Calm

Chapter 11: La hija que Diane escondió

Ryan parecía incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.

—Tengo una hermana.

Samuel asintió.

—Sí.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde que nació.

—¿Y por qué nunca me lo dijiste?

Samuel miró a Diane.

—Porque tu madre no quería que lo supieras.

Ryan se volvió hacia ella.

—¿Quién es?

Diane permaneció en silencio.

—¡Mamá, dime quién es!

—No.

—¿Por qué?

—Porque no entiendes lo que estás preguntando.

—¡Tengo derecho a saberlo!

Diane negó con la cabeza.

—Ella no es parte de esta familia.

—Es mi hermana.

—No.

—¿Qué quieres decir con no?

Diane respiró profundamente.

—Tu padre tuvo otra hija.

Ryan se quedó quieto.

—¿Con quién?

Samuel respondió:

—Con una mujer que Diane conocía.

Diane lo fulminó con la mirada.

—No empieces.

Papá intervino:

—¿Qué tiene que ver esa mujer con la cuenta?

Samuel contestó:

—La cuenta fue creada para proteger a ambas hijas.

—¿Ambas?

—Emily y la hija de Samuel.

Ryan miró a su padre.

—Entonces el dinero no era de mamá.

—No.

—¿Era de mi papá?

—Una parte.

—¿Y de Emily?

—Otra parte.

—¿Y la parte restante?

Samuel respondió:

—De tu hermana.

Diane se sentó.

Parecía agotada.

—No quería que esto saliera así.

Ryan soltó una risa amarga.

—¿Cómo querías que saliera?

—Nunca.

—Claro.

Yo observaba a todos.

Había pasado de descubrir una suegra violenta a descubrir una familia llena de secretos.

Y todavía faltaba saber por qué mi mamá estaba involucrada.

—¿Cómo conocía mi mamá a esa niña? —pregunté.

Samuel me miró.

—Porque tu mamá ayudó a protegerla.

—¿De Diane?

—Sí.

Diane cerró los ojos.

—No entiendes.

—Entonces explica.

Ella me miró.

—Tu mamá quería llevársela.

—¿A quién?

—A mi hija.

Ryan se quedó inmóvil.

—¿Mi mamá quería llevarse a mi hermana?

—Sí.

—¿Por qué?

Diane respondió:

—Porque decía que yo no era una buena madre.

Papá negó.

—No lo eras.

Diane lo miró con furia.

—¡Tú no sabes nada!

—Sé que escondiste a tu propia hija de su hermano.

Ryan preguntó:

—¿Dónde está?

Diane no respondió.

—Mamá.

Silencio.

—¿Dónde está mi hermana?

Diane comenzó a llorar.

—Se llama Mariana.

El nombre quedó flotando.

Ryan cerró los ojos.

—Mariana.

Samuel asintió.

—Mariana.

—¿Cuántos años tiene?

—Treinta y uno.

Ryan parecía devastado.

—Es mayor que Emily.

—Sí.

—¿Dónde vive?

Diane negó.

—No lo sé.

Samuel respondió:

—En Puebla.

Diane lo miró.

—No tienes derecho.

—Ya no voy a permitir que sigas mintiendo.

Ryan se acercó a su padre.

—Quiero conocerla.

—La conocerás.

—¿Ella sabe quién soy?

Samuel bajó la mirada.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde que era niña.

Ryan se quedó en silencio.

—¿Me odia?

Samuel respondió:

—No.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Porque ella preguntó por ti durante años.

Ryan comenzó a llorar.

Yo sentí tristeza por él.

Pero también había una parte de mí que seguía herida.

—Ryan.

Él me miró.

—¿Sí?

—Hay algo que necesitas entender.

—Lo sé.

—Yo no puedo resolver tu relación con tu hermana.

—No te lo estoy pidiendo.

—Y tampoco puedo perdonarte todavía.

Ryan asintió.

—No te lo voy a pedir.

Papá recibió un mensaje.

Lo revisó.

—Es Laura.

—¿Qué dice? —pregunté.

Papá leyó:

*"Mariana sabe por qué Diane necesitaba el dinero.""*

Ryan se puso de pie.

—Tenemos que encontrarla.

Papá asintió.

—Sí.

Diane se levantó de golpe.

—No.

Ryan la miró.

—¿Por qué?

—Porque ella no quiere verte.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque…

Se detuvo.

Ryan la observó.

—Porque tú se lo dijiste.

Diane bajó la cabeza.

—Sí.

—¿Cuándo?

—Hace años.

—¿Qué le dijiste?

Diane no respondió.

—Mamá.

—Le dije que tú no querías conocerla.

Ryan se quedó sin palabras.

—¿Qué?

—Que no querías saber nada de ella.

—¡Yo ni siquiera sabía que existía!

Diane comenzó a llorar.

—Tenía miedo.

—¿De qué?

—De perderte.

Ryan negó.

—Me hiciste perderla sin siquiera saber que existía.

Samuel intervino:

—Y no fue lo único.

Diane lo miró.

—Cállate.

—Mariana tiene pruebas.

Papá preguntó:

—¿Pruebas de qué?

Samuel respondió:

—De la noche en que la madre de Emily descubrió la transferencia.

Diane palideció.

—No.

Ryan se volvió.

—¿Qué pruebas?

—Mariana estuvo allí.

Yo sentí un escalofrío.

—¿Cuántos años tenía?

—Diez.

—¿Y recuerda?

—Sí.

Diane comenzó a negar.

—Era una niña.

Samuel respondió:

—Pero nunca olvidó lo que vio.

Papá preguntó:

—¿Qué vio?

Samuel miró a Diane.

—Vio quién falsificó los documentos.

Diane retrocedió.

—No.

—Vio quién recibió el dinero.

—¡Basta!

—Y vio quién estaba con tu mamá la noche que ocurrió todo.

Ryan preguntó:

—¿Quién?

Samuel no respondió.

Yo miré a Diane.

—¿Quién?

Ella comenzó a llorar.

—No puedo.

Papá se acercó.

—Sí puedes.

—No.

—Después de lo que le hiciste a mi hija, vas a decir la verdad.

Diane se sentó.

—Yo no estaba sola.

Ryan cerró los ojos.

—¿Con quién?

Diane miró a Samuel.

—Con él.

Samuel negó.

—Eso es mentira.

—¡Tú estabas ahí!

—Sí, pero no hice lo que dices.

Papá preguntó:

—¿Qué hicieron?

Diane apretó las manos.

—Discutimos.

—¿Sobre qué?

—Sobre el dinero.

—¿Y la mamá de Emily?

—Llegó.

—¿Qué pasó?

Diane miró hacia mí.

—Ella nos enfrentó.

—¿Y?

—Tenía documentos.

—¿Qué documentos?

—Pruebas de la transferencia.

Papá preguntó:

—¿Qué hiciste?

Diane guardó silencio.

Samuel respondió:

—Intentó quitárselos.

—¿Y luego?

Samuel bajó la voz.

—La madre de Emily salió de la casa.

Yo sentí un vacío.

—¿Y?

—Nunca regresó.

Papá lo miró.

—¿Qué estás diciendo?

Samuel respondió:

—Que aquella noche ocurrió algo que nunca se investigó correctamente.

Ryan se acercó.

—¿Qué le pasó a la mamá de Emily?

Mi padre se quedó inmóvil.

Yo también.

Samuel respiró profundamente.

—Tu mamá no murió por la razón que todos creen.

El mundo pareció detenerse.

—¿Qué? —pregunté.

Papá levantó la mirada.

—No.

Samuel continuó:

—El informe oficial decía accidente.

Diane empezó a llorar.

—No sigas.

—Pero no fue un accidente.

Sentí que me faltaba el aire.

—Papá…

Él no podía mirarme.

—Papá, mírame.

Finalmente levantó la cabeza.

—Hija…

—¿Mi mamá fue asesinada?

Nadie respondió.

Ese silencio fue suficiente.

Ryan miró a Diane.

—¿Tú sabes algo?

Diane lloró.

—Yo no la maté.

Papá dio un paso hacia ella.

—Nunca dijimos que lo hiciste.

Diane se quedó congelada.

Había caído en su propia trampa.

Ryan retrocedió.

—Entonces sabes quién lo hizo.

Diane cerró los ojos.

—No.

—Sí sabes.

—No.

Samuel habló:

—Mariana lo sabe.

Ryan miró a su padre.

—¿Dónde está?

Samuel sacó su teléfono.

—Voy a llamarla.

Marcó.

Esperamos.

Una vez.

Dos.

Tres.

Nadie respondió.

Samuel volvió a marcar.

Finalmente contestaron.

Una voz de mujer dijo:

—¿Papá?

Samuel cerró los ojos.

—Mariana, necesito que vengas.

—¿Qué pasó?

—Encontramos la caja.

Silencio.

—¿Está Emily contigo?

—Sí.

La voz cambió.

—Entonces no me acerco a esa casa.

Ryan tomó el teléfono.

—Soy Ryan.

Otro silencio.

—Sé quién eres.

—Quiero conocerte.

—No sabes lo que estás diciendo.

—Sí sé.

—No.

La voz de Mariana se quebró.

—No sabes lo que tu mamá hizo para separarnos.

Ryan tragó saliva.

—Quiero arreglarlo.

—No puedes.

—Entonces dime cómo.

Mariana respiró.

—Primero tienes que preguntarle a Diane qué pasó la noche que murió la mamá de Emily.

Ryan miró a Diane.

—Ya lo estamos haciendo.

Mariana respondió:

—No.

—¿Qué?

—Ella nunca te dirá la verdad.

—Entonces dime tú.

Hubo una pausa.

—Yo vi quién la siguió aquella noche.

Mi corazón comenzó a latir rápidamente.

—¿Quién? —pregunté.

Mariana guardó silencio.

Después dijo:

—Fue tu esposo.

Ryan se quedó blanco.

—Eso es imposible.

—No.

—Yo estaba en otra ciudad.

—Eso es lo que te hicieron creer.

Diane comenzó a llorar.

—Mariana, por favor.

La voz al otro lado respondió:

—Ya es demasiado tarde.

Y entonces la llamada se cortó.

Ryan se quedó mirando el teléfono.

—No.

Papá preguntó:

—¿Qué dijo?

Ryan no podía hablar.

Yo lo miré.

—¿Dónde estabas la noche que murió mi mamá?

Ryan levantó la mirada.

Y por primera vez desde que lo conocía, no intentó negarlo.

—No lo recuerdo.

Diane cerró los ojos.

—Yo sí.

Todos volteamos hacia ella.

—¿Qué? —preguntó Ryan.

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Diane empezó a llorar.

—Porque yo te llevé hasta allí.

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