Calm

Chapter 5: La mujer de la fotografía

La fotografía no dejaba de aparecer en mi pantalla.

Daniel.

Una mujer desconocida.

Un bebé.

Habitación 314.

Cinco años atrás.

No sabía quién era ella.

Pero había algo en su rostro que me resultaba extrañamente familiar.

—Julián —dije.

Él se acercó.

—¿Qué pasó?

Le mostré la fotografía.

La observó durante varios segundos.

—¿Esa es Evelyn?

—No.

—¿Estás segura?

—Completamente.

Amplié la imagen.

La mujer tenía el cabello oscuro recogido y llevaba una bata de hospital.

En sus brazos estaba un bebé envuelto en una cobija blanca.

Daniel aparecía detrás de ella.

No parecía sorprendido de estar ahí.

Parecía estar esperando.

—¿Quién es? —pregunté.

—Podemos averiguarlo.

—Hazlo.

Julián tomó una fotografía de la pantalla y comenzó a hacer llamadas.

Yo seguía mirando la imagen.

Entonces noté algo.

En la muñeca del bebé había una pulsera.

La amplié.

Tenía una pequeña placa.

Y sobre ella se alcanzaban a distinguir algunas letras.

*M. H.*

Mateo Herrera.

Sentí un escalofrío.

—Es Mateo.

Julián asintió.

—Probablemente.

—Entonces ella es su madre.

—Eso parece.

—¿Y qué hacía Daniel ahí?

—Eso es lo que vamos a descubrir.

Pasaron varias horas.

Mientras tanto, llevé a Noah a casa.

Preparé unas quesadillas para él.

Intenté sonreír.

Él me observaba desde la mesa.

—Mamá.

—¿Sí?

—¿Mi abuela está enojada contigo?

Me quedé quieta.

—¿Por qué lo preguntas?

—Porque dijo que tú querías quitarnos a papá.

Sentí un vacío en el estómago.

—¿Cuándo te dijo eso?

—Antes de mi fiesta.

—¿Te dijo algo más?

Noah bajó la mirada.

—Me dijo que algún día iba a vivir con ella.

Dejé el plato sobre la mesa.

—¿Y tú qué le dijiste?

—Que yo quería vivir contigo.

Me agaché y lo abracé.

—Eso es todo lo que importa.

Pero por dentro estaba furiosa.

Evelyn no solo había intentado manipular a un niño.

Lo había hecho durante meses.

Tal vez años.

A las siete de la noche, Julián llamó.

—Ya sé quién es la mujer.

Me senté.

—¿Quién?

—Se llama Teresa Molina.

—¿Y qué relación tiene con Evelyn?

—Ninguna.

—¿Estás seguro?

—Según los registros, no existe relación familiar.

—Entonces ¿por qué estaba con Daniel?

Julián guardó silencio.

—Porque Teresa trabajaba en el hospital.

—¿Como qué?

—Administradora.

Sentí un escalofrío.

—¿Y Mateo?

—Teresa aparece como contacto de emergencia de Mateo durante los primeros meses de vida.

—¿Contacto de emergencia?

—Sí.

—¿Y Evelyn?

—No aparece.

Aquello no tenía sentido.

—Entonces, ¿por qué el registro dice que Evelyn es la madre?

—Porque lo es.

—¿Y por qué otra mujer estaba cuidando al bebé?

—Eso es exactamente lo que debemos averiguar.

Al día siguiente fui con Julián a buscar a Teresa.

La encontramos trabajando en una pequeña oficina administrativa de una clínica privada.

Cuando escuchó mi nombre, palideció.

—¿Mariana?

—Sí.

Ella miró a Julián.

—¿Usted es su abogado?

—Sí.

Teresa cerró la puerta.

—No pensé que alguna vez vendrías.

Me quedé inmóvil.

—¿Me conoce?

—No personalmente.

—Entonces ¿cómo sabes quién soy?

Teresa respiró profundamente.

—Porque Daniel me habló de ti muchas veces.

Sentí que el corazón me golpeaba.

—¿Cuándo?

—Hace cinco años.

—¿El día que nació Noah?

Ella asintió.

—Ese mismo día.

—¿Qué hacía Daniel aquí?

Teresa miró hacia la ventana.

—Tratando de evitar un error.

—¿Qué error?

—Uno que ya se había cometido.

Julián intervino.

—Necesitamos que sea específica.

Teresa apretó las manos.

—Evelyn dio a luz a Mateo cuatro meses antes del nacimiento de Noah.

Yo asentí.

—Eso ya lo sabemos.

—Lo que no saben es que Mateo nació con una complicación y necesitó atención especial.

—¿Y Evelyn?

Teresa soltó una risa triste.

—Evelyn no quería hacerse cargo de él.

Me quedé helada.

—¿Qué?

—Decía que el niño había arruinado su vida.

Sentí rabia.

—¿Y Daniel?

—Daniel se enteró de la existencia del bebé.

—¿Por qué?

—Porque Evelyn le dijo que podía ser el padre.

—Pero la prueba salió negativa.

—Sí.

—Entonces, ¿por qué siguió involucrado?

Teresa bajó la voz.

—Porque Daniel había prometido ayudar a Evelyn.

—¿Ayudarla con qué?

Teresa no respondió.

Julián insistió.

—Señora Molina, estamos hablando de un asunto legal que involucra a un menor. Necesitamos la verdad.

Teresa cerró los ojos.

—Evelyn quería entregar a Mateo.

Mi respiración se detuvo.

—¿Para adopción?

—Sí.

—¿Y Daniel?

—Se opuso.

—¿Por qué?

—Porque había algo que Evelyn no había contado.

Teresa sacó una carpeta vieja de un archivador.

—Esta es la razón por la que nunca entendí por qué después de tantos años Evelyn volvió a acercarse a Noah.

Abrió la carpeta.

Dentro había copias de documentos.

Uno tenía una fecha.

Cinco años atrás.

Y una frase subrayada:

*“Posible vínculo biológico entre menores nacidos de la misma madre.””*

La miré.

—¿Qué significa esto?

Teresa tragó saliva.

—Evelyn estaba embarazada de gemelos.

Me quedé sin aire.

—¿Qué?

—Noah y Mateo...

Teresa negó con la cabeza.

—No exactamente.

Pasó otra hoja.

—Evelyn tuvo dos embarazos distintos. Mateo nació cuatro meses antes que Noah.

—Entonces ¿qué vínculo?

Teresa me miró directamente.

—La persona que aparece en esos documentos como posible padre de ambos es la misma.

Sentí que las piernas me fallaban.

—¿Daniel?

Teresa negó.

—No.

—Entonces ¿quién?

Antes de responder, Teresa miró hacia la puerta.

—Hay cosas que no puedo decir aquí.

—¿Por qué?

—Porque Evelyn no fue la única persona que firmó esos documentos.

Julián se puso serio.

—¿Quién más?

Teresa sacó una copia.

Había tres firmas.

Una de Evelyn.

Una de Daniel.

Y una tercera.

No reconocí el nombre.

*Roberto Herrera.*

El padre de Daniel.

Mi suegro.

Pero él había muerto dos años antes.

—¿Por qué firmó esto?

Teresa me miró con tristeza.

—Porque sabía quién era realmente el padre de Mateo.

Mi corazón se aceleró.

—¿Quién?

Teresa abrió la boca.

Antes de que pudiera hablar, alguien golpeó la puerta.

Tres veces.

Teresa palideció.

—No puede ser.

Julián se acercó.

—¿Qué pasa?

Ella susurró:

—Evelyn.

Abrí los ojos.

—¿Está aquí?

Teresa asintió.

—Y si vino hasta aquí, significa que sabe que ustedes encontraron los documentos.

La puerta comenzó a abrirse.

Evelyn entró.

No estaba sola.

Daniel venía detrás de ella.

Él me miró.

—Mariana...

Evelyn cerró la puerta.

—Ya basta.

Su voz no tenía el tono arrogante de la fiesta.

Esta vez sonaba asustada.

—No quiero que sigas buscando.

—¿Por qué?

—Porque no sabes con quién estás jugando.

Me crucé de brazos.

—No estoy jugando.

Señalé la carpeta.

—Quiero saber la verdad sobre mi hijo.

Evelyn miró a Teresa.

—Tú prometiste guardar silencio.

Teresa respondió:

—Prometí proteger a los niños.

Evelyn dio un paso atrás.

—No entiendes.

—Sí entiendo —dije—. Entiendo que llevas cinco años escondiendo algo.

Daniel cerró los ojos.

—Mamá...

Evelyn lo miró.

—Dile.

Él negó.

—No.

—¡Díselo!

—No aquí.

—¡Ella ya lo sabe!

Daniel se volvió hacia mí.

—Mariana, necesito que me creas.

—Ya no sé qué creer.

—Noah no es quien tú crees.

Sentí que el corazón se me detenía.

—¿Qué quieres decir?

Daniel dio un paso.

—El día que nació Noah, mi papá me llamó al hospital.

—¿Para qué?

—Para decirme que Evelyn había encontrado al hombre que llevaba años buscando.

—¿Quién?

Daniel me miró con lágrimas en los ojos.

—El verdadero padre de Mateo.

Evelyn cerró los ojos.

Y entonces Teresa habló.

—No.

Todos volteamos.

Ella sostenía un documento.

—Ese hombre no es el verdadero padre de Mateo.

Me miró directamente.

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—Es el padre de Noah.

El mundo se quedó en silencio.

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