Calm

Chapter 8: Su propia madre negó la acusación, pero una grabación reveló dónde había estado

Richard regresó a la residencia con una sola pregunta en la cabeza: ¿por qué alguien había escrito el nombre de Eleanor en una amenaza contra Sophie?

La policía ya había recogido el paquete y fotografiado su contenido. El equipo de seguridad había preservado las grabaciones de la entrada y registrado la hora exacta de la entrega.

No había ninguna razón para creer que Eleanor fuera responsable solo porque su nombre apareciera en la fotografía.

Pero Richard tampoco podía ignorarlo.

Encontró a Sophie en la sala, sentada junto a Elena. La niña levantó la cabeza al escuchar sus pasos y corrió hacia él.

—¡Papi!

Richard se agachó y la abrazó.

—Ya estoy aquí.

—¿Te tardaste porque estabas buscando a mamá?

La pregunta lo sorprendió.

—¿Por qué dices eso, princesa?

Sophie se encogió de hombros.

—Porque la señora del dibujo se parece a ella.

Richard le acarició el cabello.

—Estoy tratando de entender algunas cosas sobre nuestra familia. Pero no tienes que preocuparte. Tú no hiciste nada malo.

La niña apoyó la cabeza en su hombro.

Richard la sostuvo unos segundos antes de pedirle a Elena que la llevara a su habitación para descansar.

Después entró en la oficina, donde Michael esperaba conectado por videollamada.

—La policía tiene la fotografía —informó el abogado—. También les envié los datos de Gabriel y los documentos que revisamos esta mañana.

Richard se sentó.

—Quiero hablar con mi madre.

Michael negó con la cabeza.

—Puedes hacerlo, pero no la acuses ni intentes obtener una confesión. Pregúntale por su paradero y por lo que sabe. Si surge información relevante, deja que las autoridades la investiguen.

Richard llamó a Eleanor.

Ella respondió inmediatamente.

—Richard, querido. ¿Cómo está Sophie?

—Está bien. Necesito preguntarte algo.

—Claro.

—¿Dónde estuviste después de salir de mi casa?

Eleanor guardó silencio.

—Fui a mi residencia.

—¿Directamente?

—Sí.

Richard miró la pantalla donde Michael había abierto una copia de la fotografía.

—Alguien dejó un paquete dirigido a mí. Dentro había una fotografía de Claire y de mí. En la parte posterior estaba escrito tu nombre.

Eleanor no dijo nada.

—Mamá, ¿qué sabes de esto?

—Nada.

—¿Has hablado con Vanessa?

—No desde que me contaste lo ocurrido.

—¿Con Daniel?

—No.

Richard respiró profundamente.

—Necesito que me digas la verdad.

La voz de Eleanor se quebró.

—Te estoy diciendo la verdad.

—Entonces no tendrás inconveniente en explicar a la policía dónde estuviste esta mañana y quién puede confirmar que llegaste a casa.

—¿Me estás acusando de amenazar a mi propia nieta?

—Te estoy pidiendo que me ayudes a entender lo que está pasando.

Eleanor soltó un suspiro tembloroso.

—No puedo creer que hayas llegado a desconfiar de mí de esta manera.

Richard cerró los ojos.

—Yo tampoco puedo creer que haya llegado a desconfiar de ti. Pero alguien ha utilizado a mi hija para intimidarme, y tu nombre aparece en una amenaza.

—¡Yo jamás le haría daño a Sophie!

Richard quiso creerla.

Durante toda su infancia, su madre había sido estricta, a veces fría, pero nunca había mostrado una crueldad deliberada hacia él. También había sido la mujer que sostuvo su mano durante la enfermedad de Claire y la que ayudó a cuidar a Sophie después del funeral.

Sin embargo, la mujer que él recordaba no podía explicar por qué había guardado tantos secretos.

—Voy a pedirle a Michael que coordine una conversación con la policía —dijo finalmente—. No quiero que esto se convierta en una pelea familiar. Quiero saber quién está detrás de las amenazas.

Eleanor terminó la llamada sin despedirse.

Richard permaneció sentado unos segundos.

Después recibió un mensaje del jefe de seguridad.

Señor, revisamos la grabación de la entrega. El mensajero dejó el paquete en la entrada y se marchó. No pudimos identificar al destinatario que lo solicitó, pero el vehículo utilizado aparece registrado en una empresa de mensajería contratada anteriormente por la señora Blake.

Richard sintió que el estómago se le encogía.

Vanessa.

Una vez más, su nombre aparecía relacionado con algo que amenazaba a Sophie.

Sin embargo, la empresa podía haber sido utilizada por cualquier persona. Richard respondió que preservaran los registros y entregaran la información a la policía.

No iba a cometer el mismo error de convertir una sospecha en una certeza.

A media tarde, Michael recibió una llamada de un investigador.

Habían localizado un registro que podía ayudar a establecer el paradero de Eleanor durante la mañana. Una cámara de seguridad de un estacionamiento mostraba su automóvil entrando a las diez y treinta y dos y saliendo poco antes del mediodía.

El estacionamiento estaba cerca de un edificio donde Daniel Cross tenía una oficina temporal.

Richard miró el registro.

—¿Eso demuestra que se reunió con él?

—No —respondió Michael—. Demuestra que el automóvil estuvo allí. Necesitamos verificar quién lo conducía y si ella entró al edificio.

Richard apoyó los codos sobre el escritorio.

—Mi madre dijo que fue directamente a casa.

—Y ahora hay un registro que parece contradecir esa versión. Eso es suficiente para hacer preguntas, no para condenarla.

Richard asintió.

Poco después, Eleanor llamó de nuevo.

Esta vez su voz sonaba distinta.

—Richard, necesito verte.

—¿Dónde estás?

—En mi casa.

—¿Podemos hablar mañana con Michael presente?

—No. Hay algo que debo contarte antes de que alguien más lo haga.

Richard sintió que se le tensaban los hombros.

—Dímelo por teléfono.

—No puedo.

Él miró a Michael, que negó lentamente con la cabeza.

—Mamá, no voy a reunirme contigo a solas mientras haya amenazas contra Sophie. Si tienes información importante, podemos hablar con mi abogado y con las autoridades presentes.

Eleanor comenzó a llorar.

—¿De verdad crees que sería capaz de hacerle daño a mi nieta?

Richard sintió que la respuesta se le atascaba en la garganta.

—Quiero creer que no.

La llamada terminó.

Esa noche, Sophie pidió cenar con su padre en la cocina.

Richard aceptó.

Elena preparó sopa de fideos, quesadillas y fruta cortada en pequeños trozos. Sophie comió despacio, pero ya no miraba el plato como si alguien fuera a quitárselo.

A mitad de la cena, levantó la cabeza.

—Papi, ¿la abuelita está enojada conmigo?

Richard dejó la cuchara.

—¿Por qué crees eso?

—Porque cuando Vanessa vivía aquí, la abuelita decía que yo hacía que todos se preocuparan demasiado.

Richard sintió una punzada de culpa.

—¿Te dijo eso directamente?

Sophie asintió.

—Una vez me dijo que si yo fuera más obediente, tú no tendrías tantos problemas.

Richard guardó silencio.

Eleanor nunca había sido cariñosa de manera espontánea. Siempre había considerado que los niños debían aprender disciplina y no mostrar demasiadas emociones.

Pero aquello no justificaba que Sophie se sintiera responsable de los problemas de los adultos.

—Mi amor, los problemas de los grandes son responsabilidad de los grandes. Tú puedes equivocarte, llorar o enojarte sin que eso te convierta en una mala niña.

Sophie bajó la mirada.

—¿Aunque no quiera comer algo?

—Aunque no quieras comer algo. Podemos hablar de lo que necesitas, pero nadie tiene derecho a asustarte para obligarte.

La niña sonrió apenas.

—¿Puedo pedir más quesadillas?

Richard sintió que se le aflojaba el pecho.

—Claro que sí.

Después de cenar, la acompañó a lavarse los dientes y le leyó un cuento hasta que se quedó dormida.

Cuando regresó a la oficina, encontró un correo urgente de Michael.

El abogado había recibido una copia de una grabación antigua que Gabriel había localizado entre los archivos de Margaret.

No era una grabación completa. Apenas duraba unos minutos y la fecha exacta todavía debía verificarse.

Pero se escuchaba la voz de Alexander Sterling.

Richard la reconoció de inmediato.

Su padre hablaba con un hombre cuya identidad no estaba confirmada.

—El acuerdo debe permanecer cerrado hasta que Claire cumpla la mayoría de edad —decía Alexander—. Después, ella tendrá derecho a decidir qué hacer con los documentos.

La otra voz respondió:

—¿Y si descubre la cláusula antes de tiempo?

Alexander guardó silencio unos segundos.

—Entonces tendremos que asegurarnos de que no pueda utilizarla para destruir a la familia.

Richard sintió un escalofrío.

La grabación continuaba, pero el audio se distorsionaba. Solo se distinguía una última frase de su padre.

—Eleanor sabe lo que debe hacer.

Richard reprodujo el fragmento varias veces.

No sabía a qué se refería Alexander.

Tampoco podía asegurar que la voz de la otra persona perteneciera a Daniel.

Pero la mención de Eleanor lo dejó sin aliento.

Michael le envió otro mensaje.

La grabación debe analizarse antes de sacar conclusiones. La frase podría referirse a una gestión administrativa, a una conversación distinta o a algo más serio. No sabemos quién estaba presente ni qué ocurrió después.

Richard respondió que estaba de acuerdo.

Aun así, no pudo evitar pensar en la llamada de su madre y en el registro del estacionamiento.

Si Eleanor había conocido el acuerdo original, ¿qué había hecho para protegerlo?

¿Había intentado ayudar a Claire?

¿O había contribuido a ocultar algo que nunca debió esconderse?

A las once de la noche, el jefe de seguridad llamó a la puerta.

—Señor Sterling, hay algo que necesita ver.

Richard lo siguió hasta la sala de vigilancia.

En una de las pantallas aparecía la grabación de la entrada de la residencia del día anterior.

El vehículo de Eleanor se acercaba a la reja.

La cámara mostraba cómo ella bajaba la ventanilla y hablaba con el guardia.

Después sacaba un pequeño sobre del bolso.

El guardia lo recibía y lo dejaba sobre el escritorio de seguridad.

Richard sintió que se le helaba la sangre.

—¿Qué es eso?

—No lo sabemos. El sobre fue entregado al equipo de la mañana. Cuando intentamos localizarlo, ya no estaba en el escritorio.

—¿Quién lo recogió?

El jefe de seguridad abrió otra grabación.

En la pantalla apareció un empleado de mantenimiento que había trabajado en la residencia durante años.

El hombre recogió el sobre, miró alrededor y salió por una puerta lateral.

Richard lo reconoció.

Era Tomás, uno de los empleados más antiguos de la casa.

—¿Dónde está ahora?

—No se presentó a trabajar esta mañana. Su teléfono está apagado.

Richard sintió que el rompecabezas acababa de cambiar de forma.

Su madre había dejado un sobre.

Un empleado lo había retirado.

Y ahora había desaparecido.

—Llama a la policía —ordenó—. Y asegúrate de que nadie altere las grabaciones.

Mientras el jefe de seguridad hacía la llamada, Richard recibió un mensaje de un número desconocido.

Era una fotografía de un sobre blanco sobre una mesa de madera.

Debajo aparecía una frase:

Tu madre intentó detenerlo, pero llegó demasiado tarde.

Richard amplió la imagen.

En el borde del sobre había una pequeña mancha azul.

La misma tinta que aparecía en la carta de Claire.

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Y en la parte inferior, alguien había escrito una fecha.

La fecha del día en que su esposa había muerto.

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