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Chapter 5: La firma que podía robarle la casa a Khloe apareció en un documento fechado antes de la caída

A las nueve de la mañana, un perito independiente examinó la primera copia certificada de los documentos relacionados con la propiedad de Khloe Harrington.

Lo que encontró no bastaba para demostrar un delito, pero sí planteaba una pregunta inquietante: ¿por qué existía un documento que parecía contener una autorización de Khloe si ella aseguraba que nunca había firmado ese papel?

Harrison recibió la noticia en el despacho de su colega, Margaret Ellis, una abogada especializada en litigios patrimoniales.

Sobre la mesa había tres carpetas, una computadora y una taza de café que se había enfriado sin que nadie la tocara.

—Quiero que quede claro —dijo Margaret—. Una firma que parece irregular no demuestra por sí sola una falsificación. Necesitamos el original, la cadena de custodia y una comparación profesional.

Harrison asintió.

—Eso es exactamente lo que quiero.

Margaret abrió una carpeta.

—La propiedad fue adquirida con fondos que, según la documentación disponible, podrían incluir dinero procedente de la herencia familiar de Khloe. Eso es relevante, pero no significa automáticamente que Richard carezca de derechos sobre cualquier operación relacionada con la casa. Hay que revisar el régimen patrimonial, la escritura y los acuerdos existentes.

—¿Y el documento de transferencia?

—La copia certificada contiene una autorización atribuida a Khloe. Pero hay inconsistencias en la forma en que se describen las participaciones. Además, la fecha coincide con un periodo en el que ella estaba embarazada y ya había expresado por escrito que no quería firmar sin asesoría.

Harrison observó la hoja.

—¿Podrían haber utilizado una versión anterior de su firma?

—Es una posibilidad entre varias. No vamos a afirmar eso sin un análisis técnico.

Margaret cerró la carpeta.

—Lo importante es que no permitamos ninguna transferencia mientras se aclara la situación, siempre que exista una base legal para solicitar medidas de protección. Presentaremos lo que corresponda y dejaremos que el tribunal decida.

Harrison se recargó en la silla.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—Depende del estado de la operación y de la respuesta del tribunal. No te voy a prometer un resultado ni una fecha.

Él asintió.

—Entonces empecemos hoy.

Mientras Margaret preparaba las solicitudes necesarias, Eleanor entró con una impresión de un registro mercantil.

—Encontré algo más en los documentos públicos.

Harrison le indicó que se sentara.

—Adelante.

—La empresa que aparece en la solicitud de transferencia tiene vínculos comerciales con una sociedad de inversión dirigida por Daniel Mercer.

Harrison recordó el nombre que Khloe había mencionado.

—¿Daniel Mercer?

—Sí. Hay registros que muestran que fue asesor financiero de la empresa de Richard. Sin embargo, no sabemos todavía si sigue trabajando con él ni si participó en la preparación de los documentos.

Margaret extendió la mano para recibir la impresión.

—¿Hay alguna operación registrada entre las dos sociedades?

—Hay una transacción pendiente y varias anotaciones que requieren revisión. Los registros públicos no explican por completo el origen de los fondos.

Harrison se quedó mirando la página.

—¿Puedes localizarlo?

—Su oficina tiene un domicilio comercial registrado. También hay constancia de que dejó de presentarse a algunas reuniones corporativas hace aproximadamente un mes.

Margaret levantó la vista.

—No vamos a convertirlo en sospechoso por estar ausente de unas reuniones. Si necesitamos hablar con él, lo haremos por canales formales.

—De acuerdo —respondió Harrison—. Pero quiero saber si su nombre aparece en documentos relacionados con la operación de la casa.

Eleanor anotó la instrucción.

—Hay otra cosa. Patricia Wells llamó esta mañana.

Harrison frunció el ceño.

—¿La madre de Vanessa?

—Sí. Dice que tiene información que quiere entregar a las autoridades. No quiere reunirse contigo.

—No tiene por qué hacerlo. Facilítale los datos del investigador encargado del caso.

—Ya se los envié.

Margaret observó a Harrison con atención.

—¿Crees que todo está conectado?

—Creo que existen hechos que merecen investigarse. No voy a asegurar que haya una conspiración hasta que tengamos pruebas.

Margaret sonrió ligeramente.

—Bien. Porque eso es lo que te mantendrá del lado correcto de la ley.

Harrison no respondió.

En ese momento, su teléfono vibró.

Era un mensaje de Khloe.

*Khloe:* La enfermera me dijo que quizá pueda conocer a la bebé hoy. Tengo miedo de verla tan pequeña, pero necesito hacerlo.

Harrison contestó de inmediato.

*Harrison:* No tienes que tener miedo de sentir lo que sientas. Voy a estar contigo si el equipo médico lo permite.

Después llamó al hospital para confirmar el horario de la visita y regresó a la habitación de su hermana.

Khloe estaba sentada en la cama, con el cabello recogido y una bata limpia. Parecía agotada, pero había algo diferente en su mirada.

Ya no era únicamente miedo.

También había una determinación nueva.

—¿Lista? —preguntó Harrison.

Ella respiró hondo.

—No sé si estoy lista. Pero quiero verla.

Una enfermera los acompañó hasta la unidad neonatal y les explicó las medidas de higiene y las indicaciones para acercarse a la incubadora.

Cuando Khloe vio a su hija, se cubrió la boca con ambas manos.

La bebé parecía todavía más pequeña de lo que había imaginado.

—Hola, mi amor —susurró—. Soy mamá.

Las lágrimas le llenaron los ojos.

—Perdóname por no poder tenerte conmigo todavía.

La enfermera le explicó que la niña necesitaba cuidados especializados y que no debía interpretar su tamaño como una señal de que no pudiera avanzar. Cada caso era diferente, y el equipo seguiría vigilando su evolución.

Khloe escuchó atentamente.

Después acercó la mano a la incubadora, siguiendo las indicaciones del personal.

—Te preparé una habitación amarilla —le dijo a su hija—. Hay una mantita con pequeñas estrellas. Y tu tío Harry dice que te va a enseñar a andar en bicicleta, aunque todavía no sabe que eso significa que tendrá que aprender a hacer trenzas.

Harrison soltó una risa ahogada.

—Puedo aprender ambas cosas.

Khloe lo miró.

—¿Me prometes que no vas a permitir que nadie nos separe por dinero?

Harrison no quiso darle una promesa absoluta sobre algo que dependía de procesos legales y decisiones judiciales.

En lugar de eso, se acercó a ella.

—Te prometo que voy a ayudarte a proteger tus derechos y que no voy a permitir que te intimiden para que renuncies a ellos. Lo demás lo resolveremos paso a paso.

Khloe asintió.

Permanecieron junto a la incubadora hasta que una enfermera les indicó que debían regresar a la habitación para que la bebé descansara bajo los cuidados del equipo.

Al salir, Khloe parecía un poco más tranquila.

—Quiero llamar a Margaret —dijo—. Quiero saber exactamente qué está pasando con la casa.

Harrison se sorprendió.

—¿Estás segura? Podemos esperar a que descanses.

—No. Si Richard está haciendo algo con mis documentos, necesito entenderlo. No quiero volver a sentir que todos hablan de mi vida mientras yo me quedo callada.

Harrison le apretó la mano.

—Entonces lo haremos a tu ritmo.

Esa tarde, Margaret habló con Khloe por videollamada y le explicó los documentos conocidos, las dudas existentes y las opciones legales que podían evaluarse.

No le prometió que conservaría la propiedad sin dificultades.

Tampoco le dijo que Richard ya hubiera cometido un delito.

Le explicó qué documentos necesitaban, qué solicitudes podían presentar y por qué era importante conservar los correos originales.

Khloe tomó notas.

Al terminar la conversación, miró a Harrison.

—Hay algo que no entiendo. Si Richard quería cambiar los documentos de la casa, ¿por qué necesitaba que yo fuera al juzgado?

—Todavía no lo sabemos.

—Vanessa me dijo que yo estaba estorbando. Que todo habría sido más sencillo si yo hubiera firmado antes.

Harrison pensó en las palabras del guardia y en la amenaza anónima.

—Es posible que la discusión estuviera relacionada con los documentos, pero necesitamos comprobarlo.

Khloe abrió el correo que había mostrado el día anterior.

—Hay un detalle más.

Señaló una frase escrita por Richard.

Si no puedes venir a la oficina, podemos resolverlo en el tribunal después de la reunión.

Harrison leyó el mensaje.

—¿Qué reunión?

—No lo sé. Nunca me lo explicó. Solo me dijo que debía llevar mi identificación.

Margaret, que todavía estaba conectada a la llamada, pidió que le enviaran una copia íntegra del correo para examinarlo junto con los demás documentos.

—No cambien el archivo original —advirtió—. Conservaremos los metadatos disponibles y documentaremos cómo se obtuvo la copia.

Khloe aceptó.

Cuando terminó la llamada, permaneció en silencio durante varios minutos.

—Creo que Richard tenía miedo de que yo descubriera algo.

Harrison se sentó a su lado.

—Puede ser. Pero no vamos a decidir qué ocurrió basándonos solo en una sospecha.

—Lo sé.

Khloe respiró profundamente.

—Antes habría corrido a preguntarle qué estaba pasando. Habría llorado, le habría pedido que me dijera la verdad y seguramente habría terminado disculpándome por haber dudado de él.

—¿Y ahora?

Ella miró por la ventana.

—Ahora quiero que la verdad esté escrita en algún lugar donde no pueda cambiarla cuando le convenga.

Harrison sonrió con orgullo.

—Entonces vamos a conservar cada documento.

Pero al otro lado de la ciudad, Richard tenía una idea muy diferente.

Se encontraba sentado en una sala de juntas con Vanessa y un hombre de cabello canoso que no había dejado de mirar su reloj.

Daniel Mercer.

El mismo nombre que aparecía en los registros corporativos.

—La situación se está saliendo de control —dijo Daniel—. Me prometiste que la operación estaría cerrada antes de que hubiera preguntas.

Richard apoyó ambas manos sobre la mesa.

—No contábamos con la caída.

Vanessa se volvió hacia él de golpe.

—¡No hables de eso como si fuera un contratiempo administrativo!

Daniel la miró con desprecio.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Que llore? Tenemos documentos pendientes, una empresa con obligaciones financieras y una investigación que puede atraer atención no deseada.

Richard le lanzó una mirada de advertencia.

—Baja la voz.

Daniel abrió una carpeta.

—Hay un problema mayor. Si alguien compara la autorización atribuida a Khloe con sus correos originales, podrían cuestionar la validez de la operación.

Vanessa palideció.

—¿Qué significa eso?

—Significa que no podemos seguir fingiendo que todo está resuelto.

Richard se inclinó hacia él.

—¿Hay alguna manera de corregirlo?

Daniel cerró la carpeta.

—La única manera legal de corregir una autorización inexistente es obtener una autorización válida. Pero, con lo que ocurrió en el juzgado, Khloe probablemente no firmará nada.

Vanessa comenzó a caminar de un lado a otro.

—Entonces Harrison nos va a destruir.

—Harrison no necesita destruirlos —respondió Daniel—. Si hay irregularidades, basta con que las autoridades las investiguen.

Richard se levantó de golpe.

—¡Yo no falsifiqué nada!

Daniel lo observó sin inmutarse.

—Yo no te he acusado de hacerlo.

El silencio que siguió fue insoportable.

Vanessa miró a Richard.

—¿Entonces quién preparó el documento?

Richard no contestó.

Daniel recogió sus cosas.

—No voy a participar en ninguna operación que no pueda justificar documentalmente. Voy a conservar mis registros y buscar asesoría independiente.

Richard lo sujetó del brazo.

—No puedes abandonarnos ahora.

Daniel se soltó.

—No soy tu socio en la vida, Richard. Soy un profesional que necesita protegerse si alguien ha utilizado mi nombre sin autorización.

Se dirigió hacia la puerta.

Antes de salir, se volvió.

—Y si alguien cree que puede resolver un problema financiero presionando a una mujer embarazada para que firme documentos, será mejor que prepare una explicación mucho más sólida que la que me acabas de dar.

La puerta se cerró.

Vanessa miró a Richard con el rostro desencajado.

—Dime que no hiciste algo estúpido.

Richard se quedó observando la carpeta vacía.

No respondió.

Porque sabía que, si Daniel entregaba sus registros a las autoridades, habría preguntas que ya no podría contestar con una sonrisa.

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Y la primera de ellas sería devastadora:

¿Quién había colocado el nombre de Khloe en aquella autorización?

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