Chapter 9: La noche en que los Russo tuvieron que elegir
Adrian Russo dejó el teléfono sobre la mesa y miró a Callum como si los quince años de engaños, amenazas y muertes fueran apenas un asunto administrativo que pudiera resolverse con una firma.
—Entrega el libro —dijo—. Después todos podrán marcharse.
Callum no se movió.
—No.
Adrian suspiró.
—Siempre tienes que convertirlo todo en una batalla.
—Tú secuestraste a Emma. Utilizaste a Sadie para encontrar los documentos y mantuviste a nuestro padre encerrado. No hay ninguna negociación que pueda convertir eso en algo aceptable.
Adrian inclinó la cabeza.
—¿Nuestro padre? ¿Todavía lo consideras tu padre después de escuchar la grabación?
Callum sintió que Sadie se tensaba detrás de él.
Adrian lo había notado.
Sonrió.
—Ah, claro. La hija de Thomas Miller. La heredera de una tragedia que ni siquiera comprende.
Sadie levantó la barbilla.
—Comprendo perfectamente que eres un cobarde que necesita amenazar a dos mujeres para conseguir un cuaderno.
La sonrisa de Adrian desapareció.
Dominic dio un paso hacia ella, pero Callum se interpuso.
—No la toques.
Adrian soltó una carcajada.
—¿Vas a protegerla ahora? ¿Después de lo que hiciste con su padre?
Callum apretó los puños.
—Yo no maté a Thomas.
—No. Solo lo dejaste en un almacén mientras nuestro padre preparaba el incendio.
Sadie cerró los ojos.
Aunque ya conocía aquella parte de la historia, escucharla de boca de Adrian la hizo sentir como si volviera a perder a su padre.
Callum respiró profundamente.
—Yo tenía veintisiete años. No sabía que mi padre había ordenado bloquear las salidas.
—Pero cuando despertaste en la clínica, supiste que algo estaba mal. ¿Y qué hiciste? Aceptaste el informe, heredaste los negocios y nunca volviste a preguntar por el hombre que murió con nuestro padre.
Callum no respondió.
Adrian se acercó a la mesa.
—Eso es lo que siempre te ha hecho débil. Necesitas creer que eres mejor que nosotros, pero cuando llega el momento de elegir, siempre escoges lo que te beneficia.
Sadie observó a Callum.
Por un instante temió que la acusación lo hiciera reaccionar con violencia y que Adrian consiguiera provocar exactamente lo que quería.
Pero Callum no se abalanzó sobre él.
No levantó la voz.
Simplemente miró a su primo.
—Quizá tengas razón sobre mí. Pero eso no cambia lo que hiciste.
Adrian soltó una risa.
—¿Y qué hice exactamente?
Sadie sacó la memoria USB de su bolso.
—Tenemos los registros de tus pagos, la grabación de Anthony y la declaración de Thomas Miller. Si algo nos ocurre, varias personas recibirán copias.
Era una mentira.
No habían enviado los documentos a nadie.
Pero Sadie conocía el valor de una amenaza cuando estaba respaldada por información que el enemigo no podía ignorar.
Adrian miró la memoria.
—Dámela.
—Primero libera a Emma.
—No estás en posición de negociar.
—Entonces tampoco estás en posición de conseguir lo que quieres.
Adrian hizo una señal.
Uno de los hombres tomó a Emma del brazo y la levantó de la silla.
Sadie dio un paso hacia su hermana.
—¡Suéltala!
—El libro original —ordenó Adrian.
Gabriel se interpuso entre el hombre y Emma.
—Ya basta.
Adrian lo miró con desprecio.
—Tú no tienes derecho a dar órdenes en esta familia.
—No quiero formar parte de tu familia.
—Entonces debiste quedarte escondido.
Gabriel apretó la mandíbula.
—Evelyn me mantuvo oculto porque sabía que querías eliminar a cualquiera que pudiera demostrar lo que hiciste.
Adrian sonrió lentamente.
—Evelyn te mantuvo oculto porque sabía que tu existencia podía destruir a Anthony.
—Mi existencia no destruyó nada. Tú lo hiciste.
Por primera vez, la máscara de Adrian se quebró.
—¡Yo hice lo que era necesario!
El grito resonó en toda la oficina.
—Anthony iba a entregar el control de la familia a Callum. Quería convertirnos en una empresa respetable, pagar impuestos y fingir que todos aquellos años de negocios sucios podían borrarse con una firma. Yo construí las conexiones.
Yo conseguí a los compradores. Yo hice que el dinero circulara.
Se señaló el pecho.
—Y cuando descubrí que mi propio tío pensaba dejarme fuera, decidí que no iba a permitirlo.
Callum sintió que cada pieza de la historia encajaba.
—Tú organizaste el incendio.
Adrian no respondió.
—Convenciste a Dominic para bloquear las salidas. Esperabas que Anthony y Thomas murieran, que yo desapareciera y que Gabriel quedara fuera de la sucesión.
Adrian sonrió.
—No todo salió como esperaba.
Dominic bajó la mirada.
Sadie lo observó.
—¿Usted cerró la puerta?
El hombre permaneció inmóvil.
—Contésteme —insistió ella—. ¿Cerró la puerta donde estaba mi papá?
Dominic levantó lentamente la cabeza.
—Sí.
La respuesta cayó sobre Sadie como una piedra.
—¿Por qué?
Dominic tragó saliva.
—Adrian me dijo que Anthony había ordenado evacuar el almacén y que Thomas estaba intentando robar documentos. Pensé que debía mantener a todos fuera hasta que llegaran los demás hombres.
—¿Pensó? —repitió Sadie, con la voz rota—. ¿No escuchó a mi papá gritar?
Dominic cerró los ojos.
—Sí.
—¿Y aun así se fue?
—Sí.
Sadie sintió que el dolor se convertía en una furia fría.
—Mi mamá murió creyendo que había podido salvarnos. Pasó años pensando que, si hubiera sido más valiente, mi papá seguiría vivo. Y usted sabe perfectamente que la puerta estaba cerrada desde afuera.
Dominic no intentó defenderse.
—Lo siento.
Sadie soltó una risa amarga.
—¿Eso es todo lo que tiene para decir?
—No.
El hombre sacó lentamente una pequeña grabadora del bolsillo interior de su chaqueta.
Adrian se volvió hacia él.
—¿Qué estás haciendo?
Dominic miró a Callum.
—La noche del incendio, grabé una conversación entre Adrian y Anthony. Nunca tuve el valor de entregarla. La he conservado todos estos años porque sabía que algún día alguien intentaría culparme de todo.
Adrian palideció.
—Dámela.
Dominic retrocedió.
—No.
Adrian hizo una señal a sus hombres.
Todo ocurrió en cuestión de segundos.
Uno de ellos avanzó hacia Dominic. Gabriel empujó a Emma detrás de una mesa y Callum se lanzó hacia Adrian para impedir que alcanzara la grabadora.
La habitación se convirtió en un caos de gritos, muebles desplazados y órdenes contradictorias.
Sadie sujetó a su hermana y la llevó hacia un rincón protegido.
—No me sueltes —le dijo.
Emma se aferró a ella.
—No voy a hacerlo.
Al otro lado de la oficina, Callum consiguió apartar a Adrian de la mesa. No utilizó ningún arma. Lo sujetó por la chaqueta y lo obligó a retroceder hasta la pared.
—Se acabó —dijo.
Adrian intentó golpearlo, pero Callum esquivó el movimiento.
—¡No puedes destruir a la familia por una mujer que acabas de conocer!
Callum lo miró con una frialdad absoluta.
—No estoy destruyendo a la familia. Estoy dejando de proteger a quienes la destruyeron.
Dominic consiguió entregar la grabadora a Gabriel.
El hombre la encendió.
La voz de Anthony llenó la oficina.
—Thomas no firmará. Si entregamos esos documentos, todos terminaremos en prisión.
Después se escuchó la voz de Adrian.
—Entonces no debe salir del almacén.
—No voy a permitir que lo maten —respondió Anthony.
—No tienes que matarlo tú. Solo tienes que asegurarte de que nadie abra las puertas.
Hubo una pausa.
Luego, Dominic habló en la grabación.
—¿Y Callum?
Adrian respondió sin vacilar.
—Que se vaya antes de que empiece el incendio. Él no necesita saber nada. Cuando todo termine, yo me encargaré de la sucesión.
La grabación continuó unos segundos más.
Se escuchó un golpe, una puerta cerrándose y la voz de Thomas gritando el nombre de Evelyn.
Después, silencio.
Sadie sintió que las lágrimas le recorrían el rostro.
No había sido su madre quien cerró la puerta.
Había sido Dominic, siguiendo las órdenes de Adrian.
Y Anthony, aunque había intentado detenerlo, no había conseguido salvar a Thomas.
La verdad no devolvía la vida a su padre.
Pero por primera vez, Sadie podía dejar de culpar a su madre por aquella noche.
Adrian dejó de forcejear.
Miró a Dominic con una expresión de odio absoluto.
—Eres un muerto.
Dominic bajó la cabeza.
—Lo sé.
En ese momento, un ruido de motores llegó desde el exterior.
Las luces de varios vehículos iluminaron las ventanas de la fábrica.
Uno de los hombres de Adrian se acercó a la puerta y miró por una rendija.
—Tenemos compañía.
Callum soltó a Adrian.
—¿Quiénes son?
El hombre retrocedió.
—Policía.
Adrian palideció.
—¿Quién los llamó?
Gabriel levantó el teléfono.
—Yo.
Callum lo miró sorprendido.
—¿Cuándo?
—Antes de que llegaras. Les envié la ubicación, una copia de los registros y la grabación de mi padre. No confiaba en que pudiéramos salir de aquí con vida.
Adrian intentó alcanzar la puerta, pero Gabriel se interpuso.
—No vas a escapar otra vez.
—¡Tú no eres nadie!
Gabriel sostuvo su mirada.
—Quizá. Pero ya no estoy escondido.
La puerta principal se abrió y varios agentes entraron en la fábrica. Los hombres de Adrian dejaron sus armas en el suelo y levantaron las manos.
Callum retrocedió para permitir que los agentes detuvieran a su primo.
Adrian no dejó de mirarlo.
—Esto no termina aquí.
Callum se acercó lo suficiente para que solo él pudiera escucharlo.
—Para ti, sí.
Mientras los agentes aseguraban la oficina, Sadie abrazó a Emma con todas sus fuerzas.
Su hermana estaba viva.
La grabación había sobrevivido.
Y la verdad sobre la muerte de Thomas Miller por fin tenía pruebas.
Pero todavía faltaba Anthony.
Callum se acercó a Gabriel.
—¿Dónde está nuestro padre?
Gabriel sacó un papel del bolsillo.
—En una propiedad al norte de la ciudad. Adrian lo mantenía allí porque necesitaba que firmara la transferencia de los negocios antes de medianoche.
—¿Y por qué no nos lo dijiste?
Gabriel lo miró con cansancio.
—Porque no sabía si podía confiar en ti.
Callum asintió lentamente.
—No te culpo.
Sadie se acercó con Emma a su lado.
—¿Vamos a buscarlo?
Callum miró a las dos hermanas.
Después miró a Gabriel.
—Sí. Pero esta vez nadie va a decidir por nosotros quién merece conocer la verdad.
Salieron de la fábrica mientras los agentes se llevaban a Adrian y a Dominic.
La lluvia había cesado.
Sin embargo, mientras el automóvil avanzaba hacia la dirección indicada por Gabriel, Callum recibió un mensaje de Samuel Bennett.
*Hay algo que no te dije sobre la declaración de Anthony. El hombre que firmó el certificado de defunción de tu padre fue el mismo médico que atendió a Thomas Miller. Su nombre aparece también en los pagos de Adrian.*
Debajo había una segunda línea.
*Anthony no es el único hombre que fingió su muerte. Marcus Vale acaba de solicitar una reunión contigo. Dice que conoce la ubicación del registro original y que puede demostrar quién dio la orden definitiva de cerrar las puertas.*
Callum levantó la mirada hacia la carretera.
Adrian había sido detenido.
Dominic había confesado.
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Pero alguien más seguía moviendo las piezas.
Y aquella persona llevaba quince años esperando el momento adecuado para regresar.