Calm

Chapter 2: El hombre que Isabella nunca debió provocar

Cuando las puertas del área de urgencias se cerraron frente a Marcus, él sintió por primera vez en muchos años que su dinero no podía comprarle lo único que necesitaba.

La seguridad de su familia.

—Doctor, por favor, dígame que mi esposa y mi hijo van a estar bien.

La doctora que encabezaba el equipo no se detuvo.

—Estamos haciendo todo lo necesario. Necesitamos revisar a la señora Thorne de inmediato.

—¿Puedo entrar?

—En cuanto sea posible.

Las puertas se cerraron.

Marcus se quedó solo en el pasillo, con la camisa ligeramente arrugada y una pequeña mancha de sangre ajena en el puño de su camisa. No sabía de dónde había salido. Quizá Khloe se había lastimado al caer. Quizá era una herida que él ni siquiera había alcanzado a ver.

Aquella incertidumbre lo estaba destrozando.

Sacó su teléfono y llamó al director del hospital.

—Quiero a los mejores especialistas disponibles. No me importa si tienen que venir de otra ciudad.

—Señor Thorne, el equipo de guardia ya está atendiendo a su esposa.

—Entonces asegúrese de que no les falte absolutamente nada.

Colgó.

Por primera vez, el multimillonario no tenía ganas de negociar, amenazar ni imponer su voluntad.

Solo quería escuchar a Khloe decirle que el bebé seguía moviéndose.

Detrás de él, unas pisadas apresuradas interrumpieron sus pensamientos.

—¡Marcus!

Isabella apareció en el pasillo acompañada por una mujer de su equipo de relaciones públicas.

Se había limpiado las lágrimas y acomodado el cabello. El vestido rojo seguía impecable, aunque ahora llevaba un chal sobre los hombros.

Marcus la miró con una frialdad que ella nunca le había visto.

—Vete.

Isabella se detuvo.

—No puedes hablarme así. Estoy tan preocupada como tú.

—Te dije que te fueras.

—Marcus, por favor. Tenemos que aclarar lo que pasó.

Él dio un paso hacia ella.

—Mi esposa estaba en el suelo, embarazada de siete meses, mientras tú estabas de pie junto a ella. ¿Qué parte de eso necesitas aclarar?

Isabella tragó saliva.

—Ella perdió el control. Empezó a gritarme y me empujó. Yo intenté apartarla, pero tropezó con la mesa.

Marcus no respondió.

Aquello pareció darle confianza.

—Sé que estás alterado. Es normal. Pero conoces mi carácter. Jamás lastimaría a una mujer embarazada.

—¿De verdad quieres que hablemos de tu carácter?

Isabella parpadeó.

—¿Qué significa eso?

—Significa que no vuelvas a acercarte a mi esposa.

La mujer de relaciones públicas intervino con cautela.

—Señor Thorne, quizá lo mejor sea que todos mantengamos la calma. Hay invitados en el hospital y la situación podría malinterpretarse.

Marcus giró hacia ella.

—¿Malinterpretarse? ¿Mi esposa necesita atención médica y tú estás preocupada por los invitados?

La mujer bajó la mirada.

Isabella aprovechó el silencio.

—Marcus, sabes que te quiero. Siempre te he querido. ¿De verdad vas a destruir nuestra amistad por una escena que ni siquiera viste completa?

Marcus soltó una risa seca, sin humor.

—Tienes razón. No vi el principio.

Isabella recuperó un poco de esperanza.

—Entonces…

—Pero vi a mi esposa en el suelo. Vi cómo se protegía el vientre. Y te escuché decir que ella te había atacado antes de que tuvieras tiempo de preguntarle qué había pasado.

La sonrisa de Isabella desapareció.

—Estaba asustada.

—Yo también.

Aquellas dos palabras fueron más duras que cualquier grito.

Marcus se volvió hacia las puertas de urgencias.

—No voy a discutir contigo. Si vuelves a acercarte a Khloe, hablarás con mis abogados.

Isabella lo observó alejarse unos pasos.

La amenaza era real.

Pero ella no estaba dispuesta a aceptar que su plan se derrumbara tan fácilmente.

—¿Tus abogados? —preguntó con voz temblorosa—. ¿Eso es lo que merezco después de tantos años?

Marcus no respondió.

—¡Yo estuve contigo cuando nadie creía en ti! —continuó ella—. Cuando tu padre decía que nunca conseguirías construir una empresa seria, yo te defendía. Cuando tus socios se burlaban de tus proyectos, yo estaba ahí.

Marcus se detuvo.

Por un instante, la nostalgia intentó abrirse paso entre la rabia.

Era cierto que Isabella había formado parte de una etapa importante de su juventud. Habían compartido cenas familiares, viajes y conversaciones interminables sobre el futuro.

Pero la amistad no le daba derecho a destruir su matrimonio.

—Y te agradezco lo que hiciste entonces —respondió—. Pero eso no te concede el derecho de lastimar a mi esposa.

Isabella se quedó sin palabras.

En ese momento, un hombre alto apareció al final del pasillo.

Vestía un traje gris oscuro y caminaba con la seguridad de alguien acostumbrado a que los demás le abrieran paso. Tenía el cabello entrecano, una mirada penetrante y una pequeña cicatriz cerca de la ceja izquierda.

Marcus lo reconoció de inmediato.

—¿Tío Daniel?

Daniel Whitmore era hermano de la madre de Khloe.

Aunque nunca había buscado atención pública, poseía una participación considerable en varias empresas de tecnología médica y llevaba años financiando proyectos de investigación hospitalaria. Su relación con Khloe era estrecha, pero discreta.

También era uno de los pocos hombres que podían mirar a Marcus de frente sin sentirse intimidados por su fortuna.

Daniel ignoró a Isabella y se acercó a Marcus.

—¿Dónde está mi sobrina?

—Los médicos la están atendiendo.

—¿Qué ocurrió?

Marcus tragó saliva.

—Isabella estaba con ella. Cuando entré, Khloe estaba en el suelo.

Daniel volvió la mirada hacia la mujer del vestido rojo.

Isabella intentó sonreír.

—Daniel, qué bueno verte. Todo esto es un terrible malentendido.

Él la observó durante varios segundos.

—No recuerdo haberte preguntado nada.

El rostro de Isabella perdió color.

Daniel se acercó un poco más.

—¿Lastimaste a mi sobrina?

—¡No! Ella me atacó primero.

—Qué curioso.

—¿Qué tiene de curioso?

Daniel señaló discretamente el techo.

—Este hospital tiene cámaras de seguridad en todos los accesos y en las suites privadas destinadas a pacientes de alto riesgo. Supongo que lo sabes.

Isabella sintió que algo se cerraba alrededor de su garganta.

Por supuesto que había visto la cámara.

Pero había pensado que se trataba de un dispositivo para vigilar la puerta, no de un sistema capaz de registrar lo que ocurría dentro de la habitación.

—No puedes utilizar grabaciones privadas sin autorización —replicó ella, intentando recuperar el control.

Daniel no se inmutó.

—La investigación de una agresión contra una paciente embarazada no es un asunto de chismes. El hospital tiene protocolos para preservar las pruebas y entregarlas a las autoridades cuando corresponda.

—No hubo ninguna agresión.

—Entonces no tienes nada que temer.

Isabella apretó los labios.

Daniel sacó su teléfono y realizó una llamada.

—Necesito que preserven inmediatamente las grabaciones de la suite privada donde estaba Khloe Thorne. También las del pasillo y los ascensores. Que nadie sobrescriba los archivos y que se documente quién tiene acceso a ellos.

Escuchó la respuesta.

—Gracias. Enviaré a nuestro representante legal para coordinar todo conforme a los procedimientos del hospital.

Colgó.

Isabella observó a Marcus.

Esperaba que él interviniera. Que recordara los años de amistad, las promesas juveniles o cualquier otra cosa que pudiera salvarla.

Pero Marcus permaneció en silencio.

Daniel se dirigió entonces a la mujer de relaciones públicas.

—Usted estaba presente cuando encontraron a Khloe. Necesito que conserve cualquier mensaje, fotografía o comunicación relacionada con lo sucedido. No borre nada.

—Claro, señor Whitmore.

—Y no publique declaraciones sobre lo ocurrido sin asesoría legal.

La mujer asintió rápidamente.

Isabella dio un paso atrás.

—Esto es absurdo. Todos están actuando como si yo fuera una criminal.

Daniel la miró con serenidad.

—Nadie ha determinado nada todavía. Los médicos están atendiendo a Khloe y las pruebas tendrán que revisarse. Si eres inocente, eso quedará claro.

Hizo una pausa.

—Pero si la atacaste, también quedará claro.

Isabella sintió un frío repentino en las manos.

Por primera vez, comprendió que no estaba frente a un esposo confundido al que pudiera manipular con lágrimas.

Daniel no tenía ninguna razón para protegerla.

Y, a diferencia de Marcus, no compartía con ella recuerdos que pudieran convertirse en una debilidad.

—No sabes con quién te estás metiendo —murmuró.

Daniel arqueó una ceja.

—Esa frase suele salir de la boca de las personas que están acostumbradas a no enfrentar consecuencias.

—¡Mi familia tiene influencia!

—Qué bueno. Entonces podrán contratar buenos abogados.

Marcus cerró los ojos un instante.

No quería que la situación se convirtiera en una guerra de familias. Lo único importante era Khloe.

Sin embargo, Daniel parecía haber comprendido algo que él todavía no conseguía aceptar: Isabella no se detendría por una simple advertencia.

La mujer miró hacia las puertas de urgencias.

—Marcus, tenemos que hablar a solas.

—No.

—Por favor. Hay cosas que no sabes.

Él la observó con expresión severa.

—Si tienes algo que decir, dilo aquí.

Isabella abrió la boca.

Y la cerró de nuevo.

Porque la verdad que estaba a punto de revelar podía destruir mucho más que su relación con Marcus.

Podía exponer el motivo real por el que había pasado meses acercándose a su familia.

Daniel notó su vacilación.

—Adelante —dijo—. Estamos escuchando.

Isabella bajó la mirada.

—No puedo hablar de eso aquí.

Marcus se acercó.

—Después de lo que le hiciste a mi esposa, ya no tienes derecho a exigirme una conversación privada.

Antes de que Isabella pudiera responder, una enfermera salió de urgencias.

Marcus se volvió de inmediato.

—¿Cómo está mi esposa?

La enfermera respiró profundamente.

—La doctora quiere hablar con usted y con un familiar directo de la paciente.

Daniel avanzó.

—Soy su tío. ¿Qué sucede?

La enfermera los miró a ambos.

—La señora Thorne está consciente, pero necesitamos realizar más estudios. Presenta dolor abdominal y debemos vigilar de cerca al bebé.

Marcus sintió que las piernas le fallaban.

—¿Y el corazón del bebé? ¿Lo han escuchado?

—Sí. En este momento hay actividad cardíaca fetal, pero todavía es pronto para asegurar que no existan complicaciones.

Marcus se llevó una mano a la boca.

Daniel cerró los ojos un segundo, conteniendo su angustia.

—¿Podemos verla?

—La doctora los llamará en cuanto termine la evaluación.

La enfermera regresó al área de urgencias.

Marcus se apoyó contra la pared.

Daniel le puso una mano en el hombro.

—Ahora tienes que mantenerte fuerte por ella.

—Debí haberme quedado con Khloe —murmuró Marcus—. Nunca debí dejarla sola.

—No puedes cambiar lo que pasó. Pero sí puedes asegurarte de que nadie vuelva a hacerle daño.

Al otro lado del pasillo, Isabella los observaba.

Su teléfono vibró dentro de su bolso.

Miró la pantalla.

Era un mensaje de un número que no tenía registrado.

«¿Ya conseguiste que Marcus dude de su esposa? Necesito saber si podemos continuar con el plan».

Isabella sintió que el corazón se le detenía.

No había enviado ese mensaje.

Y, sin embargo, alguien conocía el plan.

Levantó la vista hacia Daniel.

Él no parecía haberla visto revisar el teléfono.

Pero entonces su propio dispositivo vibró.

Daniel leyó el mensaje que acababa de recibir y su expresión cambió por completo.

Miró a Marcus.

Después miró a Isabella.

—Creo que tenemos un problema mucho más grande del que imaginábamos —dijo.

May you like

Y cuando mostró la pantalla, Marcus comprendió que el ataque contra Khloe quizá no había sido un acto impulsivo de celos.

Alguien había estado preparando aquella noche desde mucho antes de que comenzara la gala.

Related Stories

Other posts