Calm

Chapter 13: El libro que podía destruir a los Bennett

Richard no tuvo que repetir la amenaza.

Rachel entendió perfectamente lo que estaba en juego.

El libro original podía revelar quién había manipulado durante décadas los registros de la familia Bennett, quién había utilizado muestras genéticas sin autorización y, sobre todo, quién había decidido qué niños podían llevar un apellido y cuáles debían desaparecer de la historia.

Pero había algo más.

El verdadero padre de Grant estaba escrito en esas páginas.

Y Thomas sabía la respuesta.

—No voy a dejar a Maddie —dijo Rachel.

Samuel dio un paso adelante.

—No tienes que hacerlo.

—Richard quiere que me separe de ella.

—Entonces no lo hagas.

Samuel miró a Grant.

—Yo me quedo con ella.

Grant negó inmediatamente.

—No.

Samuel lo miró.

—Grant, escucha. Si Richard está dispuesto a utilizar el libro para obligarlos a ir a la clínica, probablemente ya tiene gente vigilando cada salida.

Thomas asintió.

—Tiene razón.

Grant apretó la mandíbula.

—No me gusta.

—A mí tampoco —dijo Samuel—. Pero Maddie necesita quedarse lejos de esto.

Rachel miró a su hija.

La niña estaba sentada en el sofá, abrazando su muñeca.

No entendía la guerra de secretos que los adultos habían construido a su alrededor.

Rachel se arrodilló frente a ella.

—Mija, voy a salir un ratito.

Maddie levantó la mirada.

—¿Vas con papá?

Rachel miró a Grant.

—Sí.

—¿Y van a regresar?

Rachel sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Sí. Te lo prometo.

Maddie extendió los brazos.

Rachel la abrazó.

—Te quiero muchísimo.

—Yo también, mamá.

Cuando Rachel se levantó, Grant estaba mirando hacia otro lado.

Samuel se acercó.

—Yo cuidaré de ella.

Grant lo miró.

—No sé cómo llamarte.

Samuel entendió.

—No tienes que llamarme nada.

Grant respiró profundamente.

—Solo tráela de vuelta.

—Lo haré.

La antigua clínica estaba a veinte minutos.

Era un edificio abandonado, con las ventanas cubiertas de polvo y un letrero oxidado.

Rachel entró junto a Grant.

Thomas iba detrás.

El silencio era inquietante.

—¿Dónde está Richard? —preguntó Grant.

Nadie respondió.

Entonces una voz salió de los altavoces.

—Bienvenidos.

Richard.

Rachel miró hacia arriba.

—¿Dónde está el libro?

—Primero quiero saber algo.

—¿Qué?

—¿Thomas te contó quién es tu padre?

Grant se volvió hacia Thomas.

—No.

Richard soltó una pequeña risa.

—Claro que no.

Thomas cerró los ojos.

—Richard, ya basta.

—¿Basta?

Richard apareció en una pantalla al fondo.

—Durante treinta años hiciste exactamente lo que nuestro padre te ordenó.

Grant se quedó inmóvil.

—¿Nuestro padre?

Thomas no contestó.

Richard continuó:

—Dile la verdad.

Thomas tragó saliva.

—Grant…

—No.

Grant levantó una mano.

—Ya no me digas que me protegerías ocultándome cosas.

Thomas bajó la mirada.

—Tienes derecho a saber.

Rachel tomó la mano de Grant.

Thomas habló.

—El hombre que aparece en tu acta de nacimiento no es tu padre biológico.

Grant cerró los ojos.

Ya lo había sospechado.

Pero escuchar esas palabras fue diferente.

—¿Quién es?

Thomas respiró profundamente.

—Adrian Vale.

Rachel sintió un escalofrío.

Grant miró a Thomas.

—¿Adrian?

—Sí.

—¿El mismo Adrian que fue el padre biológico de Samuel?

Thomas asintió.

—Sí.

Grant retrocedió.

—Entonces Samuel y yo…

—Son medio hermanos.

El silencio fue absoluto.

Grant soltó una risa sin humor.

—¿Y tú?

Thomas lo miró.

—Yo te crié.

—No te pregunté eso.

Thomas entendió.

—No soy tu padre biológico.

Grant cerró los ojos.

—¿Entonces quién eres?

Thomas respondió:

—El hombre que prometió a tu madre que jamás dejaría que Richard descubriera la verdad.

Rachel sintió un nudo en la garganta.

—¿Por qué Richard estaba tan obsesionado con Grant?

Thomas respondió:

—Porque si se demostraba que Adrian era tu padre, también quedaría demostrado que el apellido Bennett no significaba lo que Richard decía.

Grant miró la pantalla.

—¿Y el libro?

Richard sonrió.

—Ahora entiendes por qué lo necesito.

—No.

Grant dio un paso.

—Ahora entiendo por qué tienes miedo.

La sonrisa de Richard desapareció.

—No tienes idea de lo que estás diciendo.

—Sí la tengo.

Grant levantó la voz.

—Toda tu vida hablaste de sangre y de apellido. Pero tu propia familia fue construida con mentiras.

Richard golpeó la mesa.

—¡Cállate!

Rachel observó la pantalla.

—Tienes miedo de que el libro demuestre que Adrian fue quien creó todo esto.

Richard negó.

—Adrian no creó nada.

—Entonces ¿quién?

Richard guardó silencio.

Thomas palideció.

—Nuestro abuelo.

Richard cerró los ojos.

—Sí.

Rachel sintió un escalofrío.

Richard continuó:

—Nuestro abuelo inició el programa.

Grant frunció el ceño.

—¿Qué programa?

—Una investigación privada sobre herencia genética.

Thomas añadió:

—Quería construir una familia que pudiera controlar mediante matrimonios, adopciones y reproducción asistida.

Rachel sintió repulsión.

—¿Estás diciendo que seleccionaba a las personas por su ADN?

Richard respondió:

—No solamente a las personas.

Miró directamente a Grant.

—Seleccionaba a los niños.

Rachel apretó los puños.

—Maddie.

—Maddie fue una coincidencia que nadie esperaba.

—No.

Rachel negó.

—La elegiste.

Richard no respondió.

Eso fue suficiente.

Grant se lanzó hacia la puerta del cuarto donde estaba la pantalla.

Thomas lo detuvo.

—¡No!

—¡Quiero el libro!

—¡Es una trampa!

Las luces se apagaron.

Rachel escuchó pasos.

Luego una puerta cerrándose.

—¡Grant!

—¡Estoy aquí!

Una luz de emergencia se encendió.

Richard ya no aparecía en la pantalla.

Pero sobre una mesa había un libro viejo.

Rachel se acercó.

—Es él.

Thomas la detuvo.

—No lo toques.

—¿Por qué?

—Porque Richard jamás dejaría algo así sin protegerlo.

Grant miró alrededor.

—Entonces ¿dónde está?

Thomas observó el libro.

—Eso no es el original.

Rachel lo abrió.

Las primeras páginas parecían auténticas.

Pero después encontró algo extraño.

Una fotografía antigua.

Era una imagen de cuatro hombres.

Uno era el abuelo Bennett.

Otro, un hombre joven que Rachel no reconocía.

El tercero era Adrian.

Y el cuarto…

Rachel dejó escapar un suspiro.

—No.

Grant tomó la fotografía.

—¿Quién es?

Thomas respondió:

—El padre de Adrian.

Rachel lo miró.

—¿Quién era?

Thomas bajó la voz.

—Samuel Vale.

Grant frunció el ceño.

—¿Otro Samuel?

—Sí.

Rachel volvió a mirar la fotografía.

Entonces vio algo escrito detrás.

*“Proyecto Familia — generación tres.””*

Debajo aparecía una lista de nombres.

Uno de ellos estaba marcado.

*Adrian Vale.*

Otro:

*Thomas Bennett.*

Y uno más:

*Grant Bennett.*

Rachel sintió un escalofrío.

—Esto fue planeado antes de que Grant naciera.

Thomas asintió.

—Sí.

Grant miró a Richard en la pantalla apagada.

—¿Dónde está el verdadero libro?

Una voz respondió desde detrás de ellos.

—Lo tienes en la mano.

Rachel se giró.

Evelyn estaba en la puerta.

Tenía lágrimas en los ojos.

Grant se quedó inmóvil.

—Mamá.

Evelyn miró el libro.

—Richard te mostró una copia.

—¿Dónde está el original?

Evelyn cerró los ojos.

—En un lugar donde nunca podrá encontrarlo.

Rachel dio un paso.

—¿Dónde?

Evelyn la miró.

—En la casa donde nació Grant.

Grant palideció.

—Esa casa fue vendida.

—No.

Evelyn negó lentamente.

—Nunca fue vendida.

Entonces un ruido metálico se escuchó afuera.

Evelyn miró hacia la ventana.

—Tenemos que irnos.

—¿Por qué?

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Su rostro perdió el color.

—Porque Richard acaba de descubrir que yo los traicioné.

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