Calm

Chapter 7: La última mentira de Evelyn Miller

—Mi mamá no cerró ninguna puerta —dijo Sadie, aunque su voz temblaba tanto que ni ella misma pudo reconocerla—. No voy a creer una sola palabra de lo que digas hasta que vea a Emma.

Al otro lado de la llamada, Gabriel Russo soltó una risa seca.

—Eso mismo decía mi madre cuando todavía creía que podía salvarnos a todos.

Callum se acercó a la mesa y activó el altavoz del teléfono.

—Gabriel, soy Callum.

—Lo sé. Siempre tienes que estar en medio de todo, ¿verdad, hermano?

La palabra cayó como una bofetada.

Callum no respondió de inmediato. Todavía estaba procesando la grabación encontrada en la bóveda, la declaración de Anthony y la posibilidad de que el hombre que había vivido oculto durante quince años fuera el responsable de las amenazas contra Sadie y Emma.

—¿Dónde está mi hermana? —preguntó Sadie.

—En un lugar seguro.

—Quiero hablar con ella.

—Primero quiero saber si encontraste la caja.

Callum miró los documentos extendidos sobre la mesa.

—La encontramos.

—¿Escuchaste la grabación?

—Sí.

—Entonces ya sabes que nuestro padre era un mentiroso.

—También sé que ordenó que Thomas Miller muriera en aquel incendio.

Gabriel guardó silencio unos segundos.

—Nuestro padre ordenó muchas cosas. Algunas se hicieron. Otras no.

Sadie sintió un escalofrío.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Que tu madre no era la mujer que tú crees.

—¡Deja de hablar de ella como si la conocieras!

—La conocí mejor que tú, Sadie. Viví con ella durante tres años.

Callum levantó la cabeza.

—¿Dónde?

—En una casa al norte de la ciudad. Después de que todos creyeran que Anthony había muerto, Evelyn me escondió. Me cambió el apellido, me llevó a otra escuela y me enseñó a no mencionar nunca a los Russo.

Gabriel respiró profundamente.

—Me dijo que mi padre había muerto porque había elegido el poder por encima de su familia. También me dijo que tú eras un hombre peligroso y que algún día intentarías encontrarme.

—¿Y por eso decidiste secuestrar a Emma? —preguntó Callum.

—No la secuestré.

—Tenemos pruebas de que alguien entró a su departamento.

—Mis hombres la recogieron antes de que Adrian pudiera hacerlo.

Sadie se llevó una mano al pecho.

—¿Adrian también la estaba buscando?

—Adrian quiere la memoria USB. No le importa quién tenga que desaparecer para conseguirla.

—Entonces déjala ir.

—Lo haré cuando tenga la seguridad de que los documentos están completos.

Callum apretó el teléfono.

—Los documentos están completos. La grabación identifica a nuestro padre y demuestra que Dominic participó en el incendio.

—No todos los documentos —respondió Gabriel—. Falta el registro original.

Callum miró la caja.

—¿Qué registro?

—El libro de cuentas que Thomas Miller llevaba personalmente. Ahí anotó quién autorizó los pagos, quién recibió el dinero y quién ordenó cerrar las salidas del almacén.

Sadie sintió que el corazón le golpeaba las costillas.

—¿Mi mamá tenía ese libro?

—Sí.

—¿Dónde está?

Gabriel tardó en responder.

—Eso es lo que tienes que descubrir.

La llamada terminó.

Sadie se quedó mirando la pantalla, incapaz de comprender cómo una sola conversación había convertido todo lo que sabía sobre su familia en una colección de dudas.

Su madre le había enseñado a cocinar, a cuidar de Emma y a no juzgar a una persona por el dinero que tuviera.

También le había enseñado a desconfiar de los hombres que utilizaban el miedo para controlar a los demás.

Pero nunca le había contado que conocía a Anthony Russo.

Nunca le había dicho que había vivido con Gabriel.

Y, según aquel hombre, había participado en la última noche de su padre.

—Voy a encontrar el libro —dijo finalmente.

Callum se colocó frente a ella.

—No sabemos si Gabriel está diciendo la verdad.

—Pero sí sabemos que Emma está con él.

—Y también sabemos que podría estar utilizando a tu hermana para obligarnos a entregar los documentos.

Sadie lo miró con los ojos enrojecidos.

—No necesito que me explique lo que significa estar en peligro. Necesito que me ayude a sacar a Emma de ahí.

Callum asintió.

—Lo haremos.

Ella tomó la fotografía de su madre y la guardó dentro de su bolso.

—Hay una caja de madera que mi mamá nunca me permitía abrir.

Callum frunció el ceño.

—¿Dónde está?

—En la casa donde crecimos. Después de que murió, Emma y yo nos mudamos a un departamento más pequeño, pero conservamos algunas cosas. La caja sigue guardada en el clóset de mi antigua habitación.

—¿Qué contiene?

—No lo sé. Mi mamá decía que eran recuerdos de mi papá. Cada vez que le preguntaba, cambiaba de tema.

Callum miró el reloj.

Faltaban menos de dos horas para la medianoche.

—Vamos.

La casa de los Miller estaba en un vecindario tranquilo, a unos cuarenta minutos del centro de Chicago.

Era una vivienda modesta de dos pisos, con una pequeña terraza y una puerta azul que Thomas había pintado personalmente cuando Sadie tenía doce años.

La joven se quedó inmóvil frente a ella.

Hacía mucho tiempo que no entraba.

Después de la muerte de Evelyn, había vendido casi todos los muebles para pagar las deudas y los gastos de la casa. La propiedad terminó en manos de un familiar y, finalmente, quedó desocupada.

La familia que la había comprado permitió que Sadie recuperara algunas pertenencias antes de ponerla en venta.

La caja de madera fue una de las pocas cosas que no se atrevió a tirar.

Callum esperó junto a la entrada.

—¿Quieres que entre contigo?

Sadie asintió.

El interior olía a madera vieja y polvo. En la sala todavía quedaban las marcas más claras que habían dejado los cuadros familiares en las paredes.

Sadie pasó los dedos por una de ellas.

—Aquí estaba la fotografía de mi papá —murmuró—. Emma y yo siempre discutíamos por quién podía limpiarla.

Callum no dijo nada.

Ella continuó hasta el segundo piso.

Su antigua habitación estaba casi vacía. El clóset conservaba una caja de cartón con libros escolares, una muñeca de Emma y varias fotografías.

Al fondo, debajo de una manta, encontró la caja de madera.

Era pequeña, con una cerradura de latón.

Sadie se arrodilló y sacó del bolso la llave que había encontrado en la carta.

No encajaba.

Probó otra que llevaba años guardando en un llavero viejo.

Tampoco funcionó.

Entonces recordó algo.

Su padre acostumbraba esconder una llave de repuesto detrás de la moldura de la ventana.

Sadie apartó la cortina y buscó con los dedos.

La encontró envuelta en una pequeña bolsa de plástico.

Cuando abrió la caja, no encontró joyas ni cartas románticas.

Encontró un cuaderno de contabilidad, un sobre sellado y una grabadora portátil.

Callum tomó el cuaderno.

Las páginas estaban llenas de números, fechas y nombres escritos con una letra firme.

Thomas Miller había anotado cada transferencia relacionada con las obras de arte desaparecidas.

Al final del cuaderno había una página distinta.

Solo contenía tres nombres.

Anthony Russo.

Dominic Hale.

Evelyn Miller.

Junto a cada nombre aparecía una fecha y una cantidad de dinero.

Sadie sintió que el estómago se le cerraba.

—Mi mamá recibió dinero de Anthony.

Callum revisó las anotaciones.

—Parece que sí.

—¿Por qué?

—Todavía no lo sabemos.

Sadie abrió el sobre.

Dentro había una carta dirigida a ella y a Emma.

Reconoció la letra de su madre de inmediato.

Mis niñas: si están leyendo esto, significa que ya no pude seguir protegiéndolas de la verdad. Su padre no era un hombre perfecto, pero nunca quiso hacerles daño. Intentó detener algo que había comenzado mucho antes de que ustedes nacieran.

Sadie tuvo que detenerse para recuperar el aliento.

Yo también cometí errores. Acepté dinero de Anthony para mantenerlas a salvo, creyendo que podía negociar con un hombre que solo entendía el poder. Me equivoqué. Cada vez que aceptaba su ayuda, le entregaba un poco más de control sobre nuestras vidas.

La joven apretó la carta contra su pecho.

Callum bajó la mirada.

La noche del incendio, llegué al almacén después de que Thomas y Anthony comenzaran a discutir. Vi a Dominic cerrar una de las salidas. Vi a Anthony ordenar que nadie entrara hasta que él lo autorizara.

Sadie sintió que las piernas le temblaban.

Intenté abrir la puerta. No pude. Entonces escuché a Thomas gritar mi nombre desde el interior.

Las lágrimas le nublaron la vista.

No fui yo quien cerró la puerta, mis niñas. Pero sí fui yo quien decidió guardar silencio después. Me convencieron de que, si hablaba, ustedes serían las siguientes. Viví con esa culpa cada día de mi vida.

Sadie dejó escapar un sollozo.

Callum se arrodilló a su lado, pero no intentó tocarla.

La carta continuaba.

Conservé el libro de cuentas porque sabía que algún día alguien tendría que responder por lo que hizo. No se lo entregué a la policía porque uno de los nombres de la lista pertenecía al hombre que debía investigar el caso. No sabía en quién confiar.

Al final, Evelyn había escrito una última advertencia.

Si alguna vez conocen a Callum Russo, no lo juzguen únicamente por el apellido que lleva. Él no ordenó la muerte de su padre, pero su silencio puede ayudar a quienes sí lo hicieron. Exíjanle la verdad. No permitan que vuelva a esconderse detrás de los secretos de su familia.

Sadie dobló la carta con cuidado.

Callum permaneció inmóvil.

—Tu madre sabía que yo estuve allí —dijo.

—Sí.

—Y aun así me permitió seguir viviendo sin conocer toda la verdad.

Sadie levantó la mirada.

—Quizá creyó que usted también era una víctima.

—No fui una víctima cuando decidí no investigar.

La frase quedó suspendida entre ambos.

Entonces Sadie tomó la grabadora.

Presionó el botón de reproducción.

Primero se escuchó ruido estático.

Después, la voz de Thomas Miller.

—Evelyn, si estás escuchando esto, significa que no pude sacar los documentos. Anthony dice que todo puede resolverse, pero no le creo. Tiene miedo de que alguien descubra que Gabriel existe.

Sadie miró a Callum.

La grabación continuó.

—No es el único secreto. Adrian también sabe que Gabriel sobrevivió. Si algo me ocurre, no permitas que ninguno de los dos se quede con el libro.

Se oyó un golpe y una respiración agitada.

Después, Thomas pronunció una frase que hizo que Callum se pusiera de pie de golpe.

—Evelyn, escucha. Si Adrian consigue el control de la familia, todos estaremos en peligro. No es Anthony quien está organizando esto. Anthony está intentando detenerlo.

La grabación terminó con un chasquido.

Sadie se quedó inmóvil.

—¿Y si Gabriel no es el verdadero enemigo?

Callum miró la lista de nombres.

—Entonces hemos estado persiguiendo a la persona equivocada.

Su teléfono vibró.

Era un mensaje de un número desconocido.

*Tienes una hora para entregar el libro. Si no, Emma desaparecerá para siempre.*

Debajo había una fotografía de la joven sentada en una habitación con paredes blancas.

Sadie reconoció el reloj que llevaba en la muñeca.

Era el que le había regalado por su cumpleaños.

En la esquina de la imagen aparecía un reflejo borroso.

Un hombre sostenía una carpeta.

Callum amplió la fotografía.

Reconoció el anillo de piedra negra.

Adrian Russo.

Pero había algo más.

Al fondo, parcialmente oculto por una puerta, aparecía Dominic Hale.

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Y ambos estaban mirando hacia la cámara.

Como si supieran exactamente quién recibiría aquella fotografía.

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