Chapter 9: El hermano que todos dieron por muerto
Richard Bennett era dueño del edificio.
No solo eso.
Llevaba dos años utilizándolo.
Rachel miró la pantalla sin poder creerlo.
—Entonces Michael podría estar ahí.
Thomas asintió.
—Sí.
Grant ya tenía las llaves del automóvil en la mano.
—Vamos.
Thomas lo detuvo.
—No.
—Es mi hermano.
—Y Richard sabe que lo estás buscando.
Grant se soltó.
—Me pasé toda mi vida creyendo que no tenía familia biológica. Ahora resulta que tengo un padre, un hermano y una sobrina cuya existencia alguien intentó convertir en un secreto.
Rachel lo tomó del brazo.
—No vamos a entrar sin un plan.
Grant respiró profundamente.
—Entonces haz un plan.
Thomas miró a Rachel.
—Necesitamos saber quién está dentro.
Rachel revisó los archivos.
Había registros de pagos.
Facturas.
Transferencias.
Nombres de empresas.
Y algo que la hizo detenerse.
—Miren esto.
Una empresa había pagado durante años servicios médicos privados.
La empresa estaba registrada a nombre de Richard.
Pero las facturas eran de una residencia.
—¿Qué residencia? —preguntó Grant.
Rachel leyó.
—Casa Santa Elena.
Thomas cerró los ojos.
—Lo conozco.
—¿Dónde está?
—A unos quince minutos de aquí.
Grant se quedó mirando a su padre.
—¿Qué es?
—Una residencia privada para personas que necesitan atención constante.
Rachel sintió un escalofrío.
—¿Michael está enfermo?
Thomas no respondió.
—Dímelo.
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Desde niño.
Grant apretó los labios.
—¿Y por qué nadie me lo dijo?
Thomas bajó la mirada.
—Porque cuando descubrí dónde estaba, ya era demasiado tarde.
Rachel sintió dolor por él.
—¿Lo visitaste?
Thomas asintió.
—Varias veces.
—¿Y Michael sabe quién eres?
—Sí.
Grant se quedó inmóvil.
—¿Sabe que soy su hermano?
Thomas lo miró.
—Sí.
Grant cerró los ojos.
—Entonces ¿por qué nunca me buscó?
Thomas respondió:
—Porque Richard le hizo creer que tú no querías saber de él.
Grant golpeó suavemente el volante.
—Dios…
Rachel entendió entonces la verdadera crueldad de todo aquello.
No habían separado solamente a un padre de su hijo.
Habían separado a dos hermanos.
Y ahora habían involucrado a Maddie en la mentira.
Casa Santa Elena parecía tranquila.
Era una construcción sencilla, con un jardín pequeño y flores frente a la entrada.
No parecía un lugar relacionado con secretos familiares.
Thomas señaló una ventana.
—Está en el segundo piso.
Grant tragó saliva.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Entraron.
Una mujer de cabello canoso los recibió.
—¿En qué puedo ayudarlos?
Thomas dio su nombre.
La mujer cambió inmediatamente de expresión.
—Pensé que no volvería.
Grant dio un paso.
—¿Quién es Michael Holloway?
La mujer miró a Thomas.
—¿Quiénes son ustedes?
Rachel sacó los documentos.
—Somos su familia.
La mujer se quedó callada.
Después miró a Grant.
—Usted es Grant.
Grant sintió un escalofrío.
—¿Cómo sabe mi nombre?
—Michael habla de usted.
Él no pudo responder.
La mujer sonrió tristemente.
—Lleva años preguntándose cómo sería conocerlo.
Grant bajó la mirada.
—¿Dónde está?
—Arriba.
Subieron lentamente.
Cada escalón parecía pesar.
Cuando llegaron al segundo piso, la mujer abrió una puerta.
Un hombre estaba sentado junto a la ventana.
Era más joven de lo que Rachel esperaba.
Tenía cabello oscuro, algunas canas y una expresión tranquila.
Al ver a Thomas, sonrió.
—Papá.
Grant se quedó congelado.
Michael levantó la mirada.
Sus ojos encontraron los de Grant.
Por unos segundos ninguno habló.
Entonces Michael dijo:
—Así que tú eres Grant.
Grant sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
—Sí.
Michael sonrió.
—Te pareces a él.
Señaló a Thomas.
Grant se acercó.
—¿Por qué nunca me buscaste?
Michael bajó la mirada.
—Te busqué.
—¿Cuándo?
—Muchas veces.
—¿Entonces?
—Tu madre me pidió que no lo hiciera.
Grant miró a Thomas.
—¿Evelyn?
Michael asintió.
—Y Richard.
Rachel sintió un nudo en el estómago.
—¿Richard te mantiene aquí?
Michael soltó una risa triste.
—No exactamente.
—¿Entonces?
—Él paga las cuentas.
Grant frunció el ceño.
—¿A cambio de qué?
Michael miró a Rachel.
—De silencio.
La palabra cayó pesadamente.
—¿Qué sabes? —preguntó Rachel.
Michael la miró.
—Sé por qué cambiaron el donante de Maddie.
Rachel se acercó.
—Dímelo.
Michael respiró profundamente.
—Porque Richard quería que Maddie tuviera mi ADN.
Grant se quedó helado.
—¿Por qué?
Michael respondió:
—Porque necesitaba una prueba.
—¿Qué prueba?
—Que yo era realmente hijo de Thomas.
Rachel entendió.
—Si Maddie heredaba tu línea genética…
—Entonces un examen de ADN podía demostrar el parentesco.
—¿Y por qué Richard quería eso?
Michael miró a Thomas.
—Porque había alguien que podía destruirlo todo.
Thomas cerró los ojos.
—Adrian.
Michael negó.
—No.
Todos quedaron en silencio.
—¿Entonces quién?
Michael miró directamente a Grant.
—Tu padre legal.
Grant frunció el ceño.
—Mi padre murió.
—Sí.
—¿Entonces qué puede destruir?
Michael tragó saliva.
—Antes de morir dejó una confesión.
Rachel sintió un escalofrío.
—¿Dónde está?
Michael señaló un cajón.
—Ahí.
Grant lo abrió.
Dentro había un sobre.
Rachel reconoció la letra inmediatamente.
Era la misma que aparecía en algunos documentos antiguos de la familia.
Grant sacó la carta.
La abrió.
Leyó.
Y comenzó a temblar.
—¿Qué dice? —preguntó Rachel.
Grant no respondió.
Michael tomó la carta.
—Yo puedo explicarlo.
Rachel lo miró.
—Entonces hazlo.
Michael respiró.
—El hombre que todos creían que era el padre de Grant no era estéril.
Rachel frunció el ceño.
—¿Qué?
—Sí lo era —dijo Michael—. Pero no por la razón que creían.
Grant levantó la mirada.
—¿Qué significa?
—Su infertilidad fue causada por un tratamiento médico.
Rachel sintió un escalofrío.
—¿Qué tratamiento?
—Uno que recibió en la clínica de Adrian.
Thomas intervino.
—Richard lo arregló.
Rachel comprendió.
—Lo hicieron estéril a propósito.
Michael asintió.
—Querían controlar la historia genética de la familia.
Grant se quedó pálido.
—¿Por qué?
—Porque tu padre había descubierto que tú no eras su hijo biológico.
Grant apretó la carta.
—¿Lo sabía?
—Sí.
—¿Y qué hizo?
Michael bajó la mirada.
—Intentó sacar a la luz la verdad.
Rachel preguntó:
—¿Y entonces murió?
Michael no respondió inmediatamente.
—No.
Rachel sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Qué quieres decir?
Michael levantó la mirada.
—Su muerte también fue una mentira.
Grant retrocedió.
—¿Mi padre está vivo?
Michael negó.
—No.
Rachel frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué estás diciendo?
—No murió cuando dijeron.
Grant sintió que las piernas le fallaban.
—¿Cuándo murió?
Michael miró a Thomas.
—Después de dejarme la confesión.
—¿Cuánto después?
—Tres años.
Rachel sintió un escalofrío.
—¿Y quién falsificó la fecha?
Michael respondió:
—Richard.
Grant golpeó la pared con la palma.
—¡Toda mi vida fue una mentira!
Michael se acercó lentamente.
—Yo también fui víctima.
Grant lo miró.
—Lo sé.
Michael sonrió con tristeza.
—No. No lo sabes.
Sacó otra fotografía.
En ella aparecía Maddie.
Pero esta vez no estaba sola.
Estaba con un hombre.
Un hombre que Rachel reconoció.
Era Richard Bennett.
—¿Cuándo fue tomada? —preguntó.
Michael respondió:
—Hace seis semanas.
Rachel sintió miedo.
—¿Dónde?
—Aquí.
Grant miró a su hermano.
—¿Richard vino a verte?
—Sí.
—¿Qué quería?
Michael cerró los ojos.
—Quería saber si tú habías descubierto la verdad.
—¿Y qué le dijiste?
—Que no.
Rachel se quedó mirando la fotografía.
—¿Por qué tienes una foto de Maddie con él?
Michael la miró.
—Porque Richard me la mostró.
—¿Para qué?
Michael tardó unos segundos.
—Para advertirme que si hablaba, ella sería la siguiente.
Rachel sintió que el miedo le atravesaba el pecho.
—¿La siguiente qué?
Michael la miró directamente.
—La siguiente persona que desaparecería.
Grant se quedó inmóvil.
—¿Dónde está Richard ahora?
Michael negó.
—No lo sé.
—¿Qué sabes?
Michael señaló otra fotografía.
Era una imagen de un estacionamiento.
Un automóvil oscuro.
Rachel reconoció el vehículo.
Era el mismo que había visto frente a su casa.
—Ese automóvil estuvo afuera de mi casa.
Michael asintió.
—Lo sé.
—¿Cómo?
Michael miró a Thomas.
—Porque Richard me dijo que alguien de la familia estaba a punto de descubrirlo todo.
Rachel sintió un escalofrío.
—¿Qué cosa?
Michael respondió:
—Que Maddie no fue el primer niño que Richard intentó convertir en un Bennett.
Grant frunció el ceño.
—¿Qué significa?
Michael tomó un sobre.
Se lo entregó a Rachel.
—Ábrelo.
Dentro había un documento de adopción.
Rachel lo leyó.
Después miró a Grant.
—Es de Michael.
Grant negó.
—No entiendo.
Rachel señaló una línea.
*“El menor será transferido a una familia sin relación biológica conocida.””*
—¿Te entregaron a otra familia?
Michael asintió.
—Durante dos años.
Grant sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
—¿Y después?
—Evelyn te recuperó.
—¿Por qué?
Michael bajó la mirada.
—Porque Richard descubrió que yo no era el único niño.
Rachel sintió que el corazón se detenía.
—¿Había otro?
Michael asintió.
—Sí.
—¿Quién?
Michael la miró.
—Un niño que nació el mismo año que Grant.
Grant frunció el ceño.
—¿Quién?
Michael señaló el documento.
Había un nombre tachado.
Debajo aparecía una nota manuscrita:
*“Este niño tiene el ADN que necesitamos.””*
Rachel levantó la mirada.
—¿Dónde está?
Michael negó lentamente.
—No lo sabemos.
—¿Cómo que no?
—Porque Richard lo encontró antes que nosotros.
Grant miró a Thomas.
—¿Quién era ese niño?
Thomas palideció.
—No.
Rachel sintió que todos los presentes estaban ocultando algo.
—Thomas, ¿quién era?
Él cerró los ojos.
—Era el hijo que yo creí que había muerto.
Grant sintió un escalofrío.
—¿Michael?
—No.
Thomas levantó la mirada.
—Tu otro hermano.
Rachel sintió que el mundo se detenía.
—¿Otro hermano?
Thomas asintió.
—Sí.
Y antes de que pudiera decir algo más, el teléfono de Rachel comenzó a sonar.
Era Evelyn.
Rachel contestó.
La voz de su suegra estaba quebrada.
—Rachel…
—¿Qué pasó?
—Tienes que sacar a Maddie de donde esté.
Rachel se puso rígida.
—¿Por qué?
Evelyn respiraba con dificultad.
—Richard ya sabe que encontraste a Michael.
—¿Dónde estás?
—No importa.
—¡Dime dónde estás!
Evelyn comenzó a llorar.
—No puedo.
Entonces Rachel escuchó una voz masculina al fondo.
Una voz tranquila.
Una voz que reconoció.
Richard.
—Evelyn, ya es suficiente.
La llamada terminó.
Rachel miró a Grant.
—Tenemos que irnos.
Michael se puso de pie.
—No.
—¿Qué?
—Si Richard sabe que estamos aquí, no va a venir por mí.
Thomas frunció el ceño.
—¿Entonces por quién?
Michael miró a Rachel.
—Por Maddie.
Rachel sintió que el corazón le daba un vuelco.
Y en ese mismo instante llegó un mensaje a su teléfono.
*“No regreses a casa.””*
Después otro.
*“Maddie ya no está ahí.””*
Rachel dejó caer el teléfono.
Grant la miró horrorizado.
—¿Qué pasó?
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Rachel apenas pudo pronunciar las palabras.
—Maddie desapareció.