Calm

Chapter 7: Yo no conocí a Ryan por casualidad

Durante varios segundos, nadie se movió.

Yo miraba a Diane.

Diane me miraba a mí.

Y Ryan parecía haber olvidado cómo respirar.

—¿Qué acabas de decir? —pregunté.

Diane apretó los labios.

—Que hice que Ryan se acercara a ti.

—Eso no tiene sentido.

—Sí lo tiene.

Ryan dio un paso hacia ella.

—Mamá, ¿qué hiciste?

Diane lo miró.

—Lo que tenía que hacer.

—¿Qué significa eso?

—Significa que tú no habrías escogido a Emily por tu cuenta.

Sentí un golpe en el pecho.

—¿Por qué?

Diane me observó de arriba abajo.

—Porque eras exactamente lo que necesitábamos.

Papá se colocó a mi lado.

—Ten cuidado con lo que dices.

Diane soltó una risa amarga.

—¿Ahora resulta que tengo que tener cuidado? Después de tantos años cuidando que todo saliera como debía.

Ryan negó con la cabeza.

—No entiendo.

—Nunca entendiste.

—Entonces explícame.

Diane señaló la caja.

—Tu padre dejó de pagar algunas cosas después de que se fue. Yo tuve que resolverlo todo. Tus deudas, tus problemas, tus errores.

—¿Qué tiene que ver Emily?

Diane me miró.

—Su familia.

Papá endureció el rostro.

—¿Qué hay con mi familia?

—Necesitaba una solución.

—¿Para qué?

Diane guardó silencio.

Ryan insistió:

—Mamá.

Ella finalmente respondió:

—Para recuperar lo que nos pertenecía.

Sentí un escalofrío.

—Yo no tengo nada que ver con tus problemas.

—Tú no.

Diane señaló a mi padre.

—Pero él sí.

Papá se quedó inmóvil.

—¿Qué estás insinuando?

Diane sonrió.

—Hace años, tu empresa compró una propiedad que mi familia consideraba nuestra.

Papá frunció el ceño.

—Eso fue una operación comercial perfectamente legal.

—Para ti.

—¿Y quieres decir que te acercaste a mi hija por venganza?

—No.

Diane negó con la cabeza.

—Por necesidad.

Ryan parecía confundido.

—¿Qué propiedad?

—No importa.

—¡Claro que importa!

Diane se volvió hacia él.

—Tu padre dejó de pagar las deudas de tu abuelo y yo tuve que vender parte de la propiedad familiar. Años después, descubrí que una de esas propiedades había terminado en manos de la familia de Emily.

Papá respondió:

—Eso es mentira.

—¿Seguro?

Diane abrió la caja y sacó una carpeta.

La lanzó sobre la cama.

Papá la tomó.

Revisó los documentos.

Su expresión cambió.

—No puede ser.

—¿Qué? —pregunté.

Papá no contestó.

Ryan tomó los papeles.

—¿Qué es esto?

Papá respiró profundamente.

—Un contrato de compraventa de hace dieciséis años.

—¿De quién?

—De una propiedad en Querétaro.

Diane sonrió.

—La misma.

Papá negó.

—Yo no participé en esa operación.

—Pero tu empresa sí.

—Eso no significa que yo supiera quién era el propietario anterior.

—Exactamente.

Diane me miró.

—Y por eso necesitaba acercarme a ti.

Me costaba procesarlo.

—¿Entonces Ryan nunca se enamoró de mí?

Ryan reaccionó inmediatamente.

—Emily, no.

—Déjame terminar.

Él se quedó callado.

—¿Todo fue planeado?

—No todo.

—¿Qué parte fue real?

Ryan abrió la boca.

No salió ninguna palabra.

Y esa fue la respuesta que más me dolió.

—Dios mío…

Papá me tomó de la mano.

—Hija.

—No.

Me aparté.

—Necesito saberlo.

Miré a Ryan.

—¿Cuándo te enteraste de mí?

Él tragó saliva.

—Antes de conocerte.

—¿Cuánto antes?

—Unos meses.

—¿Y qué sabías?

—Que trabajabas en una oficina cerca del centro. Que vivías con una amiga. Que tu papá tenía una empresa. Que tu mamá…

Se detuvo.

—¿Qué sabías de mi mamá?

—Que había fallecido.

Mi corazón se encogió.

—Eso fue hace años.

—Lo sé.

—¿Y por qué investigaste a mi familia?

Ryan miró a Diane.

—Porque ella me pidió que lo hiciera.

Diane cruzó los brazos.

—No quería que cometiera el mismo error otra vez.

—¿Qué error?

—Casarme con una mujer que pudiera destruirnos.

Laura.

Todo regresaba a Laura.

—Entonces me comparabas con ella desde antes de conocerme.

—No —dijo Ryan—. Yo no quería hacer esto.

—Pero lo hiciste.

—Sí.

—¿Y cuando empezaste a quererme?

Ryan bajó la cabeza.

—Muy pronto.

—¿Antes o después de que Diane consiguiera lo que quería?

Diane intervino:

—Nunca consiguió lo que quería.

Papá la miró.

—¿Qué querías?

—Acceso.

La palabra quedó flotando.

—¿Acceso a qué? —pregunté.

Diane sacó otro documento.

—A las cuentas de la familia de Emily.

Papá tomó la hoja.

—Esto es una locura.

—No.

Diane sonrió.

—Es una autorización.

Mi sangre se heló.

Reconocí mi firma.

—¿Qué…?

Ryan se acercó.

—¿Qué documento es ese?

Papá lo revisó.

—Es una autorización bancaria.

Miré a Ryan.

—Yo nunca firmé esto.

Diane soltó una risa.

—Sí firmaste.

—No.

—¿Recuerdas cuando Ryan te pidió que firmaras unos papeles después de casarse?

Sentí que se me revolvía el estómago.

—Me dijo que eran documentos del seguro.

Ryan palideció.

—Mamá…

—Eran parte del seguro.

Papá levantó la hoja.

—No. Esto permite consultar información financiera.

Ryan se quedó inmóvil.

—Yo no sabía.

—¡Siempre dices eso! —grité.

Mi voz resonó en la habitación.

—No sabías de Laura. No sabías de los documentos. No sabías de las investigaciones. No sabías de esto.

Lo miré directamente.

—¿Qué sí sabías, Ryan?

Él bajó la cabeza.

No tenía respuesta.

Diane se acercó a mí.

—Tú no entiendes todo lo que hice para proteger a mi hijo.

—No me protegiste de nada.

—Te protegí de perderlo.

—Yo no era una propiedad.

Diane apretó la mandíbula.

—No sabes lo que una mujer puede hacer cuando quiere quedarse con una familia.

Papá dio un paso hacia ella.

—La única persona intentando quedarse con algo que no le pertenece eres tú.

Diane lo miró con odio.

—Tú arruinaste la vida de mi familia.

—No.

Papá señaló los documentos.

—Tú la arruinaste.

Diane tomó aire.

—Entonces quizá deberías preguntarle a tu hija por qué su madre también sabía de todo esto.

Me quedé congelada.

—¿Qué dijiste?

Papá la miró.

—No metas a mi esposa en esto.

Diane sonrió.

—Ella conocía a mi esposo.

—Mi mamá murió hace años.

—Lo sé.

—Entonces no puedes hablar por ella.

Diane sacó una fotografía.

Me la entregó.

Era mi mamá.

Junto a Diane.

Mucho antes de que yo conociera a Ryan.

Sentí que las piernas me temblaban, aunque la herida ya no era lo que me hacía débil.

—¿Dónde fue tomada?

—En Guadalajara.

—¿Por qué estaban juntas?

Diane respondió:

—Porque tu madre sabía lo que había pasado con aquella propiedad.

Papá tomó la fotografía.

La observó durante varios segundos.

—¿Cuándo fue esto?

Diane dijo una fecha.

Papá cerró los ojos.

—No.

—Sí.

—Ella nunca me dijo.

—Porque no quería que supieras.

—¿Por qué?

Diane sonrió.

—Porque tu esposa tenía un secreto.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿Qué secreto?

Diane no respondió.

Ryan la miró.

—Mamá, basta.

—¿Por qué? —preguntó ella—. Ya que todos quieren saber la verdad, vamos a contarla completa.

Papá apretó la fotografía.

—No vuelvas a mencionar a mi esposa.

—Entonces pregúntale a tu hija por qué su madre tenía una copia del mismo documento que está en esta caja.

Miré a papá.

—¿Qué documento?

Él no respondió.

Diane sí.

—El documento que demuestra que la propiedad nunca debió venderse.

Ryan dio un paso atrás.

—¿Y eso qué tiene que ver con Emily?

Diane me miró.

—Todo.

Entonces escuchamos un golpe abajo.

Todos nos quedamos quietos.

Papá preguntó:

—¿Qué fue eso?

Ryan bajó rápidamente las escaleras.

Yo esperé.

Unos segundos después gritó:

—¡Mamá!

Diane se puso pálida.

—¿Qué pasa?

Ryan apareció nuevamente.

—La puerta trasera está abierta.

Papá frunció el ceño.

—¿Y?

Ryan miró la caja.

—Falta una carpeta.

Mi corazón se detuvo.

—¿Cuál?

Ryan miró a Diane.

—La de Emily.

Diane negó con la cabeza.

—Yo no fui.

Papá preguntó:

—¿Quién estaba aquí?

Ryan no respondió.

Entonces escuchamos el sonido de un automóvil arrancando afuera.

Y sobre la cama quedó una sola fotografía.

Una fotografía de mi mamá.

Con una fecha escrita detrás.

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Y una frase que nadie había visto antes:

*"Emily no sabe quién es realmente su padre.""*

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