Chapter 4: El secreto que el padre de Marcus se llevó a la tumba
Marcus llevaba años creyendo que la muerte de su padre había sido una tragedia familiar, pero aquella noche descubrió que alguien había utilizado el dolor de su familia para construir una mentira.
El mensaje del director de seguridad seguía abierto en su teléfono.
Una credencial temporal.
Una empresa que había trabajado para la fundación de su padre.
Y un sobre dirigido a Khloe que había aparecido frente a la suite minutos antes del ataque.
Todo estaba conectado de alguna manera.
Lo que Marcus todavía no comprendía era cómo.
—Necesito revisar los archivos antiguos de la fundación —dijo finalmente.
Daniel, que permanecía junto a la ventana de la habitación, se volvió hacia él.
—¿Los archivos de tu padre?
—Sí. Si esa empresa tuvo acceso a sus instalaciones hace tres años, tiene que existir un registro de sus contratos, sus empleados y los pagos que recibió.
—Entonces empieza por ahí. Pero no vayas a confrontar a Isabella sin pruebas.
Marcus apretó la mandíbula.
—Después de lo que le hizo a Khloe, no me importa lo que tenga que decir.
—Debería importarte —replicó Daniel—. Si alguien preparó todo esto, enfrentarte a ella ahora podría darle tiempo para destruir pruebas o advertir a sus cómplices.
Khloe, recostada en la cama, había escuchado cada palabra.
Aunque el dolor la obligaba a moverse con cuidado, su mente estaba más clara que nunca.
—Daniel tiene razón.
Marcus se acercó inmediatamente.
—Amor, necesitas descansar.
—Y voy a hacerlo. Pero descansar no significa fingir que no está pasando nada.
Le sostuvo la mirada.
—Quiero que encuentres la verdad, Marcus. No solamente la parte que te haga sentir mejor.
Él se sentó junto a ella.
—Te lo prometo.
Khloe le acarició la mano con el pulgar.
—No quiero que hagas esto para vengarte de Isabella. Hazlo porque alguien pensó que podía lastimar a nuestra familia y salirse con la suya.
Marcus inclinó la cabeza y besó sus dedos.
—Eso es exactamente lo que voy a hacer.
Antes de marcharse, Daniel llamó a la enfermera para confirmar que Khloe tendría vigilancia continua y que cualquier visitante tendría que ser autorizado por ella.
Después acompañó a Marcus hasta el pasillo.
—Hay algo que debes recordar —dijo mientras caminaban—. El hecho de que Isabella esté involucrada en el ataque no significa automáticamente que también esté relacionada con la muerte de tu padre.
—Lo sé.
—Y si encuentras irregularidades financieras, entrégalas a los investigadores. No intentes resolverlo todo utilizando tus propios recursos.
Marcus lo miró.
—¿Desde cuándo eres tan desconfiado?
Daniel no sonrió.
—Desde que vi a mi sobrina embarazada en una cama de hospital después de que alguien intentara destruirla.
A las dos de la madrugada, Marcus llegó a las oficinas de Thorne Global.
El edificio estaba prácticamente vacío. Las luces de la recepción permanecían encendidas y un guardia lo saludó con evidente sorpresa.
—Señor Thorne, ¿necesita que llame a alguien?
—A la directora de archivos. Quiero acceso al expediente histórico de la fundación de mi padre.
—¿A esta hora?
Marcus lo miró.
—¿Prefieres que vuelva por la mañana?
—No, señor. Enseguida.
Quince minutos después, Elena Ruiz, directora del archivo corporativo, llegó con una carpeta electrónica y una expresión preocupada.
Tenía más de veinte años trabajando para la familia Thorne. Había conocido al padre de Marcus y sabía que su hijo no acudía personalmente a los archivos a menos que existiera un problema serio.
—¿Qué estamos buscando? —preguntó.
—Todos los contratos de proveedores externos relacionados con la fundación entre enero y marzo del año en que murió mi padre. También quiero los registros de pagos, las autorizaciones y cualquier modificación posterior.
Elena abrió su computadora.
—Puedo conseguirlo, pero algunos documentos están archivados fuera del sistema principal.
—Entonces necesitamos los originales.
Ella lo observó con atención.
—¿Tiene que ver con la muerte de su padre?
Marcus tardó en responder.
—Puede ser.
Elena dejó de teclear.
—Hay algo que nunca le dije porque pensé que no era asunto mío.
Marcus se volvió hacia ella.
—¿Qué cosa?
La mujer respiró profundamente.
—Dos semanas antes del accidente, su padre me pidió que preparara copias certificadas de varios contratos. Me dijo que necesitaba revisar personalmente ciertas operaciones porque había descubierto discrepancias en las cuentas de la fundación.
Marcus sintió que el estómago se le cerraba.
—¿Qué contratos?
—Los de una empresa llamada Vértice Consultores.
El nombre apareció de inmediato en su memoria.
Era la empresa mencionada en el mensaje del hospital.
—¿Quién la dirigía?
—Oficialmente, un hombre llamado Arturo Salcedo. Pero en algunos documentos aparecía una representante autorizada: Isabella Rossi.
Marcus se quedó inmóvil.
Elena continuó, con cautela.
—No puedo afirmar que ella haya hecho algo ilegal. Solo sé que su padre estaba preocupado por esos contratos. Después del accidente, recibí instrucciones de trasladar parte de los expedientes a un archivo externo.
—¿Quién dio esas instrucciones?
—El abogado personal de su padre.
—¿Y dónde están esos documentos?
Elena vaciló.
—En una bóveda documental que ya no utilizamos. Pero hay un problema.
Marcus sintió que la paciencia se le agotaba.
—¿Cuál?
—Hace seis meses alguien solicitó consultar esos expedientes.
—¿Quién?
Elena revisó la pantalla.
—La solicitud aparece autorizada con una firma digital vinculada a su cuenta corporativa.
Marcus sintió que el mundo se detenía.
—Yo nunca autoricé eso.
—Lo imaginé cuando vi la solicitud. La firma parece legítima, pero la autorización se hizo desde un dispositivo que no figura entre los suyos.
Marcus se acercó a la pantalla.
La solicitud incluía una fecha, una hora y un identificador interno.
También incluía el nombre de la persona que había recogido los documentos.
*Isabella Rossi.*
Marcus apretó los puños.
—Quiero una copia de todo. No cambies ningún registro y no contactes a Isabella.
—Por supuesto.
—Y Elena…
Ella levantó la mirada.
—Sí, señor.
—Si alguien te pregunta por esta investigación, no mientas. Pero tampoco entregues documentos a personas que no tengan autorización legal.
—Entendido.
Marcus se quedó mirando el nombre de Isabella en la pantalla.
Durante años había creído que ella formaba parte de su pasado.
Ahora parecía haber estado revisando los secretos de su familia a escondidas, utilizando una autorización que alguien había falsificado o manipulado.
Pero ¿para qué?
A las tres y veinte de la madrugada, Marcus regresó al hospital.
Khloe estaba despierta cuando entró.
—Tienes cara de no haber dormido en tres días —murmuró ella.
Marcus intentó sonreír.
—Solo han sido unas horas.
—¿Encontraste algo?
Él se sentó junto a la cama.
—La empresa que aparece en el registro del hospital también tenía contratos con la fundación de mi padre. Isabella era una de sus representantes autorizadas.
Khloe cerró los ojos.
—Entonces no era solamente una mujer celosa.
—Todavía no sabemos qué significa.
—Pero ella tuvo acceso a documentos relacionados con tu papá después de su muerte.
Marcus asintió.
—Y alguien consultó esos archivos hace seis meses utilizando una autorización vinculada a mi cuenta.
Khloe volvió a mirarlo.
—¿Tú lo hiciste?
—No.
—¿Quién más podía usar tu autorización?
Marcus guardó silencio.
En teoría, nadie.
Pero en la práctica, varias personas habían tenido acceso a su agenda corporativa y a documentos administrativos durante años.
Isabella había conocido a su padre.
Había colaborado con la fundación.
Y, antes de que Marcus estableciera protocolos más estrictos, había tenido acceso a reuniones, archivos y contactos que nadie consideraba sospechosos.
—No lo sé —admitió.
Khloe se acomodó con cuidado.
—Marcus, necesito preguntarte algo.
—Lo que quieras.
—¿Tu padre sabía algo sobre Isabella que tú desconocías?
Marcus recordó las palabras de Elena.
Las discrepancias.
Los contratos.
Las copias certificadas.
—Es posible.
Khloe lo miró con una mezcla de temor y determinación.
—Entonces no busques solamente lo que ella hizo. Busca lo que tu padre descubrió.
Antes de que Marcus pudiera responder, Daniel entró en la habitación.
Llevaba una tableta en la mano y una expresión que hizo que ambos se incorporaran.
—Acabo de recibir una llamada del director de seguridad —anunció.
Marcus se puso de pie.
—¿Identificaron a la persona que dejó el sobre?
—Todavía no. Pero revisaron los registros de acceso y encontraron algo importante.
Daniel colocó la tableta sobre una mesa.
En la pantalla aparecía una fotografía del hombre con uniforme de servicio.
Su rostro estaba parcialmente oculto, pero se distinguía una marca junto a la mandíbula.
—La empresa que proporcionó el uniforme confirmó que ese hombre no trabaja para ellos —explicó Daniel—. Alguien recogió el uniforme utilizando una identificación falsa.
—¿Y la credencial temporal? —preguntó Marcus.
—Se emitió con datos de un proveedor antiguo de la fundación. El registro se realizó con información que dejó de estar vigente hace tres años.
Marcus miró la fotografía.
—Alguien conocía los sistemas antiguos de mi padre.
—Eso parece.
Daniel deslizó el dedo por la pantalla y abrió otra imagen.
Era una fotografía del registro de entrada.
En el apartado de contacto de emergencia aparecía un número de teléfono.
Marcus lo reconoció de inmediato.
No era el número de Isabella.
Era el de una persona que había trabajado estrechamente con su padre durante más de quince años.
Una persona que había asistido al funeral, había consolado a la familia y después había desaparecido discretamente de la empresa.
*Ricardo Salcedo, antiguo director financiero de la fundación Thorne.*
Marcus sintió un escalofrío.
—Ricardo dejó la empresa después de la muerte de mi padre.
Daniel asintió.
—¿Por qué?
—Dijo que necesitaba retirarse por motivos de salud.
Khloe lo observó desde la cama.
—¿Y realmente se retiró?
Marcus no respondió de inmediato.
Porque, por primera vez, comprendió que no sabía qué había sido de Ricardo Salcedo.
Ni dónde vivía.
Ni con quién trabajaba.
Ni por qué su número aparecía asociado a una credencial utilizada la noche en que Isabella atacó a su esposa.
Entonces su teléfono vibró.
Era un mensaje de Elena Ruiz.
«Señor Thorne, encontré el documento original que su padre pidió copiar antes de morir. Hay una nota escrita a mano en el reverso. Creo que debería verla personalmente».
Marcus leyó el mensaje y sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Qué dice? —preguntó Daniel.
Marcus levantó lentamente la mirada.
—No lo sé.
May you like
Pero había algo en la forma en que Elena había redactado el mensaje que le hizo comprender que el pasado acababa de abrir una puerta.
Y detrás de esa puerta podía estar la razón por la que alguien había decidido convertir a Khloe en el blanco de una guerra que ella ni siquiera sabía que existía.
Related Stories