abandonándola.

Ahora comprendía que quizá había otra razón para conservarla.

Buscó la fecha de la reunión en el juzgado.

Debajo encontró una anotación escrita de su puño y letra:

*«Richard dice que Khloe debe firmar antes del viernes. Daniel no quiere involucrarse si ella se niega».*

Vanessa sintió que las manos comenzaban a temblarle.

En la página siguiente había otra anotación.

Una frase que Richard le había dicho durante una cena, cuando creía que ella estaba demasiado enamorada para cuestionarlo.

*«Si ella no coopera, tendremos que cambiar el plan».*

Vanessa cerró la libreta de golpe.

Por primera vez, se preguntó si el hombre al que había ayudado a destruir su matrimonio había estado dispuesto a utilizarla como una pieza desechable desde el principio.

Su teléfono vibró otra vez.

Era un mensaje de Richard.

*Richard:* Necesito verte hoy. Lleva todos los documentos que tengas de nuestras conversaciones sobre la empresa.

Vanessa leyó el mensaje varias veces.

Luego miró la libreta.

Y tomó una decisión que podía cambiarlo todo.

No iba a entregarle sus notas a Richard.

Pero tampoco sabía todavía si estaba preparada para entregárselas a la policía.

Porque entre aquellas páginas había algo más que pruebas sobre una operación financiera.

Había una anotación que mencionaba una fecha anterior al accidente de Khloe y una instrucción escrita con las iniciales de Richard.

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Una instrucción que Vanessa nunca había comprendido del todo.

Hasta ahora.

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