Chapter 7: El juicio por la custodia de Lily destapó una traición que nadie en la familia Cole se atrevía a nombrar
La notificación judicial llegó acompañada de una amenaza que hizo que Grace abrazara a Lily como si alguien estuviera a punto de arrancársela de los brazos.
—Quieren llevarse a mi hija —susurró, mirando los documentos que Nathan acababa de poner sobre la mesa—. Después de todo lo que hice para protegerla, quieren quitármela.
Nathan se arrodilló frente a ella.
—Nadie va a decidir eso sin que tengas la oportunidad de defenderte.
—¿Y si creen sus mentiras? ¿Y si muestran esos documentos y todos piensan que soy una mala madre?
Nathan miró a Lily, que estaba sentada junto a la ventana coloreando una casa con tres figuras tomadas de la mano.
—Entonces vamos a demostrar la verdad.
Pero ni siquiera él estaba seguro de que fuera suficiente.
La solicitud presentada por Victoria no era un simple intento de intimidarlos. Había sido redactada por un despacho reconocido, acompañada de documentos aparentemente oficiales y respaldada por declaraciones de personas que afirmaban conocer el comportamiento de Grace.
Una de ellas era una antigua supervisora de la agencia de empleos.
Otra era un médico cuyo nombre aparecía en un supuesto expediente psicológico.
Y la tercera era una vecina de Puebla que aseguraba haber escuchado a Grace hablar de abandonar el país con Lily.
Todo parecía cuidadosamente preparado.
Demasiado cuidadosamente.
Nathan llamó a su nueva abogada, Mariana Torres, una especialista en litigios familiares que no tenía vínculos con los Cole ni con los Ashford.
Mariana llegó esa misma tarde y escuchó a Grace durante casi dos horas.
No la interrumpió cuando habló de las amenazas, de la desaparición de los documentos médicos ni de los años en que había criado a Lily sin ayuda.
Al terminar, cerró su libreta.
—No voy a decirte que será fácil —explicó—. La otra parte ha presentado documentos que parecen formales, y el juez tendrá que evaluar el riesgo que alegan. Pero una cosa es una acusación y otra muy distinta es una prueba auténtica.
Grace apretó las manos.
—¿Puede Victoria conseguir que me quiten a mi hija?
—Puede solicitarlo. Eso no significa que vaya a conseguirlo. Vamos a impugnar las declaraciones, pedir los originales y verificar cada firma.
Nathan se inclinó hacia delante.
—Quiero que revises también la supuesta renuncia firmada por Grace hace cinco años.
Mariana examinó la copia.
Su expresión se endureció.
—Esta firma debe analizarse. Y el notario tendrá que explicar cómo verificó la identidad de la persona que firmó.
—Mi madre está detrás de esto —dijo Nathan.
—Entonces tendremos que demostrarlo con pruebas, no con sospechas.
Mariana hizo una pausa.
—Y necesito que entiendas algo. No conviene utilizar el dinero de tu empresa para presionar a testigos, investigar ilegalmente a personas ni influir en las autoridades. Si queremos que la verdad tenga fuerza, cada paso debe ser limpio.
Nathan asintió.
—Hazlo correctamente. No quiero ganar mediante los mismos métodos que ellos utilizaron.
Grace lo miró.
Por primera vez desde que había recibido la notificación, sintió que no estaba sola frente a un sistema que parecía diseñado para aplastarla.
Dos días después, la primera audiencia se celebró en un juzgado de la Ciudad de México.
Grace llegó con un vestido azul sencillo y el cabello recogido. Su hombro todavía le dolía, pero se negó a utilizarlo como excusa para quedarse en casa.
Lily permaneció al cuidado de una trabajadora social independiente mientras los adultos entraban a la sala.
Nathan caminó junto a Grace sin tomarla del brazo. Sabía que ella necesitaba sentir que conservaba el control de su propia vida.
Al otro lado del pasillo esperaba Victoria.
Llevaba un traje color crema y una expresión de serenidad ensayada. A su lado estaba Thomas Ashford, quien se acercó a Nathan con una sonrisa tensa.
—Podemos arreglar esto sin convertirlo en un escándalo —dijo Thomas en voz baja—. Tu padre habría querido que las familias resolvieran sus diferencias en privado.
Nathan lo miró con desprecio.
—Mi padre tuvo cinco años para resolverlas. En lugar de eso, ayudó a ocultar a mi hija.
Thomas perdió la sonrisa.
—No sabes toda la historia.
—Entonces será mejor que la cuentes cuando te pregunten.
Mariana llamó a Nathan para que entrara.
La audiencia comenzó con la exposición de las solicitudes de ambas partes. El abogado de Victoria insistió en que la situación de Lily era irregular y que existían dudas sobre la estabilidad de Grace.
Presentó la declaración de la supuesta supervisora de la agencia de empleos.
Según aquel documento, Grace había utilizado información privada de la familia Cole para acercarse a Nathan y obtener una compensación económica.
Grace sintió que le ardían las mejillas.
—Eso es mentira —susurró.
Mariana le apretó discretamente la mano.
—Lo vamos a demostrar.
Después llegó el turno del expediente médico.
El abogado de Victoria afirmó que un profesional había evaluado a Grace y había detectado comportamientos compatibles con una persona incapaz de garantizar un entorno estable para una menor.
Mariana se levantó.
—Solicitamos que se exhiba el documento original y que se identifique al profesional que realizó la evaluación.
El abogado revisó sus papeles.
—La documentación está siendo recopilada.
—Entonces no puede presentarse como una conclusión médica comprobada.
La jueza intervino y ordenó que las partes se limitaran a las pruebas disponibles.
Nathan observaba en silencio.
Comprendió que aquella batalla no se ganaría gritando más fuerte ni revelando todos los secretos de su familia de golpe.
Se ganaría desmontando cada mentira.
Cuando llegó su turno, declaró que había conocido a Grace años atrás, que no sabía de la existencia de Lily y que estaba dispuesto a someterse a una prueba de ADN para establecer su paternidad.
También reconoció que su relación con Grace había terminado sin una explicación que él pudiera comprender en aquel momento.
No intentó presentarse como un hombre perfecto.
—No estuve presente durante los primeros cuatro años de la vida de mi hija —declaró—. No puedo recuperar ese tiempo. Pero tampoco aceptaré que alguien utilice mi ausencia, causada en parte por información falsa, para castigar a la niña o a su madre.
Victoria lo observó con los labios apretados.
Cuando el abogado le preguntó si consideraba posible que Grace hubiera ocultado deliberadamente a Lily para obtener una parte de su fortuna, Nathan respondió sin vacilar.
—Grace tuvo oportunidades para exigirme dinero cuando trabajaba en mi casa. No lo hizo. Lo único que pidió fue que no lastimaran a su hija.
La jueza tomó nota.
La audiencia concluyó con una orden para verificar la autenticidad de los documentos y realizar una evaluación independiente de las circunstancias familiares antes de adoptar cualquier medida adicional.
No se concedió la custodia solicitada por Victoria.
Tampoco se resolvió definitivamente el asunto.
Al salir, Grace se apoyó contra una pared y cerró los ojos.
—Pensé que iban a llevársela hoy mismo.
Nathan se quedó a su lado.
—Hoy no ocurrió.
—¿Y mañana?
Él no intentó darle una respuesta fácil.
—Mañana seguiremos luchando.
Esa tarde, Mariana recibió una llamada de un perito documental.
La supuesta renuncia de Grace presentaba irregularidades importantes. La tinta utilizada para la firma parecía distinta de la empleada en las iniciales que aparecían en las páginas anteriores. Además, el sello notarial correspondía a un registro que no coincidía con la fecha del documento.
No era una conclusión definitiva, pero justificaba una investigación más profunda.
—Necesitamos localizar al notario —dijo Mariana—. Si confirma que nunca vio a Grace, el documento puede perder gran parte de su credibilidad.
Nathan revisó el nombre.
Se trataba de Ernesto Valdés, un hombre que había trabajado durante años en Puebla y que, según los registros, había cerrado su oficina hacía tiempo.
Grace reconoció el apellido inmediatamente.
—Es el mismo hombre que me entregó la carta de mi mamá.
Mariana levantó la mirada.
—¿Estás segura?
—Sí. Nunca olvidaré su cara.
Nathan sintió que la historia se estaba acercando a una pieza que llevaba años escondida.
Si Valdés había entregado la carta de la madre de Grace y también había autenticado la supuesta renuncia, podía conocer quién había organizado ambas cosas.
Mariana se comunicó con una colega en Puebla y solicitó ayuda para localizarlo.
La respuesta llegó esa misma noche.
Ernesto Valdés seguía vivo.
Y había presentado una denuncia años atrás por la pérdida de documentos de su oficina.
Entre los papeles desaparecidos figuraba un libro de registro que contenía varias certificaciones relacionadas con la familia Cole.
Nathan sintió un escalofrío.
Alguien no solo había falsificado la firma de Grace.
También podía haber robado las pruebas que permitirían demostrarlo.
Al regresar a la mansión, Nathan encontró a Lily sentada en el vestíbulo con una mochila pequeña.
—¿Qué haces aquí, pequeña?
Ella levantó la cara.
—Mami dice que tenemos que estar preparadas por si nos vamos.
Grace apareció en la puerta de la sala.
—No quería asustarla —explicó—. Solo estaba guardando sus cosas por si necesitamos cambiar de lugar temporalmente.
Nathan miró la mochila.
Dentro había un pijama, una muñeca, un cepillo de dientes y el dibujo de la familia que Lily había hecho días atrás.
Nada más.
Toda la vida de una niña cabía en aquella pequeña bolsa.
Nathan se arrodilló frente a ella.
—No tienes que irte esta noche.
—¿Pero la señora va a volver?
Nathan le tomó las manos.
—No voy a permitir que nadie te lastime. Y si algún día tenemos que cambiar de casa por seguridad, te lo explicaré antes.
Lily lo observó.
—¿Vendrás conmigo?
—Sí.
La niña se acercó y lo abrazó.
Nathan la estrechó con cuidado.
Cuando Lily se fue a dormir, Grace se quedó junto a él en el vestíbulo.
—No quiero que crezca creyendo que todo el mundo puede quitárselo de las manos —dijo.
Nathan la miró.
—No lo hará.
—No puedes garantizarlo.
—No. Pero puedo enseñarle que hay personas dispuestas a defenderla sin pedirle nada a cambio.
Grace bajó la mirada.
—Ojalá hubieras podido hacerlo desde el principio.
Nathan sintió que aquellas palabras le dolían porque eran ciertas.
—Ojalá.
En ese momento, Mariana llamó desde su oficina.
Había recibido una respuesta de la colega de Puebla.
Ernesto Valdés aceptaba reunirse con ellos.
Pero había puesto una condición.
No hablaría en presencia de Nathan ni de ningún miembro de la familia Cole.
Solo aceptaría contar lo que sabía si Grace acudía personalmente.
Y había añadido una advertencia que Mariana repitió palabra por palabra:
—«Si quieren saber quién falsificó esa firma, deben preguntarle a Grace qué había dentro del sobre que su madre nunca le permitió abrir».
Grace se quedó inmóvil.
Miró hacia la habitación donde dormía Lily.
Después recordó el sobre, la carta y los documentos médicos.
Había algo más.
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Algo que su madre había guardado y que ella nunca había encontrado.
Y si Valdés tenía razón, la respuesta podía demostrar que la conspiración había comenzado mucho antes de su embarazo.
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