Chapter 8: El secreto de mi mamá
Mi padre se quedó mirando la fotografía como si acabara de recibir una noticia que llevaba años temiendo.
—Eso es imposible —dijo.
Yo lo observé.
—¿Qué significa?
Papá guardó silencio.
—Papá.
—No ahora.
—¡Ahora sí!
Mi voz temblaba.
—Diane acaba de decir que mi mamá tenía secretos. Ahora falta una carpeta con mi nombre y aparece una fotografía diciendo que no sé quién es realmente mi padre.
Ryan se acercó.
—Emily, no tienes que creerle.
Lo miré.
—¿Y por qué debería creerte a ti?
Ryan bajó la mirada.
No contestó.
Papá tomó aire.
—Tu mamá era mi esposa.
—Sí.
—Y tú eres mi hija.
—Entonces ¿por qué te ves así?
Papá cerró los ojos.
—Porque hay cosas que nunca te conté.
Sentí que el mundo volvía a moverse.
—¿Qué cosas?
—Cosas que pensé que no necesitabas saber.
—¿Sobre mi mamá?
—Sí.
—¿Sobre mí?
Papá no respondió.
Eso fue suficiente.
—Dímelo.
—Emily…
—No quiero otra mentira.
Papá se sentó.
Parecía haber envejecido diez años en unos minutos.
—Tu mamá y yo tuvimos problemas antes de que tú nacieras.
—¿Qué clase de problemas?
—Financieros.
—¿Y la propiedad?
—También.
—¿Diane conocía a mi mamá?
—Sí.
—¿Desde cuándo?
Papá se pasó una mano por el rostro.
—Antes de que tú nacieras.
Diane observaba desde la puerta.
No decía nada.
Por primera vez, parecía disfrutar del caos.
—Tu mamá y Diane estuvieron involucradas en una negociación —continuó papá—. Una negociación que terminó muy mal.
—¿Por qué?
—Porque hubo dinero que desapareció.
—¿Mi mamá lo tomó?
—No.
—Entonces ¿quién?
Papá miró a Diane.
Ella no se movió.
—Tu padre de Ryan —dijo finalmente.
Ryan levantó la cabeza.
—¿Mi papá?
Diane negó.
—No.
Papá continuó:
—El padre de Ryan estaba manejando varias propiedades familiares. Cuando murió, encontramos irregularidades.
—¿Y mi mamá?
—Ella fue quien descubrió una de ellas.
Me quedé helada.
—¿Qué descubrió?
—Que la propiedad de Querétaro había sido transferida usando documentos falsificados.
Diane soltó una carcajada.
—Tu padre siempre fue bueno inventando historias.
—No es una historia.
Papá sacó su teléfono.
—Tengo copias.
Abrió una fotografía de un documento.
—Tu mamá me pidió que no investigara.
—¿Por qué?
—Porque tenía miedo.
—¿De quién?
Papá miró a Diane.
—De ella.
Diane dio un paso adelante.
—Tu madre me traicionó.
—¿Cómo?
—Descubrió cosas que no debía descubrir.
Ryan preguntó:
—¿Qué cosas?
Diane lo ignoró.
—Tu madre se metió en asuntos que no le correspondían.
Papá respondió:
—Ella descubrió que estabas desviando dinero.
Diane se quedó inmóvil.
Ryan la miró.
—¿Mamá?
—No.
—¿Desviaste dinero?
—No.
—Papá tiene documentos.
—Documentos falsificados.
Papá sacó otra hoja.
—Entonces explica esto.
Diane no habló.
Ryan tomó el documento.
—¿Qué es?
—Un registro de transferencia.
—¿A nombre de quién?
Papá respondió:
—Una cuenta controlada por Diane.
Ryan miró a su madre.
—¿Es cierto?
—No entiendes.
—Siempre dices eso.
Diane apretó los labios.
Ryan soltó el documento.
—¿Cuánto?
—¿Qué?
—¿Cuánto dinero?
Diane no respondió.
Papá dijo:
—Lo suficiente para arruinar a varias familias.
Yo sentí un escalofrío.
—¿Y mi mamá lo descubrió?
—Sí.
—¿Qué hizo?
Papá bajó la voz.
—Quiso denunciarlo.
Diane negó.
—No.
—Sí.
—Ella quería chantajearnos.
—Eso es mentira.
—¡Ella quería dinero!
—No.
Papá se acercó.
—Tu mamá nunca quiso dinero.
—Entonces ¿por qué guardó documentos?
—Para proteger a Emily.
Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
—¿A mí?
Papá asintió.
—Cuando naciste, tu mamá empezó a guardar copias de todo.
—¿Por qué?
—Porque tenía miedo de que Diane algún día intentara acercarse a ti.
Diane sonrió.
—Y aquí estamos.
La miré.
—¿Por eso te acercaste a mí?
—En parte.
—¿Qué significa "en parte"?
Diane se quedó callada.
Ryan intervino:
—Mamá, responde.
Ella lo miró.
—Porque necesitaba saber qué había heredado Emily.
—Yo no heredé nada.
—Eso crees.
Papá se puso de pie.
—No.
Me miró.
—Tu mamá dejó algo a tu nombre.
Sentí un vacío en el estómago.
—¿Qué?
—Una propiedad.
—¿Cuál?
Papá no contestó inmediatamente.
—La propiedad de Querétaro.
Ryan se quedó completamente quieto.
—Eso no puede ser.
—Sí puede.
Diane comenzó a negar con la cabeza.
—No.
—Tu madre transfirió la propiedad a un fideicomiso antes de morir —explicó papá—. Tú eres la beneficiaria.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque no podía acceder a ella sin que tú cumplieras cierta edad.
—Ya soy adulta.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué?
Papá miró al suelo.
—Porque tu mamá me pidió que esperara.
—¿Hasta cuándo?
—Hasta que estuvieras segura.
—¿Segura de qué?
Papá me miró.
—De que nadie pudiera obligarte a entregarla.
Diane se puso furiosa.
—¡Esa propiedad debería pertenecer a mi familia!
Papá respondió:
—Legalmente no.
—¡Tu esposa sabía que era nuestra!
—Mi esposa sabía que fue obtenida mediante fraude.
Ryan miró a su madre.
—¿Todo esto fue por una propiedad?
Diane lo enfrentó.
—No entiendes.
—¿Cuántas personas lastimaste por eso?
—Yo no lastimé a nadie.
Ryan señaló la caja.
—¡Hay cinco expedientes!
Diane guardó silencio.
Yo sentí una presión en el pecho.
—¿Mi mamá sabía de Laura?
Diane no respondió.
Papá sí.
—Probablemente.
—¿Cómo?
—Porque Laura encontró documentos que conectaban a Diane con la propiedad.
Ryan se volvió hacia él.
—¿Laura sabía?
—Sí.
—¿Por eso mamá la quería fuera?
—Eso parece.
Ryan se llevó una mano a la cabeza.
—Dios mío.
Entonces recordé el mensaje de Laura.
—Ella dijo que sabía dónde empezó todo.
Papá asintió.
—Tenemos que hablar con ella.
Ryan sacó su teléfono.
—La voy a llamar.
Diane reaccionó.
—¡No!
Todos volteamos.
Ryan la miró.
—¿Por qué?
—Porque no sabes qué quiere.
—Quiero saber qué pasó.
—Ella te odia.
—Tal vez tiene razones.
Diane se quedó muda.
Ryan marcó.
Laura contestó.
—¿Ryan?
—Necesito verte.
—¿Emily está contigo?
—Sí.
—¿Y Diane?
Ryan miró a su madre.
—También.
Hubo silencio.
—Entonces escucha bien —dijo Laura—. No regresen a esa casa.
—¿Por qué?
—Porque alguien acaba de entrar.
Papá frunció el ceño.
—¿Qué?
Ryan puso el teléfono en altavoz.
—Encontramos la caja —dijo Laura—, pero alguien se llevó el expediente de Emily.
—Lo sabemos.
—No.
La voz de Laura sonaba nerviosa.
—No saben quién lo tomó.
—¿Tú?
—No.
—Entonces ¿quién?
Laura respiró profundamente.
—El hombre que aparece en las fotografías.
Papá preguntó:
—¿Qué hombre?
—El hombre que estuvo con Diane cuando tu mamá descubrió la transferencia.
Mi padre se quedó rígido.
—Eso no puede ser.
Laura continuó:
—Porque él murió hace doce años.
Ryan miró a Diane.
—¿De quién está hablando?
Laura respondió:
—Del padre de Ryan.
El silencio fue absoluto.
—Mi papá está muerto —dijo Ryan.
—Exactamente.
—Entonces ¿cómo pudo llevarse la carpeta?
Laura no respondió.
En ese momento, alguien llamó a la puerta principal.
Tres golpes.
Lentos.
Todos nos quedamos inmóviles.
Papá hizo una seña para que nadie se moviera.
Volvieron a tocar.
Diane palideció.
—No…
Ryan la miró.
—¿Qué pasa?
Diane susurró:
—Él no puede estar aquí.
Papá caminó hacia la puerta.
—¿Quién?
Diane retrocedió.
—El hombre que no debería haber sobrevivido.
Ryan abrió los ojos.
—¿Qué estás diciendo?
Diane comenzó a llorar.
—El padre de Ryan no murió cuando todos creen.
Y entonces una voz masculina habló desde el otro lado de la puerta.
—Diane, abre.
Ryan dio un paso atrás.
Yo sentí que se me congelaba la sangre.
Porque esa voz…
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Ryan la reconoció.
—Papá.
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